martes, 6 de julio de 2010

LA PESTE DE LOS SÍMBOLOS


"La fuerza de la costumbre". De Thomas Bernhard. Dirección: Juan Úbeda. Reparto: Elisa Gálvez. Pedro Rebollo. Miren Vidart. Giovanni Bosso. Juan Úbeda. Traducción: Miguel Sáenz. Asesoramiento musical: José Lomas. Iluminación: Pedro Fresneda y Juanjo García. Madrid. Sala El canto de la cabra. 7-7-2001.

El circo y la música son dos de los hermanos más próximos al mundo de la escena dramática. No hay teatro que no raye con estas dos hermosas artes escénicas de la emoción y el entretenimiento. El teatro añade a estas cualidades la virtud del pensamiento. La incorporación de la palabra a su lenguaje visual, convierte al teatro en el arte de la reflexion, el juicio y el debate moral. El autor austriaco Thomas Bernhard (se le conoce sobre todo como narrador, pensador y poeta) convoca en su obra teatral "La fuerza de la costumbre" este mundo de las ideas, sobre el telón de fondo del mundo circense, y apoyado en la acción de un ensayo de un quinteto musical de Schubert.Los ingredientes son extremadamente prometedores. Si a esto se suma el sugerente espacio en que se representa su obra en Madrid, (el "teatrino di verdura" al aire libre de la exquisita sala teatral El canto de la cabra,) las expectativas del público pueden ser muy estimulantes.
Bernhardt tiene un concepto del teatro poco aristotélico. La acción no prima sobre la reflexión, ni el conflicto toma carta de naturaleza en su obra. Todo se dice. Las frases, las advertencias, los jucios, las repeticiones poéticas priman más que el drama. Esta fórmula rítmica, simétrica y -a veces- gratuita del lenguaje, no termina de ajustarse con las necesidades vivas y temporales del escenario, ni con el de la configuración del carácter de los personajes. Tienen discursos autónomos; no interaccionan entre sí, lo que hace que el argumento, o la peripecia (habitual columna vertebral de la pieza dramática) no exista, lo que desorienta la comunicación con el público.
El discurso político de la obra resulta certero y "correctamente" crítico. El autor se ha encargado de poner sus opiniones en bocas de los personajes. No es el público el jurado que dictamina la sentencia. Todos están sentenciados por el autor mayestático, original y comprometido. Lo que la obra gana en profundidad de tesis, lo pierde el público en interés por la ausencia de dramaticidad.
El director ha dotado a la representación de potentes imágenes poéticas, ante un fonde de balas de paja, desfilan violonchelos, contrabajos y violines, que se exhiben bajo la cúpula vegetal del teatro, a los pies de un olivo. Un viejo piano cubierto de rábanos, es mucho más que un pestoso símbolo. Elisa Gálvez afronta un difícil reto interpretando a Caribaldi, el viejo director tirano del circo. Juan Úbeda da vida a un domador de leones, y -por obligación- pianista. Rebollo compone a un extravagante malabarista seductor y charlatán. Y Miren Vidart y Giovanni Bosso interpretan a la bailarina y al payaso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario