viernes, 16 de julio de 2010

EL ALFARERO DEL SILENCIO


"Lo mejor de Marcel Marceau”. Compañía de Marcel Marceau. Reparto: Marcel Marceau. Gyongyi Biro. Alexander Neander. Luces: Jacques Deliot. Sonido: Eric Fourez. Madrid. Teatro Nuevo Apolo. Estreno: 7-5-2002.

Marcel Marceau es una leyenda viva del teatro. Resulta casi milagroso poder seguir disfrutando de la perfección de su arte en un nuevo milenio, cuando Lecoq, Décroux o Barrault fallecieron ya en otro siglo. Ver actuar a Marceau no sólo es un acontecimiento por el talento que derrama el virtuoso mimo francés por todos los rincones del teatro, sino porque Marceau encarna en sí mismo a la más brillante generación de artistas teatrales de la historia francesa. Copeau, Dullin, Jouvet, o hasta el mimo Gaspard Deburau (el inventor del personaje de Pierrot en el París de 1870), siguen respirando vivos, a través del frágil y menudo cuerpo de Marcel Marceau.
El arte teatral del silencio nació en Roma por accidente, aunque el mimo es uno de los oficios dramáticos más ancestrales, tal vez la primera forma de actor que existió, imitando a la perfección con su cuerpo y con su voz todos los episodios y sonidos de la vida y la naturaleza. El mimo parte siempre de la realidad, y eleva el vuelo hasta dimensiones poéticas, oníricas o imaginarias, por su estricta convencionalidad. Es un arte por descifrar, y necesita más que ninguna otra forma teatral la participación activa y cómplice del público, para ver desfilar todos los colores de la vida dentro de una caja negra, que sólo contiene un extraño y misterioso habitante: el mimo.
Marceau ha logrado ser tan famoso como Charlot, sin abandonar las tablas para alcanzar su inmensa popularidad. La perfección técnica de Marceau es la que le permite desarrollar la magia y emoción que impregnan su arte interpretativo.
La ternura, el humor, y el virtuosismo son los protagonistas de esta serie de “Pantomimas de estilo”, y “Pantomimas de Bip”, reunidas en el espectáculo que se representa en Madrid.
La compañía de Marceau es también ejemplar en el sentido de perfección teatral que llega hasta el rigor artístico de la producción. El vestuario, la iluminación, y los dos excelentes mimos, Gyöngyi Biro y Alexander Neander, que presentan con banderolas y rótulos (como en el cine mudo) el título de las pantomimas, son dos grandes artistas que concentran en sus breves intervenciones, la deslumbrante y misteriosa belleza de la teatralidad.
Una mayoría de público juvenil presenció el estreno en estado de ensimismamiento, con un grado de concentración superior al de cualquier otro tipo de espectáculo. Ver en vivo el arte de Marceau es un acontecimiento histórico para el público madrileño. Su teatro es un clásico vitalmente preservado, que está por encima de las modas y tendencias.
La poesía, la ternura, la ironía, y una pizca de acidez crítica hicieron reír, emocionarse, o tragar saliva al numeroso público que abarrotaba el coliseo, y que estalló finalmente en una larga salva de aplausos, con los que arropó el arte de sílfide blanco del mimo por excelencia: Marcel Marceau.

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