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lunes, 19 de julio de 2010

DONDE HAY MÚSICA, NO MORA EL MAL


"Te quiero, eres perfecto... ya te cambiaré". De Joe Dipietro y Jimmy Roberts. Dirección musical: Manuel Gas. Dirección escénica: Esteve Ferrer. Traducción y adaptación: Anna Ullibarri y Roser Batalla. Reparto: Silvia Marsó, Miguel del Arco, Carmen Conesa, Víctor Ullate. Músicos: Mónica Fuentefría. Lázaro Pulido Cruz. Anau Vilá. Escenografía: Carlos Montesinos. Vestuario: Antonio Belart. Iluminación: I. Morros y F. Ayuste. Madrid. Teatro Marquina. 1-9-2000.

El género musical ha despertado siempre la simpatía y el aprecio del público, porque la música ayuda a soportar la vida. "Donde hay música, no mora el mal", reza sabiamente un dicho popular. El espectáculo "Te quiero, eres perfecto..." es una magnífica oportunidad para volver a disfrutar de las livianas bondades del teatro musical. El secreto del encanto de esta representación, radica en la equilibrada mezcla de ingredientes que requiere el género. Un libreto que no pesa demasiado en pretensiones críticas y trascendentes; una música agradable, que da la sensación de haberla oído ya en muchas ocasiones; pero, que sumada a la juventud, humor y encanto de sus protagonistas se convierte en un apetitoso banquete escénico que agradecerá el público.
Este musical de Joe Dipietro y Jimmy Roberts, estrenado originariamente en Nueva York, con producción de James Hammernstein, (uno de los principales bastiones del poderoso mundo del espectáculo musical anglosajón), pone en evidencia lo similares que son los conflictos que sufren los habitantes de las grandes urbes contemporáneas: los agobios laborales, las relaciones familiares entre esposos, padres e hijos; las dificultades de la vida urbana actual, con una lista interminable de obligaciones públicas añadidas, indeseables por cualquiera de estos acosados y agotados ciudadanos de casi el S. XXI. Aunque, el tema central que guía todas las historietas que se representan a lo largo de la obra, es la búsqueda del amor, de la pareja, del consuelo vital y sexual que produce la compañía amada. La huida de la soledad es lo que desea cualquier humano viviente, mucho más en las duras ciudades de acero implacable que nos aíslan tras los muros de nuestros coches o nuestras casas.
Por eso, espectáculos como éstos ayudan a ir al teatro, porque el público pasará un par de horas estupendas con estos cuatro eficaces cómicos; y los tres virtuosos músicos que en escena les acompañan. Carmen Conesa vuelve a demostrar su gran empatía con el público; es todo un animal de las tablas: disfruta, se emociona, hace la gansa, y lleva sobre sus hombros gran parte de la vitalidad del espectáculo. Las brillantes dotes vocales y actorales de Miguel del Arco, la secundan en su empeño, afrontando con ella numerosísimos y eficaces cambios de personajes. Silvia Marsó y Víctor Ullate Jr. completan este eficaz y alegre cuarteto, lleno de gracia, ternura y belleza. El público aplaudió a rabiar algunos números musicales, como el del urinario de caballeros; la cena familiar; el monólogo del vídeo para una agencia matrimonial; el paseo familiar en coche; o la ceremonia de la boda, al final del primer acto.
"Te quiero, eres perfecto..." es un musical agridulce contra la soledad; todo lo que retrata con fresca ironía, es real; como la vida misma, de hoy en día. Cada generación de espectadores podrá verse reflejada en algún grupo de sus numerosos personajes protagonistas.

sábado, 17 de julio de 2010

DRAMA TRANQUILO OCN FANTASMA


"La prueba". De David Auburn. Dirección: Jiame Chávarri. Versión: Juan José Arteche. Reparto: Cayetana Guillén Cuervo. Santiago Ramos. Miguel Hermoso Arnao. Chusa Barbero. Escenografía: Ana Garay. Iluminación: Juan Manuel Villalba. Sonido: Mariano Gracia. Vestuario: Jose María García Montes. Madrid. Teatro Marquina. 10-1-2002.

Los dramaturgos de Estados Unidos comenzaron a florecer con fuerza, apenas hace cien años. Eugene O'Neill, Tennessee Williams, Arthur Miller o David Mamett, son escritores realistas por los cuatro costados. El cine se ha sentido muy cómodo con ellos y con sus obras, hasta el punto de trasladarlas a la pantalla cinematográfica, lo que ha aumentado su proyección internacional y su prestigio artístico.
La obra "La prueba", del premiado autor estadounidense David Auburn, sigue fiel a la trayectoria del teatro de su país. Bebe en un realismo tan evidente como el de las series televisivas de ficción norteamericanas. De "La prueba" saldría un valioso "telefilm". Es una obra tranquila con fantasma. Puede rastrearse en su universo rural con muertos, la potente semilla de la obra "Nuestra ciudad" de Thorton Wilder, pero como un pálido reflejo.
Los enfrentamientos de dos hermanas, tras la muerte de su padre, por la nueva vida que se avecina, guía el argumento de esta pieza dramática. Claire quiere vender la casa; Catherine quiere quedarse. La primera ha pagado las facturas; la segunda ha cuidado del padre enfermo durante los últimos años. Entre ellas aparece un tercer personaje, el de un joven matemático que acude a la casa (en pleno funeral) a revisar los cuadernos y los papeles del padre, pues el finado era un brillante matemático, que desembocó finalmente en la locura.
A la hija buena, Catherine, se le aparece el padre después de muerto, y mantiene con ella unos diálogos que sirven para completar la historia en otro tiempo.
Jaime Chávarri ha dirigido una representación tranquila, sosegada, sin grandes alardes de teatralidad, como corresponde a un texto de estas características. Ni siquiera las sillas del decorado cambian de lugar. Sobre este fondo neutro, los intérpretes dan rienda suelta a su impronta interpretativa. Cayetana Guillén da vida a la hija afligida, (matemática genial en la sombra,) con calidades interpretativas, sobre todo en los registros suaves y tranquilos de su personaje. Está muy elegante durante toda la representación, con vestuario de Calvin Klein, en la América profunda, tan campera como universitaria.
Santiago Ramos (como el padre loco) vuelve a demostrar su profesionalidad y su buen hacer habituales. Miguel Hermoso interpreta al joven seductor matemático con seguridad y arrogancia. Y Chusa Barbero compone una enervada hermana -emigrada a Nueva York- y atacada de múltiples fobias y rivalidades.
La versión española de Arteche suena muy bien, y la escenografía de Ana Garay es hermosa e inmutable. El público siguió con atención la noche del estreno, esta tranquila y apacible representación. Al final, aplaudió calurosamente a todo el elenco artístico.

lunes, 5 de julio de 2010

UN REGALO PARA EL PÚBLICO *


"Arte". De Yasmina Reza. Versión, escenografía y dirección: Josep Mª Flotats. Reparto: Jose María Pou. Carlos Hipólito. Josep Mª Flotats. Figurines: Devota & Lomba. Iluminación: Albert Faura. Madrid. Teatro Arlequín.

Escribir la crítica teatral de un espectáculo que lleva triunfando más de un año en el mismo escenario, es una experiencia atípica para un crítico, y supongo que para el lector que ya tiene las mejores referencias de todas las distinciones alcanzadas por un montaje tan reconocido. Sin embargo, me obstino en redactarla porque creo que el secreto del éxito de "Arte", de Jasmina Reza, es una gran lección, acerca de los derroteros que debería seguir el teatro de este nuevo milenio de estreno. Teniendo un ejemplo vivo tan claro, parece un desperdicio no aprovechar las beneficiosas conclusiones que pueden resultar de comentar tan gozosa experiencia teatral.
El espectáculo "Arte" que puede verse en Madrid es resultado de la conjunción de diversos talentos; el de la autora, el del director, y sobre todo, el de sus intérpretes; aunque los tres están finamente imbricados en esta lección magistral de teatro. Yasmina Reza se interesa porlos problemas humanos, de ahí su empatía con el género teatral. Lo que ocurre en un escenario teatral debe ser un debate artístico y moral sobre la sociedad de su tiempo; una forma de intentar explicarse los errores para subsanarlos; una suerte de alumbramiento gozoso sobre los acontecimientos más terribles (el ineluctable conflicto que se convierte en motor del hecho dramático).
Todo el teatro que se escribe o que se representa es un acto de esperanza con la condición humana, por muy desastrosas que sean sus conclusiones acerca de ella. Jasmina Reza alumbra la importancia de la amistad por encima de las modas o las apariencias sociales; apuesta por el tesoro que encierran las relaciones humanas, frente al baldío reflejo de las vanidades de una sociedad consumista, medida con la vara del dinero y las distintos regletas del "poder". Por eso, el público se apasiona con lo que le cuentan en "Arte", porque a todos les recuerda algo vivido, lo relacionan con algún excelente amigo sacrificado en aras de la búsqueda frenética del "éxito" en la sociedad actual, que nos comprime implacablemente como un nocturno y alevoso camión de basura. Es más importante poder confiar en los tuyos, que tener mucho dinero y estar solo. "Arte", en su simplicidad, se convierte en una obra completamente revolucionaria por su sinceridad. El cuadro en blanco ,de tan alta cotización en el mercado artístico, se convierte en un símbolo de la pérdida de autenticidad; de las claudicaciones ante lo que hemos sido siempre, para pasar a ser más competitivos; de todo lo que nos hemos olvidado, y nos hizo tan felices. Y la autora no tiene dudas en el diagnóstico: hace ganar al afecto y la bondad.

El segundo gran motivo del éxito de la obra radica en la forma en que está representada. Josep María Flotats demuestra con este espectaculo que es el "Rey Sol" del teatro español. Su talento artístico y su incesante trabajo artístico lo convierten en una "rara avis" en el panorama nacional, donde tantas "figuras oficiales" (mantenidas por los políticos, y por el prestigio dorado que les otorga la la prensa, no siempre en coincidencia con el veredicto del público), viven de las rentas, sin asumir ningún riesgo, ni reto artístico. Flotats demuestra su profesionalidad y su nivel artístico, tanto desde el teatro público, como desde el teatro privado; con los autores clásicos, como con los autores vivos; dirigiéndolos, o interpretándolos, o ambas cosas a un tiempo.
Flotats es un enorme actor, que lo demuestra además, confrontándose en un escenario con grandes actores de su tiempo. Asumir formar parte de un cóctel de primeros actores, tampoco es frecuente entre ciertos divos de las tablas patrias. Jose Mª Pou y Carlos Hipólito realizan excelentes trabajos interpretativos, (como lo hará a partir de hoy, Jesús Castejón que sustituye a Pou) tanto con su voz, como con su cuerpo, o sus gestos limpios como los de los mimos. Están dirigidos desde una tradición corporal procedente de la formación francesa de Flotats; lo que aumenta la teatralidad de la comedia. La estilización es una de las características más claras del teatro del S. XX , y en base a ella, este montaje respira una precisión, una economía y una limpieza en todos sus registros escénicos e interpretativos, que realza el conflicto humano de los personajes, hasta la medida que le otorga originalmente el texto.
La interpretación de Flotats es "histórica", el público va tambien a "Arte", para contemplar ese prodigio vivo, como en las viejas casetas de feria, o en los tiempos de los ilustres "castrati" operísticos. Su rica técnica interpretativa y su virtuosismo, (junto con un cuerpo permanentemente relajado, del que brota frescamente el movimiento, como recién nacido,) ponen al público ante la contemplación de un actor fuera de lo corriente. Que siga representándolo por tercer año consecutivo, demuestra el generoso y bienentendido compromiso de Flotats con los espectadores de su tiempo: el público tiene derecho a verlo actuar.
Ojalá la experiencia de "Arte" sirva para extender la idea de que el teatro debe ser grande, y ayudar a que la vida, con él se ensanche. Ésa es la única razón que debe mantener vivo al arte; lo demás, es narcisismo estéril.


* Crítica inédita

martes, 29 de junio de 2010

RETRATOS DE LA VIOLENCIA DOMÉSTICA


"¡Se quieren!”. De Muriel Robin y Pierre Palmade. Versión: Miguel del Arco. Director: Esteve Ferrer. Reparto: Amparo Larrañaga. Enrique San Francisco. Escenografía. Antonio Belart. Vestuario: Patricia Hitos. Iluminación: M. A. Camacho. Madrid. Teatro Marquina.

En una época en la que la violencia doméstica llena los titulares de la prensa, las tertulias, y los telediarios, una obra teatral como “Se quieren”, viene a poner el dedo en la llaga de una forma irreverente en las raíces de este mal cotidiano, aumentado con la lupa humorística de la comedia. Repasar todas las desavenencias de la pareja en un combinado de variaciones sobre el mismo tema, parece ser el motivo principal de esta obra escrita por Muriel Robin y Pierre Palmade, con el objetivo de resaltar que en el fondo todas las discusiones matrimoniales son otra forma de quererse. Visto así el asunto, puede comprenderse lo delicado del territorio por el que se deslizan todas estas escenas autónomas y cortas que forman la representación. El público -básicamente de parejas- asiste dispuesto a reírse con todas las ocurrencias que se representan en el escenario, como si fueran a reconocerse en cada uno de los conflictos (el coche, la casa, las cenas con amigos, las suegras, las vacaciones, el sexo...), o a coleccionar argumentos en la lucha de los sexos.
La obra comienza en las puertas de una iglesia, donde la novia discute con el novio porque no quiere casarse. Lo que podría ser un excelente punto de partida para el repaso de la historia frustrada de unos personajes, pronto se interrumpe, para dar paso a la historia de otra pareja diferente. Los nombres escritos sobre una pantalla van sucediéndose entre las escenas, advirtiendo al público que se trata de parejas diferentes. Esta elección hace que la acumulación del conflicto y la progresión dramática se debiliten. A lo largo de la representación se está comenzando repetidamente.
Amparo Larrañaga interpreta a las esposas con un único registro encantador y cargante, que podría justificar por sí solo cualquier terapéutica respuesta agresiva del compañero varón, ante tanta carga reinsistente. Quique San Francisco da vida a los caballeros de la obra con esa especie de socarronería simpática que le caracteriza, aunque a veces tenga problemas de proyección de voz, como para que sus réplicas puedan escucharse en todo el teatro. La representación dirigida por Esteve Ferrer es dinámica y cuenta con el apoyo irónico de la escenografía de Antonio Belart, que sitúa a los personajes al borde del tebeo patético y cotidiano. El cóctel reunido en el espectáculo, parece satisfacer las expectativas de un público que ha acudido a verse reflejado en el escenario, con unas ganas enormes de reírse de sí mismos. Ojalá que todo acabara siempre en risas y gestos de cariño.

jueves, 24 de junio de 2010

SUFRIMIENTO OPTIMISTA


"El aplauso va por dentro”. De Mónica Montañés. Dirección: Gerardo Blanco. Puesta en escena Madrid: César Sierra. Reparto: Mimí Lazo. Luis Fernández. Julio Pereira. Mirela Mendoza. Yeimi Sasson. Lourdes Martínez. Música: Alejandro F. Lazo. Madrid. Teatro Marquina.

La actriz venezolana Mimí Lazo se presenta al público de Madrid, plena de encanto, con la obra “El aplauso va por dentro”, una pieza de ésas que arranca complicidades en el público femenino, a la par que despierta sonrisas malignas en los hombres de la sala. “El aplauso va por dentro” llega a Madrid, tras la irresistible ascensión de penes y vaginas a la conquista de los escenarios teatrales.
Este subgénero sexual del cabaret viene imponiéndose como una fórmula alternativa a la producción de costosos espectáculos con actores, bailarines o cantantes. Al público debe saciarle su hambre de humor, evasión y autocaricatura, pues no deja de rubricar con su presencia, el crecimiento de este nuevo y barato “teatro por horas”.
El encanto de Mimí Lazo y su comunicación directa con el público, dignifican la repetida oferta teatral referida. Mimí muestra una personalidad encantadora, flexible y jugosa, para hacer llegar al público la verdad y el humor de Valeria, su sufrido y optimismo personaje.
La autora Mónica Montañés demuestra inteligencia y elegancia a la hora de afrontar este combate de sexos, pues organiza el discurso de su personaje en base a sus reflexiones sobre sí misma en la vida, en lugar de lanzarse a enumerar furiosamente toda la lista de cargos que suelen imputársele a los hombres en este tipo de representaciones. La obra podría considerarse de un feminismo sensato, amable, simpático, y blanco. Todo un mérito en tiempos de tantas obviedades y zafiedades escénicas.
Tiene la pieza su gotita de erotismo en las reflexiones y contemplaciones de Valeria, sobre el sexo masculino. La obra se desarrolla en un gimnasio, y la mujer separada puede al menos refugiarse en la contemplación de su profesor de aerobic, mientras espera la llamada de su nuevo y joven novio.
El público ríe las gracias inteligentes de Mimí, y tras una horita de representación, todos arropan a esta genuina actriz venezolana, con el calor de sus aplausos cómplices.

lunes, 21 de junio de 2010

PELIGROSA HECHICERA


“Mi querido embustero”. Adaptación teatral de Jerome Kilty de las cartas de Bernard Shaw y Stella Campbell. Versión: F. Masllorens y F. G. del Pino. Reparto y dirección: Norma Aleandro y Sergio Renán. Escenografía e iluminación: Tito Egurza. Adaptación musical: Alberto Favero. Madrid. Teatro Marquina.

La eximia actriz británica Stella Campbell estrenó “Pygmalion” de Georges Bernard Shaw en 1914, interpretando el papel de Elisa Doolittle, su protagonista. El autor británico mantuvo con ella una íntima relación erótico-laboral, que generó una chispeante correspondencia, que hoy podemos disfrutar en escena. Si a dos monstruos teatrales de esta categoría, les dan vida sobre las tablas Norma Aleandro y Sergio Renán, el panorama no puede resultar más prometedor.
La calidad interpretativa de la Señora Aleandro se escapa -esta vez- de la prisión de las pantallas (donde ya la hemos disfrutado reiteradamente) para volar libre y viva sobre un escenario. La palabra temperamento se queda corta en este caso para definir su talento dramático. La palabra raza o estirpe se ajusta más a su condición de gran actriz. Ella encarna hoy lo que Stella Campbell representó en su tiempo: la cumbre de la interpretación teatral.
Todos estos factores se conjugan en “Mi querido embustero”, un recital de virtuosismo actoral que imparten la gran diva argentina, junto al gran actor Sergio Renán.
Se comenta, y no está lejos de ser verdad, que los actores argentinos han alcanzado un punto de virtuosismo con el idioma español, similar al de los prestigiosos intérpretes británicos con su lengua. La pareja protagonista de “Mi querido embustero” viene a demostrarlo.
Es una pena que tanto talento no puede refulgir totalmente sobre la escena, debido a la ausencia de drama. Por mucho que se haya empeñado Jerome Kilty en hilvanar un liviano argumento en torno a la lectura de esta singular correspondencia teatral-pasional, falta lo más importante para que se de en plenitud el hecho teatral: la obra, el autor, el demiurgo que organiza los factores del drama.
El público ovacionó a los intérpretes con entusiasmo, y la Señora Aleandro y el Señor Renán consiguieron levantar de sus asientos a casi todo el patio de butacas, elevado por la fuerza de sus aplausos.

EL ZOO FAMILIAR





“Como en las mejores familias”. De Agnès Jaoui y J. P. Bacri. Dirección: Daniel Dueso. Reparto: Javier Cámara. Gonzalo de Castro. Pau Durá. Blanca Portillo. Natalie Poza. Julieta Serrano. Teatro Marquina. Madrid.

La familia es tanto un ente protector como una escupidera de pasiones. La historia en común de todos sus miembros determina neuróticamente las relaciones. Favoritismos, alianzas, fobias, bandos… van determinando la partitura inacabable del psicodrama familiar.
Los dramaturgos franceses Agnès Jaoui y J. P. Bacri saben muy bien de lo que tratan en su obra “Como en las mejores familias”, porque están vertiendo en ella de una forma autobiográfica la pesadilla familiar. Hay en la obra una lógica aplastante, un gran verismo de las situaciones que aplastan a los personajes. El lenguaje se vuelve filtro documental para retratar este monstruo familiar.
La obra llega a Madrid refrendada por el éxito galo y por su correspondiente versión cinematográfica, dos condiciones que parecen indispensables para estrenar a un autor vivo en España, que por supuesto no sea español. Los productores teatrales han decidido hacer trapecismo con red, no quieren asumir emociones fuertes en su oficio.
La compañía española que representa su versión de “Como en las mejores familias” realiza un trabajo teatral espléndido, bien conducidos por su director Manel Dueso.
La obra tiene un planteamiento coral, en el que se retrata fidedignamente a todos los miembros de este zoo familiar. Julieta Serrano está perfecta en el papel de madre viuda del extravagante clan. Sus recursos vocales están templados con fuerza y arrogancia, maestra de un arte interpretativo que subraya su rotunda presencia escénica; arrimando su personaje a una madre terrible propia del universo de Jean Genet. Javier Cámara interpreta al hijo que mantiene el negocio familiar, reproduciendo las mismas caraterísticas vitales del padre difunto. Su esposa acaba de abandonarlo en medio de este encuentro familiar. Se vale el actor de sensibles registros interpretativos de gran madurez, conectando con el público tanto por la risa como por el patetismo de su personaje.
Gonzalo de Castro interpreta con nervio y valiosa energía escénica al hijo triunfador, el favorito de mamá, que mantiene con la progenitora una relación casi edípica, en detrimento de su esposa, interpretada por Blanca Portillo. La composición de este personaje de perdedora es brillante, de una precisa técnica emocional, que la sobresaliente actriz sabe llevar hasta su mayor efectismo; aunque le falte -desde el mismo libreto- una explosión final que libere al torturado y conmovedor personaje.
Pau Durá interpreta al vivo camarerito del bar familiar con
simpatía y una desenvoltura escénica natural. Transita bien por la comedia, aunque tiene el actor un potencial trágico que sabe exprimir en los momentos más conflictivos. Completa ajustadamente el reparto Nhatalie Poza que da vida a una credibilísima hermana pequeña. La rebelde de la casa que dice a todos las verdades como puños, y que terminará dando a todos una sorpresa. El público del estreno rió, gozó y aplaudió este brillante concierto interpretativo que imparte todo el elenco con maestría singular.

sábado, 19 de junio de 2010

RADIOGRAFÍA DEL FRACASO

“El precio”. De Arthur Miller. Dirección: Jorge Eines. Reparto: Juan Echanove. Ana Marzoa. Juan José Otegui. Helio Pedregal. Escenografía: Andrea D’Odorico. Versión y traducción: Bernardo Sánchez Salas. Vestuario: Nora Renam. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Madrid. Teatro Marquina. 10-2-04

“El precio” es una obra de madurez de Arthur Miller. Se estrenada en 1968, cuando el dramaturgo norteamericano ya había obtenido sus principales éxitos con “La muerte de un viajante”, “Las brujas de Salem” o “Panorama desde el puente”. Con dos premios Pulitzer en la mochila, el reconocido autor se sentía libre para escribir lo que le viniese en gana. En “El precio” vuelve a sumergirse en esa clase media norteamericana que tantos éxitos le había dado, para volver a realizar una pulcra radiografía crítica del sistema norteamericano.
A Miller le interesan las estafas vitales, o sea, esos personajes perdedores, víctimas de las irregularidades de la democracia estadounidense y de sus inefables hombres de banca. En esta clase social instalada en el conflicto de un sistema político que hace aguas por todas partes, es donde Miller parece sentirse cómodo, fotografiando las patologías humanas de las sociedades desarrolladas. En “El precio” todos los personajes tienen su vida frustrada, tanto el hermano pobre como el rico. Ni Victor ni Óscar han sido capaces de sobrevivir a las inclemencias morales del tiempo. Y eso que los dos tomaron sentidos opuestos en la vida, Víctor abandonando sus estudios para entrar en la policía y poder mantener a su padre arruinado; y Óscar que –alejándose de sus responsabilidades familiares- se dedicó a medrar lo más posible para convertirse en un médico millonario. La miseria moral abate tanto su vida, como las penurias económicas y la idea del fracaso torturan al hermano policía y a su esposa.
En la puesta en escena de “El precio” dirigida por Jorge Eines se alcanzan momentos de gran intensidad teatral, debido a la altura interpretativa de este desahuciado cuarteto moral. Juan Echanove interpreta al policía con una rica gama de registros tanto gestuales como vocales, además de su rotunda presencia escénica. Ana Marzoa da vida a su meliflua esposa con su gran personalidad de primera actriz. Interpreta a una alcohólica que se siente fracasada, aunque esté negada para incorporarse al mundo de la realidad. Helio Pedregal interpreta con vivacidad y soltura al médico, cuya vida no le hace sentirse precisamente orgulloso. Juan José Otegui realiza una interpretación soberbia y personalísima del viejo judío Solomón. El público ríe sus gracias y se conmueve con el alto vuelo de su actuación.
Quizás influya el hecho de que la intensa y verbal representación de “El precio” dure más de dos horas; o que el mismo texto de Miller haya envejecido, porque este exhaustivo “teatro de conversación” (como se le llamaba despectivamente al último teatro benaventino) ha perdido terreno frente a la poderosa cultura de la imagen; o, que quizás no terminen de cuajar tantos talentos actorales reunidos para encarnar unos roles vulgares y aburridos, (puramente norteamericanos), el caso es que “El precio” no termina de atrapar al público de aquí y ahora. Se dilata por mil vericuetos, y lo que había sido virtuosismo de un póquer de actores, se transforma en repetición de sí mismos.
El numeroso público de la noche del estreno aplaudió reiterada y entusiastamente el trabajo de la compañía, y particularmente, a cada uno de sus brillantes intérpretes.