miércoles, 30 de junio de 2010

LA GRANDEZA DEL INVITADO


“Cipe dice a Brecht”. Monólogos, canciones y poemas de Bertolt Brecht. Traducción, adaptación, dirección e interpretación: Cipe Lincovsky. Piano: Nicolás Guershverg. Iluminación: Ariel del Mastro. Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 8-12-1998.

Asistir al recital dramático musical en torno a Bertolt Brecht que Cipe Lincovsky ejecuta en su espectáculo "Cipe dice a Brecht", es constatar la supervivencia de la raza de las primeras actrices. Ser capaz de llenar un escenario vacío con la pequeña talla de esta enorme actriz argentina no es sólo una cuestión de talento, es una cuestión de control de los propios medios expresivos y de un profundo convencimiento de su potencia escénica. En un momento dado de la representación, Cipe dice uno de los poemas que Brecht escribió -durante su largo exilio- dedicado a su esposa la actriz alemana Helene Weigel, en el que el autor alemán destaca que la Weigel no buscaba desplegar su grandeza interpretativa en escena, sino intentar transmitir al público la grandeza de los seres que representa. Cipe Lincovsky, (que trabajó en el Berliner Ensemble y que -según ella misma cuenta al público- llegó a ser íntima amiga de la Weigel,) intenta en este concierto escénico seguir las apreciaciones de Brecht sobre el mérito interpretativo de su esposa, y más que desatar su furia de primera actriz busca ponerse en función de la grandeza de su invitado: Bertolt Brecht; pero no lo consigue: la Lincovsky destella con luz propia en escena.
Acompañada por un solo músico desgrana con precisa técnica vocal las canciones de Brecht, pero la actriz Cipe puede más que la cantante Lincovsky. Vestida con una sobria túnica negra, deambula por el escenario vacío, se arrodilla, se sienta en el suelo, anda descalza y consigue que cualquier cosa hecha por ella bajo la luz de los focos se convierta en trascendente, eso es estirpe de primera actriz y por mucho conocimiento que se posea de la técnica de Brecht, demostrado en múltiples montajes escénicos, siempre aflora la singularidad de lo que está aconteciendo en escena en ese justo momento: eso es gran teatro.
Cipe Lincovsky además de actriz es mujer y por tanto ciudadana con opiniones sociales y políticas. Hay una empatía natural entre el discurso político y humano de Brecht y el de esta gran diva de la escena. Tanto, que Cipe Lincovsky, en el momento más climático y desatado de su interpretación -y entre una humareda de humo rojo- añade un verso propio al desgarrado poema de Brecht: "... Este Pinochet de mierda" que produce en el público el efecto de un cañonazo lanzado contra el centro de las conciencias, y que se transforma en un rotundo aplauso del patio de butacas. Esta fuerza tan sólo la tiene el teatro. Tras los aplausos, los bravos y los ramos de rosas rojas, Cipe hizo tres bises de poemas e interpretó una nueva canción, todos de Brecht. Se notaba que ella y el público seguían con hambre de escenario tras el final de la entusiasta representación de la diva argentina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario