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lunes, 19 de julio de 2010

ETERNA QUINIELA COTIDIANA


"Te quiero... muñeca". Escrita y dirigida por Ernesto Caballero. Reparto: Maribel Verdú. Luis Merlo. Marisa Pino. Federico Celada. Aurora Sánchez. Escenografía: Gerardo Trotti. Vestuario: Patricia Hitos. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Madrid. Centro Cultural de la Villa. Estreno: 19-10-2000.

El difícil experimento de la convivencia en pareja, la lucha de sexos, el enfrentamiento del mundo masculino y el femenino, la presencia en el hogar, o la incorporación al trabajo, y todas las consecuencias que se derivan de esta eterna quiniela cotidiana, parecen ser el mayor filón o cantera temática para el teatro de hoy en día. En lo poco que va de temporada, se han estrenado ya ocho espectáculos en los que esta diatriba hombre/mujer se convierte en el eje de reflexión central de todas ellas.
Evidentemente, este conflicto existe desde el origen de la humanidad, y por tanto ha estado presente en toda la historia del teatro, con mayor o menor protagonismo. Aunque, hay que reconocer que la vertiginosa transformación de las costumbres cotidianas que se ha producido en los último cincuenta años, ha sido especialmente intensa. La arribada masiva a los hogares, del teléfono, de la televisión, del automóvil, de los electrodomésticos, del ordenador, del móvil, de internet..., ha transformado enormemente la vida de las familias, las parejas, o simplemente los individuos. Con tanta innovación, ¿por qué no podrían también cambiarse los presupuestos sobre los que se construye la pareja?
"Te quiero... muñeca", de Ernesto Caballero, ofrece una divertida hipótesis sobre estas nuevas posibilidades combinatorias desde las que puede hoy conseguirse "la pareja ideal y feliz"; por supuesto, siempre a la medida del hombre.
Esta aguda, inteligente y divertida comedia está llena de aciertos. Tanto sus intérpretes, como la puesta en escena, y el decorado suben el listón artístico del teatro español. A Maribel Verdú se le nota lo cómoda que se encuentra sobre el escenario, representando esta comedia. El psicodélico argumento de "Te quiero... muñeca" la lleva a interpretar diferentes personalidades femeninas, lo que le permite desplegar una rica interpretación, y mostrar su belleza desde distintos y estimulantes ángulos.
La causticidad que el autor vuelca sobre el personaje masculino, lo lleva a convertirlo en un crítico periodístico. En él se representa a la perfección toda esa prepotencia egoísta del sexo viril. Un crítico que no se conforma con ser el capitán del equipo, sino que además quiere ser dios-creador, cuando en realidad sólo es un cobaya en manos de sus confusos deseos. Luis Merlo demuestra excelentes dotes para la comedia, y su personaje está interpretado con brillantez, elegancia, ternura, y sobre todo estirpe. Aurora Sánchez y Federico Celada suben la temperatura cómica de la representación en memorables escenas delirantes. La Sánchez es una de nuestras más valiosas actrices de teatro, y no sólo en registros cómicos. Su talento es muy celebrado por el público.
Tanto la brillante y chinesca puesta en escena de Caballero, como el suntuoso y misterioso escenario de Trotti, y la afinada iluminación de Camacho, dan una factura sobresaliente a "Te quiero... muñeca", un espectáculo cosmopolita e imprescindible para los amantes del buen teatro.

domingo, 18 de julio de 2010

LA FUERZA DE LA COMEDIA GROTESCA


"Los caciques". De Carlos Arniches. Montaje original de José Luis Alonso . Dirección: Ángel F. Montesinos. Escenografía y Figurines: Antonio Mingote. Reparto: José Sazatornil "Saza". Rafael Castejón. Marta Fernández Muro. Empar Ferrer. Pepa Rosado. Ana Luisa. Jesús Garrido. Paco Torres. Carlos Manuel Díaz. Antonio Fuentes. María Felices. Coordinación de vestuario: León Revuelta. Escenografía: Alfonso Barajas. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 21-1-2001.

La figura de Carlos Arniches es recordada sobre todo por sus sainetes, en los que supuestamente reflejaba la vida castiza madrileña. Porque no es que Arniches fuera un "ratero de oído" que persiguiera a los tipos populares para robarles el habla, sino que llegó a captar con tanta perspicacia el sentir del pueblo madrileño, que fue éste quien se reconoció en la palabra del dramaturgo, e hizo suyos muchos giros "castizos", que el alicantino había inventado para sus obras.
Arniches se había iniciado -a finales de siglo- en la escritura dramática con sus libretos para el Género Chico, y para el Teatro de la Hora, fórmulas abreviadas de zarzuela y comedia, que tanto éxito tuvieron en el tránsito del siglo diecinueve al veinte. Que el autor busque la musicalidad y el retruécano de las frases y expresiones de sus personajes, puede explicarse con estos orígenes; pero, por otra parte, Arniches también era consciente de que aumentaban la comicidad de los diálogos. Estas chispas y ocurrencias fueron también clave del éxito de los hermanos Quintero, quienes ostentaban el patrimonio del casticismo del sur de España. "Los caciques" pertenece a su última etapa, la más ambiciosa, la que él gustaba llamar de las "Tragedias grotescas", pero que en realidad sería más justo considerar "Comedias grotescas", pues aunque el argumento lleve engarzado una crítica social amarga, el lenguaje y la situación dramática de Arniches tienen que ver mucho más con los malentendidos, los enredos, y las situaciones grotescas de la comedia.
José Luis Alonso, que ha sido uno de los más brillantes hombres del teatro español del S.XX, montó en 1962 "Los caciques" de Carlos Arniches, con figurines y decorados de Antonio Mingote, para aumentar ese rasgo de comedia grotesca. En esta reposición, supervisada por Ángel F. Montesinos, y protagonizada por ese cómico tan entrañable para el público que es "Saza", se nota esa "mano" del director fallecido, para que -por encima de la brocha gorda cómica- aparezca un espectáculo fino y sabiamente concebido. El buen hacer de sus intérpretes lo demuestra.
Quizás, esa España rural y provinciana de "Los caciques" quede un poco desfasada, pero el público sabe muy bien que los caciques siguen existiendo en todos los ámbitos, aunque ahora, en vez de faja y vara de mando, lleven trajes de chaqueta, móvil, y ordenador portátil. El lenguaje destornillante de Arniches y su crítica contra la injusticia y la desigualdad, sigue garantizando oleadas de risas y explosiones de carcajadas entre los espectadores.

VIAJE AL FONDO DE LA VERDAD


"Madrugada". De Antonio Buero Vallejo. Dirección: Manuel de Blas. Reaprto: Kiti Manver, Manuel de Blas, Sonsoles Benedicto, Mariano Venancio, Trinidad Rugero, Francisco Rojas. Celia Trujillo. Noemí Climent. Victoria Alvás. Escenografía: Amadeo Lemus. Vestuario: Ana Lacoma. Iluminación: Jose Luis López. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 24-4-2001.

Si el dramaturgo madrileño Antonio Buero Vallejo tuvo la suerte y la justicia de verse rehabilitado con espectáculos como "La Fundación", y "Misión al pueblo desierto", (que lo situaron de nuevo como autor de culto, capaz de llenar teatros,) esta primera obra que se representa tras su muerte, "Madrugada" tiene un valor mayor que el del mero homenaje al autor desaparecido. El teatro de Buero es ante todo una lección moral y un acto de inteligencia para con la inteligencia del público. Sus obras siempre saben, o buscan ir más allá del realismo aparente, explorando los misterios y reveses de la condición humana.
En "Madrugada" -una obra que escribió en los primeros años 50-, Buero se siente ya dueño y señor de sus medios expresivos, para construir una pieza de intriga casi policiaca, que termina deviniendo una aventura de suspense moral. Cerca del lecho de un pintor moribundo de éxito, y de estimable posición económica, se congregan todos sus familiares más allegados, dispuestos como cuervos a dejarse caer sobre la herencia y sobre la mujer que compartía con él la vida, sin haber cumplido con el trámite matrimonial. Los odios y mezquindades de los parientes pobres y pequeños burgueses, que envidian a la mujer que con el compartió los lujos de una vida acomodada, se derraman esa madrugada donde la protagonista ha organizado una treta para conseguir arrancarles la verdad de la difamación que sobre ella volcaron los familiares.
Buero sabe dotar de misterio a esta pieza -un tanto cinematográfica-, que termina atrapando la curiosidad del público, en medio de la madeja de situaciones y confusiones en que el autor va sumergiendo la trama y los personajes.
Manuel de Blas ha sido rigurosamente fiel a las indicaciones del texto, y pone como director de escena, toda su confianza en el pronunciamiento de la palabra dramática, como generadora de la emoción y la teatralidad. Esta técnica literal de puesta en escena le resta modernidad al espectáculo, pero por otro lado, sitúa en los intérpretes (tan queridos por Buero) el eje del espectáculo. Kiti Manver domina el escenario interpretando a Amalia, la protagonista, que maneja y controla toda la hipócrita y despiadada trama de "Madrugada". Sus buenas dotes interpretativas y su rajado acervo popular, facilitan la verdad de este personaje envidiado y despreciado por la sacrosanta institución familiar. Manuel de Blas y Sonsoles Benedicto representan con solvente carácter y rasgos humorísticos, a uno de los hermanos y a la cuñada del muerto, respectivamente. La joven Victoria Alvás, interpreta con convicción e inocencia a la joven Mónica, la criatura más pura de la pieza, la única de toda esta jauría familiar en la que realmente se puede confiar.

sábado, 17 de julio de 2010

LABERINTO PARA TRES MUJERES


"Cierra bien la puerta", de Ignacio Amestoy. Dirección: Francisco Vidal. Reparto: Beatriz Carvajal. Ainhoa Amestoy. Elisenda Ribas. Escenografía y Vestuario: Ana Garay. Iluminación: Rafael Echeverz. Sonido: Álvaro Gómez. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 8-9-2001.

El teatro de los autores vivos tiene la ventaja de ser un espejo directo de nuestro tiempo. El espectador se ve reflejado en los personajes y sus conflictos por la cercanía, por la actualidad, por la coincidencia, por ese ejercicio de cálculos que aproxima las palabras del autor a la experiencia del público. Ignacio Amestoy estrena puntualmente sus nuevas obras, y en ellas nos ofrece trozos de realidad, fragmentos de vida contemporánea. En esta ocasión, con "Cierra bien la puerta" realiza una aproximación al perfil de la mujer triunfadora del cambio de siglo. Mujeres heroicas y emprendedoras que no estuvieron dispuestas a aceptar el papel que para ellas prepararon mimosamente sus progenitores. Rosa Martínez de Madariaga es una periodista puntera, de las más influyentes del país, pero ella, rompiendo con la noble tradición de sus apellidos, se hace llamar Rosa Martínez y punto, sin más.
El enfrentamiento generacional es otro de los temas que se tratan en "Cierra bien la puerta". Si Rosa Martínez ha hecho en su vida lo que ha querido, (renunciando a los postulados ideológicos de sus mayores, para tomar otra senda más libertaria que habría de conducirle a la maternidad en soltería,) parece que su hija no tiene la misma libertad que ella para decidir su destino. Amparada en una madre que lo puede todo, la joven se siente enjaulada en la prisión de oro donde su madre la ha encerrado. El poder de la madre la ha convertido en una figurilla particular dentro de su laberinto, pero la hija, una vez que ha conseguido un trabajo (gracias a las influencias maternas) decide volar del hogar dorado.
Amestoy pasa revista a toda una crisis de valores de la mítica generación del sesenta y ocho, y a las claudicaciones que han tenido que realizar para poder disfrutar de la sustanciosa herencia recibida de los reaccionarios abuelos; y el estrés y el miedo que les produce su actual vertiginoso ejercicio del poder.
El mundo periodístico es el eje de esta obra que avanza a vuelta de rotativa. El funcionamiento interno de los periódicos, los rigores de la noticia, las exclusivas escandalosas, la rivalidad con la competencia ..., se tratan en la obra con un conocimiento de causa de primera mano. Pero, la madre y la hija no sólo compiten por la libertad y el éxito, sino que como en los grandes melodramas comparten al mismo hombre, un combate peligroso del que saldrá vencedora una sola. Un perro llamado Borges, un perro llamado París, un carrito con cascabeles en la plaza de oriente que retrotrae a la infancia de Rosa Martínez de Madariaga, en aquella España negra. Así es el viaje de las protagonistas. Madre e hija son encarnadas respectivamente por la popular actriz Beatriz Carvajal, que vuelca en su interpretación todo su buen hacer cómico y dramático, y por la joven y dinámica Ainhoa Amestoy que insufla vida al personaje de la hija. Elisenda Ribas completa este tríptico de damas en la sombra, componiendo un entrañable personaje de Tata, que lo ve y lo sabe todo. Francisco Vidal consigue con su dirección mantener vivos tanto los conflictos de la obra, como la atención del público.

EL SUEÑO DE UNA MADRUGADA EN VELA


"Una noche de primavera sin sueño". De Enrique Jardiel Poncela. Dirección: Gerardo Malla. Reparto: Pedro Osinaga. Julia Trujillo. Blanca Marsillach. Juan Lomardero. Adela Armengol. Pedro Javier. Vanesa Arévalo. David Fernández. Escenografía: Gil Parrondo. Iluminación: Josep Solbes. Vestuario: Berta Leone. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 10-10-2001.

El próximo lunes 15 de Octubre Jardiel Poncela hubiese cumplido cien años. EL mejor regalo que puede hacérsele a un autor después de su muerte es que su teatro siga representándose, que sus personajes sigan hablando por él desde un escenario. Jardiel fue un revolucionario de la renovación de la risa. Ese "asqueroso teatro de hoy y de siempre" como llamaba Jardiel al teatro cómico, sufrió en sus manos una de las cirugías más renovadoras que se le han dado en los últimos tiempos. La prueba es que no hay grandes propuestas de renovación de la comedia en el teatro español posterior a Jardiel.
Esto no quiere decir que el autor madrileño se olvidase de las exigencias del público y de la maquinaria teatral para la que escribía, su teatro tiene una libertad osada, que entra y sale del mundo de los sueños, pero al final de la obra siempre hay ua explicación lógica, como si un detective de policía se hubiese colado en la trama, y se empeñase en explicar -a los postres- que todo lo sucedido tiene -aunque no lo parezca- su lógica interna. Jardiel estaba en contra del teatro naturalista, del humor de astracán y de los senderos trillados del popular sainete castizo. Jardiel buscaba un teatro nuevo, un teatro del sueño, por eso tantas de sus obras se desarrollan en plena madrugada.
"Una noche de primavera sin sueño" es la primera obra de Jardiel estrenada en 1927. A partir de aquí, puede considerarse inaugurado su teatro. Las señas de identidad de su alta producción humorística, están configuradas. Galanes y damiselas de la buena sociedad protagonizan sus obras en medio de algún enredo, que impide que los amantes lleven su amor a buen puerto. Criadas que lo saben todo y que desgranan su mala uva directa sobre las extravagancias de sus señores. Personajes de curiosos hombres adultos seductores de varias generaciones de féminas. Maridos que no entienden cómo se les va de las manos el amor de sus esposas y lo ponen a prueba... Todo un artefacto dramático personalísimo que sigue funcionando para divertir al público.
A Pedro Osinaga le sienta de maravilla el humor de Jardiel Poncela, esos personajes con un disparatado encanto verbal y de comportamiento, están hechos a su medida de gran cómico. Se mueve con desenvoltura en la noche de la razón jardielesca. Su gestualidad y sus muecas son precisas bombas que disparan la carcajada del público. Julia Trujillo comparte este sentido humorístico sobre la escena, su Adelaida tiene un gran encanto cómico y poético. Blanca Marsillach interpreta a la esposa envuelta en este lío de pantalones, con belleza y naturalidad. Adela Armengol da vida a la siniestra y lúcida Berta, una señora que prefiere servir a que la sirvan. Juan Lombardero interpreta con fuerza y convicción a Mariano, el esposo de la dama; y los jóvenes Vanesa Arévalo y David Fernández interpretan con desenvoltura a la jovencita pareja de amantes.
Gerardo Malla ha dirigido la obra con un gran sentido jardielesco, dotando de un buen ritmo cómico a esta pieza que encierra tantas sorpresas. El público premió el arte vivo del teatro de Jardiel Poncela, la noche del estreno, con insistentes aplausos a los intérpretes y al director de la obra.

¡QUÉ BELLO ES ROBAR!


"Atraco a las tres". De Pedro Masó, Vicente Coello y Rafael Salvia. Versión: Blanca Suñén. Dirección: Esteve Ferrer. Reparto: Manuel Aleixandre. Iñaki Miramón. Carmen Machi. Javivi. Jorge Calvo. María Lanau. Jose Luís Martínez. Víctor Gil. Juan Antonio Codina. Hugo Silva. Ana Trinidad. Manuel Andrés. Escenografía: Carlos Montesinos. Vestuario: Mayte Álvarez. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 11-1-2002.

La España de los años sesenta se está convirtiendo en un género específico, que está sustituyendo al ciclo de obras en torno a la guerra civil. La recurrencia de estas fechas en distintos medios espectaculares se debe a que es la memoria de la infancia y la primera adolescencia de muchos de los españoles maduros (y óptimos consumidores) de hoy en día. El cine español de los sesenta -rodado en blanco y negro- registró una época oscura de nuestra historia, pero a la que no le faltaron grandes fabuladores, que vertían el humor más negro sobre las penurias y estrecheces de todo un pueblo. Los guionistas de esas peliculas estaban muy cerca del mismo sentir del teatro, Mihura, Jardiel, Tono, Azcona, Ferreri, Bardem, Berlanga...; el planetilla farandulero se doctoró en socarronería como instrumento de análisis de la gris realidad, sin perder el hedonismo o la poesía, en ningún momento.
"Atraco a las tres" es una excelente versión teatral de la película que escribieron Masó, Coello y Salvia. Blanca Suñén ha trasladado a la escena, con gran acierto y naturalidad, las múltiples acciones de esta cruzada de los pobres por lograr su sueño de ser millonarios.
El espectáculo está dirigido con enorme eficacia y cariño. Esteve Ferrer demuestra tener unas cualidades sobresalientes como director de comedia, porque utiliza su prolífico ingenio para ponerlo al servicio de la obra y de sus intérpretes. El director ha conseguido crear un tebeo escénico de gran comicidad y calidad artística. La sorpresa y la ternura florecen permanentemente ante el público, que interrumpe continuamente con sus aplausos el trabajo de los cómicos.
"Atraco a las tres" es una preciosa historia de pobres luchando por su sueño. Por eso cala tan hondo en el público de hoy, porque se convierte en ascua que aviva las llamas de sueño que laten en cada espectador.
Manolo Aleixandre vivió la noche del estreno un sentido homenaje tácito de sus compañeros y de todo el público. El ser el único de los actores que participó también en la película, le convierte como en un mágico puente humano, que el publico homenajeó con sus permanentes aplausos.
Todo el reparto está equilibrado en una interpretación tan brillante como original. Iñaki Miramón es el genio de "el golpe" y da vida, verdad y entusiasmo a su personaje, el cerebro del atraco. Carmen Machi, Javivi, y Jorge Calvo encarnan unos personajes llenos de humanidad por encima de su "tic" humorístico. Jose Luís Martínez compone un malvado bancario de gran eficacia en este feliz y coral trabajo interpretativo, completado por María Lanau, Victor Gil, J. A. Codina, Hugo Silva y Ana Trinidad.
Las repetidas ovaciones que recibió la compañía la noche del estreno fueron muy sentidas y emocionantes. Vaticinan un éxito fabuloso: "Atraco a las tres" puede convertirse en la comedia del año.

viernes, 16 de julio de 2010

UN TEATRO CON EDAD


"Los viejos no deben enamorarse". De Alfonso R. Castelao. Dirección: Manuel Guede Oliva. Centro Dramático Galego. Reparto: José Lifante. Mercè Pons. Fernando Chinarro. Carmen Segarra. Enrique Simón. Fernando Delgado. Antonio Requena. Fernando Ransanz. Escenografía e iluminación: Antonio simón. Vestuario: Javier Artiñano. Música: Bernardo Martínez. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 12-4-2002.

Castelao es una figura esencial de la cultura gallega. Su prolífica actividad como escritor, pintor y editor de la preciada revista “Nos”, le convierte en una figura de alta estatura para el mundo del arte y las letras. Su exilio político en Argentina terminó de conferirle ese aura mítica de la que gozan ciertos artistas malditos de gran predicamento. Castelao abordó la escritura teatral en una sola ocasión con la obra “Los viejos no deben enamorarse” que acaba de estrenarse en programación del itinerante Centro Dramático Nacional en el Centro Cultural de la villa, con producción del Centro Dramático Galego. Tres centros reunidos en un solo esfuerzo por trasladar al público el mundo dramático y estético del maestro Castelao.
La obra retrata una Galicia profunda, rural y marinera, donde el autor sitúa esta ambigua fábula contra el amor en la ancianidad. No termina de comprenderse si la moraleja es una reprimenda a los viejos ricachones que requiebran a las jóvenes más bellas, apartándolas de sus verdaderos amados, generalmente pobres; o si se trata de una advertencia a los ancianos acaudalados de que no se metan en complicaciones con jovenzuelas casaderas, por muy hermosas que éstas sean, porque lo pagarán caro.
En cualquier caso Castelao se muestra más interesado por los derroteros que nos prepara la muerte, que por las floridas sendas del amor y su importancia en la vida. Las mejores escenas de la obra son las que versan sobre ella, con chispeantes descripciones de las formas en que la muerte se presenta a los que pronto devendrán cadáveres inertes. Igualmente el personaje del narrador que va guiando la acción de la fábula, se presenta a sí mismo como la muerte y el escritor, toda una declaración de afinidades en la visión castelaense.
El espectáculo que ha dirigido Manuel Guede es un montaje complejo de profundas resonancias plásticas y teatrales. Un coro de mujeres verdes latiga la arena del proscenio de la minimalista e ilustrativa escenografía de Antonio Simón, como en el teatro griego. Serán coro de pescadoras, de ranas, de ancianas, o de plañideras, a lo largo de toda la obra. En el interior de unos grandes cubos geométricos tamizados con tul blanco se resuelven las viviendas de los tres viejos protagonistas, que tienen la mala suerte de enamorarse de mujeres jóvenes y casquivanas.
Fernando Delgado aporta su gran presencia escénica al personaje de Ramonciño, el ricachón del pueblo. Fernando Chinarro da vida al viejo boticario, y Fernando Ransanz al viejo rico republicano. José Lifante interpreta al corifeo-autor-muerte que guía la trama. Mercé Pons da vida a las tres galanas de la obra, al tiempo que Enrique Simón hace lo mismo con el carabinero, el portugués y el novio de Pimpinella.
La noche del concurrido estreno, el público aplaudió tibia e insistentemente a la compañía y a todos los responsables artísticos del espectáculo.

lunes, 5 de julio de 2010

FALSA COMEDIA


"¡Ay, caray!" De Josep M. Benet i Jornet. Dirección: Manuel Ángel Egea. Escenografía: Fabiá Puigserver. Versión castellana: E. Gutierrez Caba. Reparto: Guillermo Montesinos. Iñaki Miramón. Fernando Delgado... Madrid. Centro Cultural de la Villa. Fecha de estreno: 15-10-99

"Ay qué caray" es una especie de comedia televisiva (sin tresillo, pero con ordenador en el salón), que tiene vocación de farsa corrosiva a lo Darío Fo; pero, que está más cerca de las comedias domesticadas del americano Neil Simon, sin ni siquiera llegar a alcanzar la notable categoría dramática de este último.
Aunque la obra se inicia con la acumulación de una serie de disparates argumentales que pretenden sembrar lo farsesco, (el mejor amigo del protagonista se presenta en su casa tras haber robado un banco; su hijo le "levanta" a su amante delante de sus propias narices; y su padre se pasea con pistola por la casa), falta musculatura, no sólo de la interpretación, sino también de la misma palabra, para alcanzar el tono cómico y el ritmo trepidante que requiere el género.
Se habla y se habla, se dice y se dice, se abren y se cierran muchas puertas, pero poco sucede que interese. La acción transita por un menú de tópicos sociales que parece responder a la carta de ingredientes de todas las "sit-coms" televisivas de estos tiempos: padres separados -o viudos-, con amantes que pululan por la casa familiar; varias generaciones de abuelos, hijos y nietos, reunidas en un piso, y las dificultades de la convivencia. La educación sexual, la instrucción moral y las responsabilidades de unos con otros. La corrupción de la prensa amarilleada sin escrúpulos; las fusiones de empresas y los despidos que generan; los sindicatos, la banca, la arterioesclerosis... no falta de nada, sólo teatro.
Estos guiones -que no textos dramáticos- no profundizan en ninguno de los numerosos temas que abordan, y eso es la peor pérdida de sentido que pueda tener la palabra teatral, por muy de falsa comedia que quiera disfrazarse. "Ay, qué Caray" tiene demasiados, obvios y explícitos mensajes, que la dejan lastrada frente a la necesaria ligereza de la comedia, que cuanto más liviana (como los mosquitos) resulta más graciosa, feroz y punzante.
"¡Ay, qué caray!" está representada por una compañía madrileña, en la que destacan las dotes cómicas de Guillermo Montesinos y la hermosa escenografía del lamentablemente desaparecido Fabiá Puigserver.
Si el teatro catalán ostenta magisterio en conciliar calidad artística y comercialidad, no debería descuidar la calidad de sus textos, porque son los que permanecen con el paso del tiempo, y fijan el liderazgo ideológico del teatro, que sólo se alcanza con la sólida construcción del lenguaje, que imprime a su obra un verdadero autor dramático.

viernes, 2 de julio de 2010

EL HUMORISTA VIUDO


"YO" (Un espectáculo del que es actor único y único autor): Jose Luis Coll". Madrid. Centro Cultural de la Villa. Sala II. Fecha de estreno: 12-1-2.000

La figura del humorista es una especie de mago diabólico, que con la mordacidad de su astuto ingenio, endulza y refresca la vida de sus congéneres. Jose Luis Coll es uno de los grandes personajes del humor español del S. XX. en la línea de Gómez de la Serna, Tono, Mihura, Jardiel, Álvaro de la Iglesia, Mingote, Chumy-Chumez... Tip y Coll han sido toda una estimulante institución en el mundo del espectáculo español, tanto el teatro, como la radio, el cine o la televisión. Su humor negro, original, cáustico, picante..., servido por este par de barmans que se compenetraban como un cocktail perfecto, ha marcado toda una época de la risa en este país. La triste desaparición de Luis sánchez Polack, dejó a Jose Luis Coll, viudo artísticamente.
Tras más de veinte años de ausencia de un teatro, Coll vuelve a auparse sobre las tablas, para ponerse en contacto directo con el público, con su espectáculo "Yo". El encuentro, (como él prefiere llamarlo) con los espectadores, es gozoso y directo. Este hombrecito vestido de negro, y con hongo sabio, destila una gran humanidad y un excelente buen humor como para hacer pasar un rato estupendo a sus invitados de "tertulia" teatral. Incluso la última parte de la representación es un diálogo directo con el público. Una gran emotividad se derrama sobre el espectáculo, cuando se recuerda a Tip, a sus fechorías y a sus andanzas por los viejos teatros de España. El recuerdo del amigo, impregna toda la actuación de Coll; hay mucho aroma del Madrid pasado en esa memoria que desgrana en escena; es una ceremonia bonita con la memoria del cómico desaparecido.
Quizás podría esperarse de un cerebro tan joven como el de Jose Luis Coll, (con un ingenio afilado tras tantos años de oficio), un poco más de mordacidad, un poco más de sátira política y social. El señor Coll parece que no quiere molestar a nadie, y de un humorista de su alcance se espera que suelte más de un picotazo oportuno, que infrinja desde el escenario, el castigo mordaz del teatro a los culpables de tantas cosas malas que afean nuestras vidas y nuestro mundo. En esa crítica feroz y en la constante referencia a lo sexual, radica el aire fresco que el humorista, (el viejo cómico satírico sin edad), suministra al público. Si en la vida las cosas no pueden transformarse tan fácilmente, en un escenario humorístico pueden cambiarse las reglas del juego -durante un par de horas- para gozo, desahogo y mayor satisfacción de todos.

EL COMPROMISO DE UNA DIVA


"La vida en tiempo de tango". Nacha Guevara. Músicos: Adriana I. González. Sonia Ponsetti. Eleanora Andrea Ferreyra. Valeria Leandra Buono. Sonido: Diego Pernia. Luz: Alejandro Velázquez. Madrid. Centro Cultural de la Villa. Fecha de estreno: 19-1-2000-

La diva argentina Nacha Guevara realizó su primera incursión en la escena española hace más de 25 años, e hizo su propia revolución en los teatros y la television de entonces. Desapareció de nuestra escena, y acaba de regresar -"También en el año 2000"- con su nuevo trabajo "La vida en tiempo de tango", un profuso recital que se vale de los registros emocionales y literarios del tango, para volver a mostrarnos su particular visión de la vida y de la sociedad. Al comienzo de su actuación, la Guevara comenzó afirmando que en estos años de ausencia todos habíamos cambiado, nuestro mundo, nuestras ciudades, nuestros sueños, nuestras utopías desmoronadas. Pero que ella daba las gracias "por la memoria" que su público fiel le había guardado: el teatro estaba lleno a rebosar. Cuatro señoritas la acompañan, formando una excelente orquesta, afinada a la medida de "La Doña". Porque la Guevara tiene una fibra pasional enorme, y es un terremoto escénico por sí misma. No desaprovecha la subida a un escenario para hacer un elegante y artístico mitin en el que dejar claro que ella ha sido siempre una mujer comprometida y luchadora, sin demasiados miedos a decir las cosas tal como las piensa.
Su repertorio transita por las composiciones de E. Discépolo, A. Villoldo, Cobián, A. Troilo, S. Piana... y no se priva al final de cantar a dúo con Carlos Gardel "El día que me quieras" apoyada en las nuevas tecnologías y en unos interesantes arreglos para las dos míticas voces argentinas. El público la aplaudió con ganas y más de medio teatro se puso en pie, en los saludos finales.
Nacha Guevara estrenaba esa noche, además de su espectáculo, nuevo rostro, nueva nariz, nuevos labios, nuevo cuerpo... Parece empeñada en convertirse en la "Cher del cono sur", la artista que no sólo diseña su carrera sino también su cuerpo. Se presenta más bella y más joven que hace 25 años, todo un "trampantojo" contra el tiempo, que sólo artistas de su magnitud son capaces de afrontar.
Nacha comunicaba a su público que a pesar de todas las decepciones, una de las cosas que más le siguen interesando es "abrir sucorazón" delante del público, porque es la obligación del verdadero artista. Yo creo que aquí es dónde la Guevara no controla las válvulas. Sinceramente, me da la sensación de que podría abrir mucho más su corazón, y enardecer más a su público con su innegable arte, si no estuviera tan convencida de la magnitud de su talento.

jueves, 1 de julio de 2010

SHAKESPEARE SIN ESQUELETO


"Romeo y Julieta" de W. Shakespeare. Traducción: Pablo Neruda. Adaptación y dirección: Francisco Suárez. Director de Producción: Ramón Tamayo. Reparto: Raúl Peña. Inge Martín. Vicky Lagos. Francisco Merino. Jacobo Dicenta. Iñaki Arana. Escenografía y vestuario: Rafael Garrigós. Iluminación: Rafael Echeverz. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 15-2-2000.

William Shakespeare está considerado como uno de los autores cumbres del teatro occidental. La grandeza de su obra radica en que tratando temas de otras épocas de la historia, habla a las mil maravillas sobre la sociedad de su tiempo. Su codificación fue tan
eficiente y tan poco maniquea, que permite que cada época pueda mirarse en sus obras como en el espejo cristalino de las aguas de un río. Desde que fueron escritas ya hablaban de nosotros; de los seres humanos que aman, desean, sufren y mueren. Las cosas esenciales apenas han cambiado. Representar una obra clásica como un hecho artistico autónomo, es absurda tarea museística, inútil para cualquier objetivo del teatro.
El espectáculo que Francisco Suárez ha montado a partir de la tragedia de los jóvenes amantes de Verona, no tiene razón de ser, podría decirse que es casi un acto gratuito: ni genera debate artístico, ni contiene discurso alguno que justifique su elección, ni su montaje. Podría decirse que es "un shakespeare" sin esqueleto, ni músculos que lo sustenten. Es una criatura amenazada de muerte desde antes de su estreno; a pesar del brío y la sensibilidad de algunos de sus jóvenes intérpretes. El trabajo de la adaptación, dirección, y plástica, está falto de rigor y coherencia, no configuran ninguna idea de montaje. Es un trabajo sin teoría, sin norte, sin brújula que encamine al espectador hacia ningún puerto final; lo que produde el efecto más funesto que pueda sufrir un patio de butacas: el aburrimiento, y -sobre todo- el desinterés del público por nada de lo que ocurre en escena. El espectáculo no transpira un ápice de emoción, no hay energía, ni ritmo que pueda sugerir el más mínimo asomo de vida escénica. Rafael Garrigós, (que "viste bonitos" a los personajes), no construye un verdadero espacio escénico. Se echa en falta originalidad, sintaxis, y rendimiento -al servicio de la representación- de los "trastos" que se ponen en escena, no sólo para que adornen, o para que recuerden a las esculturas del santón de la escultura vasca: Jorge Oteiza.
Quizás estos "espectáculos descerebrados" que nacen en nuestros escenarios, sean hijos de los excesos de la "cultura de la imagen" que sufrimos; pero, en definitiva, funcionan como las procesionarias: enferman el saludable pino del teatro.

miércoles, 30 de junio de 2010

TROPICANA LORCA


"El público". Versión de la obra de Federico Gª Lorca. Director: Carlos Díaz.
Reparto: Hector. E. Suárez. Yeyé Báez. Carlos Miguel Caballero. Mª Elena Diardes...Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 5-12-1998.

En Cuba, desde finales de los años veinte se tributaba culto a Federico García Lorca; tras su visita a la isla en 1930, este instinto lorqui-cubano se convirtió en veneración, y después de fulminarse tan inútilmente su vida en Granada en 1936, el lorquismo de la isla se desató hasta la pasión, el delirio y a ratos la beatería de toda adoración. La compañía cubana El Público, dirigida por Carlos Díaz, representa en Madrid su visión del mundo lorquiano titulada El Público. Y aclaro lo del título porque el espectador que acuda con la intención de asistir a una representación de la obra del mismo título de Lorca, puede quedar desconcertado. La compañía cubana nos muestra un gran espectáculo, iconoclasta hasta el delirio, lleno de sensualidad caribeña. Carlos Díaz se vale de El Público de Lorca, para organizar una revista musical caleidoscópica y formalista. Toda la gaurdarropía más exquisita de un teatro desfila por este espectáculo, donde lo importante son las imágenes que imprimen en escena los ricos trajes y los desnudos efébicos. En España, este tipo de espectáculos se conoció hace más de veinte años de la mano de compañías como la de Lindsay Kemp, o sus epígonos gaditanos, Teatro Carrusel; esto es: desfile (que no ceremonia) de trajes riquísimos entre humo carbónico y efebos desnudos al son de un aria de ópera a todo volumen. Sin embargo, hay que reconocer que los cubanos han llevado estos planteamientos mucho más lejos que sus antecesores. El espectáculo de Carlos Díaz transita por los momentos más kitsh del teatro de Federico García Lorca sin privarse de nada. Doña Rosita, la madre de Bodas de sangre, la niña de la madeja roja, el novio, Leonardo y hasta Bernarda Alba acuden con sus respectivos textos, como personajes invitados a esta representación llamada El Público.
Probablemente, Lorca y sus amigos no se habrían perdido la frutal actuación de esta compañía caribeña, en la que disfrutarían con regodeo, y hasta alguno habría repetido. Pero, no creo que hubiesen encontrado ningún atisbo del suculento debate teórico sobre el teatro y el amor homosexual que Lorca plasmó en su pieza dramática "El Público".

LA GRANDEZA DEL INVITADO


“Cipe dice a Brecht”. Monólogos, canciones y poemas de Bertolt Brecht. Traducción, adaptación, dirección e interpretación: Cipe Lincovsky. Piano: Nicolás Guershverg. Iluminación: Ariel del Mastro. Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 8-12-1998.

Asistir al recital dramático musical en torno a Bertolt Brecht que Cipe Lincovsky ejecuta en su espectáculo "Cipe dice a Brecht", es constatar la supervivencia de la raza de las primeras actrices. Ser capaz de llenar un escenario vacío con la pequeña talla de esta enorme actriz argentina no es sólo una cuestión de talento, es una cuestión de control de los propios medios expresivos y de un profundo convencimiento de su potencia escénica. En un momento dado de la representación, Cipe dice uno de los poemas que Brecht escribió -durante su largo exilio- dedicado a su esposa la actriz alemana Helene Weigel, en el que el autor alemán destaca que la Weigel no buscaba desplegar su grandeza interpretativa en escena, sino intentar transmitir al público la grandeza de los seres que representa. Cipe Lincovsky, (que trabajó en el Berliner Ensemble y que -según ella misma cuenta al público- llegó a ser íntima amiga de la Weigel,) intenta en este concierto escénico seguir las apreciaciones de Brecht sobre el mérito interpretativo de su esposa, y más que desatar su furia de primera actriz busca ponerse en función de la grandeza de su invitado: Bertolt Brecht; pero no lo consigue: la Lincovsky destella con luz propia en escena.
Acompañada por un solo músico desgrana con precisa técnica vocal las canciones de Brecht, pero la actriz Cipe puede más que la cantante Lincovsky. Vestida con una sobria túnica negra, deambula por el escenario vacío, se arrodilla, se sienta en el suelo, anda descalza y consigue que cualquier cosa hecha por ella bajo la luz de los focos se convierta en trascendente, eso es estirpe de primera actriz y por mucho conocimiento que se posea de la técnica de Brecht, demostrado en múltiples montajes escénicos, siempre aflora la singularidad de lo que está aconteciendo en escena en ese justo momento: eso es gran teatro.
Cipe Lincovsky además de actriz es mujer y por tanto ciudadana con opiniones sociales y políticas. Hay una empatía natural entre el discurso político y humano de Brecht y el de esta gran diva de la escena. Tanto, que Cipe Lincovsky, en el momento más climático y desatado de su interpretación -y entre una humareda de humo rojo- añade un verso propio al desgarrado poema de Brecht: "... Este Pinochet de mierda" que produce en el público el efecto de un cañonazo lanzado contra el centro de las conciencias, y que se transforma en un rotundo aplauso del patio de butacas. Esta fuerza tan sólo la tiene el teatro. Tras los aplausos, los bravos y los ramos de rosas rojas, Cipe hizo tres bises de poemas e interpretó una nueva canción, todos de Brecht. Se notaba que ella y el público seguían con hambre de escenario tras el final de la entusiasta representación de la diva argentina.

LAS MUJERES FUERTES


“La hermana pequeña”. De Carmen Martín Gaite. Dirección: Ángel García Moreno. Reparto: Ana Marzoa. Ana Labordeta. Carmen de la Maza. Helga Liné. Andrés Resino. Pedro Alonso. David Zarzo. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 19-1-1999.

El precio de la independencia y la libertad ha sido siempre el de la soledad, una tarifa alta que algunas mujeres han estado dispuestas u obligadas a aceptar. El estreno de “La hermana pequeña”, que tuvo lugar anoche en Madrid, fue un homenaje a su autora, la escritora Carmen Martin Gaite, y también al recuerdo de la actriz Lali Soldevilla, para quien fue escrita esta obra hace muchos años; pero, ante todo, este montaje fue un homenaje a las actrices y a las mujeres.
El teatro y la representación palpitan como telón de fondo de estos personajes. Laura, la protagonista de la obra (interpretada con su talento dramático habitual por Ana Marzoa), es una actriz de teatro que vive en una pensión galdosiana en compañía de sus ideales, a los que se ha negado a renunciar, y de unos pocos amigos fieles; pero, en lo profundo, su corazón late en soledad bajo tanta independencia. La hermana pequeña de Laura, la madre de su mejor amigo, la amiga de la madre…, todas son mujeres solas aunque puedan tener un hombre a su lado.
Carmen Martín Gaite, como buena escritora, ha tenido en alguna ocasión la tentación de poner a dialogar a sus personajes, por el puro placer de oír sus palabras, en voces humanas dichas en un escenario. No siempre resulta fácil cambiar del registro de la narración a la acción que requiere el teatro, y la primera parte de la obra adolece de ese lastre: los personajes relatan demasiado. Pero no ocurre así en el segundo acto.
El excelente trabajo de varias generaciones de actrices reunidas en un espectáculo, hace subir la temperatura dramática de la representación. Entre ellas hay que destacar la sensible ductilidad de Ana Labordeta y el inigualable estilo dramático de otros tiempos que despliega en escena Carmen de la Maza (actúa con los hombros, con las caderas, con la frente, con las manos, con la nuca…).
Una representación que se convierte en el exquisito recital de un ramillete de grandes actrices. Ángel García Moreno las dirige muy bien, y los caballeros (Andrés Resino, Pedro Alonso y el joven David Zarzo) las acompañan.

lunes, 28 de junio de 2010

VERBENA DE MALENTENDIDOS


"Casa con dos puertas, mala es de guardar”. De Calderón de la Barca. Versión: Adolfo Marsillach. Dirección: Alfonso Zurro. Reparto: Mª José Goyanes. Juan Carlos Naya. Alfredo Alba. Marisa Segovia. Figurines: León Revuelta. Escenografía: Alfonso Barajas. Madrid. Centro Cultural de la Villa.

La obra dramática de Calderón se extiende por el siglo XVII español abarcando diferentes géneros, desde el teatro filosófico, religioso o palaciego, a las comedias de costumbres que se desarrollan bien en la ciudad o en el campo. Calderón continúa la línea abierta por Lope de Vega con sus “Comedias nuevas” dando mayor importancia a la acción que a la sicología de sus personajes. Aunque no tan libérrimo como Lope a la hora de mezclar géneros y acciones, Calderón traza unas comedias más ordenadas, más ingeniosas, donde todo el enredo se sustenta en una anomalía, en una confusión. Si en “La dama duende” el desencadenante del enredo es una alacena que une dos casas contiguas, en esta “Casa con dos puertas…” nos encontramos con un recurso similar. El humor fino de Calderón convierte en algo más que carpintería esta confusión de entradas y salidas. El autor parece decirnos (en comedida clave cómica y nada satírica,) que en la vida todo es apariencia, y que además, a ésta se la puede ver siempre desde una doble perspectiva. En “Casa con dos puertas …” los enamorados se pasan toda la obra reprochándose su fidelidad y entrega, en base a un equívoco comportamiento.
Alfonso Zurro ha dirigido esta limpia versión de Marsillach de la obra de Calderón, desde una perspectiva lógica y casi tan aséptica como la comedia que se trae entre manos. El vistoso decorado de Barajas y los coloristas figurines de Revuelta, le sirven al director para sustentar este espíritu festivo que quiere transmitir a la representación. Los intérpretes y Calderón le ayudan a conseguirlo.
Si la obra no arranca con demasiada fluidez, pronto la imperiosa acción de la trama va dibujando a los personajes desde fuera, más que desde el interior de los versos. Mª José Goyanes interpreta a Laura con encanto y conocimiento del verso. Juan Carlos Naya imprime galanura y dinamismo a su Lisardo, un confundido enamorado, que se mueve bajo lo hilos y artimañas de su enamorada. Alfredo Alba da vida a Don Félix, el enamorado de Laura, que tampoco tiene clara su suerte. Marisa Segovia encarna con lozanía y soltura a la lianta de esta comedia, Marcela, la hermana, la amiga y la dama enamorada, que abusa de la confianza de todos los que la quieren. Yolanda Diego brilla en el papel de la criada Celia, y María Felices le da buen humor y carácter a Silvia.
El público aplaudió a todos los integrantes de la compañía, por esta fiesta de teatro clásico español.

sábado, 26 de junio de 2010

LOPE EN PAÑOS MENORES


"El Perro del hortelano”. De Lope de Vega. Dirección: Magüi Mira. Versión: Emilio Hernández. Reparto: Clara Sanchos. Doménech de Guzmán. Máximo Esteban. Gema Garcillán. Marilyn Torres. Antonio Garrido. Jordi Breunet. Israel Frías. Escenografía: Max Glaenzel/Estel Cristiá. Vestuario: María Araujo. Música: Jaime Vilaseca. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 16-1-2003.

“El perro del hortelano” es una de las más altas comedias de Lope, el poeta y dramaturgo del amor. Sus obras no sólo son un prodigio de ingenio, donde combinando los materiales de la vida, consigue divertidos y aleccionadores divertimentos que retratan a los hombres y mujeres de su tiempo. Lo que hace grande el ligero y sabio teatro de Lope, es la profundidad de su sentimiento, la originalidad de su reflexión, y la belleza con que combina las palabras en sus versos. “El perro…” contiene una colección de deliciosos sonetos de amor que pronuncian los amantes contrariados de la obra, para aliviar sus pasiones y desgarros.
Magüi Mira ha dirigido una puesta en escena con una visión muy personal de la obra de Lope. Ha querido acercarla a nuestro presente, donde las actuales niñas pijas son los equivalentes de aquellas indolentes condesitas de la época lopesca. Sus criados son inmigrantes, con numerosos acentos. Los donaires y gañanes van vestidos con trajes de ejecutivo; y las damas y criadas lucen un catálogo de ropa interior de pasarela. “Glamour”, fama, sexo, dinero, caprichos; son los registros desde los que se construye este montaje a partir de la obra homónima de Lope de Vega.
El espectáculo resulta juvenil, irónico, burlesco, colorista, y -a la par- revela una intensidad interpretativa que no parece muy necesaria para el juego frívolo y picante que se representa en escena. Los mejores aciertos de la directora vuelven a reflejarse en los resultados interpretativos. Clara Sanchis da voz y cuerpo blanco a Diana, (la caprichosa dama que mueve los hilos del amor de sus criados), con un espectacular vestuario en tonos rojos, malvas, fucsias, rosas y violetas. Antonio Garrido aporta vida y tozudo talante a Teodoro, el secretario burlado de amores por su patrona. Jordi Brunet interpreta con maliciosa vis cómica a Tristán, el elegante criado de Teodoro. La bella Marilyn Torres interpreta a Marcela, la criada negra de la condesa.
La representación concluye con todo el elenco -ligero de ropa- en una gran cama roja, mientras suena una alegre salve rociera.

BRINDIS POR LA AMISTAD


"La comedia de Carla y Luisa”. De Alonso de Santos. Director: Eusebio Lázaro. Reparto: Cristina Higueras. Fiorella Faltoyano. Fernando Sánchez Cabezudo. Alberto Agudín. Espacio escénico: Javier Artiñano. Vestuario: Roberto Verino. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 27-2-03

La comedia de la amistad no está tan cultivada en teatro como en el cine. Parejas de amigas -o amigos- han protagonizado muchas películas famosas; mientras el teatro ha demostrado mayor afición por las historias de amor, siempre mucho más tormentosas y dramáticas. Alonso de Santos se decide a hincarle el diente a tan jugoso tema en su nueva obra “La comedia de Carla y Luisa”. El autor demuestra una vez más su interés por retratar el presente en sus facetas más características. Carla y Luisa no sólo son dos viejas amigas, sino que representan a dos tipos sociales de plena actualidad: la que trabaja, y la que está en el paro.
Toda una serie de conflictos sociales de nuestro tiempo están presentes en esta dulce comedia de amigas solas, enfrentadas con las trampas que a diario nos encontramos en la vida, en la calle, en el trabajo. Menos mal que en la intimidad de nuestros hogares podemos encontrar el remanso de unos seres queridos. Tener amigos verdaderos y duraderos es el mejor antídoto para combatir los males de la existencia, parece decirnos el comediógrafo con su nueva pieza; saludable tesis.
No obstante, el autor se regodea en sacarle el máximo partido a situaciones que genera el paro, como los conflictos de solidaridad laboral, el idealismo enfrentando al pragmatismo desalmado, la ironía sobre las desmesuradas reivindicaciones… El autor encadena la historia de las dos amigas como núcleo en el que confluyen numerosos chispazos de telediario.
A través del personaje de un maquinista de teatro, que irrumpe en escena, el autor crea un divertido y mordaz mecanismo de distanciamiento sobre la misma obra, que le permite crear los momentos más combativos, paradójicos y humorísticos de la pieza. Este maquinista que canta arias de ópera podría haber salido del teatro del absurdo.
Las siempre bellas Cristina Higueras y Fiorella Faltoyano repiten como pareja escénica, combinando a la perfección sus encantos y cualidades. Se entienden bien dialogando, y eso beneficia la verdad de la representación, algo que valora el público. La Higueras da vida a Carla, una ejecutiva separada y estresada, que acoge en su casa a la amiga descarriada sin trabajo. Fiorella interpreta a Luisa, la hippi en paro que aún sigue creyendo en la revolución pendiente, desde el arroyo en el que la va dejando la vida. Para mantenerse necesita del ala protectora de su amiga compasiva y “colocada”.
Eusebio Lázaro favorece una puesta en escena limpia y clara donde las actrices y sobre todo la palabra del autor son las protagonistas primordiales de esta representación de teatro, amable y extravagante, inquieta con los conflictos que amenazan nuestras vidas, y que parece decirnos al oído: estamos vivos, disfrutemos, brindemos por ello.

TRAGEDIA NUCLEAR


"Copenhague”. De Michael Frayn. Dirección: Román Calleja. Versión: Charo Solanas. Reparto: Sonsoles Benedicto. Fernando Delgado. Juan Gea. Escenografía: Giuliano Spinelli. Vestuario: Paula Roca. Sonido: Eduardo Vasco. Madrid. Centro cultural de la Villa. 24-4-2003.

La tormentosa amistad de dos científicos nucleares -agraciados ambos con el Premio Nóbel de Física- como Niels Bohr y Tener Heisenberg, es de entrada un material difícil para la dramaticidad. Los debates de dos sabios físicos, pioneros en el estudio de la fisión nuclear, parece excesivamente oscuro para el público llano, pero nadie puede quedar indiferente ante un dilema como el de la creación de la bomba atómica, que ha cambiado el curso de la Historia de la humanidad.
El dramaturgo británico Michel Frayn demuestra una gran habilidad y un buen olfato dramático, para conducir sus diálogos hacia el rico debate moral, que implica el que un científico se ponga al servicio de los intereses de un político. El conflicto ético que plantea la obra es similar al de la explosión en cadena de la poderosa bomba mortífera. No se trata de uno solo, sino que son múltiples e interesantísimos, todos los que desgrana Frayn entre los febriles diálogos de su pieza. La autoridad moral del científico, su compromiso con el bien de la humanidad, las obligaciones que nos impone en tiempo de guerra el beneficio de la patria y la familia, la ignominia de la invasión de países independientes, el racismo y la xenofobia, las lealtades amistosas, la comunicación matrimonial…
“Copenhague” viene avalado por un gran éxito en las carteleras de Londres, París, o Nueva York, y se manifiesta como una pieza de culto, donde el teatro ha conseguido radiografiar uno de los mayores conflictos trágicos de nuestro tiempo.
Román Calleja ha sabido imprimir a su puesta en escena de “Copenhague” un intenso y profundo ritmo letal. Apremia a los intérpretes a que se expriman en sus intervenciones. El texto está escrito con un tono narrativo, que se intercala por encima de los diálogos que marcan la acción, lo que equivale a que podamos saber lo que piensan los personajes y no dicen, justo como en un soliloquio.
En una hermosa y misteriosa escenografía de Giuliano Spinelli, Fernando Delgado interpreta a Nielhs Bohr, el “padre científico” de W. Heisenberg. El actor vuelve a demostrar una gran riqueza de registros interpretativos de primer actor. Sonsoles Benedicto da vida a su esposa, Margreth con una singular y potente personalidad escénica. Es de los tres personajes el que filtra una mayor humanidad hacia el público. Juan Gea es Heisenberg, el científico alemán en tan difícil conflicto moral en plena Segunda Guerra mundial. El actor realiza un buen trabajo interpretativo, con ricos registros de voz.
Aunque, en algunos momentos la representación pueda tornarse un tanto narrativa, el público siguió con gran atención e interés el desarrollo de la pieza. Los tres protagonistas y su director, recibieron una larga ovación, trufada de bravos, en la noche del estreno.

lunes, 21 de junio de 2010

EL DOLOR DE NUESTRO TIEMPO

“Madre Amantísima”. De Rafael Mendizábal. Dirección: César Diéguez. Reparto: Mari Paz Ballesteros. Manuel Gallardo. Marcos Marcell. Jorge Lucas. Escenografía: Mikel Corral. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 12-9-2003.

Cuando el teatro se compromete con el presente, y le da voz y cuerpo a los conflictos de su tiempo, se produce uno de los principios más sorprendentes de la comunicación artística: la identificación. El público siente que le están hablando de sí mismo, y la relación que se establece con la escena va más allá de la contemplación. Que se estrenen obras de autores vivos españoles, potencia este milagro teatral de comunicación.
La sonada “salida del armario” de numerosas figuras públicas que han admitido su homosexualidad, ha acelerado comportamientos miméticos de muchos hijos ante sus padres. El trauma familiar que se ha dado en tantos hogares españoles -en los últimos tiempos- asumiendo la homosexualidad de uno de sus hijos, no tiene demasiados antecedentes en la historia de nuestro drama nacional.
Rafael Mendizábal ha escrito una tragedia costumbrista de nuestro tiempo con “Madre Amantísima”, un homenaje a tantas madres de este país, esperando ilusas la llegada de unos nietos que nunca nacerán. La obra fue escrita hace unos años e incorpora a este primer aspecto del drama, una segunda vuelta de tuerca de carácter trágico, pues el hijo que acaba de revelar su homosexualidad, además comunica que está enfermo de SIDA, y que en tres meses, morirá.
El doble bombazo que sufren los padres en tan poco tiempo afila el borde del cuchillo por el que transitan los atormentados personajes, a partir de un cambio tan brutal en sus vidas.
El autor siembra en medio de esta desastroso dolor, una única esperanza de salvación: el amor. El novio del hijo enfermo se incorpora al drama como personaje positivo y reconciliador. Mendizábal hundió el dedo en la llaga a la hora de escribir un texto tan duro y necesario como “Madre Amantísima”. Todos los personajes exponen sus razones, frente a los otros; de tal forma que el público puede identificarse, o comprender a cualquiera de ellos.
La obra es de las de lágrima y pañuelo, provoca un llanto profundo y sincero por el dolor de nuestro tiempo.
La acertada dirección de César Diéguez en un escenario tan limitado como la sala B del Centro Cultural de la Villa, potencia el trabajo de los intérpretes en una atmósfera tan vibrante como opresora. Mari Paz Ballesteros realiza una personal y eficaz composición de la madre que tanto ama a su único hijo, hasta el punto de asistir a su muerte. Tiene la actriz sobre sus certeros hombros todo el peso de la obra, aunque está excelentemente asistida por los tres varones que la acompañan. Manuel Gallardo tiene nervio y verdad para transmitir la imagen de ese padre español, al que de golpe, le hunden todos sus sueños. El joven Marcos Marcell interpreta al hijo con sensibilidad y ternura, y Jorge Lucas da vida a su amante con un candor angelical, que trae un soplo de aire fresco a esta dura tragedia actual. El público aplaudió con entusiasmo a los intérpretes y al autor, que dirigió al público unas reivindicativas palabras, sobre la necesidad de estrenar teatro español de autores vivos, que fue igualmente aplaudida por los asistentes.

EL RESPLANDOR DE ALBERTI


“He visto dos veces el cometa Halley”. Un espectáculo osbre Rafael Alberti. Dramaturgia y dirección: Ernesto Caballero. Reparto: Chete Lera. Maruchi León. Carles Moreu. Cristina Pons. Lidia Otón. Roberto Mori. Escenografía y figurines: Alejandro Andujar. Iluminación: M. A. Camacho. Madrid. Centro Cultural de la Villa.

La fascinación que provoca la travesía de un cometa sobre el ciclorama estrellado del universo, es similar a la del teatro. Su importancia excepcional radica en que son efímeros; no se tiene siempre la oportunidad de disfrutar su resplandor; pero regresan.
Rafael Alberti escribió un teatro al amparo de las inquietudes vanguardistas que se respiraban en su visitada “Residencia de Estudiantes”, y en la labor pionera del teatro de Valle-Inclán y, sobre todo, el de su amigo Federico Gª Lorca. Dos poetas-dramaturgos a los que vino a sumarse el del Puerto de Santa María.
Repetidas veces se ha subrayado la familiaridad del teatro con la poesía, nació de ella, como una de sus ramas: la poesía dramática. Ambos lenguajes artísticos apuntan a lo que no se ve como esencia de su discurso. Lo esencial y lo invisible se hacen presencia, gracias al poder de los versos, que juegan con el talismán de las palabras. La codificación poética es hermana de la convención teatral, por eso el público deviene tan activo frente a ambas artes.
Ernesto Caballero ha construido el espectáculo “He visto dos veces el cometa Halley” con los poemas más representativos y sugerentes de Alberti. Y además los ha ordenado cronológicamente, de tal forma que la evolución de los versos va dibujando la ambulante y rica biografía albertiana.
Para llevar a cabo este brillante viaje celeste por la biografía del poeta, Caballero ha reunido una tripulación perfecta, integrada por tres actrices y tres actores de los más brillante de nuestra escena teatral. El repóquer de ases formado por Chete Lera, Maruchi León, Carles Moreu, Cristina Pons, y Lidia Otón, (junto al benjamín Roberto Mori,) garantiza una interpretación de gran sensibilidad, que roza el virtuosismo.
Chete Lera evoca al poeta de la melena blanca con resonante gravedad y un rotundo aplomo escénico, Maruchi León templa un amplio registro interpretativo, que transita entre el fino bordado de la desolación y la retumbante exaltación de la batalla. Lidia Otón enerva al auditorio con poderosos recursos vocales y emotivos, llevando hasta la incandescencia los enardecidos versos del Madrid en guerra.
Este homenaje a Alberti encierra un recital de virtuosismo interpretativo. Gracias a la calidad de sus intérpretes, la palabra poética y la pulsión vital de Alberti, resucitan plenos de vida y sentido sobre la escena. El público aplaudió repetidamente la excelente labor de toda la compañía, y la oportunidad de escuchar de nuevo la rica y musical palabra de Alberti sobre las tablas.