sábado, 26 de junio de 2010

CRIATURAS SIN ESPERANZA


"Tio Vania”. De A. P. Chejov. Dirección y vestuario: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D’Odorico. Versión: Andrés Trapiello. Reparto: Fermí Reixach. Berta Riaza. Fidel Almansa. Mélida Molina. Nuria Gallardo. Francisco Casares. Ana Mª Ventura. Abel Vitón. Iluminación: Juan G. Cornejo. Madrid. Teatro Albéniz. 10-1-2003.

Chejov era médico y escritor. Publicó numerosísimos cuentos para pagarse sus estudios. El trabajo de dramaturgo vino más tarde; la muerte le seguiría celosa, llevándose consigo a Chejov a los 44 años. En su escueta producción dramática dejó unas pocas obras dramáticas que son grandes catedrales de silencio. Chejov estaba fascinado por la modernidad y la cientificidad del movimiento naturalista nacido en Francia de la mano de Zola. Observando tan a fondo la realidad de su tierra rusa, consiguió un milagro indefinible: plasmar en sus dramas toda la enigmática tristeza del alma rusa.
“Tio Vania” se ocupa de esos hacendados que viven en el campo en grandes mansiones agrícolas, y que no por ello están obligados a ser incultos, sino más bien todo lo contrario. Cada aristócrata ruso chejoviano siente que lleva dentro de sí un poeta o un filósofo. Chejov, que era hijo de criados, sentía más lástima que odio por estos decadentes señores potentados. En la Rusia cercana ya a la revolución, el termómetro moral de Chejov detectaba signos inevitables de inminente podredumbre, muerte y decadencia, pero sin expresarlo con grandes aspavientos. Todo en su obra es sereno, culto y elegante. Los personajes dicen más de si mismos por lo que callan que por lo que hablan.
Por eso resulta siempre apasionante asistir a la representación de alguna de sus obras. Una representación teatral de Chejov bien templada ofrece la posibilidad de ver al Tiempo encarnado en escena.
El montaje de “Tio Vania” que dirige Miguel Narros tiene un temple pasional más latino que eslavo. La alta temperatura emocional de los personajes de esta representación da la sensación de que transcurre en Sicilia más que en Rusia. Las obras de Chejov rezuman vida y humor, junto al más profundo escepticismo de los personajes incapaces de cuestionar su turbio e infeliz destino. Estos seres están oprimidos por su tiempo, no son libres, no se aman, no tienen esperanzas de que su vida ni su mundo cambie para mejor. Pero, existe una sutilidad de matices en el teatro de Chejov que no afloran en esta representación, a veces melodramática, a veces guiñolesca. Fermí Reixach interpreta a un Tio Vania apolichinelado, con movimientos agrandados y un histrionismo excesivo para el teatro sicologista ruso. Nuria Gallardo da vida y carácter a Sonia con un temple ibérico, poderoso y desaforado. Fidel Almansa interpreta sólo la parte más superficial y banal del doctor Astrov, auténtico protagonista de la pieza, del que se enamoran perdidamente todas las damas. Mélida Molina consigue hacer creíble su papel de la fascinante Helena, con grandes recursos interpretativos. Berta Riaza y Ana Mª Ventura están deliciosas en sus roles de viejecitas de la casa.
Las voces por micrófono y una escenografía tan elegante como confusa y arbitraria, hacen que no termine de cuajar este espectáculo que podría transitar por otros misteriosos y posibles recovecos del alma humana.

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