miércoles, 30 de junio de 2010

LAS MEJORES INTENCIONES

"Crimen y castigo". De Fedor Dostoievsky. Versión: Fernando Sansegundo y José Carlos Plaza. Dirección: J. C. Plaza. Reparto: Fernando Sansegundo. Ruth Gabriel. Asunción Sancho. Yäel Barnatán. Alberto Alonso... Teatro Infanta Isabel. Madrid. 1-12-1998.

¿De dónde nace la necesidad de trasladar una de las grandes novelas de la historia a las tablas de un escenario? Probablemente, del apasionamiento que despierta en un actor o director la lectura de esa misma obra y comienza a imaginar y presentir que aquel material literario, de tan humano es completamente dramático. Tratándose de una de las novelas de Fedor Dostoievsky, la complejidad y hondura psicológica de sus personajes hace más apetecible a un actor encarnar al héroe de la obra: Raskolnikov. Un individuo que se sueña a sí mismo como un Napoléon o un Mahoma, como uno de los extraordinarios hombres de la Historia que han ayudado a hacer avanzar el mundo llevando a cabo sus deseos. Mayor nobleza y heroicidad no se le pueden negar a las intenciones del pobre estudiante que es capaz de llegar a matar a una vieja prestamista, no para robarla y salir de la pobreza, sino para confirmar una teoría. Raskolnikov con sus conflictivas relaciones familiares, sus diálogos internos de culpabilidad alimentadas por un sentimiento de cristianismo ortodoxo más atormentado, no es si no el trasunto del mismo Dostoievsky. De ahí nace el dolor de Raskolnikov, de ahí su grandeza y sus turbias relaciones con su tiempo y con sus gentes.
Subir a escena este debate moral de gran altura es un gesto que ennoblece a los responsables de este espectáculo teatral; sus mejores intenciones quedan demostradas. Pero la gran ceremonia escénica que requiere la altura del debate no se alcanza por los propósitos sino por los resultados formales y emocionales que exhale la representación. El montaje de José Carlos Plaza cuenta el sueño de Raskolnikov, la pesadilla permanente del personaje al que conocemos casi siempre en la cama. La escenografía es un libro vertical, cuyas hojas pasan y crean los distintos cubiles de la obra. El ritmo es, a veces, vertiginoso y la música se usa de forma que cree distancia. Los tonos grises, las escenas en transparencias, desarrollan la idea del sueño de Raskolnikov. El montaje comienza a apuntar hacia unas claves que podríamos considerar deliberadamente expresionistas y que terminan conduciendo a la interpretación a un punto cada vez menos naturalista, menos psicológico, menos conflictivo y menos ruso; el crimen de la vieja es prácticamente un guiñol. Lo indefinido del planteamiento y la exigua corrección de las interpretaciones, hacen que el montaje en vez de ir acumulando fuerza, vaya sembrando cansancio en el público. La grandeza de la palabra de Dostoievsky no resuena en el escenario del Teatro Infanta Isabel durante esta representación. La versión desprende algo de resumen más que de clara relectura e interpretación de los hechos dramáticos convocados por Dostoievsky en el conflicto moral ante la injusticia y la pobreza del Petersburgo de 1866. Fernando San Segundo interpreta a Raskolnikov con un gran entusiasmo y convicción, pero no llega a transmitir la densidad conflictiva del personaje, su amargo egoísmo y su implacable y ciega lucha por la redefinición de las fronteras de la moral. Ruth Gabriel lleva a escena con fina discreción y belleza su personaje de Sonia, la prostituta que amó a Raskolnikov; y Alberto Alonso realiza la mejor composición de la representación con su alegre, enigmático y onírico personaje de Svidrigailov. El resto de la compañía -en algunos casos excesivamente jóvenes para sus personajes- colabora con empeño y entrega a la ejecución del sueño escénico de Fernando Sansegundo y Jose Carlos Plaza.

CABARET CON BOTIJO


"Los hermanos Pirracas en Nemequitepá". De Rafael Ponce. Compañía Esteve y Ponce. Dirección Esteve y Ponce. Actores: Gerardo Esteve y Rafael Ponce. Sala Cuarta Pared. Madrid. Fecha estreno: 3-XII-98.

La compañía Esteve y Ponce de Valencia no se parecen a nadie salvo a sí mismos. Su teatro que resulta fresco y novedoso tiene sin embargo un aroma a cierto teatro de siempre en el que ha brillado sobretodo el ingenio de los cómicos. Desde las compañías de mimos griegos que iban por los pueblos representando sus historias para el pueblo llano funciona en teatro popular un axioma que consiste en considerar como lo más teatral, aquello que más excita al público, sin ahorrarse imitaciones de sonidos de animales, escatológicos o cantos obscenos que despertaban la risa del espectador y satisfaccían su afán satírico. Los llamados géneros menores del teatro han tenido la peculiar virtud de mantenerse siempre vivos en base a su comunicación directa con el pueblo llano. Hay que agradecer a estos originales cómicos valencianos que sigan luchando por mantener vivo este espíritu tan regocijante del teatro que a muchos espectadores les devuelve su fe en el teatro.
Esteve y Ponce presentan en Madrid su nuevo y peculiar espectáculo, tras sus éxitos anteriores como La conquista despacio (1990), La vida está en inglés (1992), Los pájaros fontaneros (1994) o Los hombres del tiempo (1997). Los títulos son claramente significativos de la sana ironía y la corrosiva burla que despliegan en sus montajes. El hecho de ser sólo dos actores en escena -unidos por una química inusual- los relaciona con los diálogos no siempre lógicos de los payasos de circo, o con la picaresca del Ñaque en pleno siglo de oro español, o con ciertas experiencias de cabarets vanguardistas de comienzo de siglo. No sé si a ellos les gusta el mundo de ese fenómeno aislado de la literatura española llamado Ramón Gómez de la Serna, pero estoy casi seguro de que a Ramón les gustaría Esteve y Ponce. Hay un grado de ridiculización cariñosa de lo cotidiano que resulta devastador en un escenario. Nada más teatral, nada más negro, nada más ácido que la aparente ternura de estos dos personajes encerrando en su juego de muñecas rusas con forma de ataúd, sus recuerdos familiares y fraternales.

TROPICANA LORCA


"El público". Versión de la obra de Federico Gª Lorca. Director: Carlos Díaz.
Reparto: Hector. E. Suárez. Yeyé Báez. Carlos Miguel Caballero. Mª Elena Diardes...Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 5-12-1998.

En Cuba, desde finales de los años veinte se tributaba culto a Federico García Lorca; tras su visita a la isla en 1930, este instinto lorqui-cubano se convirtió en veneración, y después de fulminarse tan inútilmente su vida en Granada en 1936, el lorquismo de la isla se desató hasta la pasión, el delirio y a ratos la beatería de toda adoración. La compañía cubana El Público, dirigida por Carlos Díaz, representa en Madrid su visión del mundo lorquiano titulada El Público. Y aclaro lo del título porque el espectador que acuda con la intención de asistir a una representación de la obra del mismo título de Lorca, puede quedar desconcertado. La compañía cubana nos muestra un gran espectáculo, iconoclasta hasta el delirio, lleno de sensualidad caribeña. Carlos Díaz se vale de El Público de Lorca, para organizar una revista musical caleidoscópica y formalista. Toda la gaurdarropía más exquisita de un teatro desfila por este espectáculo, donde lo importante son las imágenes que imprimen en escena los ricos trajes y los desnudos efébicos. En España, este tipo de espectáculos se conoció hace más de veinte años de la mano de compañías como la de Lindsay Kemp, o sus epígonos gaditanos, Teatro Carrusel; esto es: desfile (que no ceremonia) de trajes riquísimos entre humo carbónico y efebos desnudos al son de un aria de ópera a todo volumen. Sin embargo, hay que reconocer que los cubanos han llevado estos planteamientos mucho más lejos que sus antecesores. El espectáculo de Carlos Díaz transita por los momentos más kitsh del teatro de Federico García Lorca sin privarse de nada. Doña Rosita, la madre de Bodas de sangre, la niña de la madeja roja, el novio, Leonardo y hasta Bernarda Alba acuden con sus respectivos textos, como personajes invitados a esta representación llamada El Público.
Probablemente, Lorca y sus amigos no se habrían perdido la frutal actuación de esta compañía caribeña, en la que disfrutarían con regodeo, y hasta alguno habría repetido. Pero, no creo que hubiesen encontrado ningún atisbo del suculento debate teórico sobre el teatro y el amor homosexual que Lorca plasmó en su pieza dramática "El Público".

LA GRANDEZA DEL INVITADO


“Cipe dice a Brecht”. Monólogos, canciones y poemas de Bertolt Brecht. Traducción, adaptación, dirección e interpretación: Cipe Lincovsky. Piano: Nicolás Guershverg. Iluminación: Ariel del Mastro. Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 8-12-1998.

Asistir al recital dramático musical en torno a Bertolt Brecht que Cipe Lincovsky ejecuta en su espectáculo "Cipe dice a Brecht", es constatar la supervivencia de la raza de las primeras actrices. Ser capaz de llenar un escenario vacío con la pequeña talla de esta enorme actriz argentina no es sólo una cuestión de talento, es una cuestión de control de los propios medios expresivos y de un profundo convencimiento de su potencia escénica. En un momento dado de la representación, Cipe dice uno de los poemas que Brecht escribió -durante su largo exilio- dedicado a su esposa la actriz alemana Helene Weigel, en el que el autor alemán destaca que la Weigel no buscaba desplegar su grandeza interpretativa en escena, sino intentar transmitir al público la grandeza de los seres que representa. Cipe Lincovsky, (que trabajó en el Berliner Ensemble y que -según ella misma cuenta al público- llegó a ser íntima amiga de la Weigel,) intenta en este concierto escénico seguir las apreciaciones de Brecht sobre el mérito interpretativo de su esposa, y más que desatar su furia de primera actriz busca ponerse en función de la grandeza de su invitado: Bertolt Brecht; pero no lo consigue: la Lincovsky destella con luz propia en escena.
Acompañada por un solo músico desgrana con precisa técnica vocal las canciones de Brecht, pero la actriz Cipe puede más que la cantante Lincovsky. Vestida con una sobria túnica negra, deambula por el escenario vacío, se arrodilla, se sienta en el suelo, anda descalza y consigue que cualquier cosa hecha por ella bajo la luz de los focos se convierta en trascendente, eso es estirpe de primera actriz y por mucho conocimiento que se posea de la técnica de Brecht, demostrado en múltiples montajes escénicos, siempre aflora la singularidad de lo que está aconteciendo en escena en ese justo momento: eso es gran teatro.
Cipe Lincovsky además de actriz es mujer y por tanto ciudadana con opiniones sociales y políticas. Hay una empatía natural entre el discurso político y humano de Brecht y el de esta gran diva de la escena. Tanto, que Cipe Lincovsky, en el momento más climático y desatado de su interpretación -y entre una humareda de humo rojo- añade un verso propio al desgarrado poema de Brecht: "... Este Pinochet de mierda" que produce en el público el efecto de un cañonazo lanzado contra el centro de las conciencias, y que se transforma en un rotundo aplauso del patio de butacas. Esta fuerza tan sólo la tiene el teatro. Tras los aplausos, los bravos y los ramos de rosas rojas, Cipe hizo tres bises de poemas e interpretó una nueva canción, todos de Brecht. Se notaba que ella y el público seguían con hambre de escenario tras el final de la entusiasta representación de la diva argentina.

MUSICAL AMARGO PARA EL 98


“Santiago (de Cuba) y cierra España”. De y dirigido por Ernesto Caballero. Música original: Fernando González. Reparto: Carmen Machi, Alberto Jiménez, Rosa Savoini, Lucía Quintana, Natalia Hernández... Movimiento: Helena Ferrari. Madrid. Teatro de la Abadía. 11-12-1998.

El que en ciertos escenarios españoles comiencen a investigarse la traslación a escena de una serie de géneros dramáticos tan poco cultivados en nuestro país como el teatro documento o el teatro de reflexión (que no agitación) política, es un síntoma de buena salud. En Santiago (de Cuba) y cierra España, Ernesto Caballero, buen conocedor del teatro barroco español, ha decidido hablarnos "del 98" (un encargo del Teatro de la Abadía) a través de unas alegorías humanas: la criada Amaltea y el soldado Aureliano, cuyas peripecias y desgracias cotidianas (a este lado y al otro del océano) sirven para conducir el transcurso de los hechos históricos, recreados libremente por el autor. Santiago... es un espectáculo de gran complejidad y ambición escénica que parte de la estructura del musical para desembocar en algo más hondo y más amargo, como la misma reflexión que se hace de España, aunque sin renunciar al final a su sueño.
El autor ha decidido situar la acción al pie del palo mayor del buque del Contralmirante Cervera (el segundo buque insignia que sube este año a escena), y utiliza todo tipo de recursos escénicos para desarrollar su reflexión dramática: cine mudo, cabaret, cupletistas sicalípticas, títeres borbónicos, niños adivinos, un fantástico personaje de Alma de España, prostitutas, bohemios y diferentes pajarracos políticos de aquel 98 y del de cien años después. De esta amalgama de personajes nocturnos y madrileños (a los que se suma algún catalán), se desprenden resonancias inevitables a Valle Inclán, pero también se siente a Francisco Nieva latir tras ciertos aromas líricos y castizos de esta obra tan española. Pero hay que contemplar que el espectáculo se articula también desde perspectivas brechtianas en tanto al tratamiento de los personajes, sus monólogos narrativos, al uso de las canciones y la música en directo, los datos históricos suministrados, y el claro compromiso político que rezuma hasta el último aliento el montaje. La precisión del trabajo interpretativo (físico y vocal) de esta compañía de jóvenes actrices y actores -que ejecutan múltiples estilos- es poco frecuente en nuestra escena. Hay mucha belleza teatral inédita (no siempre fácil) en este novedoso espectáculo que el espectador curioso de buen teatro debería experimentar.

GANAS DE INVENTAR


“Alicia”. Basado en "Alicia a través del espejo" de Lewis Carrol. Túrmix Teatro Urgente. Dirección: Paulo Alexandre. Actores y manipuladores: Ruth Sancho, Ángel Savín, Concha Párraga, Pedro Jiménez. Teatro Pradillo. Madrid. 16-XII-98.

El terreno de la fantasía en el que se mueve el personaje de Alicia en las dos obras de Lewis Carrol, "Alicia en el país de las maravillas" y "Alicia a través del espejo" ha sido una tentación permanente para el teatro, pues el valor de la convención escénica permite representar en un escenario todos los mundos, los posibles y los imposibles. Turmix Teatro Urgente han caído en la misma tentación. Su bagaje de actores y manipuladores de títeres, junto con un notable trabajo corporal, les permiten representar en escena personajes irreales: un mantón, un huevo, un muro semáforo... y lo hacen con unas enormes ganas de inventar nuevas formas teatrales. Su versión de "Alicia" está llena de hallazgos escénicos donde los actores, los muñecos y los objetos cobran una nueva vida animados por el hálito de profundo amor al teatro que se respira en el escenario.
El mundo de Alicia siempre ha sido un territorio donde ha resultado difícil marcar las fronteras entre el terreno de los niños y el de los adultos. La propuesta de Túrmix Teatro Urgente sigue sin resolver este asunto, no se reconoce muy bien quién es el público destinatario de su trabajo, si los niños o sus padres. En cualquier caso, asistir a este despliegue de imaginación escénica es una buena manera de estimular la fantasía propia de todos los espectadores que acudan a la representación.

ROMPECABEZAS DE VALLE-INCLÁN


"Las galas del difunto", "La cabeza del Bautista", "Ligazón", "El embrujado" de Ramón María del Valle-Inclán. Dirección: Xosé Martíns, Helena Pimenta, Manuel Guede, Eduardo Alonso. Actores: Antonio Durán, Maxo Borjas, Ernesto Chao, Mónica García, Alfonso Agra, Elena Atienza, entre otros. Madrid. Teatro María Guerrero. Estreno: 17-12-1998

"Valle Inclán 98" es un multi-espectáculo desmontable integrado por cuatro obras de Valle que la noche del estreno se representó completo, y que posteriormente se representará, además, en programas dobles alternos. Si "Las galas del difunto" (que abre la representación) es un puro ejemplo de esperpento, y "La cabeza del bautista" y "Ligazón" gravitan (aunque a cierta distancia) en torno al mismo planteamiento dramático, no ocurre lo mismo con "El embrujado" una pieza más arcaica, más interesada en apuntar el carácter mágico y heroico de sus personajes rurales, pero mucho menos corrosiva que los posteriores esperpentos.
Dos de los retos más importantes del teatro español son: cómo se dice el verso clásico español, y cómo se hace y dice a Valle. La resolución escénica e interpretativa del esperpento es dificultosa porque Valle no sólo hace una propuesta dramática, sino que formula toda una estética y una visión del mundo (como Wagner o Goya) que termina convirtiéndose en un canon determinante.

"Las galas del difunto" tuvo un amago de pateo y silbidos tras su representación; la gratuidad insolvente del montaje, más interesado en dibujar varias estampas escénicas de bella factura, que de desentrañar la propuesta dramática de Valle, lo merecía.

"La cabeza del Bautista" con su sencillez y su claridad escénica permitió sentir, por primera vez en la noche, la enorme teatralidad del autor. Un violento trabajo físico de los actores daba un hálito vertiginoso y cruel a ciertos momentos climáticos de la truculenta obrita en la que no faltan efectivos toques de humor y lirismo.

"Ligazón" marea a los espectadores. El afán de incorporar proyecciones gigantes de vídeo a los escenarios teatrales, o música atmosférica -como en cine-, resulta completamente innecesaria en "Ligazón" y despista al espectador del eje primordial de este teatro: los personajes, encarnados físicamente por los actores en el escenario.

"El embrujado" más que completar el espectáculo, inicia otro distinto, en el que se llega a transmitir cierta densidad teatral al patio de butacas, sobre todo en la contenida y misteriosa escena junto al lecho del río, donde el texto de Valle-Inclán es desentrañado con precisión y emoción por los actores. Sin embargo, no se le llega a sacar partido a los interesantes coros de la obra.

CUCHILLOS SIN FILO


“Los carniceros”. De Antonio Morcillo López. Dirección: Dennis Rafter. Escenografía: Jose Luis Raymond. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Reparto: Miguel Morella, Luis Callejo Martínez, Susanne Ditlevsen. Paco del Olmo… Sala Fernando de Rojas. Círculo de Bellas Artes. Madrid. 20-12-1998.

"Los Carniceros" ganó el Premio Marqués de Bradomín 1997 para nuevos autores dramáticos y esa es la razón por la que se ha estrenado esta temporada, el premio lleva implícito el bautizo en las tablas del nuevo autor galardonado. Este texto está escrito contra todas las guerras, una sana intención que pone en evidencia el buen enfoque que su autor quiere dar a su teatro, pero a su obra le falta teatralidad por todos los poros de las palabras. El teatro se caracteriza por la acción, la situación y los personajes; además del diálogo, en las propuestas que se basan en la palabra, como la que comentamos.
Dentro de un espacio metafórico, un hospital de exterminio hecho jirones, los personajes comienzan cada escena con un largo monólogo en el que se expresan todas sus ideas, y todo lo que se supone que han hecho hasta llegar a escena: la acción se dice. Esta debilidad narrativa del montaje intenta ser subsanada por el director Denis Rafter, que intenta diferenciar claramente los personajes con un buen trabajo de dirección de actores, limitado siempre por las barreras del texto. En su feroz intento de arramblar con todos los responsables de la guerra, el autor crea un mecanismo truculento para intentar salvar su falta de dramaticidad: los médicos del hospital donde acuden los heridos de guerra, en realidad, son carniceros. Toda la confusión que genera el autor novel en su propuesta textual, intenta ser clarificada -en todo momento- por la puesta en escena de un director tan experimentado como Rafter.

ENTRETENIMIENTO PURO


“Políticamente incorrecto”. De Ray Cooney . Dirección: Paco Mir. Reparto: Manuel Carlos Lillo, Montse Puga, Ramón Vall, Assun Planas, Carles Heredia, Jaume Mallofré, Imma Ochoa y Blanca Pàmpols. Teatro Nuevo Apolo. Madrid. 21-12-1998.

Uno de los objetivos de cierto tipo de teatro de todas las épocas ha sido el de entretener a los espectadores. Los límites de la idea del entretenimiento lo establecen la mentalidad del espectador a quien va dirigido el espectáculo, ha habido entretenimientos satíricos, corrosivos, escatológicos, sexuales... o discretos, a la par que elegantes, como es el caso de "Políticamente incorrecto". Ray Cooney es un autor de vodeviles muy conocido en la escena madrileña sobre todo a través de los montajes de Pedro Osinaga, o de primeros actores cómicos madrileños que encuentran en estas obras una posibilidad sin riesgos de un papel a su medida. El enredo inacabable, puertas que se abren y cierran, y que esconden amantes o en el caso peor, cadáveres... El vodevil es un mecanismo de relojería perfecto, el actor, el texto, los objetos, todo va apareciendo en escena de forma natural para engarzarse en un ritmo y una confusión cada vez más desenfrenado y delirante.
El vodevil llegó a ser a finales del siglo pasado el género favorito del teatro burgués: entretenía sin agredir seriamente ningún ápice de la moral establecida. Y aunque generalmente trataba de crear un enredo escénico a partir de las infidelidades habituales de cualquier tipo de prócer, éstos podían acudir tranquilamente al teatro con sus beatíficas esposas: nada de lo que sucedía en escena pasaba de ser una broma educada. Por ejemplo: en el vodevil pocas veces aparece un dormitorio y una cama, todo gira en torno a la infidelidad, pero jamás se tiene el mal gusto de mostrarla descarnadamente ante los ojos del público.
Paco Mir ha realizado un buen trabajo de estilo con esta obra. No se trata de usar el vodevil para realizar cualquier tipo experimento escénico, al contrario se es fiel a las reglas del género originario, pero estos cómicos catalanes lo hacen estupendamente. La acción está adaptada al Hotel Palace de Madrid, frente al Congreso de los Diputados; los protagonistas son los un ministro de derechas y una diputada socialista entregados a devaneos extramatrimoniales. Hacer reír al público es una de las tareas más complejas del teatro, los artífices de "Políticamente incorrecto" lo logran con creces. Hay un comportamiento corporal de los actores en clave de amuñecamiento, o con una exageración medidísima, que provoca las más felices carcajadas y aplausos del público, que interrumpe permanentemente la representación. Si desean entretenimiento puro y una interpretación impecable, no lo duden, éste es su espectáculo.

EL MAL DE LA VIOLENCIA


“Cachorros de negro mirar”. De Paloma Pedrero. Dirección: Aitana Galán. Actores: Txemi Parra, Dani Martín, Natalia Garrido. Sala Cuarta Pared . Madrid. Estreno: 7 de enero de 1999.

El drama es un invento del teatro burgués. No da alas a las licencias fantásticas de la teatralidad: todo debe ser como en la vida misma. Su intención es ser realista, creible, que el espectador pueda comprender e identificar fácilmente lo que está viendo y oyendo en escena. El drama es ante todo un teatro de palabra que viene funcionando estupendamente desde hace tres siglos, como instrumento y continente teatral. El teatro naturalista decimonónico, de naturaleza tan revolucionaria, se valió del drama para expresarse dramáticamente, con la particularidad de que cambiaba los contenidos de tan eficaz recipiente. Las enfermedades sociales podían mostrarse a la perfección, valiéndose del drama y del funcionamiento psicológico e individual de los personajes. Esta fórmula resultó tan efectiva que sigue usándose en la actualidad.
"Cachorros de negro mirar" de Paloma Pedrero, se inserta en estas coordenadas, en esta tradición que han cultivado desde Buero, a Alfonso Sastre, Alonso de Santos o Fermín Cabal. Paloma Pedrero sube a escena un problema que está en la calle: el de la amenazante y gratuita violencia de esas tribus urbanas juveniles tan cercanas a ciertas sectas semicanstrenses, y a esas violentas bandas de extrema derecha, consentidas con cierta aquiescencia por los sectores más recalcitrantes del Poder. Pero, Pedrero no quiere adentrarse en las responsabilidades que puedan tener en este fenómeno instituciones como la familia, o la misma policía (que nunca llega cuando se la necesita); ella quiere conocer a sus personajes, explorar sus motivos, sus sentimientos, sus dudas, sus contradicciones, incluso sus irracionales razones. En esta obra se reflexiona críticamente sobre cierto sector de la juventud de hoy, perdida entre valores absolutos, tratados demagógicamente; y encolerizada con grupos sociales débiles y vulnerables como los emigrantes, las prostitutas o los homosexuales, tres de los blancos favoritos de la violencia de estos peligrosos y consentidos cachorros.

EL PATIO DE SHAKESPEARE


“Las obras completas de William Shakespeare. (Abreviadas)”. Autores: Long, Singer y Winfield. Versión española: M.A. Conejero-Dionis y Jenaro Talens. Dirección artística: John Patrick Walker. Reparto: Javier Gurruchaga, Josu Ormaetxe, Fernando Albizu. Teatro Lara. Madrid. Estreno: 7-1-1999.

El amor de los británicos por su teatro es algo tan evidente como la calidad de sus actores prestigiados en el mundo entero. La veneración por su primer dramaturgo, William Shakespeare también es de sobra conocida; y su afición por los grandes musicales, digamos que puede constituir otra de las genuinas señas de identidad de los ingleses. De la combinación de estas constantes teatrales ha surgido este ingenioso e inteligente espectáculo "Las obras completas de William Shakespeare (abreviadas)" que ahora presentan en Madrid tres brillantes actores españoles: Javier Gurruchaga, Josu Ormaetxe y Fernando Albizu.
La obra parte de la ocurrente idea de representar todas las obras que escribió el bardo de Strafford en un solo espectáculo de duración convencional, primer guiño irónico con todas las dramaturgias y versiones actualizadas que se realizan del mundo dramático de Shakespeare. Frente a la seriedad trascendente con que se afrontan estos montajes, los autores de "Las obras completas..." Long, Singer y Winfield, han decidido organizar una fiesta shakespereana, divertida, transgresora e irreverente, valiéndose del formato de un pequeño musical contemporáneo.
Javier Gurruchaga ha tenido el olfato de descubrir que éste era un espectáculo hecho a su medida. Las dotes histriónicas naturales del cantante-actor resultan de la máxima utilidad para conseguir este ambiente de "corrala en fiestas" que se busca conseguir con la representación. Y la figura del animador-presentador-conductor es esencial para un montaje que intenta llevar a cabo una misión oculta y secreta: convertir al público en protagonista de la representación, homenajeando así los orígenes del teatro isabelino que se representaba en patios de posadas con un público eminentemente popular. La dirección artística de Jon Patrick Walker es deliciosa, imaginativa e inagotable, obligando a estos tres excelentes cómicos españoles a desplegar una energía sorprendente que llena no sólo el escenario, sino además todo el patio de butacas.

LOS MUÑECOS DEL BARÓN

"Las aventuras del barón", un espectáculo familiar de títeres de La Tartana Teatro, basado en la obra "Las aventuras del Barón de Münchhausen" de C. A. Bürger. Dirección: Juan Muñoz. Manipuladores: Concha Párraga, Pedro Jiménez, Raúl Fernández Teatro Pradillo. Madrid. 9-1-1999.

Las aventuras del Barón de Münchhausen forman parte del repertorio familiar, sobre todo gracias a sus versiones cinematográficas. Los extravagantes vuelos y viajes del fantástico Barón que recorre el mundo abrazado a una bala, sobrevolando Europa, Asia Menor, África o la misma luna, han quedado indisolublemente ligadas a la memoria de miles de espectadores. A esta fascinación han sucumbido también los miembros de La Tartana Teatro que presentan en el teatro Pradillo (única sala estable madrileña dedicada al mundo del títere y la marioneta, desde hace más de una década) "Las aventuras del Barón".
La Tartana tiene una larga experiencia en el mundo del títere y en la investigación de nuevos lenguajes escénicos que combinan el muñeco con el actor de carne y hueso. Una de sus peculiaridades es el trabajo con unos muñecos de un metro y medio de alto, manipulados según las técnicas tradicionales del Bunraku, el teatro japonés de muñecos. La combinación de estos enormes muñecos -casi de tamaño humano natural- con el de los pequeños títeres tradicionales, consigue que el espectáculo esté dotado de momentos de una gran belleza plástica, emotiva y mágica. Los manipuladores consiguen que los muñecos transmitan acción y sentimiento. Pero como sucede en el mundo de la ópera, los grandes cantantes no tienen siempre similares dotes interpretativas. Al texto de "Las aventuras...", los diálogos y monólogos, a la interpretación, incluso a la misma versión, les falta dramaticidad para alcanzar la meta que se ha propuesto el espectáculo. La carencia de textos escritos directamente para muñecos, acentúa este problema. ¿No habrán pensado nunca los dramaturgos españoles actuales, escribir para muñecos? Sería bueno, es una tradición milenaria que ha ennoblecido a numerosos pueblos.

SIN TAPUJOS


“Dedos. (Vodevil negro)”. De Borja Ortiz de Gondra. Noviembre Compañía de Teatro. Dirección: Eduardo Vasco. Reparto: José Luis Santos. Lola Casamayor. Montse Díez. Vicente Colomar. Madrid. Teatro Olimpia. Centro Dramático Nacional. 13-1-1999.

El escenario de un teatro tiene la capacidad de magnificar cualquier tema de actualidad, por la dimensión trascendente que le otorgan los espectadores que acuden a la representación y, por supuesto, por el acierto que le hayan dado los cómicos a su trabajo. Es más, el teatro siempre está obligado a hablar de y sobre su tiempo, por mucho que se esté representando una obra escrita hace más de mil años. El teatro como arqueología no tiene ni tendrá jamás sentido.
"Dedos (Vodevil negro)" de Borja Ortiz De Gondra (que obtuvo el premio Marqués de Bradomín 1995 por esta obra), es la carta de presentación de una nueva hornada teatral española -la que ahora ronda los 30 años- y que están decididos a hacer un teatro que hable de los temas de ahora mismo. El paro, el SIDA, la homosexualidad, el lesbianismo, las drogas, el sexo, el dolor, el suicidio, los contratos-basura, la muerte, el amor, acuden a la cita que les da el autor, pero de una forma completamente original y novedosa, sin tapujos, irónica, con mucho humor negro, y sin renunciar a la poesía, la mística o la truculencia más gore.
En la actualidad, coexisten en el teatro español, generaciones con una gran formación libresca; las siguientes le deben al cine lo mejor de sus sueños; ésta que se presenta con "Dedos" son hijos de los bloques de anuncios de televisión.
El director, Eduardo Vasco, dota al espectáculo de un ritmo inicial vertiginoso, fresco y vivo, ayudado por la fuerza interpretativa de Lola Casamayor y Vicente Colomar. Hay momentos felices de teatro en la primera parte del espectáculo; la coincidencia de sarcasmo, lirismo, sexo y filosofía de vida, crea un delicioso batido teatral. Pero, no se mantiene durante todo el espectáculo, que comienza a tornarse irregular según avanza, al ir reduciéndose la acción a un solo tema: el enfrentamiento generacional para conseguir trabajo. Cuando lo irreal desaparece de la escena, la obra pierde teatralidad. Este "Vodevil Negro" admite y requiere un público afín de edad, pues se habla con una divertida irreverencia de los problemas, angustias y deseos que ellos mismos están viviendo. Tal vez pueda revelarles a algunos que no hayan ido o no tengan costumbre de ir al teatro, el regocijante y saludable consuelo que puede producir sentirse identificado con lo que sucede en un escenario.

LAS MUJERES DE CARLOS


“Las mujeres de Jack”. De Neil Simon. Versión de Juan José Arteche. Dirección: Carlos Larrañaga. Actores: Carlos Larrañaga, Pilar Velázquez, Marisa Lahoz, Maribel del Prado, Alicia Martínez, Marta Gutiérrez, Marisa Pino. Madrid. Teatro Príncipe Gran Vía. Estreno: 14 de Enero de 1999

Neil Simon, (nacido el 4 de Julio de 1927 en el Bronx neoyorkino) es uno de los autores más prolíficos y exitosos que ha tenido Broadway en este siglo que se acaba. Ganador del Premio Pulitzer y del Tony (el Oscar del teatro norteamericano) en varias ocasiones, Simon ha dado muy buenos ratos de entretenimiento y sonrisa a espectadores de todo el mundo. Obras suyas como "Descalzos por el parque", "La extraña pareja" o "Perdidos en Yonkers", acreditan la trayectoria del eficiente autor teatral neoyorkino. En sus montajes teatrales se han reunido actores de la talla de Robert Redford, George C. Scott, Anthony Perkins, Peter Falk, Dana Andrews, Elizabeth Ashley etc. De esta forma, Neil Simon es el autor ideal para una serie de grandes -y sobre todo populares- actores que regresan al teatro para confirmar "la mayoría de edad" (como lo denomina el propio Larrañaga) de sus cualidades interpretativas. Larrañaga no sólo pertenece a una de las más destacadas estirpes del teatro español, sino que además es ese tipo de actor que encarna en si mismo "el teatro de siempre". Cuando él sube a un escenario, el público no acude a ver la obra de un autor o a conocer una historia peculiar que no olvidarán jamás, el público de Larrañaga va a verlo a él en persona, cosa que sólo les está permitida si pagan el precio de una butaca del teatro donde él actúa.
"Las mujeres de Jack" es una obra de Simon basada en su propia experiencia con las mujeres de su vida: en este mismo sentido el actor español también se ha visto profundamente identificado con el personaje de Simon. La obra apunta más al drama que a la comedia, y eso es algo que sorprende al espectador de este tipo de teatro, que va dispuesto a reírse a carcajadas y no encuentra fácilmente ni el motivo, ni el momento. Larrañaga permanece todo el tiempo en escena durante la representación, dando entrada y salida a las mujeres de su imaginación, y desarrollando largos monólogos dirigidos al público.

Que el protagonista sea un escritor que está escribiendo una obra, y falto de inspiración recurra al diálogo imaginario con las mujeres de su vida, genera un mecanismo escénico de pura convención, que da a entender al público, que casi todo lo que sucede en escena, está pasando en la mente de Jack, pero no todo. Esta dificultad dramática aleja la obra de la comedia que quiere ser. Pero el oficio y simpatía de Larrañaga allanan en todo momento estos posibles vericuetos. Una corte de bellas señoritas, ataviadas con un elegante vestuario de plena actualidad,

le acompaña en esta tarea, entre las que destacan artísticamente Marta Gutiérrez, como la esposa muerta, y Marisa Pino como la psiquiatra. El papel de Maggie, la esposa actual de la que Jack está en trance de separación, está interpretado por Pilar Velázquez, una actriz que ha estado ausente de pantallas y escenarios durante muchos años y eso termina notándose en detrimento de sus cualidades interpretativas.

UNA NADA DELICIOSA


“Vacantes”. De Lluïsa Cunillé. La Companya Hongaresa de Teatre. Dirección: Paco Zarzoso. Actores: Paco Zarzoso, Lola López. Sala Cuarta Pared. Madrid. 15-1-1999.

Una de las cosas más difíciles en teatro es conseguir que el público se ría, y más aún que se ría cuando estaba previsto que lo hiciera. Las risas a destiempo crean una de las situaciones más incómodas o patéticas que puedan sufrir los actores durante una representación. La risa suele provocarse, por lo general, por la acumulación de elementos escénicos o dramáticos: mucha actividad, mucha confusión, muchas entradas y salidas, ritmo trepidante, situaciones equívocas con los objetos, o unos actores y actrices desplegando todos sus recursos histriónicos para conquistar con su esfuerzo la carcajada de los espectadores.
En "Vacantes" el público se ríe mucho, pero curiosamente lo hacen a partir del mutismo y la inmovilidad de los actores. Cuanto más se despliegan sus carcajadas es cuando menos acción y jaleo hay en escena, podríamos decir que el tratamiento del silencio en esta obra es el gran hallazgo de la representación. Paco Zarzoso demuestra tener un gran conocimiento -o intuición- de los mecanismos más sutiles que condicionan la actuación y la puesta en escena. Viendo el trabajo del actor se comprende mejor el del director. Como actor y director Zarzoso demuestra conseguir expresar el máximo con el mínimo, su interpretación está absolutamente controlada en todos los matices; con el primer monólogo que interpreta ("Vacantes") introduce al público en un registro exquisito, íntimo y agradable. Hay una enorme verdad en esta nada por la que transita el espectáculo.
Pero, aclaremos que no se trata de un teatro abstracto o metafísico, sino por el contrario de un teatro enormemente cotidiano, pero que se recrea en el lado más anónimo y poético, no sólo de las cosas, sino de las situaciones humanas más triviales de la vida contemporánea cuando dos personajes, un hombre y una mujer (interpretada por el buen hacer de Lola López)- se relacionan. Los textos de Lluisa Cunillé aportan esta calma, esta exploración del vacío, de las frases que dicen poco, y de las situaciones que apenas avanzan. Parece como si se buscara la expresión de lo inexpresivo, de lo repetido diariamente sin ningún afán de trascendencia. Pero, de esta especie de vulgaridad cotidiana, surge una magia inusual que no te cuenta nada, pero que da un sentido completo a la asistencia del espectador a esta curiosa y sorprendente representación.

LAS MUJERES FUERTES


“La hermana pequeña”. De Carmen Martín Gaite. Dirección: Ángel García Moreno. Reparto: Ana Marzoa. Ana Labordeta. Carmen de la Maza. Helga Liné. Andrés Resino. Pedro Alonso. David Zarzo. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 19-1-1999.

El precio de la independencia y la libertad ha sido siempre el de la soledad, una tarifa alta que algunas mujeres han estado dispuestas u obligadas a aceptar. El estreno de “La hermana pequeña”, que tuvo lugar anoche en Madrid, fue un homenaje a su autora, la escritora Carmen Martin Gaite, y también al recuerdo de la actriz Lali Soldevilla, para quien fue escrita esta obra hace muchos años; pero, ante todo, este montaje fue un homenaje a las actrices y a las mujeres.
El teatro y la representación palpitan como telón de fondo de estos personajes. Laura, la protagonista de la obra (interpretada con su talento dramático habitual por Ana Marzoa), es una actriz de teatro que vive en una pensión galdosiana en compañía de sus ideales, a los que se ha negado a renunciar, y de unos pocos amigos fieles; pero, en lo profundo, su corazón late en soledad bajo tanta independencia. La hermana pequeña de Laura, la madre de su mejor amigo, la amiga de la madre…, todas son mujeres solas aunque puedan tener un hombre a su lado.
Carmen Martín Gaite, como buena escritora, ha tenido en alguna ocasión la tentación de poner a dialogar a sus personajes, por el puro placer de oír sus palabras, en voces humanas dichas en un escenario. No siempre resulta fácil cambiar del registro de la narración a la acción que requiere el teatro, y la primera parte de la obra adolece de ese lastre: los personajes relatan demasiado. Pero no ocurre así en el segundo acto.
El excelente trabajo de varias generaciones de actrices reunidas en un espectáculo, hace subir la temperatura dramática de la representación. Entre ellas hay que destacar la sensible ductilidad de Ana Labordeta y el inigualable estilo dramático de otros tiempos que despliega en escena Carmen de la Maza (actúa con los hombros, con las caderas, con la frente, con las manos, con la nuca…).
Una representación que se convierte en el exquisito recital de un ramillete de grandes actrices. Ángel García Moreno las dirige muy bien, y los caballeros (Andrés Resino, Pedro Alonso y el joven David Zarzo) las acompañan.

SIN LORCA


“Ombra”. Un espectáculo de La Fura del Baus sobre F. G. Lorca. Dirección escénica y artística: Hansel Cereza-David Marín. Actores: Isabel Rocatti. Abraham Hurtado. Oscar Rabadán. Juan Navarro. Bailaor: Javier Latorre. Cantante: Danna Leese Routh. Madrid. Teatro de Madrid. Estreno: 20-1-99.

Federico García Lorca era un hombre de gran reputación artística e intelectual que además gozaba de una enorme popularidad y fama. La Fura del Baus es un conjunto teatral que pudo quedarse en grupo de teatro pero que sin embargo terminó convirtiéndose en una factoría de espectáculos muy considerados por el público más joven, y los políticos con afán de barniz vanguardista. Desde hace más de quince años sus personales montajes han tenido la insólita virtud de despertar interés. No es de extrañar que este atractivo cóctel Lorca-Fura, haya provocado curiosidad en amplios sectores.
Sin embargo, los elementos de este combinado no se terminan de mezclar en ningún momento de la representación de "Ombra". La Fura consigue unas atmósferas sugerentes y unas imágenes impactantes -como suele ser habitual en sus trabajos- pero cuando se topa con los textos de Lorca, descubre en ellos su mortal talón de Aquiles: La Fura demuestra desconocer las sutiles y esenciales leyes que rigen el uso del texto en escena. La palabra dicha en un escenario magnifica al autor (el dramaturgo siempre ha sido el Sol de los escritores); y magnifica el sentido del idioma: una forma de expresión y comunicación entre los ciudadanos que se reúnen en un teatro, para escuchar la palabra de uno de sus grandes hombres o mujeres.
A "Ombra" le sobran todas las escenas donde se dicen los diversos textos de Lorca seleccionados para la ocasión. Ni se entienden, ni transmiten nada de la vehemente belleza que hay en toda la escritura lorquiana. Si los actores los dijeran en chino o en cualquier idioma incomprensible para el público, sería más coherente con la propuesta del espectáculo. Esto genera una tremenda decepción en -al menos- gran parte del público, que se ve privado de recibir la ofertada palabra de Lorca, y tiene que conformarse con las chocolatinas visuales que vienen entre texto y texto. En "Ombra" está La Fura, pero falta Lorca. Ni siquiera la sugerente iconografía del espectáculo, ni su bella banda sonora, tienen claras señas de identidad lorquianas, podrían ser intercambiables con decenas de espectáculos de teatro-danza o videos musicales. Precisamente, el video de un toro corriendo por Nueva York quizás sea el mayor hallazgo lorquiano del espectáculo.
El amplio público que suele tener La Fura quedará satisfecho con esta nueva entrega de la factoría del Baus, aunque tendrá que estar dispuesto a soportar el pan duro en que se han convertido los textos de Lorca en este montaje.

SERÍA PREFERIBLE QUE NO...


"Preferiría que no". De Antonia Brancati. Nueva Comedia S.L. Dirección: Gerardo Malla. Actrices: Julia Gutiérrez Caba, Cristina Higueras. Madrid. Teatro Muñoz Seca. 21-1-1999.

En la obra "Preferiría que no", la autora italiana Antonia Brancati construye un drama familiar a través de los diálogos de una madre y una hija que no se han visto en veinte años. Sus confesiones, acusaciones y reproches (sin ahorrarse dos intentos de asesinato en escena) sirven para hilvanar un gran repertorio de temas de actualidad: la alta política, el poder de la prensa, la infidelidad conyugal, la locura y la cordura, la lealtad y la traición... un completo cónclave de actualidades que se presupone puede interesar al público de hoy. Representar autores extranjeros es algo que, a priori, puede resultar muy saludable y evitar asi una posible endogamia teatral. Sin embargo, vistos los resultado de este espectáculo creo que sería preferible que los productores leyesen antes las obras que escriben los autores de su propio país, porque a lo mejor encontraban textos igual de interesantes (o más), que están pidiendo a gritos ser subidos a escena, y de paso se ahorraban la traducción.
También sería preferible que mujeres con iniciativa empresarial y capaces de mover los duros engranajes del teatro, como demuestra serlo Cristina Higueras, fuesen capaces también de reconocer sus limitaciones dramáticas y no se expusieran a evidenciar sus carencias interpretativas en personajes de gran envergadura como la hija de esta obra. También sería preferible que Adolfo Domínguez no volviera a vestir a ninguna actriz para salir a escena, por si acaso. Sería preferible, además, que directores como Gerardo Malla no se empeñasen en evidenciar su puesta en escena con tantísmos, como innecesarios, movimientos y acciones físicas de las actrices, que sólo terminan perturbando la comprensión del texto. Y también sería preferible que actrices tan grandes como Julia Gutierrez Caba tuviesen ofertas laborales más interesantes y no se viesen obligadas a aceptar trabajos como éste, porque en definitiva su nombre y su prestigio se convierte en reclamo de un público que queda defraudado con esta representación, demasiado intelectual para sus expectativas. También sería preferible que insonorizaran el teatro donde se representa esta obra, porque es un poco duro para actrices y público intentar aceptar la convención de que la acción se desarrolla en una casa perdida entre las montañas, mientras en la sala se oye la Macumba de la discoteca de al lado. Y finalmente, sería preferible que no se hiciesen espectáculos tan "mortales" como éste, porque en definitiva son los responsables de que los espectadores pierdan definitivamente su fe en el teatro.

EL BUEN TEATRO DE SIEMPRE


"Los árboles mueren de pie". De Alejandro Casona. Producción: Juanjo Seoane. Dirección: Gerardo Malla. Actores: Amparo Rivelles. Víctor Valverde. Amparo Pamplona. Francisco Piquer. Tomás Sáez, Carlos Manuel Díaz... Madrid. Teatro Alcázar. Estreno: 22-1-1999.

Antes que nada, hay que agradecer al productor Juanjo Seoane su amor y su fe en el teatro, pues una producción de las características de "Los árboles mueren de pie", (procedente del teatro privado que no institucional), es poco habitual en las fórmulas actuales de inversión teatral, donde el riesgo y la inversión económica en espectáculos suele ser cada vez más cicatera. Los diez actores que forman el elenco de este montaje ayudan con lo mejor de su oficio a que el público disfrute de una buena sesión de teatro, de las de siempre. Uno de los secretos del éxito teatral es tener en cuenta al público al que uno pretende dirigirse, y en este sentido el objetivo está ampliamente cumplido.
Alejandro Casona escribió un teatro para ser oído o leído, más que representado. Hay que subrayar la importancia que tiene la palabra en las obras del autor asturiano. Su verbo y su reflexión hechizan al público que se queda como hipnotizado, o concentrado en el discurso que desgranan con gran sencillez y profesionalidad los actores. Los bellos parlamentos que escribió Casona en sus obras, interesan, y hacen pensar al público, pero sobre todo le hacen sentir. El teatro de Casona ha sido minusvalorado por algún sector de la crítica, precisamente por su gran emotividad. Pero hay que reconocer que consigue transmitir diáfanamente al público lo que los personajes piensan o sienten.
Hay que destacar la bella escenografía de Alfonso Barajas que da un tono impecable a la representación. Escenarios como los suyos, se ven ya pocos en el teatro actual. Asistir a esta representación es como entrar en un reciente túnel del tiempo y conocer directamente el teatro como se ha hecho siempre. Y ello se debe ante todo al buen hacer de las actrices y actores. Gerardo Malla ha sabido dotar a la función como de una gran confianza en sí misma que se transmite fácilmente al público.
Amparo Pamplona da emoción interior a su personaje y Víctor Valverde demuestra su peso específico de galán maduro; sus voces son personales, sugerentes y emotivas. Finalmente, hay que añadir que "Los árboles mueren de pie" ofrece la oportunidad y el privilegio de ver en escena a Amparo Rivelles, una dama eterna de la escena española, que despliega su sapiencia y elegancia interpretativa sobre las tablas, incluso cuando la enfermedad le arrebata sus fuerzas. En la segunda función del último domingo, la Rivelles estaba en escena, disminuida de facultades; y aunque una ambulancia la esperaba a la puerta del teatro para llevarla a ingresar en cualquier momento, ella pidió que le dejaran terminar la obra aunque estaba casi desfallecida. Una ola permanente de aplausos la apoyaba en su ardua tarea hasta que cayó finalmente el telón. Esas cosas sólo pueden suceder y vivirse en un teatro: el buen teatro de siempre; y con una raza de actrices que entienden su profesión como lo hacen un cura, un torero, o un payaso: ni la muerte puede detenerlos.

JUEGO DE APARIENCIAS


"Trampa mortal". De Ira Levin. Versión y dirección: Ángel Fernández Montesinos. Actores: Francisco Valladares, María Kosty, Marisol Ayuso, Arsenio León, Emiliano Redondo. Madrid. Teatro Reina Victoria. 26-1-1999.

Paco Valladares es uno de los actores más queridos de la escena española. Aunque de vez en cuando la televisión recupera algunas de sus múltiples cualidades humanas y artísticas, es en los escenarios teatrales donde el público disfruta más de su carisma. Tras un tiempo de alejamiento de las tablas, Valladares acaba de regresar a un teatro madrileño para interpretar al protagonista de "Trampa mortal", una comedia policiaca de Ira Levin que había estrenado él mismo en el Teatro Fígaro en 1981, dirigida entonces y ahora por Ángel Fernández Montesinos.
Ira Levin (autor así mismo de "Rosemary's baby" más conocida entre nosotros como "La semilla del diablo") se muestra capaz de combinar en escena todos los elementos necesarios, por muy truculentos que resulten, para conseguir un impacto inolvidable en los espectadores. En "Trampa mortal" vuelve a explorar las partes más oscuras del alma humana para dar chispa y suspense a la curiosidad insaciable del público de teatro policiaco. La representación de "Trampa mortal" engancha al público, que permanece clavado al escenario, al menos durante la primera parte de la representación, la más brillante de escritura, intriga y suspense.
La figura del autor maduro que ya ha obtenido los principales éxitos de su carrera y se encuentra en dique seco para escribir una nueva pieza genial, es un personaje en cierto sentido recurrente en numerosas obras literarias. Pero Levin consigue que el alambicado argumento de "Trampa mortal" sorprenda al espectador que se siente satisfecho de que lo hayan engañado con tanto arte e inteligencia. "Trampa mortal" tiene no obstante una deuda argumental con otra pieza maestra del género de suspense, "La huella" de P. Shaffer. Juego de apariencias, personajes que no son lo que parecen, situaciones ambiguas de tan explícitas que resultan..., constituyen la carne dramática sobre la que se construye esta representación.
Fernández Montesinos conoce bien las reglas del género y no se despista en que la obra sea tan enigmática como divertida; los actores le siguen en su empeño. Valladares utiliza su amplísimo registro de primer actor y oscila entre lo cómico y lo dramático con sutil maestría. Maria Kosty le secunda con eficacia y elegancia en el papel de la esposa. Marisol Ayuso compone un estrafalario personaje de "alemana visionaria" que en clave cómica hace las delicias del público. Y el joven actor Arsenio León aporta su buena planta y su buen hacer a las exigencias de su personaje. Emiliano Redondo completa con su profesionalidad este acertado elenco para hacer pasar al público una entretenida tarde de teatro.

EL FABRICANTE DE SUEÑOS


"La Fundación" De Antonio Buero Vallejo. Centro Dramático Nacional. Dirección: Juan Carlos Pérez de la Fuente. Actores: Ginés García Millán. Hector Colomé. Joaquín Notario. Juan José Otegui, Pepe Viyuela. Esperanza Campuzano, Juan Fernández, Daniel Alvadalejo. Madrid. Teatro María Guerrero. Estreno: 27-1-1999.

Antonio Buero Vallejo ha encarnado en los últimos cincuenta años de teatro español, el prototipo de dramaturgo comprometido con su tiempo y sobre todo con el teatro. Su entendimiento de la profesión de autor ha pivotado en torno a su rol de conciencia social. Pero también Buero ha sido consciente de que el teatro debe entretener al público, a la par de ponerlo en contacto con sensaciones fuertes e impactantes, para estimular el inconsciente del espectador a través de la más pura teatralidad. El dramaturgo se convierte en sus manos en una especie de fabricante de sueños. Los sueños de Buero están poblados de palabras, pero no con la intención de trasladar la vida a la escena, sino de interpretar la vida en escena, o sea dar una visión alegórica, distanciada de los conflictos y los deseos cotidianos, aquello que nos hace ser hombres, seres humanos, personas. Tras todo su teatro late un afán de justicia que ha justificado siempre al mejor teatro de todas las épocas. Buero, en su primera obra "Historia de una escalera", estrenada hace cincuenta años se vale del sainete para darle la vuelta al género y convertirlo en el daguerrotipo de unos personajes sin horizontes. En obras posteriores se vale del drama, pero intentando dotarlo de una atmósfera trágica. Y es ahí, en su voluntad de trágico donde se inicia la universalidad de su obra. Buero ha sido el autor español que más premios ha recibido en su carrera, y sus obras han subido a escenarios de todo el mundo. La fuerza moral de su teatro le ha abierto las principales puertas del éxito y el reconocimiento.
Tras la guerra civil española, Buero -por su credo político- estuvo en prisión condenado a muerte durante ocho meses, posteriormente se le conmutó la pena capital por la de trabajos forzados y estuvo itinerando por cárceles españolas durante seis años y medio. De la memoria de este triste acontecimiento debió surgir "La Fundación" muchos años más tarde, pues se estrenó en 1974. Todos los personajes de la obra están instalados en unas confortables instalaciones cuando comienza la acción. Sólo Tomás, la representación del bien, la inocencia, o la ingenuidad de la juventud aporta el conflicto a la acción porque atrincherado en sus sueños no reconoce la terrible realidad del encierro. Buero tiene pocas esperanzas en que el capitalismo, el mercado libre y todas las estructuras que se ciernen sobre nuestro tiempo, puedan ayudar a construir un mundo mejor, donde no existe la solidaridad sino la competitividad más despiadada. Por esta razón "La Fundación" permanece joven, la obra de Buero tiene cosas que seguir diciendo sobre nuestro tiempo aunque fuera estrenada hace 25 años. Buero siempre ha amado a los actores (se casó con una actriz) porque ellos son el elemento primordial (en este tipo de teatro textual) para que la obra crezca en las tablas y vuele sobre los espectadores. El gran acierto de Pérez de la Fuente en este montaje ha sido el reparto. Ha contado con unos excelentes actores para encarnar a los personajes de “La Fundación”, a los que ha dirigido con un mimo poco habitual. Ginés García Millán realiza una interpretación exquisita y vigorosa del ingenuo y candoroso personaje de Tomás; Hector Colomé destila una gran densidad dramática; y Joaquín Notario compone un personaje de una violencia contenida lleno de matices y aciertos. El resto de la compañía mantiene con su profesionalidad el alto nivel interpretativo del montaje. La escenografía de Oscar Tusquets, en su factura de inspiración orientalista, aporta un valor dramático añadido al montaje, nos lo acerca a nuestros días, a la par que nos lo aleja.
Anoche, la profesión teatral española (acompañada por los Reyes de España) rindió homenaje a la integridad moral de un autor, Antonio Buero Vallejo, quien finalmente se dirigió al público con unas lacónicas palabras: el teatro tiene que recordar a la sociedad que no es posible construir nada bueno con la violencia.

FIESTA EN EL JARDÍN


"Las mujeres sabias". De Molière. Versión: Adolfo Marsillach. Producción: Juanjo Seoane. Dirección: Alfonso Zurro. Actores: Berta Riaza, Analía Gadé, Emilio Alonso, Cecilia Solaguren, Yolanda Diego, Román Sánchez, Camilo Rodríguez... Madrid. Teatro Albéniz. Estreno: 29-1- 1999.

Molière fue un hombre de teatro; además de dramaturgo, fue actor y empresario; trabajó para el Rey Luis XIV, y fue el inventor de un teatro divertido, ingenioso y sobre todo satírico. Las polémicas, los escándalos y las prohibiciones le persiguieron durante su rápida vida teatral; pero siempre contó con el apoyo de su amigo el Rey de Francia. Molière es el genio cómico por excelencia, su inteligencia y agudeza le llevaron a escarbar en las debilidades humanas y las pretensiones sociales de su tiempo. Molière pensaba que el teatro debía divertir enseñando, poniendo en evidencia la hipocresía y las injusticias de la sociedad con un tono tan jocoso como corrosivo. Fue, por otra parte un defensor de las injusticias que se cometían con las mujeres. O sea, la obra de Molière, lamentablemente sigue de plena actualidad.
"Las mujeres sabias" que acaba de estrenarse en Madrid, es una regocijante fiesta teatral plagada de gracia, ingenio y divertimento. La versión de Marsillach tiene el verbo fácil y fluido de la mano de un buen comediante; cumple con creces la frescura que Molière exigía para el teatro. Berta Riaza da una gracia original y fina a su personaje que -en su disparate y locura- enlaza estupendamente con el espíritu jocoso de la Comedia del Arte italiana, tronco de toda la obra cómica de Molière.
El director Alfonso Zurro conoce bien los mecanismos de la comedia italiana: ritmo, color, celos, enredos, música alegre, bailes..., y ha tenido además el acierto de convertir a Analía Gadé, con su potente presencia escénica, en el autentico Pantalone de la representación; su vigor y arrogancia interpretativa recuerda a ciertos personajes de Nieva o el mismo Genet. La escenografía, el colorista vestuario, y la dinámica iluminación -casi de tebeo- refuerzan la idea de jugosa fiesta teatral en la que el público disfruta como si estuviera en un jardín palaciego viendo actuar a un buen puñado de cómicos. Lástima que el director y el autor de la versión no hayan usado un poco más de mala uva, unos buenos dardos envenenados contra tantos pecados sociales de nuestro tiempo; hubiera sido más molieresco y habría ayudado a comprobar, de nuevo, el brillante filo que puede llegar a tener, el poderoso cuchillo de la comedia satírica.

CARPINTERO EN LA COCINA


"Conocer gente, comer mierda". La Carnicería Teatro. Texto, espacio y dirección: Rodrigo García. Actores: Miguel Ángel Altet, Patricia Lamas. Iluminación: Carlos Marqueríe. Sala Cuarta Pared. Madrid. 2-2-1999.

La Carnicería Teatro, capitaneada desde hace más de una década por Rodrigo García, busca en todos sus espectáculos la creación de un nuevo lenguaje escénico alternativo al teatro tradicional. Que su nuevo espectáculo "Conocer gente, comer mierda" inaugure la décima edición de "La Alternativa" es coherente con una de las trayectorias teatrales madrileñas más interesadas en buscar nuevas fórmulas para la representación escénica. Rodrigo García ha demostrado ser un hombre inquieto artísticamente; su conocimiento del mundo de las artes plásticas de la vanguardia histórica, como de las manifestaciones más recientes que han podido verse indistintamente en museos o mataderos, le interesan. El área de la performance, de la acción artística, de la intervención, de la instalación, sin dejar de lado nuevos soportes como el video-arte, son algunas de las coordenadas por las que transita la investigación de la Carnicería teatro. Rodrigo García con este bagaje podría haber devenido fácilmente en un director-escenógrafo, que plantea largos bocetos visuales que se desarrollan en sugerentes espacios escénico-dramáticos, pero siempre le ha interesado la presencia de la palabra. Sus textos son pictóricos, impresionistas, laterales, jamás narrativos, y tienen la habilidad de crear sobre todo una atmósfera de desasosiego, de ironía, de sinsentido y desesperanza. Tampoco García ha renunciado jamás al uso de actores en sus propuestas escénicas difícilmente clasificables. De todo lo anterior puede deducirse la ambiciosa pretensión que demuestran sus trabajos dirigidos hacia un sentido de espectáculo total en el que el director debe ser un experto conductor de todos los elementos que se convocan en escena.
En "Conocer gente, comer mierda" (un espectáculo de aproximadamente dos horas) se vuelven a hilvanar, yuxtaponer o permutar fórmulas de anteriores montajes de La Carnicería Teatro. Proyecciones de películas, actores que juegan con su cuerpo como un objeto nada reverenciable; cocinas-carpintería donde se guisan los recuerdos y se clavan los deseos a una tabla. Una larga colección de viejos discos va sonando y disonando a lo largo del espectáculo que consigue momentos visuales de gran interés y apunta situaciones de gran desgarro emotivo. El bombardeo de imágenes, sonidos y acciones es tal que la llegada de los textos produce alivio en algún sector del público, pues lo concreto de la palabra pone una cierta brújula en la comunicación/incomunicación que se establece con el público.
Rodrigo García tiene el mérito de buscar la creación de un mundo artístico propio, es más parece que en cada una de sus entregas escénicas asistimos a un nuevo capítulo de su intimidad, pero el control de los múltiples medios expresivos que convoca en escena, es trabajo de toda una vida. Probablemente, dentro de 20 años, García demuestre tener una mano segura de creador que ponga orden, síntesis e intensidad en cada uno de los elementos que utiliza para expresarse en un escenario.

EL ARTE DEL ARROYO


"Woyzeck". Sobre la obra de George Büchner. El Globo Teatro. Dirección: Luis Garván. Dramaturgia: Mª Fernández Ache. Intérpretes: Dritan Brahimllari, María F. Ache, Germán Varone, Agustín Ustarroz, Pablo Scola, Mario Zorrilla, Javier Rojas, Salvador Quesada. Teatro Triángulo. Madrid. 10-2-1999.

Georg Büchner es el dramaturgo alemán más importante del S. XIX. Su obra tuvo un carácter revolucionario que obligó a su autor a abandonar Alemania, y sus obras no se estrenaron prácticamente hasta después de su muerte. Aunque por generación hubiera debido estar del lado de los autores románticos, su solidaridad y compasión con los parias y las clases más bajas de la sociedad, irritó a un público burgués que prefería sumergirse en el teatro para revivir grandes estampas escénicas de carácter histórico. Las obras de Buchner eran consideradas por los críticos de su tiempo como un "arte del arroyo"; en este sentido se adelantó a toda la denuncia social que habría de realizar décadas más tarde el teatro naturalista.
Por todas estas razones, “Woyzeck”, lamentablemente tiene mucho que decir sobre las sociedades actuales del llamado "primer mundo" donde se siguen hacinando las miserias de los pobres y marginados, junto a la ofensiva exaltación de la riqueza de unos cuantos. El Globo Teatro ha preparado su espectáculo “Woyzeck” desde estas coordenadas. La acción transcurre en un entorno urbano contemporáneo, entre vallas metálicas, cabinas telefónicas, depósitos de cervezas, y todo un entramado-jaula que encierra a los miserables en las redes de acero de su destino. Woyzeck es un emigrante de la Europa del Este que sobrevive y trapichea en la gran ciudad, sin querer olvidar las buenas condiciones de la humanidad: honestidad, moral, franqueza. Para ser pobre, Woyzeck piensa demasiado. El trabajo de los actores es excelente, engancha al público en ese desgranamiento de las miserias humanas que se lleva a cabo en el escenario. Luis Garván dirige con seguridad y certeza a sus intérpretes, inventa tiempos de silencio y valora enormemente la elocuencia de los gestos, para introducir al público en este entorno urbano depauperado que se estudia casi con microscopio de científico. El actor Dritan Brahimllari demuestra una gran calidad interpretativa que dota de ricos matices al complejo y humanísimo personaje de Woyzeck; y el resto de intérpretes le secunda en esta empresa donde la interpretación es el plato fuerte. Por último hay que señalar que el castellano de la versión, suena estupendamente en la cuidada dicción de todo el elenco.

LA VIDA SIGUE IGUAL


"Bailando, bailando". Compañía Teatre Micalet. Dirección: Joan Peris. Actores: Alavaro Baguena, Marta Belenguer, Juanjo Benavent, Empar Canet, Martí Cases, Mónica Crespo... Madrid. Teatro La Latina. Estreno: 18-2-1999.

El teatro musical nació en la cuenca mediterránea, hace más de dos milenios, antes de que Broadway o la cartelera londinense descubriesen la exitosa fórmula del espectáculo musical contemporáneo, que reconcilió al gran público con los escenarios, moviendo las cifras más altas de todo el mercado de las artes escénicas. La Compañía Teatre Micalet recala en Madrid con su musical mediterráneo "Bailando, bailando" que se estrenó en 1996 y aún sigue dando baile y sobre todo mucha música a los espectadores que se acerquen al teatro a participar en esta fiesta de la memoria colectiva.
Siguiendo el juego de que se vale el espectáculo para contar la historia de este siglo a través de las canciones más populares de cada etapa, (desde el reinado de Alfonso XIII hasta la actualidad), podíamos haber titulado esta crítica "Toda una vida", pero nos hubiéramos quedado cortos, son varias vidas las que se homenajean en esta obra, la de las distintas generaciones que ha ido dando el siglo que ahora se termina. A lo largo de la representación se siente que el patio de butacas podía ponerse a cantar acompañando a los actores que sin hablar una sola palabra, no cesan de bailar durante toda la representación.
Basado en el musical "Dancing", del que posteriormente se hizo una versión cinematográfica francesa titulada "Le bal", el espectáculo de estos estupendos cómicos valencianos llega a la raíz de la memoria de todos los espectadores que asisten a la representación con su propio sello y personalidad. Un rosario de canciones que comienza con el Charleston, La Pulga, Bésame mucho, Ojos verdes, Tatuaje, Lily Marlen, Bailando bajo la lluvia, Amado mío, Only you, Oh Carol, Al alba, Paraulas de amor, Te recuerdo Amanda, Boney M., Bee Gees, Pegamoides, Ana Belén, Mecano o la Biliburrina, se va desgranando la historia política y amorosa de varias generaciones que recuperan con una misma melodía sus recuerdos más vivos y significativos.
Mucho humor e ironía son la clave del éxito de este montaje
-multipremiado en la comunidad valenciana- lleno de sorpresas y de hallazgos de gran teatralidad, sobre todo a la hora de cuidar la historia íntima y personal de los protagonistas de este siglo que se acaba.
El vestuario que lucen los quince actores del espectáculo es también un inventario afectivo de calzados, peinados, y prendas de vestir de los momentos más importantes de la vida del público.

LA DESNUDA VERDAD


"Fedra". De Miguel de Unamuno. Dirección: Manuel Canseco. Compañía 98 Teatro. Intérpretes: Mara Goyanes, Maribel Lara, Luis Hostalot, Rodolfo Sancho, Cristina Juan, Juan Calot. Madrid. Teatro Olimpia. Fecha estreno: 19-2-1999.

La incursión de Unamuno en el teatro fue más breve de lo deseable, aunque tampoco los escenarios teatrales de su tiempo lo reclamaron con demasiada insistencia. Don Miguel era profesor de griego y conocía perfectamente el mundo clásico y los mitos de la tragedia. Su "Fedra" nació en 1922, aunque estaba trabajando en ella desde 1910 con gran orgullo y tesón, y comentaba a sus amigos estar componiendo una Fedra cristiana, una obra de pasión. A diferencia del "Hipólito" de Eurípides y de la "Fedra" de Racine, Unamuno salva a Hipólito (etimológicamente el que ha sido destrozado por los caballos) que se ha mantenido puro y casto a los requerimientos de su madrastra, y que al final se reconcilia con su padre. El final trágico sólo se reserva para la heroína, no por haber amado, sino por haber engañado. Lo que Unamuno condena no es la pasión incestuosa, sino la falsía de Fedra. Frente a la tiranía de la maldita carne, sólo debe resplandecer la desnuda verdad. Unamuno se vale de la Fedra de la tragedia griega como de una fábula, que transgrediéndola se vuelve más didáctica: antes que nada, debe imponerse siempre lo verdadero.
Resulta curioso que una obra en la que late este desesperado debate casi metafísico (más propia de auto sacramental que de drama realista) derive en el montaje de Manuel Canseco en un sobrio y contenido drama rural, potenciado desde la escenografía y la puesta en escena; salvo Fedra, todos los demás personajes no cesan de realizar acciones cotidianas. El estatismo y hasta la rigidez propios de la tragedia quedan soslayados en este montaje. Luis Hostalot elabora concienzudamente el personaje del padre agraviado, pero tiene que luchar por disimular los años que le separan de la edad del personaje. El joven Rodolfo Sancho, demuestra un nervio escénico -nacido de la relajación- que dibuja bien su personaje, el mejor escrito de la obra. Mara Goyanes compone un ama creíble y eficiente. Y Maribel Lara, en el personaje de Fedra, arranca con un registro interpretativo sugerente que, lamentablemente, apenas sufre transformaciones a lo largo de toda la representación.
Para un espectador que siga confiando en que el escenario teatral pueda propiciar un doble debate, tanto de ideas como de estéticas; y que el teatro, además, pueda generar imágenes potentes o sugestivas de gran locuacidad e impacto, puede que éste no sea su espectáculo. Pero, para el público que guste ver un buen y contenido drama rural, de resonancias filosóficas y agonizantes, (y con una hermosa música clásica en los oscuros), tal vez pasen con esta Fedra una buena y sencilla tarde de teatro.

NO QUEDA NADA QUE CONTAR


“Beckett,... ¿Quién”. 4 obras cortas de Samuel Beckett: "Sin Permiso" de y dirección: Ernesto Caballero. Actriz: Maruchi León. "Astracanadas radiofónicas", dirección: Vicente León. Actores: Quique Silva, Esperanza Pedreño... "Nana", dir. Ricardo Iniesta. Actriz: Sario Téllez. "Impromptu de Ohio", dir. J. Sanchis Sinisterra. Actores: Mario Vedoya y J.L. Patiño. Madrid. La Alternativa. Teatro Pradillo. Madrid. Fecha estreno: 17-2-1999.

Siendo coherentes con los postulados de Samuel Beckett, esta crítica debería estar compuesta por la repetición constante de su título hasta que se agotara el espacio. Sería un gesto completamente beckettiano, expresión del nihilismo y la desesperanza que late en la obra narrativa, poética y dramática del premio nobel ¿irlandés?, o ¿francés? Samuel Beckett. Desde que lo obtuvo en 1969, ambos países pugnan por la propiedad nacional del galardón.
Pero, sin embargo en esta crítica tenemos cosas que contar, cuando se hace teatro (por muy nihilista o del absurdo que éste sea) siempre hay esperanza. Todo escritor para poder realizar su obra, siendo además un importante hombre de teatro, debe tener una enorme capacidad de entusiasmo; lo nihilista y lo más cómodo sería no hacerla. Ahí comienza una de las grandes paradojas de la obra de Beckett, que por tratar temas como la incomunicación y la desesperanza, acaba deviniendo en la radiografía más eficaz de lo esperanzador. En pocos lugares ha debido comprenderse mejor su obra "Esperando a Godot" que cuando se representaba en Sarajevo durante la truculenta y reciente guerra de los Balcanes. Los ciudadanos acudían al teatro con hambre de esperanza.
En España no se representa demasiado las obras de Samuel Beckett, como la de otros tantos grandes dramaturgos, tal vez porque no se hace todo el teatro que sería necesario. La Alternativa acierta al convocar estas jornadas Beckett, combinando charlas y debates tras las representaciones, lo que ayuda a crear un cívico ambiente de velada teatral ilustrada. Este primer grupo de obras cortas de Beckett estuvo servido por un buen elenco de actrices y actores, entre los que destaca Maruchi León, que en "Sin Permiso" experimenta con las barreras de comunicación/incomunicación con el público, dentro del sutil ámbito escénico concebido por Ernesto Caballero para la pieza.
José Sanchis Sinisterra, (fundador y director de la sala Beckett de Barcelona durante años, además de dramaturgo) conoce bien la sobriedad del mecanismo experimental del mundo beckettiano. Sus actores terminan difuminándose para convertirse en lo que dictan las palabras: como estatuas de piedra junto a la ventana.

JUGUETE TROPICAL


"Soledad y ensueño de Robinson Crusoe". De Ignacio del Moral. Dirección: Juan Manuel Joya. Escenografía y diseño vestuario: Mónica Florensa, Maribel Ganso, Joaquín Santamaría. Música: Oscar Gª Villegas. Iluminación: Carlos L. Bahía. Actores: Isaac Martín, Miguel Escutia, Javier Azuara, Pilu Brea. Madrid. Ensayo 100. La Alternativa. Estreno: 22-2-1999.

El personaje de Robinson Crusoe, creado por Daniel Defoe, es uno de esos personajes-hitos de la historia de la literatura como El Quijote, Alicia, o El Tenorio, que han representado por sí solos, la esencia del carácter de un pueblo, o el espíritu de toda una época. Publicado por primera vez en 1719, Robinsón tiene un inevitable carácter didáctico más que simbólico, propio del espíritu de la Ilustración: ejemplifica con una original anécdota toda una conducta humana. Por todo eso, Robinson Crusoe resulta tan teatral.
Ignacio del Moral es un autor genuino en el teatro español, podría decirse que es un caso aislado. Su teatro tiene la habilidad de conjugar la sencillez con la imaginación. No es un autor que busque fórmulas vanguardistas de expresión de su discurso, su teatro es, ante todo, el reflejo de una manera de observar la vida. Del Moral estudió Ciencias Biológicas, sabe mucho de animales y de plantas, (presentes en todas sus obras), por eso su teatro respira tanta curiosidad por la vida. Sus personajes, sus peripecias (nunca convencionales) respiran humanidad, gracias a que el autor se vale de múltiples recursos: humor, sarcasmo, ternura, religiosidad, afecto, conciencia social... todo un cóctel vitalista que consigue tanto emocionar como divertir al público.
Las obras de Del Moral deberían subir con más frecuencia a los escenarios, enriquecerían de inteligencia y amenidad a sus espectadores. El director del montaje, Juan Manuel Joya, así lo entiende, y crea con este Robinson un espectáculo imaginativo, hondo, tierno y divertido. La música de Oscar Gª Villegas es acertada y sugerente. La cálida y colorista escenografía de Mónica Florensa y Maribel Ganso, así como la iluminación de Carlos L. Bahía, dotan a la obra de un aire de juguete tropical o de sueño selvático, que multiplica el encanto visual del espectáculo. Entre los actores, destacan Miguel Escutia en el papel de Viernes, y Pilu Brea en el de la madre.

ÉRASE UNA VEZ UN GANGSTER...


"Fidelidad". De Chazz Palminteri. Dirección: Rafael Moleón. Actores: Andoni Gracia, Laura Cepeda, Jesús Ruyman. Traducción: Natalia Ferrán. Escenografía: Elisa Sanz. Madrid. Teatro Fígaro. Estreno: 23-2-1999.

No hay mejor manera de identificar a Chazz Palminteri que recordándolo como el gansgter-dramaturgo de "Balas sobre Broadway", la película de Woody Allen que volvió a hacer las delicias de espectadores de medio mundo. Aquel matón guardaespaldas de la chica, que la acompañaba a los ensayos de una compañía teatral neoyorkina de los años veinte, terminaba convirtiéndose -a su pesar- en el Shakespeare improvisado de una compañía decadente y falta de inspiración. El más gañán de todos, resultaba ser el único portador de la chispa del genio y la pasión teatral; una especie de gorila con pistola terminaba convirtiéndose en el héroe más tierno que ha dado el cine reciente. La interpretación de Chazz Palminteri dotaba a tan peculiar personaje de una humanidad inolvidable.
En "Fidelidad" (un título demasiado genérico para una obra tan genuina) hay muchas coincidencias con la película de Woody Allen. Un asesino a sueldo (contratado por el esposo para eliminar a su esposa, y cobrar su herencia), dialoga con su víctima antes de matarla. Y ahí comienza el regocijante juego que plantea esta obra: el matón mafioso resulta ser mucho más tierno y humano que un matrimonio decente.
Pero además, a este gangster le sucede lo mismo que al de la película con Palminteri: está interpretado por un gran actor, como Andoni Gracia demuestra serlo en esta función, hasta el punto de convertirse en presencia indispensable. Hace reír al público con los ingeniosísmos diálogos de Palminteri (muy bien traducidos por Natalia Ferrán), con la misma facilidad que pasa a la violencia, creando una tensión y una gravedad que se palpa en todo el teatro: el asesinato puede consumarse en cualquier momento, pero mientras, "nos echamos unas risas".
El director es en gran parte responsable de estos hallazgos, pues demuestra tener buen pulso para definir las situaciones y atmósferas dramáticas con claridad, y dirigir a sus actores con precisión y sutileza. Rafael Moleón -como hombre de cine- quiere homenajear al cine negro, valiéndose de la gama cromática de grises que impregna la escenografía y el vestuario, y reduciendo la boca del escenario hasta el tamaño alargado de una pantalla de cinemascope.
Laura Cepeda (Alma Mater del proyecto) y Jesús Ruyman, -interpretando al matrimonio- son los otros dos soportes de esta comedia con gansgter.

LA TABERNA DE LA MEMORIA


"Una estrella". De Paloma Pedrero. Dirección: Panchika Velez, Paloma Pedrero. Intérpretes: Mapi Galán, Pancho García, Manuel Navarro, Juan Carlos Talavera. Madrid. Teatro Del Círculo de Bellas Artes. Estreno: 24-2-1999.

El teatro de Paloma Pedrero tiene la habilidad de construir unos personajes de su tiempo, nacidos además desde una mirada femenina, por eso interesa tanto al público como a directores y sobre todo directoras. La presencia femenina creciente en los oficios teatrales reservados tradicionalmente a los hombres, es enriquecedora, y comienza a normalizar el estado de una escena que siempre fue contemplado por un público de hombres y de hembras.
Estrella es una mujer fuerte, pero sola y resentida, machacada por el dolor de sus recuerdos; una hembra de tronío que acude a una vieja y sórdida taberna para corregir su destino.
En este teatro de corte psicológico, lo que importa son los recuerdos que determinan los conflictos de los personajes.
Pedrero plantea un juego sustancioso entre la creación literaria (Estrella es escritora) y cómo el autor termina confundiéndose con lo contado hasta descubrirse a sí mismo en el proceso de escritura.
"Una estrella" es una invitación a un viaje interior por los fantasmales océanos de los recuerdos de una mujer sola.
La aparición del personaje masculino principal, un viejo amigo de su padre, pone en marcha el mecanismo sicodramático que se desarrollará en el resto de la obra. El alcohol, los boleros, la torridez de la noche..., hace que ambos personajes se entreguen al juego de sus comunes recuerdos, de sus ahogados deseos.
Todos estos conflictos van desgranándose progresivamente en escena en una representación donde lo que impera es la buena interpretación de la palabra. Pancho García interpreta a Domínguez el amigo del padre, con ternura y delicadeza; transita con credibilidad por esta larga melopea y mudanza de recuerdos. Mapi Galán consigue que su exótica belleza se integre temperamentalmente en esta obra donde luce una estrella entre los hombres. Panchika Velez y Paloma Pedrero han dirigido a sus intérpretes con vigor y delicadeza, y han dotado al espectáculo de una turbia y hermosa atmósfera que suministra la música del bar, donde hasta Martirio se marca un bolero en el más puro estilo Chavela Vargas.
Aunque esta sórdida taberna con las paredes hechas jirones -como la memoria de la protagonista- parezca el escenario de una turbia tragedia al estilo de "La reina de la noche", el desenlace de Pedrero es esperanzador: siempre queda un resquicio por donde los humanos pueden escapar a su destino. Cuando llega la mañana, la estrella se aleja de los hombres.

MEMORIA DE LA TIERRA *

"Trilogía de la Juventud. 1. Las manos". De Jose Ramón Fernández, Yolanda Pallín y Javier Gª Yagüe. Cía. Cuarta Pared. Reparto: J. Miguel Barderas, Elena Benito, Luis Bermejo, Esperanza Elipe, Eugenio Gómez, Asu Rivero. Espacio escénico: Juan Sanz y M. Ángel. Coso. Madrid. Sala Cuarta Pared. Estreno: 23-2-1999.

La unión de tres autores para escribir una pieza dramática es una fórmula poco usual en teatro. Que además planifiquen una trilogía de la que "Las manos" es la primera parte, tampoco es frecuente, salvo en casos como el de Tony Kushner y su "Angels in América", pero él es un autor que pertenece al poderoso mundo empresarial anglo-americano. También por esto, es saludable este espectáculo.
Entre tanta sed de mimética vanguardia, resulta estimulante la frescura de esta propuesta que nace del amor a los orígenes, celebrando una bella ceremonia a la memoria por medio del teatro.
El espacio de la sala se ha ritualizado, prescindiendo de la grada de butacas, para que los espectadores se integren en la representación. Gavillas de leña, troncos de madera, cubos de aluminio, cantos de río, encajes, latas de galletas, botellas de anís, panderos, arados, y sillas de anea para todos, trasladan al público a ese recuerdo rural del mundo de los abuelos, del que se fueron los padres, y al que alguna vez nos acercaron a los hijos.
La acertada dirección de Javier Gª Yagüe acentúa con una gran riqueza de estímulos escénicos el carácter ritual de esta representación; la música de La Musgaña recrea con gran belleza, la memoria sonora de estos tiempos.
La obra está dedicada "a John Berger por su inspiración y a Miguel Delibes por su sabiduría", dos ancianos maestros que han marcado las coordenadas morales de este espectáculo. Berger es un sabio inglés que vive -desde hace años- en un pueblecito de los Alpes franceses, en compañía de vacas, libros y espigas. La compañía británica "Theatre de Complicité", realizó uno de sus más estimulantes montajes basándose en los textos de Berger "Puerca tierra" y "Una vez en Europa" en los que la vida en el campo se invoca como una certera filosofía vitalista.
En "Las manos" (no podía haber tenido mejor carta de presentación esta trilogía anunciada) el buen trabajo de los intérpretes es el responsable del profundo amor a la vida y a la verdad que transpira este montaje. Aunque sus composiciones individuales son brillantes, logran algo aún más importante: transmitir al público la positiva energía de una compañía que disfruta con complicidad de su trabajo; como sucede en el mejor teatro.

* Esta crítica fue publicada en El Cultural.

UN TEATRO DEMASIADO CLÁSICO


"La estrella de Sevilla". De Lope de Vega. Dirección y figurines: Miguel Narros. Versión: Joan Oleza. Escenografía: Gustavo Torner. Música José Gª Román. Reparto: Nuria Gallardo, Juan Ribó, Helio Pedregal, Chema Muñoz, Chema de Miguel...
Compañía Nacional de Teatro Clásico. Madrid. Teatro de la Comedia. Fecha de reposición: 25-2-1999.

Miguel Narros es uno de los mejores directores que tiene el teatro español, brillante figurinista, actor personalísimo, pintor y dibujante; un nombre de culto de nuestro teatro. Aunque Narros ha transitado por todos los "palos" del repertorio (incluidos los autores más recientes), en los últimos años, se ha dedicado a cultivar abiertamente el teatro clásico: Beaumarchais, Moratín, Goldoni... Estos días se repone en la sede de la Compañía Nacional de Teatro clásico (CNTC) su montaje de "La estrella de Sevilla" una tragedia de Lope de Vega que se estrenó en el pasado Festival de teatro clásico de Almagro y que ya visitó la Comedia el pasado otoño.
Los montajes de Miguel Narros tienen un sello de calidad incuestionable tanto en lo dramático como en lo plástico. En esta ocasión ha contado con la colaboración del artista Gustavo Torner para la escenografía, y del músico granadino José Gª Román para la partitura musical; un ramillete de nombres de prestigio a prueba de bomba. Un elenco de buenos actores redondea los ingredientes de este espectáculo sin riesgos ni sorpresas.
La dicción del verso clásico español oscila entre el boxeo que mantiene Juan Ribó con las palabras del poeta, y los tiempos de silencio que se toman Helio Pedregal y Chema Muñoz cada pocas líneas; por su parte, Nuria Gallardo enfila bien el ritmo sin perder el significado. La música parece más interesada en rastrear la violenta partitura sonora de las tragedias griegas, que de las pocas que se representaban en nuestro siglo de oro. La hermética escenografía sugiere más un panorama de edificios urbanos que de alcázares sevillanos.
Si al final de la representación, las parroquianas de siempre del teatro salen diciendo que lo más bonito son los trajes; si los alumnos de bachillerato (que han soportado durante dos horas y media estar encerrados a oscuras escuchando "versos raros"), reclaman que su profesor no los haya llevado a ver "Grease" en la Gran Vía; y si consideramos que estos grupos forman mayoritariamente el público del teatro clásico, algo está pasando.
Clarindo, el criado de la obra (interpretado con chispa por Chema de Miguel), afirma: "Los versos son cansados si no tienen provecho". ¿No se habrá percatado de ello el actual director de la CNTC, Rafael Pérez Sierra? Un teatro (por muy público que sea) debe inspirar cualquier cosa a su público menos la idea de ser rutinario.

COMIC ISABELINO *


"VOLPONE". De Ben Jonson. Suripanta Teatro. Dirección: Vicente León. Adaptación: Leandro Pozas. Reparto: Pedro Rodríguez, Paco Obregón, Juan Morillo, Concha Rodríguez... Madrid. Teatro de Madrid. 3-3-1999.

Los festivales de teatro clásico de Mérida, de Cáceres, o de Alcántara, están propiciando en el teatro extremeño una predilección por un repertorio integrado por obras clásicas, sin por ello dejar de hacer teatro contemporáneo. "Volpone" de Ben Johnson (1572-1637) en el montaje de Suripanta Teatro es un ejemplo de ello: consigue divertir criticando con una obra de teatro isabelino, a la par que investiga con el trabajo corporal del actor y con una traslación dramatúrgica del argumento original a una especie de ambiente "Dick Tracy", América años treinta, subrayado por la estética y la música del espectáculo.
Vicente León ha resaltado en su puesta en escena los vínculos de la comedia satírica de Jonson con la comedia del arte italiana. Los movimientos amuñecados y animalizados de los actores, el ritmo vertiginosos de la representación (que atenta contra la prosodia y la comprensión del texto), las máscaras de los personajes satirizados... Sin embargo, el personaje de Mosca, el gracioso o el arlequín de esta representación, está concebido en una clave diferente, más grave y dramática, lo que perjudica el tono general del montaje dada la importancia del criado.
La siniestra e irónica escenografía de comic de Marcelo Pacheco, y el colorista vestuario de Maite Álvarez ayudan al espíritu de esta saludable comedia.

* Esta crítica fue publicada en El Cultural.