lunes, 21 de junio de 2010

LOS PELIGROS DEL DIVORCIO


“Esmoquin-2. Un año después”. De Santiago Moncada. Dirección: Arturo Fernández. Reparto-: Arturo Fernández. Amparo Climent. Fabio León. Paula Martel. Escenografía: Eduardo de Llano. Madrid. Teatro Reina Victoria.

Actuar a teatro lleno es uno de los mayores estímulos que pueden sentir los intérpretes. El lenguaje directo del teatro implica que la temperatura del patio de butacas condiciona directamente el trabajo actoral. Este fenómeno se percibe con más fuerza en la comedia, donde las risas del público van configurando el ritmo de la representación.
Arturo Fernández es un privilegiado en este sentido. El público le quiere y acude a verlo actuar como si se tratara de un regalo, de un privilegio. El eterno galán asturiano es generoso con su público. Pocos actores se implican tanto en la tarea de divertir al público, como él sabe y quiere hacerlo. Sus diálogos se le quedan cortos e improvisa y alarga las situaciones en función de que el respetable alcance su éxtasis de risa, y el orgasmo del aplauso, premiando tan brillante faena interpretativa.
“Esmoquin-2” es la continuación de las peripecias sentimentales de las dos parejas de amigos que conocimos en la primera parte: el arquitecto de éxito y su bella y joven esposa, y el amigo abogado y su quisquillosa y cascarrabias cómplice matrimonial. Ha pasado un año tras el doble divorcio con que concluía la primera entrega de “Esmoquin”, y los personajes han cambiado, pero no tanto. El autor parece haber impuesto la penitencia necesaria al impertérrito Don Juan que interpreta Arturo Fernández, quien ha decidido convivir con su amigo abogado, ya que las esposas los abandonaron al unísono.
Desde esta situación de pareja de hecho, sin mujeres a la vista, el autor y el director dan un repaso a todos los tics que conlleva la vida para un divorciado actual, sus dificultades para la supervivencia doméstica, y sus limitaciones para incorporarse al mundo del “ligue moderno”, frente al que el protagonista confiesa sentirse plenamente desfasado.
La relación de amistad de los dos hombres invade toda la primera parte, permitiendo sus confesiones íntimas sobre la pérdida de la juventud, a la par que buscan eficientes antídotos contra la misma. La visita de las antiguas esposas en la segunda parte de la obra, argumenta la tesis de que más vale estar mal acompañado que solitario. Tampoco ellas han sido felices en ese tiempo. Lo que propicia una esperada reconciliación final.
La comedia de Moncada y Fernández produce una gran satisfacción en el público, que aplaude repetidamente a los intérpretes, y en particular al galán de galanes más laborioso y veterano de la escena española. No se puede negar que el Señor Fernández se lo haya ganado con su rica trayectoria, y con su ejemplar entrega al público, que realiza en cada una de sus intervenciones escénicas.

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