lunes, 5 de julio de 2010

FACTORÍA DE BELLEZA


“Qwidam”. Circo del Sol. Dirección: Franco Dragone y Gilles Ste-Croix. Dirección artística: Serge Roy. Música: Benoit Jutrás. Paseo de los Melancólicos. (Junto al Estadio Vicente Calderón). Madrid. 3-11-1999.

El famoso Circo del Sol ha regresado a Madrid con su nuevo espectáculo "Quidam", tras el apoteósico éxito alcanzado con "Alegría" su anterior montaje. Junto al río Manzanares han instalado su futurista carpa blanca, que por dentro es como el costillar alargado de una ballena, con un cielo de lona oscura tachonado por nubes blancas. El recinto vacío, antes de que se abarrote de público, es de una gran belleza. Un arco de andamios metálicos lo recorre por el centro, como si fuera la panza convexa de la torre Eiffel parisina.
"Quidam" (un término latino que se refiere al paseante anónimo) es la nueva entrega de esta formación canadiense, que como los mejores circos de toda la vida, presenta artistas genuinos de diferentes países: más de cincuenta se reúnen en la pista oblonga de este circo sin fieras, con un único objetivo: domesticar la belleza, y ofrecérsela al público a manos llenas.
El Circo del Sol ha inventado una tipología edulcorada del género que podríamos denominar "circo-ballet", algo muy propio de una tradición cultural francófona que ha demostrado un interés profundo y obsesivo por la danza, hasta bautizarla en todos sus pasos; además, Francia fue la inventora de las comedia ballets, y hasta de las tragedias-danza; eran los tiempos de Luis XIV, la pasión les viene de antiguo.
¿Es buena esta combinación estética de circo y danza? Parece que al público madrileño, (y a los millones que lo han visto en su gira americana) la estiman una combinación estupenda; las ovaciones no se interrumpieron anoche, en el estreno oficial, casi desde antes de que los artistas aparecieran en la escena; al final de la representación insistían -hasta con pateos en las gradas- para que los artistas regresaran a escena a recibir la tormenta de aplausos ininterrumpida. Todo un éxito que continuará durante las representaciones venideras. El Circo del Sol está tan promocionado, que su inversión no corre el más mínimo riesgo de verse defraudada. En este espectáculo hay implicados tantos “sponsors” como en una liga de fútbol.
"Quidam" demuestra una obsesión por alcanzar la belleza, a veces, peligrosa. Parece como un gran buffet de asombros bellos, en el que late un sentimiento desesperado de hambre por gustar, y refrendar el éxito. La música -una de las principales bazas de "Alegría", es aquí meramente atmosférica, crea los clímax necesarios -como la preciosista iluminación- para que los números alcancen el mayor impacto deseable. Quizás lo más interesante sean sus artistas acrobáticos, que asumen el viejo lema del circo del "más difícil todavía" poniendo al público en un estado de angustia y excitación por la integridad física de los ejecutantes. Los payasos que aparecen en "Quidam" -con demasiada frecuencia- son una mera huella plástica de ese mundo agridulce y profundamente picaresco que representa la payasería histórica del circo.
El "teleférico múltiple" que recorre por encima el escenario es la mayor aportación de este montaje a la renovación del lenguaje circense. Sus posibilidades técnicas son explotadas con espectacularidad; y sobre todo como fabricante de hermosas imágenes. Yo creo que ignoran que el número de belleza más insobornable que realizan en la pista, es el más sencillo de todos, el de un actor y una actriz casi desnudos, maquillados de estatua, realizando un ejercicio de una contención portentosa admirable, que sube hasta su más alto registro la temperatura dramática del espectáculo.
En cualquier caso, quien tenga ansiedad de belleza, no saldrá insatisfecho de este espectáculo, la obtendrá a raudales; para algunos, hasta empacharse.

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