martes, 29 de junio de 2010

RETRATOS DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA


"¡Se quieren!”. De Muriel Robin y Pierre Palmade. Versión: Miguel del Arco. Director: Esteve Ferrer. Reparto: Amparo Larrañaga. Enrique San Francisco. Escenografía. Antonio Belart. Vestuario: Patricia Hitos. Iluminación: M. A. Camacho. Madrid. Teatro Marquina.

En una época en la que la violencia doméstica llena los titulares de la prensa, las tertulias, y los telediarios, una obra teatral como “Se quieren”, viene a poner el dedo en la llaga de una forma irreverente en las raíces de este mal cotidiano, aumentado con la lupa humorística de la comedia. Repasar todas las desavenencias de la pareja en un combinado de variaciones sobre el mismo tema, parece ser el motivo principal de esta obra escrita por Muriel Robin y Pierre Palmade, con el objetivo de resaltar que en el fondo todas las discusiones matrimoniales son otra forma de quererse. Visto así el asunto, puede comprenderse lo delicado del territorio por el que se deslizan todas estas escenas autónomas y cortas que forman la representación. El público -básicamente de parejas- asiste dispuesto a reírse con todas las ocurrencias que se representan en el escenario, como si fueran a reconocerse en cada uno de los conflictos (el coche, la casa, las cenas con amigos, las suegras, las vacaciones, el sexo...), o a coleccionar argumentos en la lucha de los sexos.
La obra comienza en las puertas de una iglesia, donde la novia discute con el novio porque no quiere casarse. Lo que podría ser un excelente punto de partida para el repaso de la historia frustrada de unos personajes, pronto se interrumpe, para dar paso a la historia de otra pareja diferente. Los nombres escritos sobre una pantalla van sucediéndose entre las escenas, advirtiendo al público que se trata de parejas diferentes. Esta elección hace que la acumulación del conflicto y la progresión dramática se debiliten. A lo largo de la representación se está comenzando repetidamente.
Amparo Larrañaga interpreta a las esposas con un único registro encantador y cargante, que podría justificar por sí solo cualquier terapéutica respuesta agresiva del compañero varón, ante tanta carga reinsistente. Quique San Francisco da vida a los caballeros de la obra con esa especie de socarronería simpática que le caracteriza, aunque a veces tenga problemas de proyección de voz, como para que sus réplicas puedan escucharse en todo el teatro. La representación dirigida por Esteve Ferrer es dinámica y cuenta con el apoyo irónico de la escenografía de Antonio Belart, que sitúa a los personajes al borde del tebeo patético y cotidiano. El cóctel reunido en el espectáculo, parece satisfacer las expectativas de un público que ha acudido a verse reflejado en el escenario, con unas ganas enormes de reírse de sí mismos. Ojalá que todo acabara siempre en risas y gestos de cariño.

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