sábado, 17 de julio de 2010

ACUARELA DE MONSTRUOS


"El pelícano". De August Strindberg. Dirección, escenografía y vestuario: Ángel Gutiérrez. Reparto: Ludmila Ukolova. Óscar Codesido. Celia Pérez. Germán Estebas. Beatriz Guzmán. Rafael y Patricia Díaz Labín. David Pérez. Madrid. Teatro de Cámara. 9-12-2001.

August Strindberg (Estocolmo. 1849-1912 ) fue un visionario, un adelantado para su tiempo. La Suecia del final del S. XIX que le tocó vivir, no hacía más que escandalizarse con las desaforadas turbulencias de este joven periodista y dramaturgo, osado, brillante y genial. A los 26 años sedujo a la esposa de un militar sueco muy aficionado al teatro, y además obtuvieron el consentimiento del esposo para marcharse juntos. Las vidas de Strindberg y de Siri von Essen quedaron tormentosamente unidas por el matrimonio en 1877 para la gloria y para la tormenta, para el teatro y para la pobreza.
Strindberg escribía teatro y lo representaba, como forma de vida, para comer, alternar hoteles lujosos y pensiones baratas. Por eso sus obras son tan numerosas. Casi todas fueron escritas para ser representadas por una actriz de tantísimo carácter como Siri von Essen, lo que implica la existencia en todas ellas de un personaje femenino central. Así sucede en "El pelícano" una obra de su teatro de cámara escrita en plena madurez (1908), donde unos hijos hacen juicio a su tiránica y veleidosa madre, tras la muerte del padre.
Ángel Gutiérrez conoce muy bien los intrincados mecanismos del teatro naturalista, y cómo el reflejo exacerbado de la calle y la vida corriente en un escenario, exige un preciso lenguaje interpretativo, sofisticado y complejo, para poder transformar en arte la cotidianeidad.
El director se ha valido de la poderosa presencia escénica de Ludmila Ukolova, para crear una misteriosa atmósfera de delicados matices, a la hora de mostrar a unos personajes tan monstruosos, mezquinos y truculentos. Es como si se hubiera atrevido a pintar una galería de monstruos en técnica de suave acuarela. Los silencios y los susurros en torno a los que dirige los diálogos son profundamente teatrales, refuerzan tanto la potencia dramática del texto, como subrayan los más mínimos gestos de los intérpretes.
La compañía del Teatro de Cámara, felizmente encandilada por la intensa y exótica interpretación de la Ukolova, dando vida a la madre juzgada, demuestra una vez más su entendimiento del teatro como un hecho profundamente artístico, del que los espectadores más exigentes pueden volver a disfrutar, con este montaje de "El pelícano" del imprescindible dramaturgo August Strindberg.

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