sábado, 17 de julio de 2010

EL HOMBRE DE LOS DIEZ MIL CORAZONES


"Dom Juan. O el festín de piedra". De J. B. P. Molière. Dirección: Jean Pierre Miquel. Reparto: Joaquín Notario. Francisco Rojas Cristóbal Suárez. Natalia Menéndez. Pepa Pedroche. José Luis Massó. Marta Belenguer. Jesús Prieto. Arturo Querejeta. Ángel Gª Suárez. Enric Majó... Escenografía: Pancho Quilici. Vestuario: Javier Artiñano. Iluminación: J. P. Miquel/Carlos Torrijos. Madrid. CNTC. Teatro de la Comedia. 1-10-2001.

Molière (1622-1673) fue un dramaturgo que se atrevía a decir las verdades al público. La libertad con que ejercía la comedia le convertía en portavoz de lo que todos pensaban y sabían, pero nadie se atrevía a pronunciar en voz alta. Molière pagó con su corta vida y sus numerosos problemas y escándalos tamaña osadía. Aunque eso sí, su talento le granjeó la misma protección real, lo cual, en tiempos del absolutismo de Luis XIV, era poco menos que decir que contaba con prebendas ilimitadas. Pocos autores han estado tan unidos a los cómicos como Molière, siendo uno más de ellos, hasta el mismo instante de su muerte, acontecida en escena.
A pesar de su empecinamiento en triunfar en el género trágico, encontró en la comedia, una forma de "educar y criticar deleitando", tan eficaz que ya nunca habría de abandonarle. Al igual que Shakespeare, no dudaba en tomar temas o argumentos de la comedia clásica, italiana o incluso española para sus obras. De esta forma, llega hasta él el mito de Don Juan Tenorio, escrito por primera vez por Tirso de Molina. Molière lo hace suyo de tal forma, que logra una pieza extraña y misteriosa, de incalculable belleza. No es "Dom Juan" una comedia, hasta los criados filosofan, y en cierto modo rinde honor a su personal deuda trágica, aprovechando para volver a decir en voz alta la verdad y la duda de los hombres, acerca de un asunto tan maniqueo, como el del bien y el mal, el amor y la muerte, la mentira y la verdad.
Jean Pierre Miquel ha realizado una puesta en escena memorable para los anales del Teatro de la Comedia, y ofrece un ejemplo viviente del rumbo que debe guiar cualquier espectáculo ofrecido desde un teatro público, en pos de la preservación y el redescubrimiento de las maravillas que siguen encerrando en su interior, la obra de los clásicos. Con trabajos como éstos se hace una ofrenda digna a la memoria de un pueblo, que es otra de las sagradas misiones del teatro. El público se siente tratado como un rey, en este verdadero espectáculo.
El director ha dotado a la puesta en escena de una magia turbadora, como un sueño extraño, dulce y telúrico, gracias a una inspirada iluminación y a unos decorados originales, así como a un vestuario tan aristocrático, como vampiresco. Los terrenos por los que deviene el "Dom Juan" molieresco son de filosofía, de amor, y contra la hipocresía social. Están escritos con juvenil arrogancia e ironía, y a la vez con la pesadumbre de un hombre maduro. La obra comienza haciendo una apología del tabaco (provocadora hasta en estos tiempos), y concluye expresando la pena del criado ante la muerte de Don Juan, exclamando, "¡Mi paga!".
Miquel ofrece una interesante doble lectura al público español de un clásico patrio como el Tenorio. Crea con el actor Cristóbal Montoro un Don Juan andrógino y narciso, de inquietante personalidad y presencia; como un cisne perdido en la noche. Aunque el actor adolece de suficiente prosodia, se presta bien al juego del director; todo gira en torno a él. El auténtico protagonista de la obra es Sganarelle, el criado filósofo, interpretado con fuerza por Joaquín Notario. Natalia Menéndez interpreta con elegancia a la despechada Doña Elvira, abandonada por su esposo, Don Juan Tenorio. Todo el reparto es cómplice de un misterioso y artístico silencio que envuelve a esta hermosa representación. El público aplaudió intensamente el brillante trabajo de toda la compañía. En los tiempos que corren, el espectáculo deviene un regalo, un obsequio para los buenos amantes del teatro.

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