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domingo, 18 de julio de 2010

CALEIDOSCOPIO VENECIANO


"Los escándalos de un pueblo", de Carlo Goldoni. Versión, escenografía y dirección: Ángel Gutiérrez. Coreografía: Ludmila Ukolova. Dirección de coros: Irina Shirokij. Reparto: José Luis Alcobendas. Raquel Pérez. Raquel Traverso. Nuria Pascual. Raúl Fernández. Beatriz Guzmán. Rocío Mostaza. Florentino Martínez. Oscar Codesido. Chema Coloma. Ángel Jiménez. Germán Estebas. Rafael Díez-Labín. Madrid. Teatro de Cámara. 17-12-2000.

Ángel Gutiérrez es un maestro; uno de los pocos venerables interlocutores de la gran tradición teatral que sigue en activo. Los espectáculos que presenta con su Teatro de Cámara (toda una escuela moral de vida en el arte colectivo del teatro) suelen ser siempre grandes lecciones teatrales. Es la única sala de Madrid donde uno puede mezclarse con un público variopinto y extremadamente exigente, desde diplomáticos a estudiantes, desde castizos vecinos de Lavapiés, a extranjeros residentes en la Villa; nada que ver con las diferentes tribus oficiales de los estrenos. Este ajustado y amoroso recinto teatral palia la alevosa ignorancia en que las Administraciones Públicas tienen el valiosísimo trabajo de Gutiérrez. A través del escenario del Teatro de Cámara, el público tiene la oportunidad de seguir en contacto con el mejor teatro de siempre.
La formación rusa del director, (que estudió en Moscú con los discípulos directos de Stanislavski), permite -habitualmente- a la cartelera madrileña, ofertar el mejor teatro ruso fuera de Rusia, que se hace en Europa. En esta ocasión, Gutiérrez se ha puesto al servicio del airoso mundo dramático del mejor Goldoni. Al autor veneciano -que terminó sus días en París- suele imputársele la autoría del acta de defunción de la Comedia del Arte, pues Goldoni pretendía modernizar esos clichés esquemáticos sobre los que improvisaban -sin texto fijo- los viejos comediantes, para dotarles de una personalidad, una individualidad que los hacía más dignos y más libres, a través del discurso de sus palabras.
"Los escándalos de un pueblo" ("Le baruffe chiozzotte" originario) es una comedia liviana que cuenta los enredos y peripecias de una sarta de pescadores, metidos en líos amorosos gracias al chismorreo de sus mujeres. Ni Arlequín, ni el "Dottore", ni "Il Capitano" son los que fueron en los viejos tiempos, pero se les reconoce fácilmente en esta contienda alentada por las Colombinas y Esmeraldinas de turno.
Gutiérrez pinta con el cuerpo y las voces de sus intérpretes un precioso cuadro vivo y colorista, rico en matices y en gráciles posturas de baile dieciochesco. Las canciones en directo, el vestuario de colores alegres y brillantes, y esa composición física casi de danza blanda, dan una belleza y gracilidad a esta juvenil representación, que garantizan las delicias del público. Aunque, se trata de un armonizado trabajo coral de interpretación, destacan José Luis Alcobendas, Beatriz Guzmán, Oscar Codesido y Raúl Fernández. Con "Los escándalos de un pueblo", el Teatro de Cámara vuelve a ofrecer una preciosa velada teatral, con la que poder agasajar a nuestros mejores amigos, con una perfecta tarde de teatro.

sábado, 17 de julio de 2010

EL ÁNGEL DE LA POESÍA


"La voz del poeta". Recital poético con versos de Garcilaso, Lope de Vega, A. Machado. M. Hernández ... Dirección: Ángel Gutiérrez. Reparto: Beatriz Guzmán. Celia Pérez. Germán Estebas. Florentino Martínez. Oscar Codesido. Madrid. Teatro de Cámara. 23-10-2001.

El recital poético escenificado es una fórmula relativamente frecuente de espectáculo íntimo y resonante. Sólo la poesía, como el teatro, está escrita para ser dicha en voz alta, para enredarse en la memoria perenne del público. Cada poema nace del interior de un conflicto que -a veces- sólo capta la mirada negra y traslúcida del poeta. La palabra y su musicalidad, es la carne de la poesía, mientras las ideas que encierra el poema en su disimulo de versos, son la auténtica musculatura de la poesía.
Ángel Gutiérrez es un director que entiende el teatro como un acto de entrega al público, por parte de los oficiantes. Sus intérpretes son sacerdotales, las enseñanzas del maestro, les llevan a entender el escenario como un lugar sagrado, una ermita de la sensibilidad y el conocimiento que se verterá finalmente en el público. La atención prestada por el director a la perfecta prosodia y fonética de los versos deviene radical: se ven en el espacio todas las vocales y todas las consonantes, todo el cuerpo sensual e inteligente de las palabras.
"La voz del poeta" comienza con versos de Mío Cid y llega hasta Blas de Otero, Ángel González, Claudio Rodríguez y J.A. Valente. Antonio Machado y Lope de Vega son dos de los poetas más celebrados, combinados con San Juan, Quevedo, Garcilaso, Sor Juana Inés de la Cruz, Bécquer, Rosalía, Juan Ramón. Lorca, César Vallejo, Jorge Guillén, Dámaso Alonso, Miguel Hernández. Sólo dos poetas en lengua extranjera llegan hasta "La voz del poeta", Shakespeare y Maiakovski.
Gutiérrez ha creado un sutil y evocador ámbito escénico formado por siete sillas, tres atriles, dos ramos de flores frescas y tres candelabros apagados. Los cinco intérpretes deambulan por escena con trajes que evocan todos los tiempos, incluido el presente. El director utiliza su sensible batuta para exprimir a los actores como si fuesen frutas. El zumo resultante impregna la sala teatral de un aroma que se confunde con el de las flores naturales. Una serie de ráfagas musicales colaboran en la creación de la atmósfera propicia de este relajante concierto de versos en la marea convulsa de las ciudades. Los médicos deberían prescribir la asistencia a este espectáculo entre sus pacientes más estresados. La paz y la serena emoción del espectador quedan garantizados.

ACUARELA DE MONSTRUOS


"El pelícano". De August Strindberg. Dirección, escenografía y vestuario: Ángel Gutiérrez. Reparto: Ludmila Ukolova. Óscar Codesido. Celia Pérez. Germán Estebas. Beatriz Guzmán. Rafael y Patricia Díaz Labín. David Pérez. Madrid. Teatro de Cámara. 9-12-2001.

August Strindberg (Estocolmo. 1849-1912 ) fue un visionario, un adelantado para su tiempo. La Suecia del final del S. XIX que le tocó vivir, no hacía más que escandalizarse con las desaforadas turbulencias de este joven periodista y dramaturgo, osado, brillante y genial. A los 26 años sedujo a la esposa de un militar sueco muy aficionado al teatro, y además obtuvieron el consentimiento del esposo para marcharse juntos. Las vidas de Strindberg y de Siri von Essen quedaron tormentosamente unidas por el matrimonio en 1877 para la gloria y para la tormenta, para el teatro y para la pobreza.
Strindberg escribía teatro y lo representaba, como forma de vida, para comer, alternar hoteles lujosos y pensiones baratas. Por eso sus obras son tan numerosas. Casi todas fueron escritas para ser representadas por una actriz de tantísimo carácter como Siri von Essen, lo que implica la existencia en todas ellas de un personaje femenino central. Así sucede en "El pelícano" una obra de su teatro de cámara escrita en plena madurez (1908), donde unos hijos hacen juicio a su tiránica y veleidosa madre, tras la muerte del padre.
Ángel Gutiérrez conoce muy bien los intrincados mecanismos del teatro naturalista, y cómo el reflejo exacerbado de la calle y la vida corriente en un escenario, exige un preciso lenguaje interpretativo, sofisticado y complejo, para poder transformar en arte la cotidianeidad.
El director se ha valido de la poderosa presencia escénica de Ludmila Ukolova, para crear una misteriosa atmósfera de delicados matices, a la hora de mostrar a unos personajes tan monstruosos, mezquinos y truculentos. Es como si se hubiera atrevido a pintar una galería de monstruos en técnica de suave acuarela. Los silencios y los susurros en torno a los que dirige los diálogos son profundamente teatrales, refuerzan tanto la potencia dramática del texto, como subrayan los más mínimos gestos de los intérpretes.
La compañía del Teatro de Cámara, felizmente encandilada por la intensa y exótica interpretación de la Ukolova, dando vida a la madre juzgada, demuestra una vez más su entendimiento del teatro como un hecho profundamente artístico, del que los espectadores más exigentes pueden volver a disfrutar, con este montaje de "El pelícano" del imprescindible dramaturgo August Strindberg.

martes, 29 de junio de 2010

VANIA EN LAVAPIÉS


“El tío Vania”. De Anton P. Chejov. Adaptación y dirección: Angel Gutiérrez. Iluminación: Paco Caballero. Reparto: José Luis Alcobendas. Juan Carlos de Ibarra. German Estebas. Patricia Sanz. Ludmila Ukólova. Oscar Miranda. Encina Álvarez. Alicia González... Madrid. Teatro de Cámara. 15-5-1999.

"El tío Vania" es una de las cinco obras mayores del dramaturgo y escritor ruso Anton P. Chejov (1860-1904), y quizás la más conocida para el gran público gracias a la exquisita versión cinematográfica que Louis Malle rodó -durante un ensayo de esta obra- en el viejo teatro neoyorkino de las "Follies" de Zigfield en la calle 42, que pronto iba a ser derribado. Aquella decadencia del local iba muy bien con la melancolía crítica de Anton P. Chejov, que reflejó como nadie la complejidad y la enigmática tristeza del alma rusa.
En Madrid, se representa desde hace tiempo "El tío Vania" en la calle San Cosme y San Damián, del barrio de Lavapies; y, felizmente, también en este Vania madrileño, vuelve a respirar mágicamente el enigma del alma rusa.
Chejov es uno de los autores más sutiles que existen, sus obras son de una liviandad pasmosa, aunque todas encierran un grito contenido. Según se las interprete pueden ser un éxito o un desastre. Stanislavski tuvo que inventarse un nuevo estilo de interpretación para poder llevarlas a escena, su famoso "Método".
En sus decadentes hacendados de provincias, sus criados, esposas y parientes, se concentra el aroma de un tiempo que desaparece, para dar paso a un nuevo mundo; no obstante la mirada de Chejov destila una profunda ternura sobre esta clase social de aficiones intelectuales y artísticas que vive aún en contacto con la naturaleza, y que se pierde para dar paso a una caterva de nuevos ricos.
Angel Gutiérrez ha vivido muchos años en Rusia, se ha iniciado en el teatro en la línea directa de Stanislavski; está casado con una rusa; conoce el alma rusa. Su trabajo de dirección en este montaje de "El tío Vanía" es uno de los grandes aciertos de su trayectoria. Gutiérrez es antes que nada un maestro y consigue que sus intérpretes lleguen a unas cotas poco vistas en nuestros escenarios. Stanislavski exigía a sus alumnos tanto la entrega material como espiritual para poder realizar felizmente el trabajo de la vida en el arte. Gutiérrez entiende la interpretación como un fenómeno botánico en el que él es el jardinero: después del estreno, la obra se sigue ensayando, para que continúe creciendo y perfeccionándose, hasta florecer en nuevos registros y atmósferas. José Luis Alcobendas realiza una interpretación de Vania, con una precisión técnica y emocional poco frecuente en la escena madrileña. Juan Carlos de Ibarra ahonda y bucea en las oscuridades del médico Astrov, con una alta densidad dramática; y Patricia Sanz da vida al personaje de Sonia (la sobrina del tío Vania) con un encanto agridulce, lleno de sombras y reflejos. Todos los intérpretes realizan un trabajo ajustado, orquestado y sorprendente. Si de veras aman el buen teatro, no se lo pierdan.

sábado, 26 de junio de 2010

EL TEATRO DEL BOSQUECILLO


"El sueño de una noche de verano”. De W. Shakespeare. Escenografía, vestuario y dirección: Ángel Gutiérrez. Reparto: David Pérez. Jesús Sanz. Alia Ben Issa. Vanesa Actif. Patricia Díez Labín. Eduardo Mayo. Celia Pérez. Diego Santos. Christian Pena. Roberto Aguilera. Rafael Díez Labín… Madrid. Teatro de Cámara Chejov.

La escena dramática madrileña tiene uno de sus más fieles aliados en el Teatro de Cámara que dirige y alienta Ángel Gutiérrez, y que estrena apellido esta temporada, nada más y nada menos que Chejov, toda una declaración de intenciones estéticas y morales sobre el gran arte teatral de todos los tiempos. Ningún verdadero aficionado puede verse defraudado con los amorosos espectáculos que se representan en esta mínima sala con criterio de gran teatro. Desde su exitosa versión de “Tío Vania” de Chejov, el Maestro Ángel Gutiérrez se ha internado en el universo dramático de Goldoni, Strindberg, Cervantes, y ahora Shakespeare, demostrando que la filosofía del arte teatral está por encima de los estilos. Gutiérrez es un virtuoso de la técnica interpretativa, y esto implica no sólo que sus discípulos interpreten con la técnica de mayor precisión que puede verse en la escena madrileña, sino que además entiende el teatro como la formulación de una verdad artística, que por serlo se convierte en reveladora. Esa verdad de los personajes es lo que da coherencia y entidad a sus espectáculos, porque el espectador -comprendiendo- participa activamente en el hecho teatral. Si no fuera por esta magia que provoca el hecho de estar asistiendo al nacimiento de una verdad artística, no habría quien soportara las tres horas sin descanso que dura la representación. Hasta los niños del auditorio sienten que están ante algo que sólo sucede raras veces, y cuya emoción resulta difícil de explicar con palabras. Ángel Gutiérrez ha conseguido con este “Sueño de una noche de verano”un espectáculo de belleza e intensidad atemporal que podría haber disfrutado el niño Ingmar Bergman una mañana de reyes de hace cien años.
La alegría bucólica del original bosquecillo ateniense está recreada en escena con unas exuberantes guirnaldas de frutas y hojas de hiedra, dos gigantescas telas de araña, y una fuentecilla de la que mana un hilillo de agua, cuando los personajes duermen. Acompañan la representación músicas de distintas épocas y países, especialmente una intensa y emotiva canción rusa.
Este bosquecillo fantástico de teatro está poblado por criaturas misteriosas de fiera y sensual belleza, que nos recuerdan que el mundo mágico del imaginario sigue siendo para todos necesario.
El joven elenco que representa la obra de Shakespeare, dirigidos por la batuta sabia y experta del Maestro Ángel Gutiérrez, da brío, frescura y pasión a este sueño posible que dejó plasmado en sus versos el gran demiurgo ilusionista, William Shakespeare. Imprescindible para los amantes del teatro con mayúsculas. Lleve a los niños y a los abuelos.

lunes, 21 de junio de 2010

RADIOGRAFÍA DEL SAINETE


“Madrid, Madrid, Madrid”. Los sainetes más refrescantes de Carlos Arniches. Dirección: Ángel Gutiérrez. Reparto: Rocío Mostaza. Ana Hernández. Inma Martín. Germán Estebas. Ángel Jiménez. Christian Pena. Pianista: Andrés Ruiz de la Peña. Madrid. Teatro de Cámara Chejov.

Cada nuevo de Ángel Gutiérrez es una obra de creación teatral en el sentido más pleno del término. Si el Teatro de Cámara Chejov nos tiene acostumbrados al mejor repertorio ruso que puede verse en Madrid, en los últimos tiempos la compañía se ha aventurado sabiamente por otros derroteros que pasan por la obra de Goldoni, Strindberg, o Shakespeare.
“Madrid, Madrid, Madrid” es un doble homenaje que Gutiérrez quiere hacer a Carlos Arniches -el dramaturgo populizador del Sainete- y al mismísimo pueblo madrileño. El rigor y la profundidad sicológica con que están retratados los personajes populares, podrían parecer inadecuados para este teatro cómico de pequeño formato; pero, el Maestro Gutiérrez plasma en cada uno de sus espectáculos no solo un estilo, sino una filosofía artística del teatro, una forma de entender la actividad teatral casi religiosa. La devoción y la precisión técnica que consigue insuflar a sus actores, permite que todos sus trabajos arriben felizmente a buen puerto, en un viaje que estimula los sentidos y la inteligencia del público.
Gutiérrez, aplicando un análisis riguroso a la obra menor de Arniches, demuestra cómo se puede representar el teatro popular desde una perspectiva culta, e incluso científica, por el brillante, gozoso y milimétrico trabajo de sus protagonistas. Todo el público debería acercarse a ver este feliz experimento, por la originalidad y la calidad del resultado artístico.
El director cuida todos los detalles de su ingeniosísima y elaborada puesta en escena, a la que se suma la música de un pianista que interpreta en directo las músicas más castizas y zarzueleras asociadas al popular Género Chico. “Madrid, Madrid, Madrid” es una exquisita fiesta teatral, planificada con inteligencia y gran sentido lúdico del espectáculo y la teatralidad.
Rocío Mostaza realiza unas composiciones brillantísimas en su variada galería de personajes del Avapiés, que van desde una matrona de armas tomar, a una bella maja infiel, o incluso un chiquillo pordiosero. Christian Pena demuestra talento y sensibilidad para afrontar sus diferentes personajes masculinos. Germán Estebas y el resto del reparto realizan un trabajo sobresaliente, (como viene siendo habitual en esta pequeña ermita teatral del Teatro de Cámara,) que todo buen amante del teatro agradece con su presencia y sus sinceros aplausos ante un trabajo tan honesto y tan brillante.