viernes, 16 de julio de 2010

UNA GENERACIÓN DESORIENTADA


"Ulises. (Mardito Lavapié)”". De Alfonso Pindado. Dirección: Raül Pere. Reparto: José Luis checa. Maite Marín. Juan Alberto Rodríguez. Begoña Quirós. Escenografía: José Vicente Alepuz. Iluminación y sonido: Amaya Mínguez. Madrid. Sala Triángulo. 19-3-2002.

Algunos afirman alegremente que Lavapiés se ha convertido -con su mezcla étnica y cultural- en el Manhattan madrileño. Este barrio (con referencias históricas tabernarias, prostibulares, y de barbería castiza azarzuelada,) es en la actualidad algo más que una Kasbah madrileña. En ella sitúa Alfonso Pindado la odisea extravagante de un hombre maduro en paro, al que le sucede de todo, en una sola noche dramática e iniciática.
Más que a la obra de Homero, este Ulises –por madrileñismo puro- está más emparentado con las luces de bohemia de un ciego que se llamó Max Estrella, y que por compañero Sancho Panza, llevaba a un escudero llamado don Latino. La alevosía de la nocturnidad acentúan los peligros de la vida, como los que amenazan a todas estas víctimas de la gran noche simbólica del presente, selva plagada de extraños peligros insospechados.
Aunque, más que por el casticismo, este Ulises de Lavapiés se decanta por la reflexión–manifiesto de toda una generación desorientada, entre lo que fue su lucha por los valores democráticos (al final de la Dictadura y durante la Transición,) y el menguado balance moral que realizan sus protagonistas, veinte años más tarde.
Esta idea se construye en torno a un personaje popular de hombre maduro sin trabajo, que está deseando salir de su casa bajo cualquier excusa, para alejarse de los manejos y las broncas de su esposa. El carácter de documento que tiene la obra, lo emparenta con los sainetes de Arniches, (tan vecinos y familiares al teatro donde se representa este nuevo Ulises), por el tono ligero y farsesco que impregna la peripecia del personaje. Taberneros insolentes, marroquíes en pleno trapicheo, chinos malvados al fondo de las conspiraciones…, retratan un Madrid que está en la calle, ahora mismo. Pero los soliloquios del protagonista en pleno trance, transformando la amargura en lucidez, y en un futuro de lucha y esperanza, hacen remontar el vuelo de este apreciable texto dramático.
La hermosa y potente escenografía de José Vicente Alepuz le da un sólido empaque al espectáculo. Raül Pere lo dirige con mimo y acierto en una estilizada clave dinámica y farsesca, llena de guiños y eficaces trucos teatrales. La variada banda sonora es caótica, pero estimula las transiciones entre las escenas.
José Luis Checa (todo el tiempo en escena), logra que su esperpéntica interpretación de Ulises, mantenga sus dosis de verdad y humanidad durante toda la farsa. El resto del elenco se entrega con firmeza a un plausible esfuerzo coral, que el numeroso público que abarrotaba la sala premió con sus largos, cálidos, y sinceros aplausos.

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