miércoles, 23 de junio de 2010

REVOLCONES DE RISA


"La petición de mano”. Basada en la obra de A. P. Chejov. Dirección: Roberto Cairo. Reparto: Ania Iglesias. Francisco Ferrer. Roberto Cairo. Madrid. Teatro Mayor. 25-6-2003.

En otras circunstancias, podría molestar profundamente que se representara de una forma tan gamberra, una obra del gran dramaturgo y narrador ruso Antón P. Chejov, una de las cumbres más altas de la historia de la literatura dramática. Pero, sin embargo, el teatro da enormes sorpresas por su naturaleza convulsa, y a veces la razón no es el único motor para calibrar un espectáculo tan osado como “La petición de mano”, que presentan tres jóvenes cómicos de raza, en el Teatro Mayor, felizmente recuperado por Mariano Torralba y María Luisa Payán, entre otros.
Roberto Cairo, Ania Iglesias y Francisco Ferrer, demuestran unas ganas enormes de hacer un montaje irreverente, cabaretero, sexy, y estimulante. Una especie de cabaret injertado con el truculento grand-guignol, donde la sangre, la violencia, el sexo, la blasfemia, el crimen, se erigen con la frescura y potencia de la más pura trasgresión dramática. No hay ahora mismo en la cartelera otro montaje tan original y catártico como este desmesurado y expresivo “cómic” canalla.
De Chejov, apenas queda más que el esquema de la situación dramática. Pero que no se les conmuevan los cimientos a los fundamentalistas del drama, Chejov escribió “La petición de mano”, subtitulándola como “Humorada”, y el montaje sicodélico-sicalíptico que se presenta -valientemente- en el Teatro Mayor (bravo a sus programadores), es humorístico en todos los sentidos. El público menos convencido y reacio, termina desatando sus carcajadas en medio de la catarsis colectiva.
Roberto Cairo, tras haber alcanzado popularidad televisiva, regresa a las tablas, de donde procede. Es un mérito a tener en cuenta. Además se encarga de la dirección del espectáculo. Su trabajo tiene un nervio y un humor irresistible, propios de quien conoce bien los entresijos del teatro. Francisco Ferrer realiza un trabajo elaboradísimo de interpretación y gestualidad, dando vida al padre de la novia, y a un travesti maldito. Tiene una presencia escénica de “Cabriconde”, algo que le da una rara y valiosa personalidad escénica.
Y por último, destacar las cualidades cómicas y dramáticas de Ania Iglesias. Debería desaparecer cierta sorna intrínseca del público, al enterarse de que la “gran hermana” actúa en un teatro, porque Ania ha sido antes de famosa, actriz, y de las buenas. Ahora que tiene oportunidad, no deja de demostrarlo en escena, cuando podía dar por concluida su fama, en las tertulias rosas o en las portadas de Interviú. Las tablas son su medio natural, la prueba es que está más guapa y más “buena” en un teatro, que en las pantallitas de casa. Ania Iglesias es lo más parecido a Eva Harrington (la protagonista de “Eva al desnudo”) que tenemos en el teatro español, y eso en términos teatrales es un grado, o debería comenzar a serlo.
“La petición de mano” más que un cabaret golfo y noctámbulo, es una experiencia canalla del teatro. Está dirigido a ese público que aún no ha descubierto el poder espeluznante de la carcajada. Un aficionado verdadero tampoco se sentirá decepcionado, si va dispuesto a que le den un revolcón de risa, tres estupendos cómicos, usando a Chejov como lejano pretexto.

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