jueves, 22 de julio de 2010

500 CRÍTICAS DE TEATRO



Construir un blog con 500 críticas teatrales publicadas en la prensa nacional *, es como completar un álbum de cromos, de los de la infancia. Los textos originales se conservaban en los desvanes de archivos del ordenador. Las imágenes con las que se ha resuelto ilustrarlos –los programas de mano- dormían en cajas, maletas y sobres que había que recuperar, ordenar y escanear uno a uno. A estas alturas, ando con una lista de títulos, cuyo programa aún no he localizado. Exactamente como sucedía con los cromos difíciles o imposibles, que nunca salían en los sobres, y que te costaba un potosí encontrarlos para completar el álbum.
La ilusión con la que se afronta este blog de críticas, también se parece a la de aquellos álbumes: juntar cada texto con su imagen, cada oveja con su pareja, resulta una ardua tarea, pero estimulante al mismo tiempo. Cuando pasas las páginas virtuales, de 25 en 25 cromos-críticas, te va viniendo un regusto inconfundible de satisfacción, parecido al que se sufre cuando éste no puede completarse.

Escribir crítica teatral es hablar de la sociedad que ha propiciado o permitido esos estrenos. No se trata sólo de contar lo que se ve dentro de los teatros, sino de lo que éstos son capaces de reflejar o comentar, sobre lo que está sucediendo fuera de ellos.

Esta colección o Diwan de 500 críticas de teatro, titulada El meteorito del teatro, contiene la crónica detallada del teatro que se veía en Madrid a finales del siglo XX y a comienzos del XXI. El espíritu del cambio de siglo queda por tanto en ellas humildemente reflejado.

La crítica teatral es un trabajo para sentimentales enamorados de una idea del teatro, y no de todo el teatro que ven continuamente. El crítico comprometido enciende una luz por el teatro que ha de venir, más que derramar un jarro de agua fría sobre los lectores. Esto le hace ser más exigente que la media, porque sueña un teatro perfecto. Un teatro cívico y artístico que esté por encima de los numerosos intereses particulares, en beneficio del bien colectivo del público.

Ya habrá ocasión de desarrollar muchos de los aspectos que evocan y permiten estas críticas, que por otra parte son un inventario del que pueden sacarse jugosas y sorprendentes estadísticas.
De momento nada más, sólo informarles de ciertas coordenadas recomendables para transitar por este blog en construcción.

NAVEGAR POR TEMPORADAS. En este momento, como mejor se navega en este mar de 500 críticas es a través de las etiquetas de las seis temporadas teatrales que abarcan. Esto es desde 1-12-1998 al 14-2-2004. En esas etiquetas pueden verse en grupos de 25, las críticas por orden cronológico, abarcando cada temporada desde primeros de septiembre hasta finales de agosto del año siguiente. El curso teatral tiene sus momentos altos en septiembre, octubre, medio noviembre, medio enero, febrero y marzo. En diciembre, abril, mayo y junio, descienden las representaciones considerablemente, dándole la temporada al crítico un respiro que necesita.

También pueden verse las críticas por salas, pero de momento contienen un error cronológico que pronto subsanaremos. Por salas, el orden en el que aparecen las críticas corresponde a un orden alterado de temporadas.

* Estas 500 críticas fueron publicadas ininterrumpidamente en el diario LA RAZÓN de Madrid, entre 1998 y 2004.

lunes, 19 de julio de 2010

LECCIÓN PARA MATRIMONIOS ROTOS


"Escenas de matrimonio". De Ingmar Bergman. Dirección: Rita Russek. Versión: Emilio Hernández. Reparto: José Luis Pellicena. Magüi Mira. Iluminación: Iñaki Moreno. Escenografía: José María Brioa. Madrid. Teatro Lara. 31-8-2000.

Ingmar Bergman es un hijo del siglo veinte que ha convertido el arte de representar, en una exploración personal sobre las partes ignoradas de uno mismo. Cada una de sus películas o de sus montajes teatrales es un paso más allá en la elaboración del discurso de su propia vida. La angustia religiosa protestante de Bergman, combinada con el legado moral y teatral de los grandes dramaturgos nórdicos Henrik Ibsen y August Strindberg, ha dado y sigue dando pie a una de las reflexiones escénicas más profundas, comprometidas y angustiadas del hombre contemporáneo, que ha dado el arte del S. XX.
Del universo bergmaniano lo sabemos casi todo, como si fuera una especie de Marcel Proust, angustiado, protestante y nórdico, que nos ha dejado buena cuenta de los rincones de su memoria. Desde el tejido de las cortinas de la casa de campo de su poderosa abuela; hasta los conflictos en torno a la existencia de Dios que se hacen sus personajes; pero, siempre asistimos al combate perdido de sus protagonistas.
Los conflictos de pareja y de matrimonio han sido una obsesión recurrente de su obra. La situación que viven los protagonistas de "Escenas de un matrimonio", es una metáfora desesperanzada de que el amor, como todos los factores esenciales de la vida y del destino, está regido por las paradojas: sólo puede amarse verdaderamente cuando se han perdido los vínculos sociales del matrimonio.
Bergman escribió este guión inicialmente para televisión, a lo largo de tres meses; aunque él mismo escribe que lo que hay vertido en este texto, es la experiencia de toda su vida. "Escenas de un matrimonio" finalmente se convirtió en una de sus películas menos ácidas y desesperanzadas. En teatro, este texto de Bergman -dirigido por su discípula Rita Russek- se convierte en una especie de radiografía de la evolución de las relaciones emocionales de una pareja burguesa, a lo largo de distintas escenas retrospectivas de su matrimonio, divorcio y posterior reconciliación como amantes. Al texto le falta la mordacidad cáustica que emplea el creador sueco en sus obras más importantes. La estructura de la pieza, (que comienza por el final, y va desgranando todas las etapas anteriores del conflicto), resta sorpresa y emoción al devenir de la historia; le resta dramatismo, a favor de una cierta comicidad nacida del distanciamiento que crean los mismos intérpretes, al dirigirse al público y presentarles la escena siguiente.
La sobriedad y belleza del espacio escénico, empastado en una gama de colores crudos, acentúa el movimiento y la evolución de los intérpretes. José Luis Pellicena y Magüi Mira ponen su talento al servicio de esta singular pieza de Bergman, en la que parecen sentirse muy cómodos, como si hubiera sido escrita a la medida de sus grandes personalidades escénicas. La Mira borda las escenas más dramáticas de la representación, y Pellicena afronta su personaje con registros mordaces y desgarradores.
Aunque, la obra no llegue a alcanzar las altas cotas críticas y poéticas del gran teatro nórdico, sí resulta una ocasión excepcional para asistir a una representación impoluta de un creador de primera categoría como Ingmar Bergman, representado en unas condiciones y con unos intérpretes sobresalientes.

DONDE HAY MÚSICA, NO MORA EL MAL


"Te quiero, eres perfecto... ya te cambiaré". De Joe Dipietro y Jimmy Roberts. Dirección musical: Manuel Gas. Dirección escénica: Esteve Ferrer. Traducción y adaptación: Anna Ullibarri y Roser Batalla. Reparto: Silvia Marsó, Miguel del Arco, Carmen Conesa, Víctor Ullate. Músicos: Mónica Fuentefría. Lázaro Pulido Cruz. Anau Vilá. Escenografía: Carlos Montesinos. Vestuario: Antonio Belart. Iluminación: I. Morros y F. Ayuste. Madrid. Teatro Marquina. 1-9-2000.

El género musical ha despertado siempre la simpatía y el aprecio del público, porque la música ayuda a soportar la vida. "Donde hay música, no mora el mal", reza sabiamente un dicho popular. El espectáculo "Te quiero, eres perfecto..." es una magnífica oportunidad para volver a disfrutar de las livianas bondades del teatro musical. El secreto del encanto de esta representación, radica en la equilibrada mezcla de ingredientes que requiere el género. Un libreto que no pesa demasiado en pretensiones críticas y trascendentes; una música agradable, que da la sensación de haberla oído ya en muchas ocasiones; pero, que sumada a la juventud, humor y encanto de sus protagonistas se convierte en un apetitoso banquete escénico que agradecerá el público.
Este musical de Joe Dipietro y Jimmy Roberts, estrenado originariamente en Nueva York, con producción de James Hammernstein, (uno de los principales bastiones del poderoso mundo del espectáculo musical anglosajón), pone en evidencia lo similares que son los conflictos que sufren los habitantes de las grandes urbes contemporáneas: los agobios laborales, las relaciones familiares entre esposos, padres e hijos; las dificultades de la vida urbana actual, con una lista interminable de obligaciones públicas añadidas, indeseables por cualquiera de estos acosados y agotados ciudadanos de casi el S. XXI. Aunque, el tema central que guía todas las historietas que se representan a lo largo de la obra, es la búsqueda del amor, de la pareja, del consuelo vital y sexual que produce la compañía amada. La huida de la soledad es lo que desea cualquier humano viviente, mucho más en las duras ciudades de acero implacable que nos aíslan tras los muros de nuestros coches o nuestras casas.
Por eso, espectáculos como éstos ayudan a ir al teatro, porque el público pasará un par de horas estupendas con estos cuatro eficaces cómicos; y los tres virtuosos músicos que en escena les acompañan. Carmen Conesa vuelve a demostrar su gran empatía con el público; es todo un animal de las tablas: disfruta, se emociona, hace la gansa, y lleva sobre sus hombros gran parte de la vitalidad del espectáculo. Las brillantes dotes vocales y actorales de Miguel del Arco, la secundan en su empeño, afrontando con ella numerosísimos y eficaces cambios de personajes. Silvia Marsó y Víctor Ullate Jr. completan este eficaz y alegre cuarteto, lleno de gracia, ternura y belleza. El público aplaudió a rabiar algunos números musicales, como el del urinario de caballeros; la cena familiar; el monólogo del vídeo para una agencia matrimonial; el paseo familiar en coche; o la ceremonia de la boda, al final del primer acto.
"Te quiero, eres perfecto..." es un musical agridulce contra la soledad; todo lo que retrata con fresca ironía, es real; como la vida misma, de hoy en día. Cada generación de espectadores podrá verse reflejada en algún grupo de sus numerosos personajes protagonistas.

DIVORCIADO A SU PESAR

"Sin rencor". De Sam Bobrick y Ron Clark. Versión: Juan José de Arteche. Dirección e interpretación: Carlos Larrañaga. Reparto: María José Goyanes. José Olmo, Marta Gutiérrez. Luis Perezagua. Escenografía: José Mª Brioa. Vestuario: Lola Barrera. Iluminación: Carlos Moreno. Madrid. Teatro Príncipe. 5-9-2000.

La comedia satírica siempre se ha sostenido sobre la consigna de criticar divirtiendo; viene de antiguo. El drama burgués -mucho más reciente- busca en los diálogos y en las situaciones conflictivas de sus personajes, un punto de reflejo de la realidad, que permita la identificación del público con algunos de las tribulaciones de sus personajes. La fórmula teatral conocida como "Comedia americana" recoge elementos de los dos primeros géneros, y crea un tipo de obras, donde a partir de escenas y conflictos cotidianos, se termina sacando alguna conclusión moral sobre los tiempos que corren; además de pasar un buen rato, divirtiendo con la exageración caricaturesca propia de la comedia.
La nueva obra que presenta Carlos Larrañaga en Madrid reúne todos estos ingredientes de actualidad, para hacer pasar un buen rato al público, riéndose de ellos mismos, y de los conflictos de sus semejantes más próximos.
"Sin rencor" da un salto de eje a tanto drama de separaciones matrimoniales tratados hasta ahora en el teatro, y en esta obra es la mujer la que abandona a su esposo -contra la voluntad de aquél- por un hombre más joven y sin dinero, que sin embargo la llena de ilusiones. Las convulsas reacciones del marido burlado, guían todo el argumento de esta pieza burlesca, en la que se critican todos los defectos del esposo, en su vida de acomodado empresario intransigente y violento, con amantes diversas. El protagonista de "Sin rencor" se queda tan solo, que tiene prácticamente que trasladarse a la casa del amante de su esposa, para poder tener con quien hablar y discutir de algo; lo que da pie a situaciones muy cómicas y satíricas.
Carlos Larrañaga (el patriarca de una de las sagas con más raigambre en la escena española) es un actor que sabe sacar partido como nadie a este tipo de personajes, que comunican directamente con el público, y arranca con facilidad y con gozo sus risas. Él solo llena el escenario con su gran humor, su simpatía y su elegancia. Le acompañan en el elenco, María Jose Goyanes, en el papel de la esposa emancipada que quiere el divorcio, a toda costa; Luis Perezagua en el papel del amigo sufridor, (una especie de Sancho Panza de las finanzas), con mejor corazón que su jefe; y los jóvenes, José Olmo -que interpreta con credibilidad al amante griego de la esposa); y la bella Marta Gutiérrez que da vida a la hija recién casada del matrimonio, en apuros.
El día del estreno, los mutis de los actores se aplaudieron con fuerza, y al final, se hizo salir a saludar a los intérpretes, varias veces, al ritmo de un alegre sirtaki griego.

LA VIDA DE LOS INSECTOS


"Mirador", de Paco Zarzoso. Cía. Hongaresa de Teatre. Dirección e iluminación: Xavier Alberti. Reparto: Martín Cases. Victoria Enguídanos. Laura Useleti. Carles Sanjaime. Anna María Cediel. Lola López. Espacio escénico: Xavier Arriola. Vestuario: Joan Miquel Reig. Madrid. Sala Cuarta Pared. 7-9-2000.

Los amantes de las estrellas saben que todas las constelaciones se deslizan cada noche por el cielo, aunque no se pasen todo el tiempo mirándolas fijamente para captar ese sutil y casi imperceptible movimiento. En "Mirador", Paco Zarzoso intenta realizar esa hazaña con sus personajes. Los observa tan a fondo, que termina desnaturizándolos; como si hubiese descoyuntado los músculos y tendones que sostienen el ritmo cotidiano, para convertirlos es una especie de harapos humanos automáticos, no desprovistos de encanto y personalidad.
El autor de "Mirador" emplaza originalmente la acción de la obra. Debe tratarse del primer texto teatral que se ubica en la terraza de un bloque de viviendas en la costa; y, además, consigue sacarle partido dramático a ese mínimo espacio cotidiano. En ese balcón-mirador, vemos a los personajes como una especie de raros insectos, que nos van mostrando su tedio, su ternura, su memoria y su afán cotidiano. El espectáculo consigue tener atmósfera y un sello personal, que radica en los silencios, el intimismo, y los numerosos detalles interpretativos. Podría decirse que este montaje y sus personajes, transitan tanto por una suerte de minimalismo emocional, como por un autismo, a veces, cargante.
El autor somete el lenguaje, la situación dramática, y en definitiva a sus personajes a una especie de proceso de higiene y de asepsia, que difumina los fondos; los deja aislados; y pone lupas de aumento sobre sus pensamientos y emociones más secretas.
Las actrices y actores de Hongaresa Teatre son poseedores de una complicidad estilística, que nace del sello personal de su interpretación. La actriz que representa a la hermana protagonista tiene un encanto especial, cierto misterio ultraverbal, difícil de transmitir en una obra con tantas palabras.
El problema de esta disección aséptica de la realidad, es que en algunos momentos puede llegar a desenganchar el interés del espectador hacia la obra. La dirección debería encerrar más sorpresas; valerse más de los recursos escénicos de la teatralidad, aunque fuera para sincoparlos, o reducirlos a su mínima expresión. El concierto de silencios, es un recurso que afecta más al texto que al movimiento y la acción.
En cualquier caso, "Mirador" es un nuevo montaje de esta laboriosa e interesante compañía valenciana, que se presenta en Madrid, por tercera temporada consecutiva, y que crece en ambiciones artísticas en cada nuevo montaje. Nada más saludable para el teatro.

LA RULETA DE LOS CRIMINALES


"Asesino", de Anthony Shaffer. Versión: Ricard Reguant y Rocío Langa. Dirección: Ricard Reguant. Reparto: Ramón Langa. Paca Gabaldón. Eva Isanta. Juan Polanco. Escenografía y vestuario: Carlos Abad. Iluminación: Pablo Calvo y F. Sarrión. Producción ejecutiva: Luis Lorente. Madrid. Teatro Fígaro. 7-9-2000.

La comedia de intriga policiaca de estirpe anglosajona, se viene consolidando en las últimas temporadas, como uno de los subgéneros teatrales que más atraen la atención del público madrileño. A mitad de camino entre el cine de suspense y la intriga psicológica, estas obras encienden una mecha de atención en la curiosidad de los espectadores, que no se apaga hasta la explosión final de aplausos, al concluir la representación. Si tenemos en cuenta que en esta nueva entrega de lo que podríamos llamar castizamente "teatro policíaco madrileño", no hay ni siquiera descanso, las falsas apariencias de la trama de "Asesino", funcionan como un mecanismo de relojería situado bajo la butaca de cada espectador de la sala, con un estallido final garantizado.
"Asesino" es una obra primeriza de Anthony Shaffer, el autor de "La huella", esa obra maestra que ha dado la vuelta al mundo en escenarios y pantallas. La buena mano de su autor, la inteligencia del argumento, lleno de pliegues y sorpresas; los virajes entre la realidad y su reflejo; las falsas personalidades aparentes de los personajes..., consiguen que el espectador no llegue a aburrrirse en ningún momento. Por el contrario, tiene que corregir, tras cada escena, su punto de vista sobre los hechos y los personajes que se le muestran en escena.
El juego del asesinato matrimonial podría resultar demasiado macabro en estos tiempos en que los noticiarios suelen informar -con más frecuencia de lo deseable- sobre la muerte de mujeres maltratadas y asesinadas brutalmente por sus esposos; aunque la erudición y, sobre todo, el humor de Anthony Shaffer consiguen desterrar esta trágica y patética visión cotidiana, de una obra tan bien construida e interpretada como "Asesino".
Los intérpretes son el plato fuerte de este montaje. Ramón Langa supera en cada nuevo trabajo teatral sus horizontes de actor de doblaje (Bruce Willis y Kevin Costner son los actores más conocidos a los que presta su personal y brillante voz), para demostrar su calidad y su entrega como actor de teatro. Sobre su personaje (curiosamente llamado Norman, como el asesino de "Psicosis") pivota todo el argumento, y Langa sostiene con fuerza el palo mayor de este tinglado. La reaparición de Paca Gabaldón es todo un acontecimiento para las tablas, pues la actriz demuestra poseer unos recursos vocales y energéticos muy plausibles (además de su inmarchitable belleza); pero sobre todo, una gran y singular personalidad escénica. Eva Isanta y Juan Polanco completan este "póker" de asesinos y cómplices -en potencia- con unas interpretaciones muy medidas y estimables. Con el buen hacer de todo el equipo de "Asesino" la diversión está garantizada para el público. Si es amante del género, no debería perdérsela.

VAGINAS PARLANTES


"Los monólogos de la vagina". De Eve Ensler. Versión: Víctor Cremer. Reparto: Maite Merino. Magdalena Broto. Dirección y Dramaturgia: Antonia García. Vestuario: María Teresa Rodríguez. Madrid. Teatro Fígaro. 7-9-2000.

Dar voz y texto sobre las tablas a una parte de la anatomía femenina tan silenciada en la historia de la literatura, y tan esencial en la historia de la humanidad, es como mínimo un mérito oportuno, necesario y original. Exponer los argumentos silenciados de las víctimas, los débiles y los justos, es una de las tareas más empecinadamente nobles de los cómicos y cómicas de todos los tiempos. La obra "Los Monólogos de la vagina" ha sido escrita a partir de los testimonios de más de doscientas mujeres de todo tipo, clase social, u opción sexual, que fueron entrevistadas por la autora y actriz norteamericana Eve Ensler, quien lo estrenó por primera vez en Broadway, despertando la atención de crítica y público. Los distintos monólogos están bien escritos por su autora y bien trasladados a nuestro idioma por Víctor Cremer, con la ayuda de la directora Antonia García. Rebosan ternura, decepción, hastío, esperanzas, fantasías...; pero, todos ellos respiran un gran amor y ternura por la condición marginal y silenciada de la sexualidad femenina.
Aunque, originalmente todos los textos eran interpretados por una sola actriz, en su versión española se ha desdoblado en dos actrices de registros y características físicas complementarias. Maite Merino se encarga de los personajes más distinguidos, con su especial encanto y sensibilidad; y Magdalena Broto de los más populares y viscerales, con una potente vis cómica peculiar.
La obra cuenta con una entrega previa del público (mayoritariamente masculino en la función del sábado noche) que celebra con risas y aplausos cada reflexión o revelación que las vaginas parlantes desvelan ante la audiencia. Los monólogos más fantásticos o grotescos, son los que mejor funcionan por su alta teatralidad; como el de la mujer entrada en años que rememora sus lúbricos sueños con Frank Sinatra, y las inundaciones temibles que su flujo producía en cualquier lugar donde ella se excitara. Por otro lado, las desventuras de un ama de casa obligada por su esposo a afeitarse el pubis, sitúan las cotas más altamente dramáticas de la representación.
Quizás le falte a este montaje, causticidad, transgresión y sexualidad, para ser un tema tan candente, lúbrico y marginal. Se le nota su voluntad de ser "políticamente correcto", y no escandalizar a nadie; mucho menos a toda esa franja de público femenino -que pocas veces va al teatro- pero, que en esta ocasión, acudirá irresistiblemente a respaldar con su presencia este acto reivindicativo de la feminidad.

CHATARRA DE CUELLO BLANCO


"Top dogs (Perros de presa)"", de Urs Widmer. Versión: Philip Rogers. Dirección: Mario Gas. Reparto: Fernando Guillén. Mar Regueras. Juli Mira. Ricardo Moya. Sergi Calleja. Pep Sais. Vicente Genovés. Ángela Castilla. Escenografía: Jon Berrondo. Iluminación: Quico Gutiérrez. Vestuario: Patricia Hitos. Composición musical: Carles Santos. Madrid. Teatro Albéniz. 14-9-2000.

Los conflictos que genera un problema tan candente y actual como el paro, son el tema -más que propicio- de la obra "Top Dogs. (Perros de presa)". Estos perros dominantes que dan título a la obra, (¿era necesario mantener el título en inglés?) tienen la virtud teatral de haber ingresado en un espacio insólito: una aséptica y, a la par, sofisticada empresa de recolocación de altos ejecutivos en paro. Esta "oficina terapéutica" se convierte en un espacio irreal, como el de una pesadilla blanca, donde aflora la nostalgia y el dolor por el despacho y la oficina perdida; ese lugar donde tanta humanidad gasta media vida; y se pasa la otra media, intentando recuperarse de sus maléficos efectos.
Mario Gas realiza un soberbio trabajo de puesta en escena con este nuevo montaje, donde -lamentablemente- lo menos interesante es la obra compuesta por un largo y farragoso encadenado de monólogos que parecen no agotarse nunca. Si la obra es original a la hora de elegir un tema candente, (que puede llegar a todos los espectadores), y plantea su desarrollo en torno a coordenadas inteligentes; por el contrario, el malentendido de que el juego de rol o el psicodrama puedan ser en sí mismo teatro, se convierte en su punto débil, porque anula a los personajes. Sucede con este texto algo parecido a una novela construida acumulando una amplia recopilación de e-mails. El teatro destila y sintetiza; utiliza la poesía para sugerir lo que no se ve, o incluso lo que no existe; y destila una carga satírica, que procede de una posición ideológica del autor del texto y del equipo que se pone a representarlo. En esta obra -para ser una comedia- no hay ninguna consecuencia moral aplicable al estrato social de sus protagonistas.
Lo mejor de la primera parte (casi una hora), son las transiciones escénicas, donde Gas realiza unos soberbios ejercicios de estilo -ayudado por la espléndida iluminación de Quico Gutiérrez- con su coro de ocho intérpretes, moviéndolos en sugerentes coreografías mínimas y efectivas. La selección musical de Alex Polls es muy buena, tiene la virtud de aportar las sensaciones y emociones que no facilita el texto del autor suizo Urs Widmer. La ausencia de acción y de interrelación de los personajes, vulneran el hecho dramático, y puede terminar afectando al interés del público.
Mario Gas posee la notable cualidad de ser uno de los directores que mejor dirige a sus intérpretes. El amplio elenco de esta obra da buena cuenta de ello. Cada uno tiene su momento de protagonismo, su aria, su ocasión para demostrar lo vivo que se encuentra su arte sobre las tablas. Fernando Guillén realiza una gran interpretación, entregándose al trabajo de grupo como uno más, y brillando con luz propia en sus monólogos. Pep Sais aporta una vena humorística a la representación, muy aplaudida por el público. El resto de los intérpretes son impecables, dan toda una lección de profesionalidad. Ángela Castilla logra -en la segunda parte- unas vibraciones muy emotivas.
La representación fue muy aplaudida por el público del estreno, y los actores incansables, se entregaron con una gran generosidad de bises y sorpresas finales, al respetable, consiguiendo convertir el teatro en una fiesta.

LA ABUELA DEL PÚBLICO


"Diez negritos", de Agatha Christie. Adaptación y Dirección: Ricard Reguant. Reparto: Amparo Climent. Tony Valento. Lia Uyá. Paco Cecilio. Mónica Aragón. Mª José del Valle. Pablo Calvo. Mark Sanjuán. Alfonso Arteche. Beatriz Barón. Madrid. Teatro Muñoz Seca. 14-9-2000.

La gran escritora británica Agatha Christie, ha sido una de las mujeres más importantes del S. XX. Su vida viajera junto a su esposo, le dieron una mirada cosmopolita, que enriquecía aún más su inteligencia y su talento narrativo. Más que como escritora, hay que considerarla como una gran "comunicadora", con los lectores de todas las lenguas y los tiempos venideros. Las historias de Agatha Christie hechizan al público, como a los niños los cuentos de la abuela junto al calor de la chimenea. Están tan pensados en beneficio del lector o del espectador, que se forma una especie de calorcillo vivo, mientras la abuela Christie, los sigue hechizando con sus redes de palabras.
El público de la noche del viernes, estaba clavado en la butaca, como hipnótico, y vivía más que el auténtico suspense, la inteligencia con que la autora se lo ofrecía y lo desplegaba ante ellos. No importa nada que la puesta en escena de "Diez negritos" sea a la vieja usanza; por el contrario, le da más encanto. Es casi como si se asistiera a ver una representación de la compañía que Woody Allen reunió en su genial "Balas sobre Broadway". Está la vampiresa, el viejo policía, el joven galán, el médico asesino, el chico ingenuo, la vieja recalcitrante, la extravagante periodista de moda, el mayordomo y su esposa, y hasta la chica del gangster.
Toda una estrambótica galería de personajes, de los que se conocen en un viaje en tren. La combinación de temperamentos que logra la autora en esta obra, consigue un cóctel perfecto y delicioso.
Este montaje de "Diez negritos" tiene un encanto añadido, y es el gozo de contemplar en estado puro, algunos estilos interpretativos, tajantes y sorprendentes. Amparo Climent interpreta a la Señora Mackenzie, demostrando poseer unos excelentes registros de primera actriz, desplegando un poderío físico y magnético sobre el escenario, raras veces visto en nuestra escena. La plenitud de su belleza y su talento interpretativo, (muy en la onda tórrida de Kathleen Turner) son muy necesarios para la revitalización de nuestro teatro. Los directores y productores deberían ver "Diez negritos" para comprobarlo. Tony Valento es un actor de una verdad tan rotunda y personal, que podría encarnar en sí mismo, toda una forma de interpretación de teatro popular, que se sumerge en la noche de los tiempos. Su vejete cascarrabias, el Señor Blore, resulta entrañable. Lia Uyá compone a una señora Brent muy adusta, enérgica y eficaz. Paco Cecilio interpreta al Doctor Armstrong, con su fuerza y convicción habituales. El resto del elenco -interpretado por jóvenes intérpretes- pone en marcha el reloj de perfecto mecanismo, que la abuela Agatha Christie, enciende cada vez que se levanta el telón del teatro, donde se representa "Diez negritos".

PASIÓN POR LOS MECANISMOS

"Los engranajes" de Raúl Hernández Garrido. Dirección: Francisco Vidal. Cía. El Grito. Reparto: Marta Aledo. Esther Ortega. Noelia Tejerina. Txema Piñeiro. Luis Rayo... Madrid. Teatro Pradillo. 17-9-2000.

El autor Raúl Hernández Garrido parece haber dinamitado su obra una vez escrita; y luego, haberla recompuesto con los pedazos restantes hasta lograr "Los engranajes". Eso sí, aplicando un método de reconstrucción de los hechos, en base a escenas retrospectivas que se representan durante el juicio a un matrimonio que ha cometido un crimen, y a la mañana siguiente se ha zampado el cuerpo del delito. Acerca de cuál es realmente el foco, el tema, el núcleo, la cabeza rectora de esta pieza, el autor no ha dejado suficientes datos para que el público lo reconozca; o, quizás haya dejado demasiados.
El título de "Los engranajes" da una idea de la importancia que se da en esta obra a los mecanismos de percepción del hecho escénico y dramático; o, a los mismos mecanismos sociales que activan las causas de estos grandes conflictos que denuncian diariamente los informativos: los crímenes entre esposos, familiares, amigos, adolescentes... La obra tiene una clara intención social, y reúne en escena a casi todas las fuerzas vivas sociales (iglesia, justicia, policía, medios de comunicación...) para implicarlos en este asesinato que no termina muy bien de comprenderse por qué se ha cometido.
Francisco Vidal consigue levantar, con un joven elenco de estudiantes del Laboratorio William Layton, una puesta en escena dinámica, a veces rotunda, y con una gran energía de sus intérpretes. El montaje, si bien presenta una cierta originalidad temática y estructural, adolece de teatralidad. En beneficio de la exploración psicológica de estos personajes producidos por una sociedad patológica, se ha descuidado el lenguaje simbólico y poético. La representación sería más rica y exuberante, si hiciese un mayor uso de los lenguajes plásticos que propicia y requiere un escenario teatral. En busca de una desnudez oscura, y una crudeza urbana -cómplice de los hechos que se narran- se debilita la fuerza ceremonial de la representación.
El joven equipo de intérpretes de la compañía El Grito ofrece lo mejor que tiene para interesar al público. A la actriz que interpretaba el sábado a Nina, la protagonista, (la manía de los dobles repartos), aunque, eficiente, le faltan recursos para sostener sobre su personaje, el palo mayor de todos estos engranajes. Txema Piñeiro que interpreta al esposo, busca a fondo el máximo de humanidad para hacer entender a su personaje criminal; y Luis Rayo demuestra una gran energía y una buena presencia escénica, aunque le falte relajación para redondear su trabajo. Noelia Tejerina, interpretando a la madre, demuestra dosis de humor y un físico peculiar.
¿Teatro político?; ¿teatro judicial?; ¿teatro policiaco?; ¿teatro de suspense? ... En cualquier caso, "Los engranajes" es un espectáculo original, ambicioso e interpretado con una convicción doctrinal que estimula la curiosidad del público.

LA DESTRUCCIÓN O EL AMOR


"OBS". Dirección: Pep Gatell. La Fura dels Baus: Hansel Cereza. Miki Espuma. Pep Gatell. Jürgen Müller. Alex Ollé. Carlos Padrissa. Pera Tantiñá. Creación musical: Miki Espuma/R. Merdzo. Espacio sonoro: Marc Sardá. Escenografía: Lluís Monteagudo. Vídeo: Jordi Cansinos. Madrid. Parque de la Bombilla. 20-9-2000.

Desde que se presentara por primera vez en Madrid en 1983, la Fura del Baus ha conseguido instalarse y mantenerse en un nivel de producción y de distribución de los más prósperas del país. En los inquietos años ochenta, pusieron en práctica una fórmula de ritual urbano que se convirtió en acontecimiento artístico gracias al apoyo del público y los medios de comunicación. Sus espectáculos han sido siempre enormemente fotogénicos (más que realmente transgresores), lo que les ha ayudado a ser vendidos y exportados con facilidad. Al no ser el texto uno de sus apoyos esenciales han podido viajar y sorprender a medio mundo con sus propuestas de gran impacto visual. La Fura dels Baus tiene el arte y el hechizo de fascinar a su público con su mercancía emocional. Es todo un mérito.
"OBS", su nuevo espectáculo es más de lo mismo: carreras, vísceras, salpicones de ketchup, sintetizadores, torres de alta tecnología sobre ruedas, y pantallas emitiendo vídeos.
Al público parece fascinarle, aunque también se nota a veces en la carpa el cansancio del respetable, puesto en pie más de una hora, al final de la jornada. Al no tener estructura, ni argumento, OBS termina cansando. Daría igual que se acabara media hora antes.
A pesar de todo esto, en la obra se consiguen algunas imágenes poderosas. La lucha de dos guerreros urbanos -en traje de chaqueta- contra una especie de molinos gigantes de tramoya, colgando de sus aspas los abrigos militares de dos ejércitos, son realmente impresionantes; lo mejor del espectáculo.
Como suele suceder cada vez que el teatro quiere hacer una parodia o una sátira del mundo de la televisión, la escena se banaliza de tal modo, que casi pierde su digno nombre dramático. En "OBS", sucede lo mismo. Las imágenes de La Fura son efectivas cuando se sostienen en la muerte, en el sexo, en la violencia, en la destrucción, o (¿por qué no?) en el amor. Un concurso televisivo es al teatro ceremonial, como el salami, al cerdo vivo.
Es una pena que haya desaparecido la música en directo en estas representaciones, eran un punto fuerte a la hora de acentuar el ritual. Las actuales atmosferas "midi-sonoras", son sólo una rémora conceptual del ritmo. Los vídeos que se proyectan son atractivos como los son los de un pub en noche de sábado. No tienen la buena factura videográfica y la creatividad de otras ocasiones, por muchas gafitas y algunos efectos 3D que se produzcan.
El público se lo pasa estupendamente, excitándose con lo imprevisto y con los empujones. Para la mayoría, no se trata sólo de ver una obra, sino de participar en un acontecimiento. Sentirse actor y víctima al mismo tiempo en un ritual urbano, que sólo La Fura dels Baus sabe ofrecerles.

TODO ES MENTIRA


"Palabras encadenadas", de Jordi Galceran. Dirección y vestuario: Tamzin Townsend. Reparto: Àngels Gonyalons. Carlos Sobera. Escenografía: Jon Berrondo. Iluminación: Ignasi Morros. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 21-9-2000.

Una pieza con voluntad de teatro de suspense como "Palabras encadenadas", donde su autor Jordi Galcerán plantea un juego de verdades y mentiras aparentes, pone realmente difícil su tarea al crítico, que no quiera "reventar" las sorpresas que encierra el argumento de la obra. Valiéndose de una pantalla gigante de vídeo, se presenta al público la confesión de un psicópata tranquilo -interpretado por el popular Carlos Sobera- que relata con todo detalle uno de sus crímenes. Cuando se hace la luz en escena, ese mismo hombre está junto a una mujer atada y amordazada. Queda establecida así la situación dramática: víctima -verdugo; hombre violento-mujer secuestrada. Parece que la obra va a adentrarse por los derroteros de la lucha de sexos. En esta larga primera parte del espectáculo, la Gonyalons no abre la boca, sólamente el hombre vil y violento conduce la acción y pronuncia el texto. El monólogo termina haciéndose monótono y aburrido. Si por una parte, el actor compone un personaje de cierta agresividad, le faltan sorpresas, giros y matices a su interpretación como para enganchar y prender el interés del público.
Coincidiendo con que ella -la víctima- abre la boca y comienza a llevar la iniciativa, se remonta felizmente la tan esperada comedia. El giro que da el argumento permite que la obra empiece a volar, y a mostrarse divertida e ingeniosa. Esta atmósfera cómica, favorece además la sátira y la burla de ciertos estamentos sociales básicos, como la familia, el matrimonio, las temidas y feroces suegras .... Àngels Gonyalons con gran energía y mejor dicción, mete marcha a la representación. Por su parte, Sobera parece sentirse mucho más a gusto en este nuevo registro, como también sucede con el público. Terminan formando una buena pareja cómica. Interpretan la escena sexual más procaz -y, a la par, más vestida- del reciente teatro español. Los diferentes finales de la obra que se representan, harán debatirse al público en su propia elección.
La escenografía de Berrondo no presenta esta dualidad que encierra el texto. El espacio es realista y lúgubre, un cruce entre alcantarilla, zulo y sala de tortura, realizado sin ambigüedades formales ni concesiones irónicas. "Palabras encadenadas", artísticamente es un producto ambiguo. Podría ser un interesante conato de construcción de una "Nueva comedia negra española"; pero, demuestra una vocación irresistible por competir con el teatro policíaco anglosajón, (todo un canon en sí mismo), tan de moda en la cartelera madrileña en las últimas temporadas. Su definición pasa por una cuestión de metas y de rumbos.

LA RISA ES LIBERTAD


"Sopa de mijo para cenar". De Darío Fo. Versión libre de Fermín Cabal. Dirección: José Antonio Ortega. Reparto: Gerardo Malla. Gloria Muñoz. Francisco Maestre. Carlos Viaga. Marta Bódalo. Félix Gontan. Escenografía y vestuario: Ramón. B. Ivars. Iluminación: Felipe Gallego. Música: Miguel Malla. Madrid. Teatro Arlequín. 19-9-2000.

La incitación a la insumisión, la protesta y el inconformismo es una de las tareas básicas del teatro social. Brecht decía que la condición indispensable del teatro era entretener y divertir al público, para que la función didáctica pudiera hacerse efectiva gozosamente. Uno de sus más brillantes herederos, Darío Fo, sigue llevando esta propuesta hasta sus últimas consecuencias, tanto en la denuncia y la sátira pública, como en el saludable ejercicio de divertir al público. Además, Fo aporta la rica tradición corporal, y el ritmo trepidante de la "Comedia del Arte" italiana.
"Sopa de mijo para cenar" (una obra que ha levantado la polémica entre su autor italiano y su versionador español) se estrenó con éxito en la cartelera madrileña, hace más de 20 años. Es un dato importante.
¿Qué ha pasado realmente en España, en estos 25 años de democracia, para que el público del 2000 siga identificándose de una forma tan manifiesta como la risa, frente a temas tan candentes como: la invitación a la insumisión, el cierre de empresas, los despidos masivos, los trapicheos sindicales, el paro, las estrecheces económicas de los obreros, la corrupción de los patrones, o la resistencia activa frente a la policía?
La obra tiene una mordacidad profunda y comprometida, pero sobre todo, tiene la teatralidad que le otorgan su ritmo frenético, los efectos de argumento, los chistes políticos, la disparatada peripecia... Es casi una historia payasesca, con la mala uva del cabaret político. Muchas de las aportaciones del versionador enganchan directa y eficazmente con la realidad actual española.
El director entiende muy bien el juego, y la puesta en escena está llena de guiños eficaces y teatrales. Pero, es mérito esencial de sus intérpretes, que la obra termine arrancando la carcajada final del público. Gerardo Malla y Gloria Muñoz se crecen interpretativamente, en este montaje. Dan humanidad y delirio a sus personajes. La Muñoz despliega unas cualidades para la comedia muy eficaces a la hora de levantar la risa del patio. Paco Maestre, interpretando al inspector de policía (entre otros personajillos), se lleva de calle al público. Es uno de los mejores actores del teatro español; su presencia escénica, la más rotunda y singular. Su instinto para ajustarse al cronómetro que exige la más fina comedia, lo convierten en una suerte de domador de las risas del público. Marta Bódalo y Carlos Viaga completan con gracia y eficacia el reparto de esta saludable obra, que arranca del público carcajadas liberadoras.

CASITA DE MUÑECAS


"La costilla de Adán" de Carmen Rico Godoy. Versión: Paco Sanguino y Rafael González. Dirección. Ernesto Caballero. NOBA Producciones. Reparto: Marisa Nolla. Cristina de Inza. Rosa Lasierra. Nuria Herreros. Escenografía: Pepe Melero. Iluminación: Javier Anós. Madrid. Teatro Bellas Artes. 20-9-2000.

Carmen Rico Godoy ha tenido la habilidad como periodista y narradora, de convertir una preocupación social en todo un género. Sus libros y artículos dan buena cuenta de su objetivo: dotar de una fe de vida impresa a una inquietud feminista, humorística y sin concesiones al mundo masculino. Coincidiendo con lo que las encuestas proclaman: "la mayoría de los consumidores de libros en España son mujeres", la relación de Rico Godoy con el público, ha sido, vibrante, directa y oportuna. El cine ha intentado rebautizar este éxito en las pantallas; y ahora, el teatro se suma a la misma tarea.
En "La costilla de Adán" el hombre es directamente un maniquí sin voz, pero del que no cesa de hablarse durante toda la representación. Los versionadores teatrales -Paco Sanguino y Rafael González- han seleccionado distintos grupos de mujeres que exponen su punto de vista y sus quejas sobre los hombres: novias el día de su boda, mujeres separadas y solitarias, esposas sufridoras, adolescentes con expectativas, niñas, travestis y "drag-queens". Si por una parte, este caleidoscopio de féminas enriquece las numerosas perspectivas desde las que puede tratarse el "problema masculino"; por otra, termina corriendo el peligro de repetirse.
El director Ernesto Caballero ha inventado un curioso artefacto escénico para esta representación, que propicia la aparición recurrente de la teatralidad sobre la escena. Las cuatro actrices -a veces como un coro, como dos dúos, o como cuatro personajes- deambulan por el interior de un espacio que es un cruce entre casita de muñecas, y caja de música con espejos y una bailarina en el centro. Es una lectura irónica del hogar matrimonial; un recurso satírico realizado desde el espacio; iluminado con una rica artificialidad que acentúa el carácter expresionista de este recital de humor y denuncia, que realizan cuatro actrices con la palabra de una sola autora.
"La costilla de Adán" resulta así un singular espectáculo -insólito para los escenarios madrileños- que europeíza nuestra escena. Más que de una obra teatral al uso, se trata de una especie de cabaret dramático, donde la representación tiene tanta importancia como el texto. La facilidad con la que el director maneja los signos escénicos, permite al público leer dos obras en una sola: la de las palabras, y la de los movimientos. El humor y la gracia de las intérpretes, (excelente su transformación en travestis), hace que los espectadores disfruten de esta obra, como una reivindicación de los derechos femeninos, realizada con un humor agudo, estimulante y original.

CUANDO EL CUERPO SE PONE A SOÑAR


"Fools folls. Klowns de Luxe." Monti&Cía. Idea y guión de Joan Montanyès. Dirección: Marc Montserrat. Reparto: Joan Montanyès (Monti). Oriol Boixader. Domènec de Guzmán. Escenografía y vestuario: Lluc Castells. Iluminación: Xavi Valls. Música: Martí Ventura. Madrid. Teatro de la Abadía. 24-9-2000.

A finales del S. XIX, un cómico francés Jean Gaspard Deburau revitalizó la empolvada figura del Pierrot, para devolverle toda la vitalidad que como personaje dramático tendría a lo largo del S. XX. J. Copeau, E. Decroux, J. L. Barrault, y más tarde J. Lecoq, harían avanzar la investigación corporal y gestual del clown hasta convertirlo en una de las claves interpretativas del actor del S. XX.
La Compañía de Cataluña (tan vinculada a la tradición corporal francesa) Monti & Cía. presentan en el Teatro de la Abadía "Fools folls. Klowns de Luxe", un genuino espectáculo que se sumerge en el mundo payasesco del circo, con un amor y una gran ternura por sus intérpretes.
La representación se convierte en una entrañable tarde de circo, que el público -de todas las edades- disfruta entre el vago aroma de la melancolía de la infancia. Porque la representación se enfoca desde la memoria de tres viejos hermanos que recuerdan sus años de éxito en las pistas de los mejores circos del mundo (o, al menos, así lo recuerdan ellos). La memoria es el manantial de los sueños, las reglas que la rigen son muy distintas a las de la vida; "Fools folls..." se rige por estas normas fantásticas. Lo que comienza siendo un puñado de recuerdos grisáceos, polvorientos y añejos, al desplegarse el hermoso telón escarlata de la pista, se convierte en fiesta brillante de circo.
Números acrobáticos; conciertos de botellas de agua; escenas de espejo; bromas entre payasos listos y tontos ... todos los recursos del viejo espectáculo circense, desfilan con gracia e ingenio ante los ojos del público, que va dejándose hechizar, por las artes de estos comediantes; sobre todo, los niños que se quedan encantados con estos payasos tristes y -a la par- alegres.
La obra alcanza un difícil objetivo: ser circo, sin dejar de ser teatro. Porque junto a algunas habilidades acrobáticas, de gran belleza y eficacia, (como el payaso que vuela en círculos sobre la escena y el público; o el homenaje a Arlequín, en la escena de los platos y las tartas, a la hora de servirle el almuerzo al amo,) la obra tiene un humor desmitificador, una ironía melancólica, y un amor por el teatro popular, y en particular por el circo, que llega directamente al corazón del público. Las referencias a los bufones-locos de Shakespeare, van hilvanando en la obra, una cola de hojas secas de la más pura estirpe teatral. La belleza plástica del decorado y el vestuario, como la música en directo, dotan a "Fools folls" de una extraña belleza. Si el espectador ama todo este profundo registro de matices, del mundo del espectáculo, no debería perdérselo; y si pueden, llévense a los niños y a los abuelos.

EL HOMBRE QUE QUISO SER DIOS


"Jekyll & Hyde". Libreto: Leslie Bricusse. Música: Frank Wildhorn. Dirección artística: Luis Ramírez. Dirección musical: J.J. Gª Caffi. Intérpretes: Raphael. Marta Ribera. M. Marbán. Guillermo Antón. J. Ramón Heche. Enrique Sequero... Iluminación: Freddy Gerlache. Coreografías: Luka Yexi. Madrid. Teatro Nuevo Apolo. Estreno: 28-9-2000.

Desde que el autor británico Robert Louis Stevenson publicara en la segunda mitad del S. XIX su novela "El extraño caso del Doctor Jekyll y Mister Hyde" la obra ha pasado a convertirse en un clásico, en un referente en torno al que pivotan todas las consideraciones sobre la doble naturaleza de la condición humana. Jekyll se somete a sí mismo a una serie de experimentos científicos, para alterar las fronteras establecidas entre el bien y el mal. La versión para teatro, (con libreto de Leslie Bricusse y música de Frank Wildhorn,) sigue las peripecias de la novela de Stevenson, y consigue crear un espectáculo grandioso, donde el personaje no es sólo un doctor con una enfermiza curiosidad por los experimentos de riesgo, sino una suerte de artista o librepensador en los límites de la curiosidad, dispuesto a demostrar que los límites de la moral establecidos, no tienen por qué ser los mejores ni los poderosos los más justos; las víctimas de Hyde pertenecen a la alta sociedad; mientras él frecuenta a los marginados.
El gran artista español Raphael demuestra con su interpretación de Jekyll y Hyde, que sigue siendo un personaje fundamental del mundo del espectáculo, y no sólo por sus dotes como cantante. Raphael ha sido siempre un intérprete de los temas musicales que ha cantado, es decir los ha escenificado ante el público, tanto con sus grandes aspavientos corporales, como con su rica gama de registros emocionales. Siempre se ha tildado al cantante de "teatrero", algo que él ha conseguido llevar por todo el mundo, como un estilo personalísimo, que despierta furor en el público. Esta personalidad truculenta -y a la vez, entrañable- de Raphael, beneficia a un espectáculo teatral de estas características. Podría decirse, que en ningún otro medio escénico se aprovechan mejor sus múltiples talentos artísticos, como en un montaje como el de "Jekyll & Hyde". Su enorme carisma entre el público; sus grandes dotes vocales y musicales; y su arrebato dramático, son los ingredientes esenciales para dotar de alta estatura escénica, tanto a Jekyll, como a Hyde.
El elenco que lo acompaña está a su altura en todos los sentidos. Marta Ribera se gana al público como la vulnerable chica de la calle, enamorada del doctor; su belleza y su gran voz, la hacen irresistible. Margarita Marbán, interpretando a la prometida del atormentado personaje, demuestra brillantes cualidades como cantante. Todo el elenco funciona a la perfección, incluidos los músicos de la orquesta, y su director Juan José G. Caffi. Tanto el guión dramático, como la puesta en escena están planificados al milímetro, con la supervisión de los directores Steve Cuden y Fran Wildhorn. La versión española de Nacho Artime, se adapta muy bien al fraseo musical, que Raphael vocaliza con gran precisión. La dirección artística de Luis Ramírez es grandiosa y espectacular, en decorados móviles y gigantescos, con 27 intérpretes en escena. La dramática y brillante iluminación de Freddy Gerlache viene a sumarse a esta gran producción teatral, que eleva la categoría de la escena madrileña. El público sabrá agradecer este enorme esfuerzo de producción con su presencia, y su entusiasmo manifiesto por uno de sus más grandes artistas populares: Raphael, quizás de todos los vigentes, el más completo. Las cuatro plantas del coliseo madrileño se pusieron en pie para vitorearle al final de la obra.

EL ENCANTO DEL REALISMO


"5hombres.com". Reparto: Bermúdez. Alexis Valdés. Antonio Valero. Nancho Novo. Florentino Fernández. Santi Rodríguez. Producción: José M. Contreras. Dirección: Ana Rivas /J. M. Contreras. Autores: Pablo Motos. Laura Llopis. Arturo G. Campos. Juan Herrera. Madrid. Teatro Alcázar. 29-9-2000.

La vitalidad de la que goza el teatro en nuestros días, queda puesta de manifiesto con la aparición de espectáculos mestizos como "5hombres.com", donde se mezclan géneros escénicos como la televisión, el cabaret, o el mismo teatro. Al comienzo de la obra, el escenario aparece convertido en una gigantesca pantalla de televisión. Un sencillo e ingenioso mecanismo conceptual, hace que el espectador teatral comience a participar activamente en una suerte de interactividad, hija tanto del mundo cibernético como de los karaokes de las salas de fiesta. Todo el mundo puede ser protagonista por un momento, recibir un gran aplauso de la sala, o ser "famoso" perseguido y asaltado por las cámaras.
Resulta espectacular ver toda la escena convertida en una gran pantalla de ordenador, y la flechita del ratón realizando una danza por el aire, que sacará de los menús pertinentes a Paz Padilla, (la única hembra que aparece -virtualmente- en esta representación de hombres,) como una suerte de "Campanilla" o "Pepita Grilla" que va enhebrando con su ingenio y perspicacia los cinco monólogos de los actores. Por esta vía se consiguen los mejores resultados del espectáculo. Cada transición entre los monólogos masculinos está concebida como una coreografía de ideas televisivas y telemáticas, que desarrolladas en un escenario teatral -a una escala cinematográfica- producen curiosas y sorprendentes situaciones escénicas.
Los cinco monólogos escritos por cinco manos diferentes de guionistas, abundan en ese realismo cotidiano que tanto se extiende por nuestro mundo artístico. Parece que lo único que se puede contar, es lo que se conoce y lo que se ve. Resulta una fórmula segura para conseguir la directa identificación del público, que terminará riéndose de sí mismo. Este eficiente realismo es quizás lo menos teatral del espectáculo. Aunque, repasa y repite las situaciones típicas y previsibles de los conflictos de pareja, con frecuentes alusiones picantes al mundo del sexo, estos actores solitarios en escena, dialogando directamente con el público, no llegan a tener la mordacidad transgresora del cabaret, ni tampoco su corrosión política. Le falta complejidad a los textos y a la ausente dirección de actores, que más bien parecen improvisar sobre sus recursos más seguros. Florentino Fernández hace gala de unas dotes histriónicas, que suben el listón del espectáculo y provocan el regocijo del respetable. Las risas y aplausos del público, que llenaba la sala, consagraban la aceptación de este espectáculo teatral-televisivo, tan original como simple.

EL LOCO INDISPENSABLE


"Loco". Autor, Director e intérprete: Moncho Borrajo. Escenografía: Gerardo Trotti. Ninots: Juan Carlos Moles. Iluminación: José Manuel Guerra. Voces: Teresa del Olmo. Gonzalo Durán. Carlos Rabay. Tema musical: Rafael Rabay. Madrid. Teatro Reina Victoria. 4-10-2000.

El desparpajo y la desinhibición del "loco" resulta tan saludable, que hasta los reyes se han jactado de tener entre sus bufones más íntimos, a locos de extremado ingenio y humor punzante. El público madrileño tiene a partir de hoy su loco particular en este bufón con tan mala uva en que se ha transmutado, en esta ocasión, el excelente cómico Moncho Borrajo. Además, actúa en el escenario de esa especie de teatro palaciego en que ha quedado convertido el Teatro Reina victoria; tras la primorosa reconstrucción -más que restauración- que ha emprendido valerosamente el empresario Enrique Cornejo, devolviendo al centro de Madrid, un teatro acorde con la realeza de su nombre.
El paciente Borrajo se encuentra ingresado en una clínica para "locos" que no soportan la telebasura ni las revistas del corazón; que odia y vitupera a la clase política con mucho humor y sin compasión; y que además -en homenaje castizo a la villa- se hace acompañar en escena por un oso que se llama "Nadie", y con el que realiza algunos duetos memorables. El público del estreno reía más de lo que el cómico loco les permitía, quien, a veces, reprimía tanta risa del respetable.
Sirviéndose del mismo esquema libertario de "El licenciado vidriera" de Cervantes, el "loco" de Moncho Borrajo dice verdades como puños, que sólo a él -por su enajenación- se le permiten. Las terapias de choque de ese hospital se producen con sesiones de varias televisiones encendidas a la vez en distintos canales.
Borrajo se vale de su "Loco" para ironizar y provocar la burla, en torno a temas de absoluta actualidad: la masiva "salida del armario" que recogen constantemente los medios de comunicación; la escatología como respuesta a la clase política; la elevación del pedo a una de las bellas artes; la gordura, el famoseo, y tantos otros temas candentes. Las altas dotes histriónicas del cómico gallego; sus buenas facultades vocales para imitar a cantantes; su malabarismo con "los tacos"; su energía arrolladora, y sus constantes referencias sexuales, convierten su espectáculo en una milagrosa suerte de teatro popular, que se ha mantenido por encima de los siglos. Tal vez no hubiera sido necesario un decorado tan abstracto y calderoniano; ni siquiera el micrófono inalámbrico; ni los "ninots" satíricos de los palcos. Moncho Borrajo se come él solo el teatro; y lo demuestra en el dramático, sincero y poético final que dedica en justicia y homenaje al indispensable oficio de los cómicos: los que ayudan a soportar la vida, con su fábrica de risas y alegría.

LA VOZ DE LA SANGRE


"Azaña, una pasión española". Basado en cartas, discursos y textos de Manuel Azaña. Selección de textos y adaptación: José Mª Marco. Dirección, dramaturgia e interpretación: José Luis Gómez. Espacio escénico: Mario Bernedo. Música: Alejandro Masso. Iluminación: José Manuel Guerra. Madrid. Teatro de la Abadía. 5-10-2000.

Que algunos políticos en pleno apogeo de su carrera pública, como Manuel Azaña -o anteriormente, Martínez de la Rosa- tuvieran la tentación de escribir teatro, pone en evidencia el prestigio y la importancia social que se daba al escenario teatral y al texto dramático, como tribuna moral y crítica de la sociedad contemporánea. Manuel Azaña llegó a estrenar una obra teatral "La Corona", por cierto sin ningún éxito. Azaña pertenecía a la generación siguiente a la del 98, contra la que arremetió en numerosos textos críticos. Una brillante generación sin complejos y una enorme fe en sí mismos, en la que podría incluirse a Ortega y Gasset, o al mismo Ramón Gómez de la Serna. La modernización de España y su normal incorporación a la vida europea como un país moderno y civilizado, era en muchos sentidos su misión común y su objetivo.
Que el pensamiento y la palabra de Manuel Azaña vuelvan a tomar voz, y a alzarse en un escenario, es una suerte de homenaje a un intelectual, escritor y político, que con tanta devoción y pasión luchó toda su vida porque el binomio hombre libre/ciudadano español, no siguieran históricamente reñido.
Jose Luis Gómez, fascinado por la hazaña moral de este genuino y generoso español -que consideraba la política como un arte-, ha organizado una ceremonia teatral tan intimista en las formas, como apasionada en su identificación con los contenidos del discurso del que fuera presidente de la II república de España.
Hay en esta matizada y lúcida representación un ejercicio de la memoria colectiva, y a la vez un restablecimiento de la palabra pública a uno de los mayores intelectuales españoles de este siglo, que da un enorme sentido al teatro contemporáneo. Que los textos que componen esta "pasión española" de Azaña no sean originalmente dramáticos, no es obstáculo para el interés teatral de la representación. Se trata de un montaje reivindicativo que se dirige a la inteligencia del espectador. José Luis Gómez saca de su mejor estuche de gran actor sus más calibrados registros vocales y corporales, para devolver a Azaña, (si no a la vida), sí a la presencia de su espíritu puesto en contacto, de nuevo, con el público; quien además, representa en esta ceremonia escénica al pueblo español. La pasión que encierra la obra es doble: tanto la de un intelectual ambicioso, soberbio y generoso que quiso para su país lo mejor; como la de un actor que cree y confía en que el teatro debe seguir siendo, con el ejercicio de la palabra y las ideas, el más alto ceremonial público.

LOS ROTULADORES DEL PRADO


"La vida es sueño" de Pedro Calderón de la Barca. Dirección y versión: Calixto Bieito. Reparto: Joaquín Notario. Nuria Gallardo. Carlos Álvarez. Boris Ruiz. Miquel Gelabert. Àngels Basas. Roger Coma. Cantaor: J.M. Cerro. Percusión: Juan Flores. Vestuario: Mercè Paloma. Iluminación: Xavier Clot. Escenografía: C. B./Carles Pujol. Madrid. CNTC. Teatro de la Comedia. 6-10-2000.

"La vida es sueño" de Pedro Calderón de la Barca es al teatro clásico español, lo que "Las Meninas" de Velázquez a la pintura del Siglo de Oro; o lo que "El Quijote" a la literatura hispana. Siendo hitos de la más alta creación artística, gozan de una popularidad tal, que ha permitido que, por ejemplo, algunos de los versos de Calderón sean conocidos de memoria incluso por los que ni siquiera sabían leerlos: "Ay, mísero de mí, ay infelice"; "Hipógrifo violento que corriste pareja con el viento"; "...que la vida es sueño, y los sueños, sueños son..." parecen haberse desprendido de la obra original hasta forma parte del acervo popular. El valor de los clásicos es éste: aglutinar en torno a unas obras concretas el espíritu y los valores artísticos y morales de una época, a la par que pudieran servir de espejo a otros tiempos, e incluso a otros países que no han tenido la suerte de poseer una gran tradición teatral como la nuestra. Calderón fue redescubierto para la "modernidad" por los románticos alemanes, con Goethe a la cabeza. La musicalidad de sus textos dramáticos, su exploración de las partes más oscuras y misteriosas del ser humano; la forma simbólica y filosófica con que son tratadas las relaciones políticas y sociales, convierten "La vida es sueño" en uno de los textos más representados del teatro mundial, como un vehículo de indagación en el sentido público de la sociedad actual.
La grosera, insolvente y bochornosa representación de "La vida es sueño" que la CNTC ofrece actualmente en el histórico Teatro de la Comedia, es un signo de lo que ciertos españoles son capaces de hacer con la más rica tradición teatral de Europa. Intentar escandalizar es lo que busca el que no puede llamar la atención con su talento. Si el Museo del Prado organizara una jornada de puertas abiertas repartiendo "sprays" y rotuladores para que todos pudieran pintar "grafittis" y bigotes sobre las obras de Goya y Velázquez, sería un escándalo, y por supuesto la noticia saltaría a la prensa; pero, no sería por ello, jamás un hecho artístico, sino una insensatez punible. ¿Por qué hay que aceptar que en teatro, sí pueden suceder estas cosas? Representar "La vida es sueño" en el Teatro Clásico Nacional como lo ha hecho Calixto Bieito, es un equivalente al disparate metafórico de los rotuladores del Prado. Intentar rivalizar con los más banales y degradantes concursos televisivos desde un teatro público, es una tarea aberrante que no sólo ofende la inteligencia del público, sino que vulnera además la dignidad del hecho dramático. Este montaje representa tal atraso y negación del sentido que debe tener el teatro, que hubiera sido mucho mejor no haberlo producido, ni representado, y mucho mejor aún, no haberlo visto.

PRECIOSO JUGUETE DE CORTE


"Mañanas de abril y mayo". De Calderón de la Barca. Dirección y Vestuario: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D'Odorico. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Música: Fernando Palacios. Reparto: Ángeles Martín. Fernando Conde. Pepa Pedroche. Amparo Marín... Madrid. Teatro de Madrid. 8-10-2000.

Si "La vida es sueño" es una fantasía filosófica de Calderón, elevada a la potencia del poema dramático; y si sus obras de carácter religioso se ajustan a su estricto concepto moral; no es en la comedia donde muestra su mayor fuerza. El dramaturgo oficial de las fiestas de la Corte se sentía mucho más cómodo escribiendo autos sacramentales para las fiestas de Corpus Christi, donde brillaba su talento de poeta teológico con luz propia. La comedia era cosa de italianos, y Calderón se sentía ante todo, inventor y fundador de un teatro nacional español, contrarreformista y monárquico, aliado con las herramientas de la ciencia y la poesía, alumbradas por la fe verdadera. Madrid, entonces, era el centro político del mundo.
"Mañanas de abril y mayo" es una liviana comedia de Calderón, donde reproduce las costumbres cortesanas de la época, con alguna pequeña alteración, para construir una peripecia de enredo, malentendidos y desavenencias entre amantes casquivanos, que termina bien, como está previsto por el género. Un precioso juguete de Corte, sin mucha mayor trascendencia. Los criados del enredo han perdido su carácter mordaz y satírico de la comedia clásica. Que la acción se desarrolle en Madrid y en el Parque del Retiro, es una especie de homenaje que Calderón tributa a su benefactor el rey de España.
Miguel Narros vuelve a levantar un espectáculo de una calidad dramática y una belleza formal sobresaliente. El vestuario de esta obra es de una gran categoría estética, tanto que se convierte a veces casi en un personaje protagonista que arrastra la acción y el enredo. Con sus bellas tapadas deambulando por la escena, Narros consigue unas coreografías de una soberbia belleza plástica. La escenografía, de tan sintética y armoniosa, puede llegar a sugerir casi más un desnudo escenario japonés, que una corte madrileña. Creo que no es bueno para el interés de la representación, distancia en una puesta en escena tan rigurosa y leal con las formas de la época. La iluminación es barroca y de gran belleza; la ensoñadora música de Fernando Palacios, permite viajar por encima del tiempo.
La encantadora Ángeles Martín demuestra una dúctil, dulce y, a la vez enérgica personalidad escénica, muy valiosa para la interpretación dramática. Pepa Pedroche y Amparo Martín interpretan sus personajes con fuerza y elegancia. Este trío de damas entienden y asumen a la perfección un "estilo-Narros" de interpretación, que resulta realmente exquisito para los buenos amantes del teatro. Fernando Conde aporta una comicidad de viejo burlado, muy propia del genero, y muy agradecida por el público. Entre todos consiguen un espectáculo delicioso e inteligente, que garantiza una estupenda velada de teatro para el público más exigente.

LA GRAN BOHEMIA INDUSTRIAL


"Rent". Libreto, letra y música: Jonathan Larson. Dirección: Michael Greyf/Abbey Epstein. Dirección musical: Xavier Navarro/Dani Espais. Coreografía: Marlies Yearbey/ C. Bandelow. Reparto: Mikel Fernández. Pablo Puyol. Nacho Vidal. Daniel Anglés. Damaris Martínez. Jano. Sandra de Victoria.... Escenografía: Paul Clay/Tomás Vila. Vestuario: Angela Wendt/Mª Araujo. Iluminación: Blake Burba/Kiko Planas. Madrid. Teatro Coliseum. 10-10-2000.

El musical anglosajón importado es una garantía de calidad para el público español, y en general para la industria de las artes del espectáculo. Se trata siempre de producciones que han sido exitosas en Londres o Nueva York; los riesgos disminuyen de esta manera. Por otra parte, como desde el libreto a la puesta en escena están registrados al milímetro, con esta fórmula -elegida por diferentes productores españoles- está garantizada la
calidad de la representación: sus canciones, sus coreografías, su espacio escénico, su vestuario y hasta su maquillaje. Es una suerte.
"Rent" (alquiler) es un gran musical destinado mayoritariamente a la juventud. Su apariencia de compromiso con temas candentes que afectan especialmente a los jóvenes, como el paro, el sexo, el SIDA, la soledad urbana, y la falta de futuro y esperanza, parecen ser la apuesta temática de este musical archipremiado en Broadway. Los cinco estupendos músicos que tocan en directo junto a los quince briosos y talentosos intérpretes que se reúnen en escena, garantizan una sesión de teatro musical de primera. Sus grandes voces y sus dotes para la danza están muy ensayados y son de una enorme precisión y belleza.
Las luces negras iniciales de "Rent" pronto comienzan a disiparse: el dolor, la enfermedad, la pobreza, el acoso de los alquileres, las parejas homosexuales de gays y lesbianas, y hasta las heterosexuales, representan lo mismo: el fracaso y la muerte. Pero, la obra no va por ahí, sino que esos escabrosos temas se usan como gancho de actualidad para un público cercano, que no busca grandes complicaciones, sino grandes temas musicales. En cualquier caso, resulta mucho más rica la primera parte de la obra; la segunda de tan intimista y voluntariamente sórdida, termina rebajando el interés espectacular de la representación.
La excelente compañía de "Rent" consigue sus mejores momentos en las escenas corales, donde suman todas sus briosas energías, en una armonía poderosa y precisa. Mikel Fernández tiene luz propia en escena, además de unas grandes dotes como cantante. La noche del estreno el teatro estaba a rebosar, y los sinceros y emotivos aplausos del público interrumpían al conjunto de brillantes intérpretes, al final de cada número musical. El entusiasmo del respetable les hizo salir a saludar varias veces, e incluso repitieron algún cantable. Todo un juvenil y riguroso éxito.

UN SEDUCTOR FIERAMENTE HUMANO


"Don Juan Tenorio". De José Zorrila. Supervisión del texto: Enrique Llovet. Dirección: Gustavo Pérez Puig. Coordinación: Mara Recatero. Reparto: Ramiro Oliveros. Juan Carlos Naya. Manuel Gallardo. Abigail Tomey. Antonio Medina. José Carabias. Ana María Vidal. Verónica Luján Africa Pratt... Escenografía: Francisco Sanz. Vestuario: Vicente y Carlos Viudes. Música: Gregorio Gª Segura. Madrid. Teatro Español. 18-10-2000.

La fascinación que produce el mito de Don Juan se basa en que el personaje no tiene que pactar con ninguna fuerza sobrenatural, (en la mayoría de los casos, representada a través del personaje del diablo,) para conseguir ese inmenso poder que le otorga su gran potencia seductora. Él no sólo lleva el mal dentro de sí, (como todos, en potencia, lo llevamos)sino que además conoce el acceso directo hasta sus pasiones más oscuras, y la forma de sacar provecho y placer de ellas. La osadía de Don Juan -ayudado por el oro que maneja- le convierte en el aventurero por excelencia. Sus conquistas no son de tierras, guerras, o batallas; sino, fieramente humanas. Y además no son sólo las hembras las que se dejan vencer por su hechizo y arrogancia; también sus amigos y los hombres que con él se retan y enfrentan, se sienten poderosamente atraídos por su influjo magnético.
Toda la fascinación que pueda producir esta historia de pasiones y reyertas entre el mundo de los vivos y el de los muertos, se respira en la representación de "Don Juan Tenorio", de José de Zorrilla, que se representa ritualmente en el Teatro Español de Madrid. en estas fechas cercana a la fiesta de difuntos. Gustavo Pérez Puig y sus colaboradores se sienten muy compenetrados con el texto, el espíritu y el estilo de la obra de Zorrilla, y ponen a su servicio todos los medios técnicos actuales para levantar un gran espectáculo romántico. Los hermosos decorados de inspiración andalusí de Francisco Sanz, de gran colorido y luminosidad; junto con el rico y sugestivo vestuario, basado en una idea de Vicente y Carlos Viudes; y la música original de Gregorio García Segura, siembran la escena de gran teatralidad. Todos los elementos se suman felizmente en una larga representación que avanza y fluye con enorme facilidad ante un público familiarizado y cómplice. Es un acierto del montaje la interpretación del Tenorio, a cargo de dos actores de diferentes edades. Ramiro Oliveros se siente cómodo y crecido con el Don Juan maduro, el que reta e invita a cenar a los mismos súbditos de la muerte. Las osadías de Don Juan combinan estupendamente con las sobresalientes dotes de primer actor de Ramiro Oliveros, que debería prodigarse mucho más en las tablas. El personaje se ajusta a su talento, como una airosa capa de amplio vuelo a su cuerpo. El joven Tenorio está interpretado con convicción, apostura y energía por Juan Carlos Naya. La juventud, belleza y buenas dotes interpretativas de Abigail Tomey dan una vulnerabilidad y un encanto conmovedor, a Doña Inés, la joven novicia que se pierde entregándose a Don Juan, y que finalmente con su amor lo redime. Manuel Gallardo en el rol de Luis Mejía, vuelve a demostrar lo buen actor que es. Antonio Medina compone un corregidor grave y letal, y Ana María Vidal y Pepe Carabias dan el punto más cómico a la representación.
Si quieren cumplir con el rito teatral por excelencia del teatro español, este Tenorio de toda la vida les brinda la ocasión de disfrutarlo, y de gozar, además, de una espectacular velada teatral.

LOS ENREDOS DE UN ESPÍRITU BURLÓN


"La novia del príncipe". Una comedia escrita y dirigida por Juan José Alonso Millán. Reparto: Juanito Navarro. Mari Begoña. Perla Cristal. Natalia Robles. Vicente Moraleda. Juanjo Alía. Iñigo Ticio. Escenografía: Ricardo Vallespín. Iluminación: Vallespín y F. Sáenz. Madrid. Teatro Real Cinema. Estreno: 18-10-2000.

El teatro siempre ha tenido una fuente de inspiración y una obligación de representar el mundo que le rodea. La sátira, la comedia, y hasta el astracán son los encargados de deformar la realidad como un espejo -cóncavo, o convexo- buscando ante todo la diversión del público. Juan José Alonso Millán es un hombre de teatro integral que entiende la escritura dramática y su representación escénica como una fiesta para el público. Con "La novia del príncipe" alcanza su estreno número 73, todo un éxito en unos tiempos en que los autores españoles, o son menospreciados por los gestores y directores teatrales, o si tienen suerte e influencias, pueden ver estrenada una de sus obras cada cinco o quince años.
Alonso Millán demuestra en esta su última comedia estrenada, que tiene arrestos suficientes y oficio reconocido, para llevar a la escena uno de los temas de mayor actualidad en la sociedad española: la boda del Príncipe de Asturias. Con un eficaz argumento de política-ficción (en el que no se priva de valorar las consecuencias que tendría la declaración de una breve III República Española) consigue construir un enredo eficaz, entretenido y muy divertido para el público, que acompaña con sus carcajadas toda la representación.
No pudiendo desvelar el curioso e insólito argumento de la obra, sí podemos reseñar cómo Alonso Millán se aprovecha de las disparatadas situaciones que le toca vivir a una familia española media (muy especial, por otra parte), que está a punto de entroncar con la Casa Real Española. La obra toca tantos temas de actualidad, como las parejas de hecho entre hombres; el mundo de las pasarelas y sus protagonistas; los premiso literarios y sus pucherazos; las rivalidades periodísticas; la prensa del corazón; la droga en que se ha convertido la televisión para tantos ciudadanos españoles; las influencias que movilizan todos los entresijos políticos, y las maniobras electorales; la adicción a las drogas de los hijos-artistas que no abandonan el hogar familiar...; son tantos los guiños que hace el autor a nuestro tiempo, que "La novia del príncipe" se convierte en una comedia que hace las delicias del público, experto en todas las peripecias que se le narran en esta obra divertida y tonificante.
Los excelentes cómicos que el director ha reunido para dar vida a sus personajes son los encargados de dar vida a esta fiesta de teatro popular. Juanito Navarro tiene una vis cómica de "figurón" enormemente efectiva sobre la escena. Tiene el arte de agrandar en gestos los guiños más atrevidos del texto. Perla Cristal interpreta a la sufrida e ilusionada madre de la novia, desde la madurez de su belleza y su señorío escénico. Mary Begoña compone un personaje muy jardielesco interpretando a la abuela loca de alzheimer de la casa. Natalia Robles tiene una belleza principesca, y Vicente moraleda guarda un gran parecido con el príncipe que interpreta, lo que aumenta aún la gracia de este enredo tan travieso como bienintencionado y festivo.

ETERNA QUINIELA COTIDIANA


"Te quiero... muñeca". Escrita y dirigida por Ernesto Caballero. Reparto: Maribel Verdú. Luis Merlo. Marisa Pino. Federico Celada. Aurora Sánchez. Escenografía: Gerardo Trotti. Vestuario: Patricia Hitos. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Madrid. Centro Cultural de la Villa. Estreno: 19-10-2000.

El difícil experimento de la convivencia en pareja, la lucha de sexos, el enfrentamiento del mundo masculino y el femenino, la presencia en el hogar, o la incorporación al trabajo, y todas las consecuencias que se derivan de esta eterna quiniela cotidiana, parecen ser el mayor filón o cantera temática para el teatro de hoy en día. En lo poco que va de temporada, se han estrenado ya ocho espectáculos en los que esta diatriba hombre/mujer se convierte en el eje de reflexión central de todas ellas.
Evidentemente, este conflicto existe desde el origen de la humanidad, y por tanto ha estado presente en toda la historia del teatro, con mayor o menor protagonismo. Aunque, hay que reconocer que la vertiginosa transformación de las costumbres cotidianas que se ha producido en los último cincuenta años, ha sido especialmente intensa. La arribada masiva a los hogares, del teléfono, de la televisión, del automóvil, de los electrodomésticos, del ordenador, del móvil, de internet..., ha transformado enormemente la vida de las familias, las parejas, o simplemente los individuos. Con tanta innovación, ¿por qué no podrían también cambiarse los presupuestos sobre los que se construye la pareja?
"Te quiero... muñeca", de Ernesto Caballero, ofrece una divertida hipótesis sobre estas nuevas posibilidades combinatorias desde las que puede hoy conseguirse "la pareja ideal y feliz"; por supuesto, siempre a la medida del hombre.
Esta aguda, inteligente y divertida comedia está llena de aciertos. Tanto sus intérpretes, como la puesta en escena, y el decorado suben el listón artístico del teatro español. A Maribel Verdú se le nota lo cómoda que se encuentra sobre el escenario, representando esta comedia. El psicodélico argumento de "Te quiero... muñeca" la lleva a interpretar diferentes personalidades femeninas, lo que le permite desplegar una rica interpretación, y mostrar su belleza desde distintos y estimulantes ángulos.
La causticidad que el autor vuelca sobre el personaje masculino, lo lleva a convertirlo en un crítico periodístico. En él se representa a la perfección toda esa prepotencia egoísta del sexo viril. Un crítico que no se conforma con ser el capitán del equipo, sino que además quiere ser dios-creador, cuando en realidad sólo es un cobaya en manos de sus confusos deseos. Luis Merlo demuestra excelentes dotes para la comedia, y su personaje está interpretado con brillantez, elegancia, ternura, y sobre todo estirpe. Aurora Sánchez y Federico Celada suben la temperatura cómica de la representación en memorables escenas delirantes. La Sánchez es una de nuestras más valiosas actrices de teatro, y no sólo en registros cómicos. Su talento es muy celebrado por el público.
Tanto la brillante y chinesca puesta en escena de Caballero, como el suntuoso y misterioso escenario de Trotti, y la afinada iluminación de Camacho, dan una factura sobresaliente a "Te quiero... muñeca", un espectáculo cosmopolita e imprescindible para los amantes del buen teatro.

AL RESPLANDOR DE LAS HOGUERAS


"Bailando en Lughnasa". De Brian Friel. Dirección: Juan Pastor. Reparto: Rafael Navarro. Chelo García. Susana Hernáiz. Yolanda Robles. Elia Muñoz. Victoria dal Vera. Juan Pastor. Eduardo Navarro. Escenografía y vestuario: Teresa Valentín. Coreografía: Elvira Sanz. Iluminación: Javier Navarrete. Madrid. Teatro Galileo. 22-10-2000.

Las tierras de Irlanda fueron una de las últimas en cristianar y romanizar en el oeste de Europa. La fuerza con que han pervivido sus tradiciones, su mitología, sus cultos y hasta su idioma -el gaélico- han forjado una de las más indómitas personalidades entre los pueblos de Europa, gracias a sus continuos enfrentamientos contra los conquistadores de la orilla inglesa. Tal vez de esta continuada resistencia haya nacido uno de los más ricos teatros de Europa. En "Bailando en Lughnasa", Brian Friel habla de esta contienda, pero no desde un punto de vista épico y batallador, sino más bien todo lo contrario: íntimo y lírico.
Los recuerdos de un hombre -que ejerce de narrador de la historia- nos remontan a su infancia en las duras montañas irlandesas en los años 30 del S. XX, en el interior de una familia muy especial, formada exclusivamente por mujeres. Varias hermanas han tenido que sobrevivir uniendo sus fuerzas, en un hogar donde los hombres se han reducido a un viejo pariente misionero que ha regresado enfermo de África, un niño nacido de madre soltera, y la figura de su padre ausente que les visita una vez al año, sin terminar de decidirse nunca a casarse con la madre del chiquillo.
La frescura y la bella evocación que emana de esta historia y estos personajes, nos pone en contacto con una sociedad rural y atrasada, en la que sin embargo existen muchos menos prejuicios morales y tabúes sociales de los que pueden sufrirse en las ciudades. En la dureza primitiva del campo, la supervivencia es mucho más importante que la beatería más mojigata. A pesar de las estrecheces y la miseria, el equilibrio vital de estas mujeres es portentoso y parece indestructible. Un gran aparato de radio alegra sus vidas con sus músicas y canciones. Los momentos más duros intentan superarse bailando y riendo, toda una filosofía vital que les pone en contacto con los viejos ritos -prohibidos- de Lughnasa, una divinidad autóctona solar a la que se adoraba en Agosto con grandes fiestas, hogueras y danzas en el interior de las más recónditas montañas.
Esta crónica de la vida de unas mujeres pobres de Irlanda, está representada por un grupo de actrices tenaces y conmovedoras, que consiguen despertar no sólo el interés, sino también las emociones más tibias del público. Juan Pastor ha conseguido imprimir a este espectáculo un curioso hálito de vida por encima de la melancolía, que lo convierte, antes que nada, en una hermosa ceremonia de la memoria y la alegría. Nada más tonificante para los espectadores teatrales de las grandes urbes. "Bailando en Lughnasa" impregna de un positivo, emotivo, y amargo lirismo a su público.

MORDIENDO EL VACÍO


"Beckett...". Basado en las obras de Samuel Beckett: Acto sin palabras I, Acto sin palabras II, e Impromptus de Ohio. Cía: Sobrevento. Dirección: Luiz André Cherubini. Música: Queca Vieira. Manipuladores: Sandra Vargas. Miguel Vellinho. Alzira Andrade. L. André. C. Festival de Otoño. Madrid. Teatro Pradillo. 27-10-2000.

Los muñecos han sido utilizados por los hombres desde los umbrales del ritual y la actuación para representar lo que no existe o lo que no se ve. Un actor con su cuerpo humano era indigno para dar forma a una divinidad sobre la escena. El muñeco o el autómata permitían superar las limitaciones de la representación sagrada. El Festival de Otoño comienza su andadura teatral con la representación de "Beckett..." por parte de la compañía brasileña "Sobrevento", volviendo a usar los muñecos para contar historias tan imposibles y cifradas como las del dramaturgo irlandés afincado en París, Samuel Beckett. La labor dramatúrgica de este autor galardonado con el Premio Nobel, es totalmente deconstructiva. No continuó subiendo una planta más la torre de Babel del teatro europeo, sino más bien al contrario, intentó devolverlo a sus cimientos. Beckett formula su teatro como una descomposición o destrucción de los presupuestos básicos del género. Ni la peripecia, ni los personajes tienen mucho que ver con la tradición. Ocupan su lugar en esta misteriosa construcción: el silencio, la repetición, la falta de caminos certeros, y una atmósfera de desasosiego que impulsa y motiva cada una de las decisiones de sus impotentes personajes. Aún a pesar de todo, Beckett no cesó de escribir en vida. Su obra es una buena prueba de su recóndita esperanza como dramaturgo.
La idea de representar tres de sus obras más conocidas con muñecos es el mayor acierto de los brasileños. Para ello se han valido de una "técnica mixta" en el que los manipuladores de los muñecos están a la vista del público, como en las técnicas japonesas del Bunraku. Tres manipuladores vestidos de negro se encargan de dar vida al muñeco. Aunque hay que decir que los muñecos japoneses son mucho mayores que los que utilizan los brasileños, lo que resta protagonismo a la presencia magnética del muñeco en beneficio de sus manipuladores. Tanto es así que en algunas ocasiones, estas negras figuras humanas llegan a convertirse ellos solos en los auténticos protagonistas de la obra. La música en directo de un violín que ejecuta todos los planos sonoros de la obra, es de una gran teatralidad, y consigue momentos de una mágica atmósfera.
El reto que encierra esta representación es alto y plausible, quizás no tanto sus resultados. Da un poco la sensación de que más que reinventarse las leyes del escenario y la destrucción de la lógica aparente, (como postula el autor irlandés) han buscado una "estética Beckett" de hombres solitarios, sin rostro, con sombreros hongo, atmósferas tenebristas, y ausencia de esperanzas, para construir una representación tan expresionista como monótona.

UN RAMO DE ROSAS ROJAS PARA EL PÚBLICO


"Brecht ... aquí y ahora" Recital de Hanna Schygulla, basado en textos de Bertolt Brecht, y canciones de Kurt Weill y Hanns Eisler. Pianista: Matthiu Gonet. Escenografía: Lise Marie Brochen. Iluminación: Benoît Théron. Vestuario: Sylvette Dequest. Madrid. Festival de Otoño. Teatro de la Abadía. 29-10- 2000.

Los escenarios teatrales suelen ser una excelente cantera interpretativa para actores y actrices que posteriormente ven catapultada la fama de su arte a través del cine o la televisión. Que este esquema direccional se invierta y que una gran actriz cinematográfica regrese a la escena es cosa poco habitual. Cuando Hanna Schygulla interpretó para las pantallas "Las amargas lágrimas de Petra Von Kant", o más tarde "El matrimonio de María Brown" (ambas del cineasta alemán Rainer Weiner Fassbinder) ya era una reputada actriz teatral. Tras haberse conocido en unos cursillos de teatro, se convirtió en actriz predilecta del genuino director alemán, realizando la sofocante gesta de rodar dieciséis películas en cuatro años.
Bertolt Brecht es una figura polémica e indiscutible del teatro del S. XX. Dramaturgo y poeta de gran conciencia política, su obra se compromete abierta y desnuda con su tiempo, con la justicia, con la verdad. Brecht adoraba el espíritu de la paradoja que sostiene el pensamiento oriental. Su traducción a la dialéctica marxista se hacía llamar espíritu de la contradicción. Brecht quería concienciar al público con su teatro pedagógico, sin dejar de divertirlo un solo instante. De ahí que la música aflorara con tanta facilidad en su teatro. La música emociona las almas e inflama los corazones. Si la letra es profunda y comprometida, el mensaje se inyecta en el entendimiento y la comprensión.
Hanna Schygulla se presenta en el Festival de Otoño como una gran diosa de los escenarios, acompañada por la obra de Brecht, y su propia memoria de actriz y mujer. En un escenario onírico, religioso y resonante, la Schygulla ejerce su profesión de exquisita fascinadora, tirando de los hilos de Brecht y de su misma cometa biográfica. El espacio escénico está marcado por unos percheros de guardarropía, atestados de prendas para hombres y mujeres de todas las edades y tamaños. Las canciones de "La ópera de perra gorda" de Kurt Weill abren el espectáculo, dirigiéndose a la parte más laica y festiva de la memoria del público. La Schygulla tiene unos registros vocales riquísimos como corresponde a su categoría de primera actriz. Esto permite que todo el repertorio de canciones que interpreta -de K. Weill y Hanns Eisler- parezca que lo canten numerosos y diferentes personajes de mujer.
A la fuerza de su talento interpretativo hay que sumarle la ternura de su esfuerzo, traduciendo los textos de Brecht y sus propios recuerdos de niña, a la lengua española. El significado de las palabras es realmente importante para la lectura social y política de este recital espectáculo, y la comunicación con el público se enriquece con este loable esfuerzo. Como bueno es ver a Hanna Schygulla disfrutar "haciendo algo" para el público, sin afán de deslumbrarlo o de arrebatarlo. Que una actriz de su calibre exprese sus ideas en un escenario valiéndose de la obra de Brecht, es un gesto de un gran significado artístico, cívico y político. La Schygulla con su talento artístico, su bellísima voz, y su radiante presencia escénica, regala un ramo de rosas rojas al público con este su concierto-representación.

domingo, 18 de julio de 2010

LOS PÁJAROS ANIDAN EN MI CEREBRO


"A little night music. (Música para una noche de verano)" Inspirado en la película de I. Bergman. Música y letras: Stephen Sondheim. Libreto: Hugh Wheeler. Dirección: Mario Gas. Dirección Musical: Manuel Gas. Reparto: Vicky Peña. Constantino Romero. Montserrat Carulla. Mireia Ros. Miranda Gas. Escenografía: Jon Berrondo. Vestuario: Antonio Belart.
Madrid. Festival de Otoño. Teatro Albéniz. Estreno: 31-10-2000.

Probablemente el compositor y letrista Stephen Sondheim, autor del musical "A little night music" (que versiona una película de Ingmar Bergman), tuvo presente la Sinfonía que Edward Grieg compuso a partir de "Peer Gynt" de Henrik Ibsen, una de las obras más emblemáticas de juventud del mayor dramaturgo noruego que ha alumbrado nunca ese moderno país. Utilizar como punto de partida, una película para construir un espectáculo musical es como mínimo original. Esta relación del cine y el teatro suele funcionar en sentido inverso. Pero Sondheim es un compositor atípico, sorprendente para el público, porque sus obras no se parecen a ningún otro musical, y tienen el mérito de contener algunos temas tan redondos, emotivos y brillantes que funcionan como grandes canciones de repertorio, autónomamente del espectáculo para el que fueron compuestas.
"A little night music" es igualmente un espectáculo genuino, tampoco se parece a las habituales muestras del género que suelen verse en nuestros escenarios teatrales. La ambientación de la obra en la Suecia de finales del S. XIX (o sea, entre los poderosos antepasados de Bergman, en su archiconocida casa de campo) parece que no es el entorno más previsible para un espectáculo musical renovador y de vanguardia del género. Pero, tampoco se conforma con ser un libreto de opereta galante y mundana, sino que desde el mismo argumento plantea conflictos propios del drama, intentando hacer una reflexión crítica sobre el entorno, las costumbres y las creencias religiosas, amenazadas por las perturbaciones del amor y la pasión. En esta misma línea el director Mario Gas ha elegido un elenco mixto de actores y cantantes. Las dualidades y los opuestos se dan la mano en este peculiar espectáculo, hasta configurar su personalidad ambivalente, mestiza, turbia y a la par brillante.
Las complicidades amistosas y familiares del elenco, constituido por Mario Gas, Vicky Peña, Montserrat Carulla, Constantino Romero, y la reciente incorporación de la bella y prometedora Miranda Gas, da a esta obra que abriga disparidades, un estilo de la casa, de gran calidad y solvencia artística. El director esta vez casi se ha escondido, y ha dejado a la música y a los intérpretes todo el protagonismo. No es "A little night music" una representación de grandes efectos escénicos, y espectacularidad desbordantes. Es un montaje de personalidad -en principio- casi autista, pero con una enorme coherencia, que va cautivando al público por su extraño carácter y su tenacidad, hasta devenir en
Criatura con encanto y rara belleza singular.
Vicky Peña y Constantino Romero hacen una pareja escénica con una química interpretativa tan sincera como innegable. Es una buena ocasión para verlos en escena juntos. La Carulla tiene en la actualidad una personalidad teatral única. Es una resistente que transmite los mejores registros de ese gran teatro español que va muriendo con sus intérpretes. Toda una escuela viva. Mireia Ros compone el personaje más agradecido por el público, con su singular causticidad cómica. Los jóvenes Ángel Llácer y Nuria Canals demuestran equilibrados talentos como intérpretes musicales y dramáticos. La escenografía es deliberadamente de género, y resuelve con lógica, eficacia y belleza, las exigencias de la obra. Antonio Belart ha diseñado un vestuario imaginativo, brillante e irónico. La excelente dirección musical de Manuel Gas y la orquesta de catorce músicos que la interpreta, es uno de los mayores valores de este singular, atractivo, y cosmopolita espectáculo.