Mostrando entradas con la etiqueta Sala Triángulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sala Triángulo. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de julio de 2010

CINCO GRITOS CONTRA EL DOLOR


"Yo estaba en casa y esperaba que viniera la lluvia". De Jean-Luc Lagarce. Dirección: Ernesto Caballero. Traducción: Joan Casas. Iluminación: M. A. Camacho. Actrices: Natalia Hernández. Nerea Moreno. Elvira Cuadrupani. Maribel Vitar. Belén Guerra. Teatro del Cruce. Madrid. XII Festival La Alternativa. Sala Triángulo. 2-2-2001.

Una de las mayores satisfacciones que pueden sentirse últimamente en los teatros madrileños, es la de encontrar las salas a rebosar de público juvenil. Ellos garantizan lo más importante: el futuro del teatro español. Afortunadamente, el teatro ha pasado a ser un arte necesario para una nueva generación, que encuentra en él un vehículo para reunirse, para expresarse, comunicarse, y reafirmarse en torno a un ideal colectivo.
Para comprobarlo, no hay más que ver este nuevo montaje de Teatro del Cruce. Cinco jóvenes actrices de rabiosa calidad, derraman su arte con generosa sinceridad.
El término "compromiso" va siendo de uso obligado en los delicados tiempos que vivimos en los albores del nuevo siglo. Las integrantes de Teatro del Cruce y su director Ernesto Caballero, entienden el teatro como un lugar ético y artístico, desde el que poder explorar, con las artes del drama y la desnuda poesía de la palabra escrita, las parcelas más oscuras de la naturaleza humana.
Cinco mujeres en una enorme cocina de grandes losetas cerámicas, reunidas en torno a una mesa con copitas, invocan al hermano muerto, y al hijo perdido. Es el dolor de la vida de cada una de ellas la que se desgrana en torno a la memoria del finiquitado. Un petate caqui tirado en el suelo, una pelota de sucios colores, y unos rollos de calcetines de hombre, ruedan por el escenario creando un ámbito misterioso, mágico y poético. La intensidad de las actrices, y la densidad de la situación dramática, detienen por momentos la respiración de un auditorio sobrecogido. Ernesto Caballero vuelve a demostrar sus artes como director de escena, en este brillante montaje, comprometido contra el dolor. La elegancia de movimientos, gestos y actitudes de sus actrices, conforman una atmósfera dramática de una intensa emotividad. Natalia Hernández, Maribel Vitar, Belén Guerra, Nerea Moreno y Elvira Cuadrupani, demuestran ser unas auténticas fieras de teatro, dispuestas a llegar hasta el borde, con una precisión técnica poco usual, que hechiza la atención del público y garantiza el florecimiento de la emoción dramática.
Al final de la representación, se leyó un comunicado de la Sala Triángulo denunciando la injerencia de la Comunidad de Madrid en un Festival consolidado como La Alternativa, que este año alcanza su doceava Edición.

CUANDO LOS OBJETOS TOMAN LA PALABRA


"Friks". De Raúl Përe y Alfonso Pindado. Director. Alfonso Pindado. Reparto: Sara Bernardo, Jonhatan Fernández, Raúl Fraire, Violeta Frión, Felix Moreno y María José Utrera. Escenografía: José Vicente. Madrid. La Alternativa. Sala Triángulo. 1-3-2001.

La XII edición del Festival de teatro "La alternativa" llega a su fin con los estrenos de "Friks" por AKTT (Madrid); "Testamento de un afilador" por la "Compagnie Sourou" (Francia-Bolivia); y "¡Ay! Días Chiqui" por Teatro Permanente (Cali-Barcelona) en las Sala Triángulo y la Sala Espada de madera, demostrando una eficiente capacidad organizativa y una vocación internacional siempre dentro de los límites de "lo alternativo".
En estas doce ediciones de La Alternativa se ha podido ver una interesante programación teatral de compañías foráneas, que de otra manera no habrían podido aquí conocerse, al encontrarse fuera de los grandes circuitos de festivales de teatro internacionales. Alfonso Pindado ha tenido el mérito de ser el que se inventara esta fórmula para Madrid, y sobre todo el de mantenerla durante doce años. El fenómeno "Alternativo" es el equivalente al "Fringe" del Festival de Edimburgo, o al "Off -Broadway" de Nueva York, circuitos tan menores como posibles, para que se alcen públicamente las nuevas voces, y las nuevas formas teatrales. Auténticas madrigueras del más puro teatro, donde se crían los lobeznos que rugirán el teatro del futuro.
"Friks" es una obra que firman como autores Raul Përe y Alfonso Pindado, y del que éste último asume la dirección de escena. Este nuevo espectáculo se define a sí mismo como una incursión en el Teatro Objetual, de gran tradición y relevancia en los conocidos antaño como "países del Este", y especialmente en Polonia, a través de la mítica compañía Cricot-2 del desaparecido Tadeusz Kantor. "Friks" bebe directamente de esta fuente estética, la hace suya y se la echa a la espalda para realizar un espectáculo semi-abstracto, donde se dan algunas leves pinceladas argumentales y temáticas, dentro de un interesante artefacto escenográfico -de José Vicente- que articula toda la representación. En este teatro donde los objetos hablan, puede ser más importante una mochila realizada con cajas de frutas, que todo un párrafo que sitúa las intenciones de la obra. El texto es sólo una pieza más de ese mecanismo final, que sólo se alcanza con la representación. El montaje de "Friks" tiene el mérito de conseguir algunas imágenes valiosas, como una joven desnuda dentro de una urna de cristal; o una danza submarina de actores-peces, al compás de unas músicas calientes, tanto eslavas como de Cabo Verde. Sin embargo, el discurso de la obra no termina de cuajar; que, el diablo, o "la carne" se paseen por una isla misteriosa, entre un grupo de indigentes centroeuropeos, e inmigrantes africanos de patera de Caronte, no termina conduciendo a ninguna conclusión crítica o contundente. Se echa en falta una mayor claridad escénica, que articule las razones e intenciones del montaje; y demostrar por qué esta interesante vía del Teatro Objetual es el camino más adecuado para su propuesta. De lo contrario esta experiencia escénica puede resultar demasiado impostada y mimética.

sábado, 17 de julio de 2010

CIRUGÍA CONTRA LA SOLEDAD


"Un busto al cuerpo". Autor y Director: Ernesto Caballero. Reparto: Rosa Savoini. Amparo Vega. Raquel Cordero. Producción: Susana Hernández. Escenografía: Garaialde y Sánchez Asociados. Vestuario: Teatro del Cruce. Iluminación: M.A. Camacho. Madrid. Sala Triangulo. 14-10-2001.

La tiranía del cuerpo perfecto es una de las imposiciones sociales que más íntimamente nos afectan. Ya no se trata solo de avergonzarse de no ser y pensar como los otros, sino además, de no tener un cuerpo afinado y alistado según los cánones de la modernidad. Sólo seduce la belleza convencional. El mundo del espíritu no es tasable, no sale en las fotos, ni tampoco se puede comprar en una exclusiva tienda de moda. El gimnasio se ha convertido en un espacio indispensable para la vida moderna, como la oficina, o el cuarto de la televisión en el hogar. Las clínicas de cirugía estética también se han convertido en grandes santuarios de peregrinación de numerosas féminas o machos, que necesitan una imagen adecuada para ser aceptados en el mundo laboral, o en el más íntimo del amor. La consigna parece ser la siguiente: sólo los feos están solos y no progresan en su trabajo.
Esta dictadura global sobre las diferencias de cada cuerpo humano, tampoco es que sea nueva en la historia de la civilización, pero gracias a los adelantos técnicos y al gran bombardeo publicitario, la cirugía estética se han convertido en un nuevo acoso al ciudadano común y corriente.
Ernesto Caballero ha tratado en su nuevo espectáculo "Un busto al cuerpo" -escrito y dirigido por él mismo- la temática de la estricta corporalidad actual, a través de la relación de tres mujeres que se llaman Cristina: madre, amiga e hija. Dos generaciones y tres hembras distintas obsesionadas por la misma problemática: ajustar el tamaño de sus senos. A pesar de la ironía y la mordacidad que el autor vuelca en su fábula corporal, no abandona el valor y la ternura de las relaciones humanas. Estas tres mujeres sin hombre están más pendientes de su amistad y sus relaciones personales, que de la estética vivida como una obsesión. A la más joven de las tres, la vemos cambiar físicamente a lo largo de la representación: se corta el pelo de la misma manera que quiere cortarse el pecho. Sólo ella afronta el control del propio cuerpo como un acto de libertad. Representa a esa generación del "piercing" contestataria en sus atributos, que sólo posee su cuerpo y sobre él actúa como si éste fuera una obra de arte moldeable y cambiable. Pero también está sola, el más "grunge" y alternativo de sus amigos se lía con un alumno de su madre, abandonándolas a las dos, que en definitiva sólo siguen contando con su amiga Cristina.
Esta obra es un canto a la soledad y a la amistad de las hembras, en la que los hombres no salimos muy bien parados; debe ser verdad. Caballero vuelve una vez más a demostrar sus excelentes dotes de director teatral, con un sentido innato de la mejor escritura escénica, y del templado calibre de la interpretación de las actrices. Rosa Savoini interpreta a la madre con una calidad de voz y temperamento poco habituales. Llena su interpretación de hallazgos y registros efectivos y personales. Raquel Cordero da vida a la hija con encanto y credibilidad; y Amparo Vega compone el personaje de la amiga que trabaja en radio y TV, con ternura y convicción.
El público rió y aplaudió el humor de la representación y la calidad del trabajo artístico de todo el equipo artístico.

sábado, 26 de junio de 2010

LA BALADA DE FRRANZ KAFKA

"Kafka Cabaret”. Dramaturgia: Alfonso Pindado. Dirección: Joaquín Ostrovsky. Reparto: Pilar Arriola. Cristina Blanco. José Luis Checa. César León. Pablo Chiapella. Tomás Pozzi. Música y letras: Alfonso Pindado. Arreglos e interpretación: Rodrigo Díaz. Miguel Magdalena. Madrid. Teatro Triángulo.

Franz Kafka era un checo que -por estímulos de su padre- pretendía convertirse en un destacado funcionario alemán. El autor de la amargura escribiría pues su obra en la lengua de Goethe, integrándose al fin en la gloriosa historia de las letras germánicas. El conflicto entre el creador y la realidad fue trasladado por el joven Kafka a la relación padre-hijo. Las presiones y envites de realidad que tuvo que soportar el Kafka abogado y funcionario, los personalizo en su padre, al que responsabilizaba de toda la miseria moral de su existencia.
Alfonso Pindado vuelve a acercarse al prolífico mar interior de las tormentas de este judío checo que ha sintetizado en su obra la angustia del mundo moderno. No le sienta mal a Kafka el cabaret, pertenecen a la misma cultura. La socarronería o el humor cáustico kafkiano existen. Se reía a carcajadas leyendo a sus amigos el manuscrito de “La metamorfosis”.
La actualidad de los temas que conforman la obra y la biografía de Kafka son siempre un excelente material dramático; a pesar de ser el autor más prolífico en diarios y correspondencias, Kafka siempre escribe representaciones dislocadas de la realidad. El artista es un pervertido, sólo debe ser fiel a su obra, debe olvidar su humanidad. Pero, no por ello la muerte va a pasar de largo ante su cama.
Pindado indaga en los temas de la edad, la obra y el tiempo, con los que parece sentirse plenamente identificado, y lo hace con una sensibilidad de aquí, que se manifiesta sobre todo en las canciones que ha compuesto para este original Cabaret kafkiano. La música en directo y las cálidas canciones interpretadas brillantemente por Cristina Blanco, dan calor a este espectáculo que enfrenta al creador con la muerte; en el camino se entrecruza el amor, el sexo, la familia, la vida…
El uso del exiguo y laberíntico espacio escénico del bar de la sala (que se convierte en el cabaret de la obra), deviene sugestivo, aunque en algunos momentos se pierda visibilidad. Los intérpretes están dirigidos con unidad más o menos caricaturesca -propia del cabaret- y con una propuesta de movimiento desnaturalizada. Quizás le falte atmósfera germánica al montaje, y cierta profundidad escénica y dramática acorde con el calibre de la empresa acometida. El público aplaudió a los actores, motivados por la calidad y originalidad del trabajo que representan.

NATURALISMO TRANQUILO

"Adios a todos”. De Luis García-Araus. Dirección: Aitana Galán. Reparto: Carolina Lapausa. Flavia Pérez de Castro. Fernando Albizu. Pablo Vázquez. En las proyecciones: Pablo Rivero. Nicky Negrete. Escenografía y vestuario: Jorge Dutor. Iluminación y vídeo: Alfonso Pazos. Madrid. Sala Triángulo.

Las historias contadas a través de los ojos de un niño, no suelen ser muy frecuentes en la literatura dramática. La fórmula de la voz infantil que realiza sus preguntas a cerca de la vida y sus mayores, sin ningún tipo de tapujos, es de una gran eficacia dramática. Su sinceridad señala directamente hacia la verdad de las cosas.
Así parece haberlo entendido Luis García Araus en su obra “Adiós a todos”, donde a través de un niño de diez años, se nos da un testimonio directo, de cómo se descompone una familia de clase media baja actual, por problemas acuciantemente contemporáneos. Temas como las drogas, el alcohol, la violencia doméstica, las vidas frustradas de hijos y progenitores, las penurias económicas… son retratadas en esta obra, sin alharacas, maximalismos o ingenua sensiblería blanda. El resultado es una suerte de “Naturalismo tranquilo”, en el que bullen grandes tormentas cotidianas. El autor muestra habilidad y dominio de los materiales tradicionales que maneja, así como un cariño y entendimiento hacia todos sus personajes, que es de agradecer entre tantas propuestas teatrales deshumanizadas, hijas del desconcierto. Araus -sin dejar de contar- incita a reflexionar desde el interior de su historia.
Aitana Galán realiza un buen trabajo de dirección actoral, consiguiendo -al igual que el autor- comprender y mimar a cada uno de los personajes. Especialmente el de la madre, interpretado con una conmovedora y desgarrada intensidad por la actriz Flavia Fernández de Castro. La joven y bella Carolina Lapausa interpreta con credibilidad y brillantes recursos a Miguel, el niño protagonista. Fernando Albizu da vida al padre, un taxista corto de luces, con cierta dulzura en su torpeza. Pablo Vázquez en el hermano yonqui, realiza un esmerado trabajo de composición física del drogadicto.
La incorporación de dos personajes episódicos por medio de una doble proyección de vídeo, es un buen hallazgo teatral, que funciona como contrapunto del realismo acendrado del escenario.

lunes, 21 de junio de 2010

CABARET DE LA CRUELDAD


“Vivir del Aire & El observador”. De Luis Matilla. Dirección: Juan Margallo. Reparto: Petra Martínez. Jesús Alcaide. Juan Margallo. Música en directo: Marisa Moro. Escenografía: Richard Cenier. Madrid. Sala Triángulo.

“El observador” de Luis Matilla se estrenó en el CDN hace un par de décadas. No ha desmerecido con el tiempo. Está emparentado con un cierto teatro de la Crueldad, que podría ejemplificarse con ciertas obras de Harold Pinter, donde la civilizada relación de los protagonistas se sostuviera en el binomio víctima-verdugo. No son estrictamente simbólicos los personajes, sino la situación, ensamblada entre personajes cotidianos y un ente superior que los vigila sin decir palabra.
Juan Margallo y Petra Martínez continúan enarbolando una forma de entender el teatro como una pasión comprometida y vital. No han perdido ni un ápice de entusiasmo desde los remotos años del Gayo Vallecano. Además, Margallo y Martínez son grandes intérpretes, se conocen el oficio a la perfección, y saben cómo sacarle punta a sus respectivos talentos.
En “Vivir del aire” recuperan la obra de Matilla “El observador”, a la que añaden una especie de entremeses contemporáneos, al comienzo y al final de la representación. El producto escénico resulta coherente. “Vivir del aire” transita entre la sátira de un matrimonio conservador, que desayuna unido por las tostadas y la prensa; y continúa con la asfixiante representación de “El observador”. En un sótano vive un matrimonio que estuvo en tiempos vigilado por un Observador que las autoridades habían instalado en su casa, para acechar sus actos privados e íntimos. Una escalera de caracol, un rosetón por ventanuco, y un teléfono por el que se oye el paso de los trenes, o descienden cataratas de lágrimas, conforman un espacio simbólico, inspirado en el misterioso e ineluctable mundo del humorista gráfico OPS. El figurín del Observador está extraído directamente de la iconografía de Andrés Rábago, pintor que sostiene al humorista OPS.
La atmósfera sonora creada con la música en directo de Marisa Moro ayuda a desarrollar este clima onírico de pesadilla, que hace vibrar el misterio surrealista de la representación.
Margallo y Martínez, acompañados por Jesús Alcaide, no tienen ningún obstáculo en transformar el inquietante escenario en una suerte de cabaret político final, en el que invitan al público a participar activamente en la representación. Aunque no salió nadie esa noche, los intérpretes demostraron tablas y oficio a raudales para interesar al público, en todo momento. Los largos aplausos finales vinieron a confirmarlo.