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lunes, 19 de julio de 2010

LECCIÓN PARA MATRIMONIOS ROTOS


"Escenas de matrimonio". De Ingmar Bergman. Dirección: Rita Russek. Versión: Emilio Hernández. Reparto: José Luis Pellicena. Magüi Mira. Iluminación: Iñaki Moreno. Escenografía: José María Brioa. Madrid. Teatro Lara. 31-8-2000.

Ingmar Bergman es un hijo del siglo veinte que ha convertido el arte de representar, en una exploración personal sobre las partes ignoradas de uno mismo. Cada una de sus películas o de sus montajes teatrales es un paso más allá en la elaboración del discurso de su propia vida. La angustia religiosa protestante de Bergman, combinada con el legado moral y teatral de los grandes dramaturgos nórdicos Henrik Ibsen y August Strindberg, ha dado y sigue dando pie a una de las reflexiones escénicas más profundas, comprometidas y angustiadas del hombre contemporáneo, que ha dado el arte del S. XX.
Del universo bergmaniano lo sabemos casi todo, como si fuera una especie de Marcel Proust, angustiado, protestante y nórdico, que nos ha dejado buena cuenta de los rincones de su memoria. Desde el tejido de las cortinas de la casa de campo de su poderosa abuela; hasta los conflictos en torno a la existencia de Dios que se hacen sus personajes; pero, siempre asistimos al combate perdido de sus protagonistas.
Los conflictos de pareja y de matrimonio han sido una obsesión recurrente de su obra. La situación que viven los protagonistas de "Escenas de un matrimonio", es una metáfora desesperanzada de que el amor, como todos los factores esenciales de la vida y del destino, está regido por las paradojas: sólo puede amarse verdaderamente cuando se han perdido los vínculos sociales del matrimonio.
Bergman escribió este guión inicialmente para televisión, a lo largo de tres meses; aunque él mismo escribe que lo que hay vertido en este texto, es la experiencia de toda su vida. "Escenas de un matrimonio" finalmente se convirtió en una de sus películas menos ácidas y desesperanzadas. En teatro, este texto de Bergman -dirigido por su discípula Rita Russek- se convierte en una especie de radiografía de la evolución de las relaciones emocionales de una pareja burguesa, a lo largo de distintas escenas retrospectivas de su matrimonio, divorcio y posterior reconciliación como amantes. Al texto le falta la mordacidad cáustica que emplea el creador sueco en sus obras más importantes. La estructura de la pieza, (que comienza por el final, y va desgranando todas las etapas anteriores del conflicto), resta sorpresa y emoción al devenir de la historia; le resta dramatismo, a favor de una cierta comicidad nacida del distanciamiento que crean los mismos intérpretes, al dirigirse al público y presentarles la escena siguiente.
La sobriedad y belleza del espacio escénico, empastado en una gama de colores crudos, acentúa el movimiento y la evolución de los intérpretes. José Luis Pellicena y Magüi Mira ponen su talento al servicio de esta singular pieza de Bergman, en la que parecen sentirse muy cómodos, como si hubiera sido escrita a la medida de sus grandes personalidades escénicas. La Mira borda las escenas más dramáticas de la representación, y Pellicena afronta su personaje con registros mordaces y desgarradores.
Aunque, la obra no llegue a alcanzar las altas cotas críticas y poéticas del gran teatro nórdico, sí resulta una ocasión excepcional para asistir a una representación impoluta de un creador de primera categoría como Ingmar Bergman, representado en unas condiciones y con unos intérpretes sobresalientes.

domingo, 18 de julio de 2010

EL CARÁCTER SUBVERSIVO DE LA RISA


"Entiéndeme tú a mí". Autor: Eloy Arenas. Música: Mariano Marín. Dirección: Andrés Lima. Reparto: Eloy Arenas. Jorge Roelas. Pianista: Guayar. Escenografía: José Ramón Gallardo. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Madrid. Teatro Lara. 19-11-2000.

El género cómico siempre ha gozado de la simpatía del público, porque ridiculizando los valores sociales y morales de una determinada época, ha hecho reír al respetable. La risa no provoca sólo evasión en los espectadores, sino que puede destapar además, la terrible caja de la catarsis, o sea, la traslación del público a un estado de euforia, de regocijo o de gozo, que al producirse de manera colectiva, se convierte en transgresor. La buena comedia de toda la vida ha satirizado a los poderosos, a aquellos "intocables" de la realidad social que, sin embargo, gracias a las artes de Talía, han llegado ser objeto de mofa del gran público sobre las tablas de un teatro. De ahí el carácter subversivo que han tenido siempre los comediantes, de ahí la razón de las persecuciones sufridas por este noble colectivo de la risa, y hasta las prohibiciones de que se les entierre en los camposantos.
Eloy Arenas ha dado una vuelta de tuerca a la comedia clásica para ironizar sobre los defectos de nuestro tiempo, de tal forma que la mofa que se realiza en su espectáculo "Entiéndeme tú a mí" va contra esas facetas de la personalidad íntima y social de los mismos espectadores que se ríen de lo que sucede en escena. No se trata de una sátira de los cómicos contra los vicios de nuestro tiempo apuntando a sus responsables, sino a la apropiación que cada uno nos vemos obligado a hacer de esos nuevos valores. El ordenador personal, el escáner, la impresora, el móvil, el fax, y tantos nuevos artilugios -con sus respectivos mandos a distancia- que más que ayudar y facilitar la vida, terminan complicándola.
El primer monólogo de esta obra -compuesta de cinco piezas- apunta con brillantez e ironía oportuna a todas las situaciones disparatadas que se pueden producir entre un hombre y su ordenador, cuando éste toma aspecto humano. La rabiosa actualidad del tema y del lenguaje que usa Arenas, arranca las risas de un público que aprende con esta obra a reírse de sí mismo. La incomunicación amorosa, el desgaste de las relaciones de pareja, los conflictos amistosos, los problemas éticos y morales a los que nos obliga a enfrentarnos este nuevo orden social, son la diana a la que apunta y dispara el espectáculo. El público se entrega con delectación a esta cacería de ferocidades cotidianas, y se lo pasa estupendamente.
El buen hacer y la "química" de Eloy Arenas y Jorge Roelas, con una dosificación muy ajustada de sus cualidades histriónicas y dramáticas, hacen que la representación no resulte zafia y superficial, sino que se decante por un sentido del humor de mayor sutilidad e inteligencia, muy bien recibido por el público. La música en directo de un piano, y las canciones de transición interpretadas por los protagonistas, redondean esta fiesta de las neuronas cotidianas.

sábado, 17 de julio de 2010

EL DIABLO PASEA POR EL SUBURBIO


"Hermanos de sangre". Música, letras y texto: Willy Russell. Dirección artística y Escenografía: Luis Ramírez. Dirección musical: César Belda. Versión: Nacho Artime. Reparto: Marta Ribera. Roger Pera. David Zarzo. Guillermo Antón. Nines Hernández. Beatriz Luengo. Carlos Álvarez... Arreglos: Marcos Cruz/C. Belda. Coreografía: Luka Yexi. Iluminación: Freddy Gerlache. Vestuario: Luisa Rada. Madrid. Teatro Lara. 20-9-2001.

El nacimiento de dos hermanos gemelos es una casualidad genética, un capricho del destino. Desde que nacen, los dos hermanos entablan una primera rivalidad: ¿quién le lleva al otro unos minutos más de existencia? Los hermanos gemelos siempre han llevado unido a su excepcional nacimiento, un halo de tragedia.
Los gemelos de "Hermanos de sangre" tienen escrito en la sangre un destino adverso: nacen de una madre de ínfima condición social, que acaba de ser abandonada por su esposo, dejándole a su cargo, además, otra pareja previa de hijos. La vida es dura en el suburbio para todos, pero especialmente para los niños. La madre pobre de esta historia se ve forzada a ceder a uno de sus hijos a una señora rica y estéril, para la que trabaja como doncella. El destino de esos dos muchachos se libró en el momento que la oculta madre adoptiva eligió al azar a uno de ellos.
La historia que encierra "Hermanos de sangre" es pura carne de melodrama, sólo faltaba que llegase Willy Russell y le pusiera además la música, con unos pasajes tan bellos. Luis Ramírez ha recuperado para la escena española, este oscuro musical que lleva décadas triunfando en Londres, y que ha sido -además- multipremiado con los "Tony" americanos y los "Olivier" británicos.
El espectáculo resulta una especie de ópera de los mendigos contemporánea, (con permanentes y vistosos cambios de decorados) que narra las dificultades para salir delante de una mujer pobre, con tres bocas para llenar a diario. Las circunstancias y la sombra de la justicia le obligan a entregar a uno de sus hijos recién nacidos, aunque se le desgarre su corazón de madre.
Ramírez ha elaborado un cóctel sugerente de intérpretes para este musical de los pobres. La excelente Marta Ribera encabeza el reparto, volviendo a deleitar al público con su calidad musical, y su personal temperamento dramático. Sus interpretaciones en "Grease" y en "Jekyll & Hyde" resultan inolvidables.
Roger Pera vuelve a jugar sus buenas dotes interpretativas, dando vida al gemelo pobre, a los siete años. El actor realiza un trabajo delicioso que permite que el niño se exprese creíblemente a través de su cuerpo. David Zarzo tiene buenas cualidades como cantante y actor. Da vida al gemelo rico, que se verá fuertemente atraído por la amistad de este niño pobre que tanto le fascina y con el que llegará a firmar un pacto de sangre. Guillermo Antón ejerce de misterioso narrador cantante, con una sombra diabólica a las espaldas. Beatriz Luengo compone una "niña sucia" muy divertida, que casa muy bien con el personaje infantil de Pera. Nines Hernández interpreta eficientemente a la estirada y atormentada madre impostada.
La representación alcanza las tres horas. La orquesta está situada -en esta ocasión- en el precioso vestíbulo del Teatro Lara. Con tanta abundancia, el público quedó realmente satisfecho, como manifestaron sus repetidos aplausos, la noche del estreno.

lunes, 5 de julio de 2010

CUATRO PAYASAS DE GALA

"Criaturas". Sobre textos de Paco Mir, David Plana, Sergi Belbel, Yolanda Gª Serrano.... Dirección: David Plana y T de Teatre. Iluminación: Tito Rueda. Escenografía: Jon Berrondo. Producción: Daniel López-Orós. Reparto: Mamen Duch. Miriam Iscla. María Lanau. Marta Pérez. Madrid. Teatro Lara.

"Odio a mis hijos, son unos monstruos", con esta frase se puede resumir el espíritu del arranque de la obra "Criaturas", representada por cuatro congeniadas actrices catalanas que el público disfrutó en su anterior espectáculo "Hombres". Hay en esta refrescante compañía de féminas un estilo clarísimo de entender el teatro: hacer reír al público poniendo ante sus narices una antología de disparates y conflictos cotidianos, tratados con la gracia del chiste y la bufonada; y ofrecérselo en una especie de envoltorio de diseño, que por su estilización enriquece la teatralidad del género humorístico. Pero, sobre todo hay cuatro actrices payasas, brujonas, niñatas, yupis, marujonas, sexys o sofisticadas. La frescura y la gracia interpretativa de estas mujeres puede entroncarse con ese tipo de deliciosa diva-cómica catalana que fue Mari Santpere, o que lo sigue siendo Rosa María Sardá. Juntas, Mamen Duch, Miriam Iscla, María Lanau y Marta Pérez, están tocadas por muchos de los encantos de aquéllas.
Era miércoles por la tarde, todos los pisos de la preciosa "bombonera" del Lara estaban llenos de público de todas las edades, desde viudas a parejitas de novios abrazados. Las chicas de T de Teatre saben sacarle partido a su contacto directo con el público como los mejores histriones. Toda la maquinaria del escenario está al servicio de destacar la tarea de las actrices; escenografía, iluminación, espacio sonoro, música... se acercan a esa desnudez plástica de las historietas de la Pantera Rosa, o de los monólogos de Darío Fo, que acentúan el conflicto humano y la gracia con que se vierte en escena.
Los textos que componen la obra son de diferentes autores relacionados tanto con el teatro, el cine o la TV. Hay algo de "Sit-Com" en algunas de las historias, con una trama tan graciosa como insignificante, la falta de mordacidad puede hacer que decaiga el interés del público de teatro. La obra tiene algunos baches y repeticiones, pero se superan con el regreso del humor, o la poesía a escena; resulta estupenda la historia "Quiero ser mayor!" de Ágata Roca, toda una vida se representa en cinco minutos.
"Criaturas" es, por todo lo dicho, un espectáculo tan estimulante como comercial; su producción es férrea, segura y rigurosa: convierten hasta los programas de mano, en juego y teatro; y ante todo, demuestran un entendimiento del teatro tan profesional como artístico, que es de celebrar.

miércoles, 30 de junio de 2010

EL PATIO DE SHAKESPEARE


“Las obras completas de William Shakespeare. (Abreviadas)”. Autores: Long, Singer y Winfield. Versión española: M.A. Conejero-Dionis y Jenaro Talens. Dirección artística: John Patrick Walker. Reparto: Javier Gurruchaga, Josu Ormaetxe, Fernando Albizu. Teatro Lara. Madrid. Estreno: 7-1-1999.

El amor de los británicos por su teatro es algo tan evidente como la calidad de sus actores prestigiados en el mundo entero. La veneración por su primer dramaturgo, William Shakespeare también es de sobra conocida; y su afición por los grandes musicales, digamos que puede constituir otra de las genuinas señas de identidad de los ingleses. De la combinación de estas constantes teatrales ha surgido este ingenioso e inteligente espectáculo "Las obras completas de William Shakespeare (abreviadas)" que ahora presentan en Madrid tres brillantes actores españoles: Javier Gurruchaga, Josu Ormaetxe y Fernando Albizu.
La obra parte de la ocurrente idea de representar todas las obras que escribió el bardo de Strafford en un solo espectáculo de duración convencional, primer guiño irónico con todas las dramaturgias y versiones actualizadas que se realizan del mundo dramático de Shakespeare. Frente a la seriedad trascendente con que se afrontan estos montajes, los autores de "Las obras completas..." Long, Singer y Winfield, han decidido organizar una fiesta shakespereana, divertida, transgresora e irreverente, valiéndose del formato de un pequeño musical contemporáneo.
Javier Gurruchaga ha tenido el olfato de descubrir que éste era un espectáculo hecho a su medida. Las dotes histriónicas naturales del cantante-actor resultan de la máxima utilidad para conseguir este ambiente de "corrala en fiestas" que se busca conseguir con la representación. Y la figura del animador-presentador-conductor es esencial para un montaje que intenta llevar a cabo una misión oculta y secreta: convertir al público en protagonista de la representación, homenajeando así los orígenes del teatro isabelino que se representaba en patios de posadas con un público eminentemente popular. La dirección artística de Jon Patrick Walker es deliciosa, imaginativa e inagotable, obligando a estos tres excelentes cómicos españoles a desplegar una energía sorprendente que llena no sólo el escenario, sino además todo el patio de butacas.

VIOLETAS PARA UN BORBÓN


"Violetas para un Borbón". De Ignacio Amestoy. Dirección: Francisco Vidal. Escenografía: Andrea D'Odorico. Vestuario: Sonia Grande. Reparto: Teresa J. Berganza. Francisco Merino. Ana Frau. Claudia Gravi. Juan Gea. Madrid. Teatro Lara. Fecha de estreno: 25-3-1999.

El teatro historicista fue una de las bestias pardas contra las que luchó el teatro naturalista del siglo XIX, pues significaba la evasión del público burgués a un pasado siempre visto con ojos melancólicos y decadentes. Tal vez por eso haya sido un género tan poco reivindicado por las corrientes teatrales más renovadoras.
"Violetas para un Borbón" es la primera entrega de la oportuna y anunciada tetralogía: "Todo por la corona" que repasará los episodios más importantes de la monarquía española hasta la actualidad como vehículo de reflexión sobre "lo español"y las distintas Españas. Ignacio Amestoy ha logrado en esta obra un estilo peculiar para acercarse a la reciente Historia de España, aplicando una fórmula muy teatral: los reyes y las reinas son, antes de todo, hombres y mujeres. Que sean tan humanos es lo que los hace más convincentes dramáticamente hablando. Los Reales personajes de la Corte española están tratados por el autor con cierto tono de teatro psicologista americano; Maria Cristina se comporta como una gata sobre un tejado de zinc caliente, más que como la reina austríaca de España. Su conflicto es el mismo que el de Maggie en la obra de Tennessee Williams: necesita engendrar desesperadamente un heredero de su marido.
Este sugerente cocktail dramático se completa con dos poderosos ecos: un discurso satírico, nocturno y blasfemo de sus personajes, en sintonía con el esperpento de Valle-Inclán; y la acertada incorporación de un Bufón más cercano a los de Shakespeare que a los Graciosos de Lope. Todos estos elementos aportan teatralidad a una obra histórica que podría ser pesada y polvorienta, pero que se muestra entretenida, osada y transgresora: dentro de la capilla del palacio del Pardo, los Borbones se quedan literalmente con el culo al aire, antes de engendrar a sus obligados descendientes en el recinto sacro.
La solemnidad y elegancia del decorado de Andrea D'Odorico, (nadie más adecuado que este escenógrafo/arquitecto, italiano/español para llevar la grandeza de un Palacio Real a un escenario); y el suntuoso vestuario de Sonia Grande, aportan un eficaz grado de credibilidad a la monárquica escena.
Juan Gea interpreta a un Alfonso XII alocado, alegre y juvenil, en contraste con la estricta Maria Cristina de Teresa J. Berganza, que sin embargo, en esta obra, termina soltándose bastante la melena: "Todo por la corona". Francisco Merino podía haber llevado mucho más lejos su jugoso personaje de bufón, demasiado cuerdo para ser un loco que filosofa y juega, como un niño, un pícaro, un demonio o un poeta.

martes, 29 de junio de 2010

PASIÓN POR EL MUSICAL


“La magia de Broadway”. Dirección artística: Luis Ramírez. Dirección musical: Alberto Quintero. Iluminación: Luis Aguiar. Vestuario: Jesus Ruiz. Cantantes: Pablo Abraira. Pedro Ruy Blas. Mia Patterson. Gema Castaño. Luis Amando. Virginia Martínez. Paula Molina. Beatriz Luengo... Pianista: Mauro Pugluise. Madrid. Teatro Lara. Fecha de Estreno: 20-5-99.

El teatro musical ha gozado siempre de una gran aceptación popular. Las óperas bufas, la zarzuela, las comedias ballets, y posteriormente la opereta, crearon un tipo de teatro divertido, liviano, festivo, sofisticado y eminentemente urbano, frente a los temas mitológicos del gran teatro musical y la tragedia. De esta tradición nació el "musical americano", el negocio más lucrativo de las artes escénicas en este siglo. Las exigencias de mercado, han propiciado una constante aparición de nuevos títulos, nuevos nombres y y renovaciones del género. Incluso, no han faltado musicales que recojan la misma historia del musical, como "La calle 42". Y es que el tema crea adicción al que se inicia, pudiendo llegar a convertirse en una especie de "musicalómanos" que todo lo saben sobre el género.
Luis Ramírez forma parte de esa grupo de apasionados por el musical anglosajón y sus conocidas derivaciones cinematográficas. Está empeñado en convertirse en el "Cameron Menzies" versión castiza, o sea, en un apasionado productor de musicales -realizados en Madrid- de grandes éxitos de la escena mundial. Y no es poco mérito, teniendo en cuenta las inversiones que exigen estos grandes montajes. Tras haber tenido esta temporada en cartel, "El hombre de la Mancha", y presentado "Peter Pan" y "Grease", ahora estrena "La magia de Broadway", un recital de grandes éxitos del género, compuesto por títulos tan indiscutibles como "Jesucristo Superstar", "Evita", "Los miserables" y "West Side Story". Un pianista infatigable y un buen puñado de cantantes, encabezados por Pablo Abraira, Pedro Ruy Blas y Mia Paterson, interpretan una selección de los temas más conocidos de estas grandes comedias musicales. La desnudez absoluta del escenario, con una significativa iluminación, permite que la emoción de la música, y la dramaticidad que encierran estos temas, se transmita al público de una forma poco frecuente.
Ramírez ha querido hacer un musical para toda la familia, y para ello ha incorporado un segundo bloque de temas infantiles, interpretados por unos niños cantantes, con una selección de "Sonrisas y lágrimas", "El Mago de Oz", "El rey y yo", o "Annie". Si los cantantes más conocidos del montaje -curtidos en el género- demuestran de nuevo su calidad musical e interpretativa; entre los más jóvenes, destaca Gema Castaño, con una voz llena de calidades interpretativas, y sobre todo por su presencia escénica, que apunta buenas dotes teatrales, además de musicales.

EL IRRESISTIBLE ENCANTO DEL PROLETARIADO


“El matrimonio de Boston” de David Mamet. Dirección: José Pascual. Traducción: Víctor Cremer. Reparto: Kity Manver. Blanca Portillo. Nuria Mencía. Escenografía: Tomás Muñoz. Vestuario: Rosa Gª Andújar. Madrid. Teatro Lara.

David Mamet está considerado uno de los más influyentes dramaturgos del mundo. Su país de procedencia -Estados Unidos- y sus orígenes cinematográficos -como guionista de Hollywood- le abren, de par en par, todos los suplementos literarios y culturales donde no entra nadie de teatro. Forma parte de ese tanto por ciento simbólico que el teatro ocupa en ciertos medios. Es comprensible pues que se represente a Mamet más que a otros: la promoción ya está hecha.
El suyo es un teatro realista que, a fuerza de hiperrealismo contundente, remonta hacia la teatralidad, porque en ellas anida siempre un aliento de protesta, de denuncia soterrada y radiográfica. La lealtad de Mamet con el presente ha sido total hasta este “El matrimonio de Boston”, donde se remonta a finales del S. XIX. Si “Las bostonianas” de Henry James alimenta esta obra, hay que tener en cuenta que James había mamado aquel mundo burgués, exclusivo y reaccionario, contra el que jamás llegó a rebelarse abiertamente. Le resultaba mucho más elegante soltar cargas de profundidad, y guardar las apariencias.
El discurso de Mamet ha perdido su norte en este ambiente de manguitos, brillantes, zapatos y otras exclusividades. Su teatro no es el de una galería de retratos de gente extravagante, sino un desolado fresco que, a fuerza de aburrimiento, termina revelando lo extravagante que hay en las vidas de la gente corriente; su mirada es como la de un Edward Hopper de finales de siglo XX. Si Mamet se caracteriza por escribir dramas realistas, suavemente cínicos, no se entiende muy bien el enfoque cómico que la puesta en escena española le ha dado a su obra.
Kitty Manver aporta su gran verdad interpretativa a la protagonista, y está guapa y fresca, sacándole partido a su avasalladora personalidad. Blanca Portillo interpreta a su ex-amante, una bella casquivana advenediza, que no sabe controlar sus pasiones. Contagiada, quizás por el desquicie de su personaje, la actriz contamina su interpretación con una polifacética gama de registros, que devienen irreconciliables. La auténtica revelación es la joven Nuria Mencía que interpreta, con gran personalidad y humorismo orgánico, a la criadita escocesa de este par de harpías lesbianas y repelentemente viejas y bostonianas. El público (y yo diría que el mismo autor,) sólo entiende a este personaje popular, lo quiere, y está de su lado en cualquier situación.
La representación es divertida, rica en registros interpretativos, y se puede pasar una velada agradable contemplándola. Así lo reconoció el público, que aplaudió a las actrices, y especialmente a la benjamina del reparto.

sábado, 26 de junio de 2010

¡QUÉ MALOS SON LOS HOMBRES!


"Confesiones de mujeres de 30”. Versión: Yolanda García Serrano. Dirección: Lía Jelín. Reparto: Anabel Alonso. María Pujalte. Cati Solivellas. Vestuario: Paola Torres. Música: Fredy Vaccarezza. Iluminación: Felipe Ramos. Madrid. Teatro Lara.

Comienza a ser un género escénico recurrente el de las mujeres que confiesan sus sufrimientos con los hombres desde el escenario de un teatro. Quizás el tono ligero, picante, corrosivo de este tipo de piezas -bien conocidas por el público, proliferan como setas- sea una de las causas de su éxito. Aunque también lleva en su interior la semilla de su propia autodestrucción, fagocitado por la repetición, en serie que viene a suponer cada nueva entrega de mujeres quejumbrosas. En el arte escénico la sorpresa y la originalidad es una moneda de mucho peso.
La pieza que representan Anabel Alonso, María Pujalte y Cati Solivellas repasa los fracasos de las protagonistas con los hombres, y en particular con sus ex-esposos. Machos egoístas, insensibles, rutinarios, adictos a la televisión y al futbol, enganchados al coche, con una visión pésima de la mujer, y una flagrante incapacidad para comprender los sentimientos y necesidades de sus compañeras o esposas.
El público se ríe con los comentarios de las actrices, especialmente las damas de la platea.
“Confesiones de mujeres de treinta” no tiene voluntad de ser teatro aunque se represente en uno de ellos. Es una suerte de cabaret ligero y desenfadado, o una gala televisiva gamberra. La repetición de las situaciones entre los monólogos entrelazados de las tres protagonistas, y la superficial simplicidad con que se argumentan las conocidas quejas de las féminas, hace que esta ensalada se digiera fácilmente por un público, que cada vez parece contentarse con menos.
Anabel Alonso es una payasa caricata, que sabe meterse al público en el escote. Es una vedette cómica a lo Lina Morgan, con talentos naturales para comunicarse plenamente con el público. Si bien se agradece su nervio humorístico, termina saturando el espectáculo, que funcionaría mucho mejor sin el bloque final de la Alonso.
Ligero, fresquito, acusica, picante y quejumbroso, este montaje resulta recomendable para aquellas que quieran remojar la carcajada otra vez en la misma salsa del “¡Qué malos son los hombres!”

sábado, 19 de junio de 2010

¡NIÑOS AL SALÓN!


“Los chicos de la banda”. De Mart Crowley. Versión: Luis Antonio de Villena. Dirección: Pedro García de las Heras. Reparto: Juan Carlos Naya. Jesús Cisneros. Jesús Ruymán. Jesús Noguero. Pepe Pascual. Esmilio Buale. Ismael Martínez. Alejandro Tous. José Ramón Villar. Escenografía: I. Martiniano. C. Vestuario: Fernando Albizu. Madrid. Teatro Lara.

“Los chicos de la banda” es una de las producciones más sólidas, divertidas y oportunas que pueden verse en nuestra actual cartelera. Esta obra que produjo polémica en su estreno neoyorquino en 1968, por tratar de una forma tan natural los conflictos afectivos y amorosos de las relaciones entre hombres, alcanzan paradójicamente hoy, entre nosotros, tanto sentido como entonces. La homosexualidad está mucho más presente en la España de 2004, que cuando se estrenó en Madrid esta pieza en 1975. “Los chicos de la banda” cuenta ahora con el público que puede valorarla en toda su riqueza y normalidad.
No se trata -como podría pensarse frívolamente- de otra versión de “La jaula de las locas”, sino que la obra combina unos elementos de comedia irresistible, con otros de gran riqueza dramática. La alegre fiesta de cumpleaños que unas “mariquitas finas” (escritores, profesores, decoradores, abogados…) le han preparado a una reinona decadente de la pandilla, irá tomando tintes sombríos, intensos y comprometidos, en torno a las relaciones amorosas y de pareja, y en definitiva con las diferentes formas de soportar la vida.
En la limpia, luminosa y actualizada versión de L.A. de Villena, nada suena desfasado. Curiosamente nos encontramos a la misma distancia del estallido del Sida, de la que se hallaba la colectividad gay a finales de los sesenta. La obra está más vigente en España que nunca. En pocas obras se ha tratado el tema homosexual con tanta profundidad, alegría y a la par tibio desencanto.
El director Pedro G. de las Heras realiza un valioso trabajo de puesta en escena, clarificando con precisión y calidad las ricas atmósferas dramáticas de la pieza. El montaje transita tanto por las carcajadas radicales que despiertan las intervenciones emplumadísimas de Pepe Pascual, como por ciertos silencios tensos profundamente emotivos, o por el erotismo del desnudo integral del joven Alejandro Tous, o la brillante y melancólica interpretación de Juan Carlos Naya. El actor realiza su más sentido trabajo, con unas cotas de madurez de gran calidad teatral.
Jesús Cisneros interpreta con dinamismo y buena percha al anfitrión protagonista de la pieza. Jesús Ruymán da vida con emoción al profesor enamorado con novio infiel. Y todo el elenco cumple a la perfección con su tarea de sacar adelante, un espectáculo entretenido, inteligente, con chicos desnudos (incluido José R. Villar, Mister España), y una manera de penetrar en el mundo homosexual con la seriedad y normalidad, con que todo el mundo puede hacerlo.
La noche del estreno, el numeroso público reunido se divirtió y emocionó con el arte y vigencia con que estos imprescindibles chicos de la banda resurgen en nuestra escena.