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lunes, 19 de julio de 2010

PASIÓN POR LOS MECANISMOS

"Los engranajes" de Raúl Hernández Garrido. Dirección: Francisco Vidal. Cía. El Grito. Reparto: Marta Aledo. Esther Ortega. Noelia Tejerina. Txema Piñeiro. Luis Rayo... Madrid. Teatro Pradillo. 17-9-2000.

El autor Raúl Hernández Garrido parece haber dinamitado su obra una vez escrita; y luego, haberla recompuesto con los pedazos restantes hasta lograr "Los engranajes". Eso sí, aplicando un método de reconstrucción de los hechos, en base a escenas retrospectivas que se representan durante el juicio a un matrimonio que ha cometido un crimen, y a la mañana siguiente se ha zampado el cuerpo del delito. Acerca de cuál es realmente el foco, el tema, el núcleo, la cabeza rectora de esta pieza, el autor no ha dejado suficientes datos para que el público lo reconozca; o, quizás haya dejado demasiados.
El título de "Los engranajes" da una idea de la importancia que se da en esta obra a los mecanismos de percepción del hecho escénico y dramático; o, a los mismos mecanismos sociales que activan las causas de estos grandes conflictos que denuncian diariamente los informativos: los crímenes entre esposos, familiares, amigos, adolescentes... La obra tiene una clara intención social, y reúne en escena a casi todas las fuerzas vivas sociales (iglesia, justicia, policía, medios de comunicación...) para implicarlos en este asesinato que no termina muy bien de comprenderse por qué se ha cometido.
Francisco Vidal consigue levantar, con un joven elenco de estudiantes del Laboratorio William Layton, una puesta en escena dinámica, a veces rotunda, y con una gran energía de sus intérpretes. El montaje, si bien presenta una cierta originalidad temática y estructural, adolece de teatralidad. En beneficio de la exploración psicológica de estos personajes producidos por una sociedad patológica, se ha descuidado el lenguaje simbólico y poético. La representación sería más rica y exuberante, si hiciese un mayor uso de los lenguajes plásticos que propicia y requiere un escenario teatral. En busca de una desnudez oscura, y una crudeza urbana -cómplice de los hechos que se narran- se debilita la fuerza ceremonial de la representación.
El joven equipo de intérpretes de la compañía El Grito ofrece lo mejor que tiene para interesar al público. A la actriz que interpretaba el sábado a Nina, la protagonista, (la manía de los dobles repartos), aunque, eficiente, le faltan recursos para sostener sobre su personaje, el palo mayor de todos estos engranajes. Txema Piñeiro que interpreta al esposo, busca a fondo el máximo de humanidad para hacer entender a su personaje criminal; y Luis Rayo demuestra una gran energía y una buena presencia escénica, aunque le falte relajación para redondear su trabajo. Noelia Tejerina, interpretando a la madre, demuestra dosis de humor y un físico peculiar.
¿Teatro político?; ¿teatro judicial?; ¿teatro policiaco?; ¿teatro de suspense? ... En cualquier caso, "Los engranajes" es un espectáculo original, ambicioso e interpretado con una convicción doctrinal que estimula la curiosidad del público.

MORDIENDO EL VACÍO


"Beckett...". Basado en las obras de Samuel Beckett: Acto sin palabras I, Acto sin palabras II, e Impromptus de Ohio. Cía: Sobrevento. Dirección: Luiz André Cherubini. Música: Queca Vieira. Manipuladores: Sandra Vargas. Miguel Vellinho. Alzira Andrade. L. André. C. Festival de Otoño. Madrid. Teatro Pradillo. 27-10-2000.

Los muñecos han sido utilizados por los hombres desde los umbrales del ritual y la actuación para representar lo que no existe o lo que no se ve. Un actor con su cuerpo humano era indigno para dar forma a una divinidad sobre la escena. El muñeco o el autómata permitían superar las limitaciones de la representación sagrada. El Festival de Otoño comienza su andadura teatral con la representación de "Beckett..." por parte de la compañía brasileña "Sobrevento", volviendo a usar los muñecos para contar historias tan imposibles y cifradas como las del dramaturgo irlandés afincado en París, Samuel Beckett. La labor dramatúrgica de este autor galardonado con el Premio Nobel, es totalmente deconstructiva. No continuó subiendo una planta más la torre de Babel del teatro europeo, sino más bien al contrario, intentó devolverlo a sus cimientos. Beckett formula su teatro como una descomposición o destrucción de los presupuestos básicos del género. Ni la peripecia, ni los personajes tienen mucho que ver con la tradición. Ocupan su lugar en esta misteriosa construcción: el silencio, la repetición, la falta de caminos certeros, y una atmósfera de desasosiego que impulsa y motiva cada una de las decisiones de sus impotentes personajes. Aún a pesar de todo, Beckett no cesó de escribir en vida. Su obra es una buena prueba de su recóndita esperanza como dramaturgo.
La idea de representar tres de sus obras más conocidas con muñecos es el mayor acierto de los brasileños. Para ello se han valido de una "técnica mixta" en el que los manipuladores de los muñecos están a la vista del público, como en las técnicas japonesas del Bunraku. Tres manipuladores vestidos de negro se encargan de dar vida al muñeco. Aunque hay que decir que los muñecos japoneses son mucho mayores que los que utilizan los brasileños, lo que resta protagonismo a la presencia magnética del muñeco en beneficio de sus manipuladores. Tanto es así que en algunas ocasiones, estas negras figuras humanas llegan a convertirse ellos solos en los auténticos protagonistas de la obra. La música en directo de un violín que ejecuta todos los planos sonoros de la obra, es de una gran teatralidad, y consigue momentos de una mágica atmósfera.
El reto que encierra esta representación es alto y plausible, quizás no tanto sus resultados. Da un poco la sensación de que más que reinventarse las leyes del escenario y la destrucción de la lógica aparente, (como postula el autor irlandés) han buscado una "estética Beckett" de hombres solitarios, sin rostro, con sombreros hongo, atmósferas tenebristas, y ausencia de esperanzas, para construir una representación tan expresionista como monótona.

domingo, 18 de julio de 2010

LOS MECANISMOS CARNALES DEL TEATRO


"Calisto. Historia de un personaje". Teatro Meridional. Texto: Julio Salvatierra Cuenca. Actor: Álvaro Lavín Martín. Dirección: Miguel Seabra. Vestuario: Marta Carreiras/Ana Campos. Madrid. Teatro Pradillo. 13-1-2001.

Teatro Meridional (España-Portugal-Italia) es una de las compañías teatrales más originales y rigurosas que circulan por las dos orillas del Atlántico. Si hace un año esta compañía ejemplar presentó "Qwfq. Una historia del universo", (basado en "Las cosmicómicas" de Italo Calvino, consiguiendo el mejor espectáculo de creación e investigación teatral de la pasada temporada); para el nuevo siglo Teatro Meridional ha rescatado su montaje "Calisto", que fue estrenado en 1997 en Portalegre (Portugal).
Calisto -el amante doncel de Melibea- es hoy un viejo de 500 años, que recuerda, narra y dialoga con el joven actor que lo interpreta. El gran personaje literario, como en un pacto diabólico, necesita de un cuerpo joven para regresar a la vida y revivir sus amores melibeicos. La naturaleza misteriosa del teatro se lo permite. La idea de la obra es brillante y está preñada de amor por el teatro. La meta mayor de cualquier actor es morir actuando; ¿qué mejor forma de despedirse de la vida, que haciéndole el amor sobre las tablas? El texto de Julio Salvatierra navega por la poesía, la sugerencia y la exploración de nuevos ámbitos para la teatralidad. Su evocación histórica resulta a veces precisa, a veces fabuladora. Aunque según avanza esta ceremonia de la memoria teatral, se resiente la progresión dramática de la obra.
Las truculentas y divertidas aventuras de una "compañía fantasma" que va representando "La Celestina" de Fernando de Rojas desde su nacimiento hasta la época de Shakespeare, son desgranadas por el viejo Calisto para el público contemporáneo. Sus reflexiones sobre los mecanismos carnales del teatro, o la quietud del limbo en la que permanecen los personajes hasta ser representados, son agudas, poéticas y reconfortantes para la cofradía cómica, pero no tienen desenlace, lo que le resta humanidad al argumento.
Álvaro Lavín es uno de los mejores actores jóvenes de nuestro teatro (a ellos deberían ir los premios, y no a las viejas glorias de la promoción); tiene madera de divo. El virtuosismo de su interpretación se delata a través de su magnética presencia escénica, y por su solemne habilidad en torear los silencios dramáticos y las pausas escénicas. Sentado en un sillón durante toda la representación, el actor rememora con sus inflexiones de voz y la precisión de sus delicados gestos, a los 24 personajes que circulan por la obra. "Calisto" es un brillante concierto de cámara, que el espectador más iniciado, más exigente, y más entregado a la causa del teatro, no debería perderse.

LOS LÍMITES DEL ASCO Y LA BELLEZA


"El matrimonio Palabrakis". De Angélica Liddell. Dirección: Angélica González. Reparto: Gumersindo Puche. Angélica González. Concha Guerrero. Iluminación: Oscar Villegas. Espacio Plástico: Atra Bilis. Vídeo: Andrés Leal/La Fam. Madrid. Escena Contemporánea. Teatro Pradillo. 22-2-2001.

Angélica González es una de las personalidades artísticas más valiosas del teatro español. Si desde sus comienzos en 1993, sus obras y trabajos escénicos ya respiraban una rareza propia de la vanguardia (tan poco cultivada seriamente en estos pagos) más insolente, osada y poética; su rica e inenterrumpida trayectoria no hace sino confirmar las coordenadas de un mundo propio y personal, factor que distingue a los verdaderos creadores de los que se empecinan en demostrar serlo. Angélica es una mujer de teatro integral que se mide tanto con la escritura dramática, como con la puesta en escena, y -¡más difícil todavía!- con la misma interpretación de sus protagonistas. Una valiosa "rara avis" del teatro español mas furiosamente innovador.
En "El matrimonio Palabrakis", la autora vuelve a ahondar en los planteamientos de su personal entendimiento del teatro, sin lograr su mejor trabajo, pero, demostrando una coherencia y una fidelidad a sus presupuestos estéticos, que consolida el valor y la rigurosidad de su obra completa. El matrimonio Palabrakis se revuelca sobre un lecho de cabezas y miembros de muñecas, ejercitando una singular danza de velas, mordidas con la boca, a los compases de una solemne música barroca. Poderosa imagen para comenzar un espectáculo.
Quizás no sea del todo bueno que la misma autora dirija sus textos, y además los intérpretes, porque crecer a tiempo de tres con un ritmo tan vertiginoso, es triplemente difícil. Pero, por otra parte, hay que considerar que la escritura de Angélica Liddel concluye en la palabra escénica y objetual de Angélica González, la directora. Como actriz tiene un encanto y un sentido de la provocación, tan arrogantes como seductores. Todo en escena está codificado para que sea el espectador quien le quite el papel al caramelo y se lo coma.
En "El matrimonio Palabrakis" la autora se adentra quizás en la más narrativa y truculenta de sus obras. No es del todo bueno. La fragmentación poemática (tanto verbal como escénica) de su discurso teatral colisiona con las reglas de la peripecia, la lógica y la atemporalidad. Su propuesta es más un racimo de sugerencias que una historia cerrada; y Palabrakis, es la más episódicas de sus obras. La provocación, el sexo explícito, la fascinación por las sensaciones, el asco, el deseo, la pringue, la espuma, la escatología, la perversión..., y otras fascinantes extravagancias, ocupan un lugar muy importante en sus trabajos siempre ceremoniales.
Por otra parte, sobre este matrimonio conflictivo se cierne toda una dolorosa visión de la vida, de las relaciones humanas, de las matrimoniales, de las repugnancias generacionales entre hijos y padres. Es duro y, a la par, irresistiblemente atractivo, porque en su aciaga búsqueda, siempre resulta teatral, hermoso y vertiginoso.

viernes, 16 de julio de 2010

HÍBRIDOS DEL DESCONCIERTO


"Llamad a cualquier puerta". De y dirigido por Carlos Fernández López. Reparto: Montserrat Penela. C. Fndez. López. Espacio escénico y vestuario: C. F. L. y Marisa Amor. Iluminación: Carlos Marqueríe. Madrid. Teatro Pradillo. 29-1-2002.

En la escena madrileña que se quiere más renovadora y vanguardista hay una suerte de experiencias escénicas híbridas que podrían considerarse como un precipitado de diferentes elementos que parten del teatro, pasan por la danza, incorporan la música y la iluminación como elementos semiautónomos del discurso escénico, y que tocan tangencialmente el tema de los conflictos humanos, como con pudor de emocionar o interesar al público. En la mayoría de los casos, estos experimentos suelen satisfacer sobre todo a sus artífices, dejando -por el contrario- en los espectadores un tibio desconcierto, pues no se sabe muy bien si no han entendido nada de lo que se les muestra, o si bien estos actantes no pretendían hacerles comprender nada: arduo dilema para el respetable.
"Llamad a cualquier puerta" de Carlos Fernández López, forma parte de esta extraña familia de híbridos teatrales del desconcierto. Por supuesto, la dramaticidad como consecuencia del conflicto y de la acción que éste genera, está desterrada de los objetivos de esta nueva escena. En su lugar, un espacio plástico rotundo, y una sarta de objetos con voz y con alma, suelen suplir la ausencia de vida interior de los catatónicos seres humanos que pululan por la escena.
En "Llamad a cualquier puerta" parece que se está reflexionando sobre las relaciones de pareja, pues un hombre y una mujer se mueven y accionan por ese impoluto espacio rojo que abraza el cielo y el infierno de sus dos habitantes. El protagonismo que alcanzan tres cafeteras sobre dos seres humanos, es como mínimo inquietante. Hay que reconocer que la deshumanización que consiguen los actantes tiene un valor atmosférico de cierta intensidad. Al comienzo, los espectadores observan a estos dos cobayas humanos con mirada de científico curioso, como en un análisis clínico que irremisiblemente desemboca en el desinterés y en el aburrimiento.
La técnica corporal de los dos intérpretes es considerable y se agradece, no como virtuosismo dancístico, sino como ejecución limpia de los movimientos. En cuanto al texto que adorna la representación -como una cafetera más- sucede más bien todo lo contrario. No hay ni voluntad ni técnica de dicción y proyección, con lo cual unas frases más o menos ilustrativas del autismo de la representación, quedan planas y convencionales, insulsas de significado, como si se pretendiese derrumbar el poder talismánico de las palabras. Sólo la música "estúpida, química o bacteriológica" (como ellos la van nombrando), que van poniendo en su equipo de música, consigue transmitir algo de sugestión e interés al público, para soportar la cándida liviandad de toda la representación.

lunes, 5 de julio de 2010

EL SEXO DE LOS MUÑECOS

"Vampirya". Dramaturgia y dirección: Jesús Peña. Música: J.Carlos Martín. Iluminación: Jesús Lázaro. Actores-manipuladores: Teresa Lázaro, Olga Mansilla, Jesús Peña. Tramoya: Borja G. Semprún. Madrid. Festival de Otoño. Teatro Pradillo. Fecha de estreno: 17-XI-99.

Que una compañía teatral transite en sus montajes, entre el teatro de títeres y el teatro de actores es poco frecuente, la especialización artística es la gran dictadora de la creación escénica actual. El Teatro Corsario es conocido entre el público por sus aproximaciones personales a textos clasicos revisitados con gran originalidad. No es "Vampyria" su primer espectáculo de títeres, "La maldición de Poe" fue su primera incursión en este mundo gótico, telúrico y enormemente visual, que impregnó algunos de sus posteriores montajes sin muñecos.
El regusto por esta estética truculenta -tan cultivada por el cine- se desata en esta saludable "Vampyria" donde las vidrieras de los mausoleos y los palacios decadentes, crean un claroscuro colorista por donde pueden asomar todos los sueños y fantasmas del deseo. El vampiro suele ser una figura muy romántica, un marginado excepcional con el que se suele identificar la figura del artista inadapatado a los nuevos tiempos. Pero, el vampiro es además un mito con unas grandes connotaciones sexuales, pasionales y hasta criminales.
El Teatro Corsario, dirigido por Jesús Peña ha conseguido un originalísimo espectáculo en el que los muñecos se expresan ante el público con el sexo al descubierto. La diversión y la sana ironía con que los artífices del espectáculo han tratado este relato de sangre, se transmiten fácilmente al público. El sexo de los muñecos es algo que hasta ahora ha sido difícilmente visto en un escenario, pues el género siempre se ha considerado idóneo y restrictivo para niños. Un gran error, pues los muñecos están en el origen milenario de la representación teatral. La plasticidad teatral que consiguen estos titiriteros le debe mucho, por una parte, al lenguaje del cine expresionista; y por otra, a los dibujos y ensoñaciones de Francisco Nieva, otro gran apasionado del género gótico y sus posibilidades simbólicas. Sus demonios, sirenas y harpías comparten gozosos martirios sexuales y revelaciones perversas, con estos vampiros del sexo, que nos muestran en su misa negra titiritera estos saludables corsarios del teatro.

miércoles, 30 de junio de 2010

GANAS DE INVENTAR


“Alicia”. Basado en "Alicia a través del espejo" de Lewis Carrol. Túrmix Teatro Urgente. Dirección: Paulo Alexandre. Actores y manipuladores: Ruth Sancho, Ángel Savín, Concha Párraga, Pedro Jiménez. Teatro Pradillo. Madrid. 16-XII-98.

El terreno de la fantasía en el que se mueve el personaje de Alicia en las dos obras de Lewis Carrol, "Alicia en el país de las maravillas" y "Alicia a través del espejo" ha sido una tentación permanente para el teatro, pues el valor de la convención escénica permite representar en un escenario todos los mundos, los posibles y los imposibles. Turmix Teatro Urgente han caído en la misma tentación. Su bagaje de actores y manipuladores de títeres, junto con un notable trabajo corporal, les permiten representar en escena personajes irreales: un mantón, un huevo, un muro semáforo... y lo hacen con unas enormes ganas de inventar nuevas formas teatrales. Su versión de "Alicia" está llena de hallazgos escénicos donde los actores, los muñecos y los objetos cobran una nueva vida animados por el hálito de profundo amor al teatro que se respira en el escenario.
El mundo de Alicia siempre ha sido un territorio donde ha resultado difícil marcar las fronteras entre el terreno de los niños y el de los adultos. La propuesta de Túrmix Teatro Urgente sigue sin resolver este asunto, no se reconoce muy bien quién es el público destinatario de su trabajo, si los niños o sus padres. En cualquier caso, asistir a este despliegue de imaginación escénica es una buena manera de estimular la fantasía propia de todos los espectadores que acudan a la representación.

LOS MUÑECOS DEL BARÓN

"Las aventuras del barón", un espectáculo familiar de títeres de La Tartana Teatro, basado en la obra "Las aventuras del Barón de Münchhausen" de C. A. Bürger. Dirección: Juan Muñoz. Manipuladores: Concha Párraga, Pedro Jiménez, Raúl Fernández Teatro Pradillo. Madrid. 9-1-1999.

Las aventuras del Barón de Münchhausen forman parte del repertorio familiar, sobre todo gracias a sus versiones cinematográficas. Los extravagantes vuelos y viajes del fantástico Barón que recorre el mundo abrazado a una bala, sobrevolando Europa, Asia Menor, África o la misma luna, han quedado indisolublemente ligadas a la memoria de miles de espectadores. A esta fascinación han sucumbido también los miembros de La Tartana Teatro que presentan en el teatro Pradillo (única sala estable madrileña dedicada al mundo del títere y la marioneta, desde hace más de una década) "Las aventuras del Barón".
La Tartana tiene una larga experiencia en el mundo del títere y en la investigación de nuevos lenguajes escénicos que combinan el muñeco con el actor de carne y hueso. Una de sus peculiaridades es el trabajo con unos muñecos de un metro y medio de alto, manipulados según las técnicas tradicionales del Bunraku, el teatro japonés de muñecos. La combinación de estos enormes muñecos -casi de tamaño humano natural- con el de los pequeños títeres tradicionales, consigue que el espectáculo esté dotado de momentos de una gran belleza plástica, emotiva y mágica. Los manipuladores consiguen que los muñecos transmitan acción y sentimiento. Pero como sucede en el mundo de la ópera, los grandes cantantes no tienen siempre similares dotes interpretativas. Al texto de "Las aventuras...", los diálogos y monólogos, a la interpretación, incluso a la misma versión, les falta dramaticidad para alcanzar la meta que se ha propuesto el espectáculo. La carencia de textos escritos directamente para muñecos, acentúa este problema. ¿No habrán pensado nunca los dramaturgos españoles actuales, escribir para muñecos? Sería bueno, es una tradición milenaria que ha ennoblecido a numerosos pueblos.

martes, 29 de junio de 2010

LOS VERDUGOS DEL SUEÑO


"Once upon a time in west asphixia”. De Angélica Liddell. Dirección y escenario: Angélica González. Reparto: Gumersindo Puche. Angélica García. Iluminación: Oscar Villegas. Banda sonora: José Carreiro. Vídeo: Salva Martínez. Vestuario: Gabriela Hilario. Madrid. Teatro Pradillo.

Dejar clavado al público en sus butacas, es una rara virtud que viene demostrando desde hace años la compañía madrileña Atra Bilis, encabezada por Angélica González, acompañada por los talentos de Oscar Villegas y Gumersindo Puche. Villegas pinta con focos las atmósferas ceremoniales de la obra; sólo con sus luces, está servido el misterio antes de que comiencen a hablar los intérpretes. Puche es un actor intenso, raro, fakir y muñeco desnaturalizado, que aporta un enigma patético a sus personajes. Por su parte, la compleja personalidad teatral de Angélica se multiplica en su triple faceta de autora, intérprete y directora.
En su último montaje, “Once upon a time ...”, la representación que se construye alrededor del texto, va siendo cada vez más potente en su bien calculada megalomanía objetual y escenográfica. Su propuesta escénica es tan personal como sincera. Hacen este teatro, porque es el que les sale de dentro, de sus imaginaciones, sueños e inventos; no porque esté de moda, o porque sea fácilmente escandaloso y exportable. El peligro que corren los brillantes espectáculos de Atra bilis es que terminen pareciéndose demasiado entre ellos. Desde “La falsa suicida” (2000), poco han avanzado sus propuestas, por muy estimulantes que resulte visualizarlas.
En “Once upon a time ...” (una parodia negra y amarga de nuestra comedida y falsamente puritana civilización) más de la mitad del texto se escucha grabado en audio o en vídeo; es una rémora para la palabra dramática. Las frases que más huella dejan en el público son las que proclaman tan rotundamente los actores en escena, y que no son precisamente las consignas más afortunadas de la obra. Exigir responsabilidades directas de esta vorágine que nos lleva, a los padres y a los profesores -presentados como verdugos del sueño- resulta como mínimo, ingenuo. Confundir a otras víctimas con los ejecutores entraña un serio peligro para los contenidos del espectáculo.
Quizás la autora debería profundizar en su discurso, y preocuparse más de que se entienda su hermosa palabra dramática, en lugar de seguir explorando ávidamente la voracidad elocuente de los objetos, de los espejos, o de los reflejos, porque -en definitiva- éstos representan los trucos y las apariencias del teatro, y no su parte más ambigua, paradójica y reveladora.

sábado, 26 de junio de 2010

EL PRECIO DE LA GUERRA


"Ifigenia o el pecado de los dioses”. De Michel Azama. Dirección: Véronique Nordey. Reparto: Alicia Merino. Jorge Gurpegui. Josep Albert. Mercedes Arbizu. Natalia Barrero. Nerea Moreno. Natalia Barrero. Óscar Piñero. Clemente García. Pepa García. Ana Lucía Maestre. Martínez Viejo. Guillermo Amaya… Violín: Amancay Gaztañaga. Espacio sonoro: Manuel Maldonado. Madrid. Teatro Pradillo.

A la figura de Ifigenia se la ha invocado en el teatro para afrontar recurrentemente un problema ético y humanitario. El sacrificio -requerido por los Dioses- de la hija de Agamenón, para devolver los vientos a su curso y que pudieran zarpar las naves de guerra hacia Troya, plantea un debate moral esencial en la historia de Occidente: ¿es Agamenón un ignominioso parricida, o un político consecuente frente a sus obligaciones para con la guerra? Esquilo narró el sacrificio de la joven, Eurípides salvó a Ifigenia, igual hizo Racine, Goethe, Wagner. Por Nietsche fue nuevamente ejecutada…
¿Qué precio estamos dispuestos a pagar por los horrores de la guerra?, parecen plantearnos todos los dramaturgos que han revisitado el mito clásico. El debate moral de “Ifigenia” no puede resultar –desgraciadamente- más oportuno. El teatro tiene una doble función: entretener criticando, por medio de la comedia; y provocar la reflexión del público, desempolvando su inteligencia dormida por medio del rito.
El dramaturgo francés Michel Azama demuestra un tacto justo y un cálculo exquisito de todos los ingredientes que debe reunir un texto trágico, y sabe cómo transmitirle un hálito de presente al mito clásico.
“Hay que exigir más al teatro”, reclamaba Brecht insistentemente. El montaje de “Ifigenia” dirigido por Véronique Nordey viene a ser una lúcida respuesta a esa demanda. En el espacio vacío, Nordey suelta a sus criaturas escénicas, para que repartan la sagrada palabra dramática, con piedad, desesperación, o pureza. El animalístico coro trágico de seis cuerpos y seis cabezas realiza un trabajo furioso y minucioso, de certera lucidez trágica. Todo el elenco ajusta su interpretación en el tono preciso de su personaje. Joseph Albert insufla una limpia desesperación a su Agamenon. Jorge Gurpegui demuestra una rotunda presencia escénica y vocal, dando vida a un agreste Aquiles. Alicia Merino como Ifigenia sirve la dulzura e ingenuidad de la muchacha enamorada, ignorante de su destino.
Todo es lo que debe ser en este exigente y rico montaje de “Ifigenia” que nos han brindado Michel Azama y V. Nordey. El espectáculo demuestra una manera tan digna y verdadera de entender el carácter artístico y social del teatro, que si viene de Francia, habría que ir pensando en importarla, tanto para nuestras salas alternativas, como para nuestros teatros públicos.
El público, entusiasmado ante la calidad total de la propuesta, desplegó una intensa salva de aplausos dedicados a los intérpretes, el autor, la directora, y sobre todo, a una manera tan noble de entender el teatro.

CONCIERTO DE CUCHILLOS


"Pedazos rotos de algo”. De Benito Escobar. Dirección: Vicente León. Reparto: Carlos Martínez. Mª José Puebla. Marcos García. Vicente León. Madrid. Teatro Pradillo.

El dramaturgo chileno Benito Escobar está considerado en su país como un autor de talento. Junto a una intensa actividad teatral (que realiza tanto en la universidad como en las oficinas y los escenarios,) Escobar plantea un teatro claramente decantado por la palabra, como hilo conductor de la ceremonia escénica que conlleva la representación. Interesado por el teatro de las últimas décadas, el autor chileno retoma el discurso del teatro desaforadamente simbólico, o del teatro de la crueldad, en su acepción más pinteriana.
En “Pedazos rotos de algo” intenta llevarse por delante a la estructura familiar. La violencia con que un hijo reprocha a su madre prácticamente el haber nacido, es una explosión verbal que no significa más que lo que comunica la situación dramática. Mientras el padre, atado y amordazado, asiste impotente a la contienda familiar, sobre las tablas campea un cuarto personaje-narrador que desvela el entramado de la situación, y los intereses del autor de la pieza.
Vicente León (acertadamente nominado al Premio Mayte, por su excelente labor en la Sala Pradillo) ha realizado una ajustada y eficaz puesta en escena de este texto rompedor y violento, potenciando una suerte de batalla sonora entre platos, cubiertos, vidrios, y una legión de cuchillos que terminan clavados sobre la mesa. Los actores han sintonizado su interpretación con el estado de grito explosivo que arrastra a los personajes en su confesión ciega, cuajada de reproches, durante toda la representación. La densa energía de las voces combinada con los estallidos de objetos llegan a producir una sensación claustrofóbica en el espectador, tal como parece haberlo planificado el autor.
Para el final se guarda una última sorpresa, el narrador -aparentemente neutro- confiesa al público ser “la carne”, el más degenerado y liberador de todos los personajes convocados a escena. Tras los aplausos del público, los actores leyeron una proclama en favor de la paz en Irak.