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lunes, 19 de julio de 2010

LA RISA ES LIBERTAD


"Sopa de mijo para cenar". De Darío Fo. Versión libre de Fermín Cabal. Dirección: José Antonio Ortega. Reparto: Gerardo Malla. Gloria Muñoz. Francisco Maestre. Carlos Viaga. Marta Bódalo. Félix Gontan. Escenografía y vestuario: Ramón. B. Ivars. Iluminación: Felipe Gallego. Música: Miguel Malla. Madrid. Teatro Arlequín. 19-9-2000.

La incitación a la insumisión, la protesta y el inconformismo es una de las tareas básicas del teatro social. Brecht decía que la condición indispensable del teatro era entretener y divertir al público, para que la función didáctica pudiera hacerse efectiva gozosamente. Uno de sus más brillantes herederos, Darío Fo, sigue llevando esta propuesta hasta sus últimas consecuencias, tanto en la denuncia y la sátira pública, como en el saludable ejercicio de divertir al público. Además, Fo aporta la rica tradición corporal, y el ritmo trepidante de la "Comedia del Arte" italiana.
"Sopa de mijo para cenar" (una obra que ha levantado la polémica entre su autor italiano y su versionador español) se estrenó con éxito en la cartelera madrileña, hace más de 20 años. Es un dato importante.
¿Qué ha pasado realmente en España, en estos 25 años de democracia, para que el público del 2000 siga identificándose de una forma tan manifiesta como la risa, frente a temas tan candentes como: la invitación a la insumisión, el cierre de empresas, los despidos masivos, los trapicheos sindicales, el paro, las estrecheces económicas de los obreros, la corrupción de los patrones, o la resistencia activa frente a la policía?
La obra tiene una mordacidad profunda y comprometida, pero sobre todo, tiene la teatralidad que le otorgan su ritmo frenético, los efectos de argumento, los chistes políticos, la disparatada peripecia... Es casi una historia payasesca, con la mala uva del cabaret político. Muchas de las aportaciones del versionador enganchan directa y eficazmente con la realidad actual española.
El director entiende muy bien el juego, y la puesta en escena está llena de guiños eficaces y teatrales. Pero, es mérito esencial de sus intérpretes, que la obra termine arrancando la carcajada final del público. Gerardo Malla y Gloria Muñoz se crecen interpretativamente, en este montaje. Dan humanidad y delirio a sus personajes. La Muñoz despliega unas cualidades para la comedia muy eficaces a la hora de levantar la risa del patio. Paco Maestre, interpretando al inspector de policía (entre otros personajillos), se lleva de calle al público. Es uno de los mejores actores del teatro español; su presencia escénica, la más rotunda y singular. Su instinto para ajustarse al cronómetro que exige la más fina comedia, lo convierten en una suerte de domador de las risas del público. Marta Bódalo y Carlos Viaga completan con gracia y eficacia el reparto de esta saludable obra, que arranca del público carcajadas liberadoras.

domingo, 18 de julio de 2010

UNA CASA CON CUATRO PATAS


"Baldosas". De David Desola. Dirección: Jesús Cracio. Reparto: Nicolás Dueñas. Beatriz Bergamín. Arsenio León. Karola Escarola. Alexis de los Santos. Escenografía: Christian Boyer. Coreografía: Mª José del Valle. Iluminación: Nicolás Fischtel. Madrid. Teatro Arlequín. 5-11-2000.

El premio Marqués de Bradomín es un galardón para jóvenes autores teatrales que viene entregándose desde hace más de una década. Puede reconocerse en la mayoría de las obras galardonadas dos características habituales: su voluntad de entroncarse con los conflictos sociales de actualidad; y la falta de madurez estilística y capacidad de síntesis de sus jóvenes autores. "Baldosas" de David Desola se ajusta a este esquema. El autor trata de realizar una comedia satírica sobre las dificultades de adquirir vivienda propia, (tema común con el cine español que lo explotó brillantemente en películas como "El pisito" de Marco Ferreri, o "El verdugo" de Berlanga), sin por ello dejar de abrigar otras mayores ambiciones artísticas. No es sólo el disparate metafórico de la venta de pisos por baldosas; en la obra, también está presente el ecologismo, la inmigración, el siniestro planeta de los concursos televisivos y los telediarios; las estrecheces obligadas de la vida familiar; la tiranía del teléfono móvil y de los mandos a distancia; la vida regalada de las "marujas" y las suegras, las miserias que imponen las jerarquías del poder... etc. etc.
El autor enreda su rosario de temas, con desparpajo y habilidad a través de los conflictos de los personajes, y el director consigue darle a la representación un ritmo agradecido, que no aburre en ningún momento al público. Las coreografías de transición y las alegres musiquillas que las acompañan, son responsables en gran medida de la gracia final del espectáculo. Los actores y actrices están sintonizados con el tono general de la representación, y destaca especialmente Nicolás Dueñas, que compone ricamente un tipo de agente inmobiliario, más vulnerable que tirano.
Quizás no sea necesario que todas las simpatías ideológicas del autor se reúnan en una sola de sus piezas; ni que pretenda usar la comedia sólo como una base que sostenga mayores ambiciones dramáticas. Si lo que busca es parecerse a una comedia, "Baldosas" debería ser un espectáculo más delirante y más teatral. Y si lo que quiere es rozar con sus volantes líricos la profundidad del drama, le falta empaque y trascendencia para alcanzar las grandes revelaciones que desde un escenario pueden provocarse.
El público de una tarde lluviosa de otoño pasó un rato entretenido viendo "Baldosas" y riendo sus numerosas gracias, chanzas y ocurrencias, servidas por un joven y atractivo elenco de intérpretes.

LA CAVERNA DEL CINEMATÓGRAFO


"La raya del pelo de William Holden". De José Sanchis Sinisterra. Dirección: Daniel Bohr. Reparto: Manuel Galiana. José Luis López Vázquez. Ana Torrent.
Escenografía y vestuario: Montse Amenós. Iluminación: Nicolás Fichtel. Madrid. Teatro Arlequín. 30-1-2001.

Desde que Penélope decidió esperar el largo regreso de Ulises, de la guerra de Troya; una odisea de heroínas teatrales se ha volcado sobre distintos públicos, para demostrarles que mantener vivo el amor, es la mejor conjura contra la muerte. La novia de "Peer Gynt", de Ibsen, también espero toda la vida su regreso. ¿Qué decir de doña "Rosita la soltera", de García Lorca. El teatro oriental convirtió a esta mujer que aguarda, en la protagonista de muchas obras del Teatro Noh japonés. Yukio Mishima recreó este mito en su obra "Hanako", en pleno S. XX.
No creo que José Sanchis Sinisterra (uno de nuestros más valiosos e íntegros hombres de teatro,) se preocupe por esta facetas del mito en particular. La situación de espera del regreso del amado, le interesa como espacio donde colisiona la ensoñación y lo cotidiano. Catalina está sola en un viejo cine de barrio, esperando a su novio. Llega un hombre extraño que puede ser su padre. Entre ellos se establece una singular relación, que se va rebobinando a medida que avanza la representación; un acomodador ciego maneja las películas.
El proceso de toda la obra de Sanchis Sinisterra apunta a una estilización progresiva de los cauces narrativos de la teatralidad. Está más cerca de Beckett, que de Arthur Miller; de Pirandello, que de Benavente. Sin embargo, debido al penoso realismo rancio y regresivo, que contamina la escena madrileña, el texto de "La raya en el pelo..." no puede volar ni arrastrar consigo al público. El concepto de espectáculo, la puesta en escena, y la dirección de actores resulta completamente inadecuada para esta pieza. Para comedia, resulta sosa y difusa; para drama, está representada con un realismo banal, que no potencia ni su simbología ni su poesía interna. Manuel Galiana compone un Esteban encantador y lleno de ricos matices interpretativos. Ana Torrent tiene una bonita imagen y una buena voz, pero carece de presencia escénica: no hay energía ni forma en sus movimientos. Su Catalina adolece del arrebatador encanto que caracteriza a estas inolvidables heroínas. López Vázquez interpreta a un Tiresias de cine de barrio, haciendo vibrar hermosas cuerdas interpretativas, aunque su personaje resulte episódico. La noche del estreno todo el elenco, autor y equipo artístico incluidos, recibieron repetidamente los calurosos aplausos del público.

LA RISA GRANDE DE LOS OZORES


"Achipé. Achipé". Una comedia escrita y dirigida por Antonio Ozores. Reparto: Manuel Zarzo. Emma Ozores. Nicolás Dueñas. Lucía Bravo. Diseño de Portada: Moncho Borrajo. Diseño de Escenografía: Alberto Cortés. Diseño Iluminación: Luis Estrada. Madrid Teatro Arlequín. 28-3-2001.

Antonio Ozores pertenece a esa saga de cómicos valencianos que viene alegrando la existencia de los españoles desde hace cuatro generaciones. Su hija Emma y su sobrina Adriana continúan la tradición familiar, cada una en su estilo. La pervivencia del teatro se ha articulado históricamente a través de estas familias que -como en los gremios- han ido pasando las técnicas interpretativas de generación en generación. Así pasaba con las compañías de Comedia del Arte, también en Japón en el Teatro Noh. El teatro es una escuela viva en el presente, de lo mejor de la tradición.
EL desarrollo del cine y la televisión ha llevado a estas familias de cómicos a integrarse en los nuevos medios de diversión y comunicación con toda la naturalidad de oficio histriónico. Antonio Ozores -actor, guionista y director de cine y teatro- colaboró en "La Codorniz" con sus chistes y artículos. Ha participado en más de 150 películas y doscientas comedias.
Antonio Ozores ha puesto toda su experiencia y su talento cómico al servicio de la diversión del público, en esta comedia (producida por Mocho Borrajo), que presenta a sus personajes en el centro del huracán de un enredo de celos, que termina solucionándose, prácticamente en el corazón de una improvisada guardería infantil. Ozores conoce los mecanismos del oficio cómico para sembrar su argumento de equívocos y simulaciones, que ponen a los personajes en una peligrosa cuerda floja, amarrada entre las fantasías de su protagonista, y las imposiciones de la cruel realidad. Ozores fustiga los grandes vicios de actualidad en esta "descacharrante" comedia, sin olvidarse de los políticos, de la televisión, de las vacas locas, de los conflictos generacionales, de la violencia marital, de la política de subvenciones culturales, de la homosexualidad, del travestismo y hasta de los barbituricos que ayudan a soportar el ajetreado ritmo de nuestro tiempo.
"Achipé, Achipé" (voz onomatopéyica que se dirige a los niños de cuna para tranquilizarlos) es una comedia con mucho brío, mucho nervio, y mucho ritmo, defendida magníficamente por sus intérpretes. Manuel Zarzo interpreta al marido celoso y violento, dispuesto a creerse cualquier historia que le cuenten, con tal de salvar su matrimonio. Nicolás Dueñas realiza auténticas acrobacias para sacar adelante su sarta de fantasías, destinadas a justificar todas las tropelías del argumento. Y lo hace con mucha gracia, dinamismo y brillante vena cómica. Emma Ozores aporta su talentosa gracia innata a su personaje de chica moderna y de disparatada vestimenta. Sus juegos de voces e impostaciones resultan muy eficaces para el alto tono de la comedia. Lucía Bravo compone -en un registro mucho más realista- a su personaje de la esposa, situada en el corazón del conflicto de esta pieza de celos, que no encierra ninguna infidelidad real en el bando femenino.
El público rio con ganas desde el comienzo las gracias de esta pieza, y al final ovacionó a sus intérpretes, y a Antonio Ozores. Toda una vida de comedia puesta al servicio del sentido de su oficio: divertir al público con todas sus fuerzas.

sábado, 17 de julio de 2010

ENTRE AMIGAS ANDA EL JUEGO


"Ellas. La extraña pareja" De Neil Simon. Dirección: Eusebio Lázaro. Versión: Diana Laffond. Reparto: Fiorella Faltoyano. Cristina Higueras. Helga Liné. María Álvarez. Lina Mira. José Vicente Moirón. Pablo Scola. Espacio escénico: Eusebio Lazaro. Productor ejecutivo: Jesús Cimarro. Madrid. Teatro Arlequín. 20-9-2001.

Neil Simon es un gran autor de comedia. Lleva décadas arrasando en Broadway, y la insaciable y exigente maquinaria de Hollywood se ha interesado por muchas de sus obras. El éxito de "La extraña pareja" llevó a protagonizar a Jack Lemmon y Walter Matthau la versión cinematográfica. Profundizar en las relaciones de amigos -sobre todo, cuando conviven- es una forma de hablar de amor. La intimidad es el mayor tributo del ser humano; de ahí, la fuerza del hogar en nuestra vida. Es el escenario de nuestras peripecias más íntimas, las extremadamente placenteras y libidinosas, y las más sinceras, desnudas, y dolorosas.
En "La extraña pareja", Neil Simon se cuela como un diablo cojuelo en la casa de Olivia, donde ha recibido cobijo su amiga Flori, que acaba de ser abandonada por su marido. Dos personalidades opuestas y complementarias se reúnen en esa improvisada convivencia amistosa. Las lealtades, los roces, las diferencias de estilos de vida y de caracteres, permiten que la obra conduzca a situaciones chispeantes y jugosas en el plano dramático. La obra está muy bien imaginada, y la versión de Diana Laffond es fresca y directa. "Ellas, la extraña pareja" está sucediendo en Madrid, lo que aún acerca más la historia al público.
Eusebio Lázaro ha dirigido a las actrices con naturalidad y frescura, sin olvidar la rigurosa composición de tipos que exige el género. Fiorella Faltoyano interpreta a una tontita, maniática de la limpieza, con gran encanto y personalidad escénica; tiene el difícil "tempo" de la comedia, sin perder la ingenuidad de su personaje. Cristina Higueras interpreta a la amiga quisquillosa, independiente, "hombreriega", y juerguista; una ejecutiva agresiva, ablandada por los llantos de los hombres. Combinan bien los temperamentos escénicos de las protagonistas, que además, lucen muy bellas en escena.
Lázaro ha creado un espacio escénico de paredes traslúcidas que permiten registros ilusorios de teatralidad que enriquecen escénicamente el espectáculo. El resto del reparto está ajustadísimo y cumplen eficazmente su función en la progresión del inteligente argumento de la trama. Helga Liné vuelve a demostrar sus singulares dotes cómicas. Su belleza, elegancia y sofisticación, en contraste con la aguda ingenuidad de su carácter, la convierten en un personaje y una actriz de comedia delicioso e indispensable.
En "Ellas. La extraña pareja" todo parece estar en su punto, como una cena fresca, servida por bellas mujeres, que entretiene y divierte al público sabrosamente.

viernes, 16 de julio de 2010


"Las (otras) criadas”. De Jean Genet. Dirección: Gabriel Chamé Buendía. Reparto: Silvia Gatón. Rosa Sáez. Pepe India. Escenografía: Gabriel Carrascal y Esmeralda Díaz. Iluminación: José Luis Martínez. Madrid. Teatro Arlequín. 24-3-2002.

La obra dramática de Jean Genet se alimenta en el vigor del arrabal, de la periferia, del inframundo de los marginados, de los presos, de los desfavorecidos de la fortuna. Cualquier forma transgresora que se aplique a la representación de su obra, armoniza bien con su discurso revolucionario.
La compañía que representa “Las (otras) criadas” de Genet, así lo entiende. Aprovecha el tirón publicitario del “montaje oficial” y nos muestra otra forma de entender el teatro arrinconado de Genet, con una festiva representación, plagada de guiños al público, como en el cabaret, haciéndole cómplice de su disparatada representación de la tragedia burguesa que escribió Genet, en torno a un crimen macabro que hizo temblar a la sociedad francesa, porque atentaba contra su pilar esencial: la familia. El terrible virus que Genet siembra en la escena, es que el enemigo está en casa, en nuestros hogares, entre nuestros seres queridos; incluso, en el interior de nosotros mismos.
El farsesco cabaret esperpéntico que realizan los responsables y protagonistas de estas “otras criadas”, más que un gesto de irreverencia obscena hacia la obra de Genet, hacen un guiño insolente a la causticidad del teatro satírico. No quiere esto decir que la propuesta de estas nuevas criadas, resulte osada, violenta y devastadora, digamos que divierte al respetable, porque está a la moda, a pesar del intenso texto genetiano, con el que a partir de los veinte primeros -e insolentes- minutos, se lanzan a representar al pie de la letra. Estas “cutre-criadas” -interpretadas por Silvia Gatón y Rosa Sáez- son grotescas y deformes, como un esperpento extraído -no de Valle, sino- de las parodias cinematográficas. El hecho de que el personaje de La Señora esté interpretado por un hombre –Pepe India-, más que aumentar la carga simbólica del Poder que encierra ese personaje, sitúa la representación en las fronteras de un garito nocturno de ambiente, donde actúan transformistas, también conocidas como “drags queens”. Su mayor aportación al espectáculo es que cante una jota bajo una inmensa pamela rosa.
La escenografía trabaja en el límite del mal gusto, y subraya el acento caricaturesco del montaje, con un escenario estampado, floreado y colorista.
El abundante público que ocupaba la sala (en un bienvenido horario “golfo”, de madrugada) celebró las ocurrencias del elenco, y lo aplaudió generosamente al final de la representación.

lunes, 5 de julio de 2010

JUEGOS PELIGROSOS


"La huella". De Anthony Shaffer. Producción: César Benítez y Luis Lorente. Dirección: Ricard Reguant. Versión: Juan José Arteche. Escenografía y vestuario: José Luis Raymond. Reparto: Agustín González. Andoni Ferreño. Madrid. Teatro Arlequín.

Asistir a la apertura de un local teatral como el Arlequín, donde hasta ahora sólo se proyectaban películas de cine, es una buena ocasión para confirmar la recuperación del teatro como medio de expresión, diversión y comunicación creciente con el público.
César Benítez y Luis Lorente lo han inaugurado con la producción de uno de los textos teatrales más celebrados de las últimas décadas: "La Huella" de Anthony Shaffer, que tuvo la habilidad de convertirse además de en un gran éxito teatral, en una formidable película interpretada por Lawrence Olivier y Michael Caine, dos de los mejores ases que ha dado la escena británica. La razón de este clamoroso éxito radica en que "La huella" no es solamente una comedia policiaca ingeniosa y bien urdida para confundir la perspicacia del público (como marca el género), sino que es un texto germinal que ahonda en la capacidad de simulación del teatro, como base de peligrosos y excitantes juegos humanos.
El "si mágico" del teatro, (ese hacer como si uno fuera otro, y ser aceptado como tal), funciona como piedra de toque par a explorar las cambiantes relaciones de poder entre dos hombres encerrados en una casa, vinculados por una mujer que sólo existe en un cuadro y en las palabras que ellos le dedican.
Los cambios de roles entre amo y víctima, la relación sexualmente ambigua de los mismos personajes, entregados a un sin fin de ficciones y simulaciones, el poder genesíaco de la palabra..., todos estos factores otorgan una enorme riqueza a este texto, escrito para que dos grandes actores certifiquen su calidad sobre las tablas.
Agustín González vuelve a demostrar su gran categoría interpretativa a la hora de componer este difícil personaje que conduce inicialmente todo el juego de la obra, lanzando sus envenenados dardos sobre la diana de su víctima: el hombre que lo visita en su casa. La segunda parte de este juego "macabro" se sostiene con más dificultad, al ser Andoni Ferreño (un actor apuesto y simpático) el encargado de marcar la pauta de este "psicodrama pasional". Le faltan muchos matices y mucha experiencia para hacer creíble su caracterización como temible inspector de policía, que atrapa como en una ratonera a su anfitrión acorralado.
No obstante, el público sigue con atención e interés esta representación de "La huella", (servida en un bonito decorado de José Luis Raymond, que recrea el salón de una vetusta mansión británica rebosante de mecanismos ocultos y sorpresas), que viene a enriquecer con un gran texto dramático, la actual cartelera madrileña.

AMOR A MEDIAS


"Amor a medias". De Alan Ayckbourn. Adaptación y dirección: Ricard Reguant. Escenografía y vestuario: Anselmo Gervolés. Reparto: Loreto Valverde. Pedro Valentín. Paco Morales. Rocío Muñoz. Valentín Paredes. Malena Gracia. Madrid. Teatro Arlequín. Fecha de estreno: 17-12-99.

El dramaturgo británico Alan Ayckbourn es una "bomba" en los teatros del West End londinense. Actores como Anthony Hopkins, o Jeromy Irons se han entregado, sin ningún pudor, a sus obras como un ejercicio de estilo de este género corrosivo que trasciende al vodevil en su inocencia blanca. En "Amor a medias", el repaso que hace el autor a las relaciones matrimoniales (el principal pilar de la sociedad occidental) no puede ser más defenestrante. Hay auténticos combates cuerpo a cuerpo de los cónyuges, en la misma mesa donde cenan sus invitados. La infidelidad, la mentira, la conveniencia, los hijos..., parecen ser los principales muelles donde puede lanzar sus amarras la nave matrimonial.
A través de las peripecias de tres parejas, (que sólo encierran un sólo "flirt" verdadero), el autor da una vuelta de tuerca al género vodevilesco para traspasar los límites de la farsa grotesca y de la comedia satírica: la mentira, el dinero y las apariencias son los únicos tres pilares reales que unen a la pareja matrimonial. Hacer un diagnóstico de esta índole de la sociedad contemporánea, es todo una loable osadía en la que debe reincidir irrevocablemente el teatro, como saludable conciencia de su tiempo.
Pero, a la par, Ayckbourn se siente con voluntad de experimentar con la forma teatral, dando pie a una representación muy original, en la que todas las escenas suceden simultaneamente en dos espacios diferentes, y a veces en dos tiempos distintos; todo un desafío para el director y los actores que decidan ponerla en escena. Hay que destacar el esfuerzo que realiza la compañía madrileña que ahora la escenifica en el teatro Arlequín, pues el diagrama de la representación es muy complejo. La escultural Loreto Valverde encarna a la señora rica, dotándola del encantode su belleza. Pedro Valentín, con su humor castizo y profundamente popular, da vida al esposo burlado. Paco Morales realiza una dinámica interpretación del personaje del galancete infiel. Valentín Paredes está muy bien en el personaje de hombre anodino y petimetre. La bella Rocío Muñoz, y la simpática y despampanante Malena Gracia, completan el reparto. El director, dirige muy bien el tráfico de esta movida función.

sábado, 26 de junio de 2010

RECONCILIACIÓN DE SEXOS


"Defendiendo al cavernícola”. De Rob Becker. Versión española: Eduardo Galán. Reparto: Nancho Novo. Dirección: Marcus Von Wachtel. Madrid. Teatro Arlequín.

El teatro como reconciliador de los sexos corresponde a una vieja escuela satírica que alimentó las primeras comedias griegas. En la actualidad el tema florece en diferentes espectáculos, en los que se realiza un retrato paródico del sexo contrario al del intérprete que ejecuta la sátira. No nos engañemos, abundan más las piezas de mujeres que caricaturizan a los hombres, quizás porque una mayoría de público femenino llene las salas, o al menos sean las responsables de arrastrar a novios y maridos hasta un patio de butacas.
El papel que nos toca a los hombres en esas comedietas burlescas, suele rayar con lo patético. Prima más el rencor y el resentimiento, que la deleitable y corrosiva mirada cómica.
Por eso sorprende más la voluntad de reconciliación y entendimiento que ofrece el monólogo “Defendiendo al troglodita” del autor norteamericano Rob Becker, adaptada a nuestra escena y nuestra lengua por Eduardo Galán. Nancho Novo interpreta a este hombre que no se obceca en destripar y ridiculizar los hábitos de las hembras, sino que intenta exponer con la mejor voluntad las diferencias que existen entre la personalidad y el comportamiento de un hombre y el de su compañera. Apelando a cierta teoría prehistórica del hombre cazador y la mujer recolectora, se intenta realizar un bosquejo o una radiografía de que los hombres y las mujeres ven la vida de diferentes maneras, lo que no lleva implícito que unos sean sistemáticamente mejores que otros.
En un colorista escenario, y con una banda musical estimulante, Nancho Novo despliega su rico caudal de recursos interpretativos para mantener en pie el interés y la atención del público, que ríe y aplaude numerosas escenas y ocurrencias de la obra. Marcus Von Wachtel realiza una acertada dirección escénica, estimulando la teatralidad de este brillante monólogo.
El juvenil y numeroso público de una de las felices funciones golfas del teatro Arlequín, en sábado por la noche, aplaudió satisfecha y repetidamente a su protagonista.

SERPIENTE CON DIAMANTES


"Un ángel azul”. De: Christian Lange. Versión y Dirección: Daniel Bohr. Reparto: Esperanza Roy. Igor Larrauri. Vestido concierto: Amparo Coll/Fernando Dosantos. Madrid. Teatro Arlequín.

Marlene Dietrich es un mito del vencido siglo XX. Su trabajo en el cine y en los escenarios musicales de todo el planeta catapultaron su sofisticación, su perversa belleza y su talento hasta cotas insospechadas. Su nacionalidad alemana y su trabajo en el cine de Estados Unidos le creó un conflicto añadido a su ya ambigua e hiriente personalidad. Marlene odiaba el fanatismo de Hitler, y durante la segunda guerra mundial tomó partido abiertamente por el bando aliado, algo que no terminarían de perdonarle nunca sus paisanos.
Christian Lange ha demostrado ser un mitómano del glamour hollywoodense en más de una ocasión, pero ahora lo rubrica con esta pieza “Marlene Dietrich. Un ángel azul” que escribió para celebrar en el año 2000 el centenario del nacimiento de la estrella alemana. La obra está bien escrita y estructurada con inteligencia para desatar la catarata de recuerdos de un personaje tan rico y tan complejo como el de la Dietrich. El autor es uno más de sus miles de admiradores, pero se contiene a la hora de soltarse la melena en su adoración al mito de la peluca rubia.
Esperanza Roy se siente completamente unida e identificada con esta estrella tan musical como cinematográfica, al ser ella pura carne de teatro; en su biografía artística se reúnen tanto la canción, como el teatro musical, el cine, o los registros más dramáticos. De todo se vale para dar vida a las distintas etapas de Marlene Dietrich que se evocan en la obra. Desde sus silla de ruedas en el exquisito apartamento parisino en el que concluyó sus días en 1992 va deshilando la madeja de sus recuerdos más terribles y brillantes. Sus relaciones con Joseph von Stenberg (el director de cine que la catapultó a la fama), con su única hija y violenta biógrafa, con Greta Garbo, Gary Cooper, Jean Gabin, Spencer Tracy, Maximiliam Schell, y tantos otros. La Roy, envuelta en un sofisticado y admirable vestuario marlenesco sabe exprimir su presencia escénica con un sentido ceremonial e intenso, apoyada por su magnética mirada, y la locuacidad de sus grandes manos, que mueve con alma de teatro.
El director realiza una puesta en escena sobria y elegante, y el joven Igor Larrauri interpreta con mesura al ayuda de cámara personal de Marlene, que da pie a que la diva desate todos sus recuerdos para solaz divertimento del público.
“Marlene Dietrich, un ángel azul” es una de las propuestas más inteligentes, entretenidas e iconoclastas que ofrece la cartelera madrileña, y que podrá hacer disfrutar a numerosos sectores del público, que se sientan identificados con el glamour y la sofisticación de esa hermosa serpiente con piernas admirables, y esa garganta cálida, gatuna y cazallera de la sin par Marlene Dietrich.

CABARET CON GUINDILLAS


"Confesiones del pene.” De José Montero. Dirección: Luis Rosini. Reparto: Gustavo Ferrari. Adrián Rey. Nicolás Scarpino. Madrid. Teatro Arlequín.

El teatro genital ha inundado con fiereza nuestros escenarios en las últimas temporadas. Hay que reconocer, que por muy repetido que resulte tiene un gran gancho en el público. Los temas del pubis siempre han estado muy relacionads con el teatro, diríamos que han sido el motor más potente de la comedia en todas sus épocas. No es extraño pues, que al público le guste oír hablar de estos temas, y acudan en riadas a llenar estas salas. Oír hablar de temas picantes, es una forma excitante de hacer sexo verbal.
La originalidad de la fórmula es lo más cuestionable. El Cabaret y el Café-teatro siempre se han alimentado de este material tan obsceno como simpático. Las risas han estado muy unidas a las procacidades de los cómicos. La sencillez de producción de estos diálogos o monólogos sexuales es una de las razones que más atraen a los empresarios: con poca inversión, se aumenta el público. ¿Para qué ofrecer productos más complejos en escena?
Aprovechándose del tirón del trío de actores argentinos que interpreta la inaccesible “Art” en estas mismas fechas, Gustavo Ferrari, Nicolás Scarpino y Adrián Rey se montan una velada de chistes y relatos íntimos entre amigos, para mantener entretenido al público durante un buen rato. Sentados en tres taburetes frente al respetable, hasta los mismos actores se ríen de las gracias de sus compañeros, al referirse a su “cosita” masculina.
José Montero añade a su pieza (además de los previsibles comentarios sobre las heroicidades y aventuras que a un hombre le proporciona su arma secreta,) una especie de cuentitos sensibles (bien relatados por sus intérpretes) que estimulan la vena más lírica y tierna del respetable.
Los numerosos asistentes a la representación aplaudieron incondicionalmente a los intérpretes de esta nueva entrega de cabaret con guindillas picantes.

lunes, 21 de junio de 2010

LA MIRADA DE LA JUVENTUD



"La noche del oso”. De Ignacio del Moral, con la colaboración de Javier Manrique. Dirección: Ernesto Caballero. Reparto: Fernando Ramallo. Críspulo Cabezas. Eloi Yebra. Escenografía: Ion Garayalde. Madrid. Teatro Arlequín.

Ignacio del Moral y Ernesto Caballero forman una de las parejas artísticas más estables y solventes del teatro español de las últimas décadas. Numerosos han sido los proyectos en los que se han embarcado ambos, como “La mirada del hombre oscuro”, que posteriormente pasaría a las pantallas cinematográficas con el título de “Bwana”, y que fue seleccionada por la Academia española para competir en los afamados premios Oscar. Del Moral colaboró igualmente con Fernando León en el guión de “Los lunes al sol” cuya meteórica carrera todo el público conoce. Su tarea como guionista televisivo está refrendada por numerosos éxitos como “Farmacia de guardia”, “¡Ay, Señor, Señor!” y tantas otras series. Caballero ha demostrado en numerosas ocasiones su calidad artística tanto como director de escena, o como dramaturgo, una simbiosis que no se da con frecuencia en nuestras tablas.
“La noche del oso” parte -pues- con las mejores garantías para convertirse en un espectáculo memorable.
Podría decirse que el humor y la conciencia social son los ingredientes básicos de este saludable producto teatral. Sus intérpretes vienen a cerrar el círculo de un proyecto armonioso, coherente y de una destacada personalidad en la cartelera madrileña. Podría enmarcarse dentro de un teatro del presente, al que solemos estar acostumbrados últimamente por el combate de los sexos en pleno escenario. Pero, “La noche del oso” eleva su vuelo por encima de fórmulas tan manidas como efectivas, para llegar al centro de gravedad teatral del público. Lo que los tres jóvenes actores van desgranando en escena con sus parlamentos, termina convirtiéndose en una feliz granada de la amistad, que justifica todos los difíciles avatares transitados por sus tres personajes adolescentes.
Podría decirse que la obra transita por la geografía emocional de ciertas películas como “Barrio”, dada la extracción social y la problemática que afecta a los jóvenes adolescentes que la sufren; pero, sin embargo “La noche del oso” tiene un sentido eminentemente teatral y artístico que la eleva por encima de la media de lo que suele verse en nuestros escenarios.
La dirección de Ernesto Caballero es tan elegante y efectiva como siempre suele ser habitual en sus espectáculos. Hay un sentido de la estilización y del subrayado de los conflictos, que convierte la puesta en escena en algo más que realismo social de miope pacatería escénica.
El brillante trabajo de Fernando Ramallo, Críspulo Cabezas y Eloi Yebra, aporta la verdad y la sangre joven necesaria para que estos adolescentes no resulten criaturas de laboratorio vistas con mirada paternalista por sus progenitores.
El público rió y aplaudió a los jóvenes intérpretes, tras haber asistido a una representación teatral que habla de nosotros en tiempo presente, con una insólita efectividad artística.

MARIONETAS PORNOGRÁFICAS




“13 polvos. Títeres porno”. Autoría: Cía. “NI” y Goyo Feo. Dirección general: Sergio Rosemblat. Dir. de Arte: Papín Lucadamo. Títeres: Claudia Verdecchia. Actores manipuladores: Mateo Amieva. Nacho Núñez. Blanca Nicolás. Marían Sánchez. J. L. Gallardo. Juan Echenique… Madrid. Teatro Arlequín.

El teatro de títeres suele estar asociado erróneamente al mundo infantil. Estos muñecos, que representan en el extremo de la convencionalidad al ser humano, pueden ir mucho más lejos en su virtuosismo interpretativo, que el limitado cuerpo de actrices y actores. La estilización de la vida que se produce en la representación con muñecos, suele desprender una fuerte carga simbólica, que conduce fácilmente a la poesía y al ternurismo, que se les adjudica habitualmente al género. Pero no hay que olvidar toda la tradición satírica, grotesca, y de gran guiñol que acompaña a estos crueles actores de cartón o de tela. Los famosos “Cristobicas” de los niños son violentos, agresivos, y si es necesario asesinos. El “estacazo que te crió” es una muletilla habitual de estos golpeadores natos.
“13 polvos” es la propuesta escénica más trasgresora que puede verse en los escenarios madrileños en estas fechas. Ninguna compañía de actores de carne y hueso hurga tan a fondo en los pilares de nuestra civilización, como lo hacen estos desinhibidos muñecos, con tanta gracia, lucidez y atrevimiento. La compacta y entusiasta compañía derrama vitalidad, corrosión y mucho humor genital, a la hora de relatar sus polvos salvajes y “ejemplarizantes”.
Una madre asesora al novio de su hija cómo conseguir dar placer a la anatomía femenina, con deslumbrantes clases prácticas. Un cura instruye a un monaguillo en los alimentos terrenales más blasfemos y pecaminosos, que puedan imaginarse. Una pareja de carniceros hacen el amor delante del público, con más sangre y truculencia de la que hubieran podido soñar los mismos surrealistas. Una pareja de macarras futboleros, descubre en la parada del autobús los grandes placeres que lleva encerrados la verdadera amistad masculina… Todas las historias que nos relatan esta saludable y refrescante compañía son tan irreverentes como desternillantes. El público más osado no dará crédito a lo que está viendo y escuchando. Pero son sólo muñecos, y la trasgresión es uno de los vehículos directos a la catarsis. El público sale como limpio y hermanado tras haber asistido a la contemplación de este retablillo de muñecos furiosos. En escena hay un pequeño teatrito de títeres, donde los muñecos ponen en práctica su
original y desenfrenada vida sexual, con la ayuda de varios manipuladores, cuyo rostro permanece a la vista del público.
Excelente y ejemplar trabajo el de “13 polvos”, lleno de imaginación, teatralidad, provocación, y sobre todo, mucho, mucho espíritu lúdico. Demuestran que los títeres y los muñecos en nuestro país son casi una selva virgen, donde casi todo está por descubrir. No se lo pierdan, si creen que el teatro ayuda a cambiar el mundo, y sobre todo, a hacerlo más divertido y habitable.

Y SAM VOLVIO A TOCARLA


“Sueños de un seductor”. De Woody Allen. Versión: Juan José Arreche. Director: David Ottone. Reparto: Fele Martínez. Mar Bordallo. Vicente Colomar. Raquel Gribler. Belén González. Paco Churruca. Madrid. Teatro Arlequín.

El universo de Woody Allen es tan conocido para el público español actual, como puede serlo el de Jardiel Poncela. Sus obras de hace cuarenta años podían suceder perfectamente en el Madrid de nuestros días. El cine homologa y universaliza los discursos y las costumbres. Gracias al cine de Allen y a muchos telefilmes norteamericanos, cualquier español puede tener sus propios recuerdos, impresiones e imágenes de Nueva York, sin haber puesto jamás un pie en la isla de Manhattan.
Aunque esto no debe conducirnos a engaños, no todas las películas tienen el mismo poder evocativo. Lo que hace singular la obra de Allen es que es personalísima e intransferible. Su fuerza de autor radica en su salvaje subjetividad. Paradójicamente sólo podemos identificarnos colectivamente en lo extravagante y en lo insólito.
Allen disecciona la realidad con el bisturí implacable del humor. Su ingeniosa ironía, socorrida por el erotismo, conduce directamente a la comedia, el más difícil de los géneros.
“Sueños de un seductor” es una de sus primeras entregas teatrales, estrenada en Chicago en 1968. El impacto que produjo entonces no puede hoy provocarlo. Cuando esta obra se estrenó, el que se estaba mostrando públicamente por primera vez era Woody Allen. El éxito no fue el de la obra, sino el del autor-actor que se avalanzaba sobre la sociedad norteamericana, para retransmitirla al mundo entero, con su estimulante mirada cáustica.
Fele Martínez encabeza la producción española de “Sueños de un seductor”, que inicialmente se titulaba “Tócala otra vez, Sam”, en homenaje sentido y directo a la película “Casablanca”. El título no era gratuito, lo mejor de la obra es la incorporación a la trama del personaje de Bogart, que le da consejos permanentemente al tímido, torpe y compulsivo protagonista, para conquistar limpiamente el amor y la pasión de cualquier hembra. Este fantástico personaje es el mayor hallazgo teatral de la función, porque pone en marcha el motor de la comedia satírica; mientras el retablo de los personajes típicos de la gran manzana, forman parte de la comedia de costumbres.
La compañía realiza un compacto trabajo de interpretación, que mantiene viva la escena en todo momento. Fele Martínez interpreta al alter-ego de Woody Allen, con una expresiva timidez cómica, que el público celebra con risas y carcajadas. Paco Churruca da vida al fantasma de Bogart con una contención tan brusca como divertida. Vicente Colomar representa con sólida elegancia al ejecutivo amigo, que tiene medio olvidada a su esposa. Mar Bordallo es la mujer casi abandonada que une y separa a ambos amigos. Raquel Gribler interpreta a la exesposa del protagonista, con fiera belleza.
El público aplaudió esta refrescante comedia, servida con entusiasmo, entrega y cariño por sus protagonistas.

sábado, 19 de junio de 2010

PIERROT URBANO


“Una noche con Gabino”. Texto original e interpretación: Gabino Diego. Dirección: Gina Piccirilli. Escenografía: Ana Garay. Iluminación: Eduardo Cueto. Madrid. Teatro Arlequín.

Gabino Diego tiene una virtud como actor, y es que el público lo quiere. No sucede con todo el mundo. Ser un excelente intérprete no garantiza la incondicionalidad afectiva del público. Su estado de comicidad enlaza con el calor que despierta un humorista, un bufón o un payaso. Gabino está más cerca del dulce y tierno encanto de Pierrot, que del golferío de Arlequín.
Los monólogos de estrellas famosas del cine se está convirtiendo en otro subgénero gracias a la crisis de los rodajes cinematográficos. ¿Quién iba a decirles que iban a tener en las tablas teatrales su red de salvamento? Los maltratados dramaturgos patrios no deben andar muy contentos con este florecer de vivencias biográficas relatadas por los mismos actores desde la escena, pero al público no parece importarle demasiado, por el contrario, sienten que de esta manera conocen más de cerca al personaje.
Gabino Diego realiza un loable y dinámico esfuerzo para llenar de vida la escena, derramando su personalidad por todo el teatro. Su sonrisa se gana la atención del público, que responde con risas a sus ocurrencias. El actor da a conocer en este espectáculo sus poco conocidas cualidades como imitador y cantante.
Muchos personajes artísticos de su entorno son convocados por Gabino a la escena, como su mentor Fernán Gómez, sus amigos Jorge Sanz o Santiago Segura, o el entrañable personaje de su abuela, o el camello de su barrio, una de las más brillantes composiciones de este retablo de personajes de la vida de Gabino Diego.
El actor enriquece la agilidad de la representación incorporando una serie de números musicales que han marcado su vida y su carrera y que canta e interpreta con soltura y con gracia. Se venga de los críticos que le maltrataron, recitando (por consejo del maestro Fernán Gómez) las malas críticas recibidas. Es todo un hallazgo, ya que debe ser la primera vez que una crítica teatral se convierte literalmente en material dramático; para que luego digan que la crítica no es un oficio artístico.
El público participa permanentemente del espíritu festivo de la representación, interrumpiendo con sus aplausos la entregada actuación de tan entrañable intérprete.