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miércoles, 30 de junio de 2010

LAS MEJORES INTENCIONES

"Crimen y castigo". De Fedor Dostoievsky. Versión: Fernando Sansegundo y José Carlos Plaza. Dirección: J. C. Plaza. Reparto: Fernando Sansegundo. Ruth Gabriel. Asunción Sancho. Yäel Barnatán. Alberto Alonso... Teatro Infanta Isabel. Madrid. 1-12-1998.

¿De dónde nace la necesidad de trasladar una de las grandes novelas de la historia a las tablas de un escenario? Probablemente, del apasionamiento que despierta en un actor o director la lectura de esa misma obra y comienza a imaginar y presentir que aquel material literario, de tan humano es completamente dramático. Tratándose de una de las novelas de Fedor Dostoievsky, la complejidad y hondura psicológica de sus personajes hace más apetecible a un actor encarnar al héroe de la obra: Raskolnikov. Un individuo que se sueña a sí mismo como un Napoléon o un Mahoma, como uno de los extraordinarios hombres de la Historia que han ayudado a hacer avanzar el mundo llevando a cabo sus deseos. Mayor nobleza y heroicidad no se le pueden negar a las intenciones del pobre estudiante que es capaz de llegar a matar a una vieja prestamista, no para robarla y salir de la pobreza, sino para confirmar una teoría. Raskolnikov con sus conflictivas relaciones familiares, sus diálogos internos de culpabilidad alimentadas por un sentimiento de cristianismo ortodoxo más atormentado, no es si no el trasunto del mismo Dostoievsky. De ahí nace el dolor de Raskolnikov, de ahí su grandeza y sus turbias relaciones con su tiempo y con sus gentes.
Subir a escena este debate moral de gran altura es un gesto que ennoblece a los responsables de este espectáculo teatral; sus mejores intenciones quedan demostradas. Pero la gran ceremonia escénica que requiere la altura del debate no se alcanza por los propósitos sino por los resultados formales y emocionales que exhale la representación. El montaje de José Carlos Plaza cuenta el sueño de Raskolnikov, la pesadilla permanente del personaje al que conocemos casi siempre en la cama. La escenografía es un libro vertical, cuyas hojas pasan y crean los distintos cubiles de la obra. El ritmo es, a veces, vertiginoso y la música se usa de forma que cree distancia. Los tonos grises, las escenas en transparencias, desarrollan la idea del sueño de Raskolnikov. El montaje comienza a apuntar hacia unas claves que podríamos considerar deliberadamente expresionistas y que terminan conduciendo a la interpretación a un punto cada vez menos naturalista, menos psicológico, menos conflictivo y menos ruso; el crimen de la vieja es prácticamente un guiñol. Lo indefinido del planteamiento y la exigua corrección de las interpretaciones, hacen que el montaje en vez de ir acumulando fuerza, vaya sembrando cansancio en el público. La grandeza de la palabra de Dostoievsky no resuena en el escenario del Teatro Infanta Isabel durante esta representación. La versión desprende algo de resumen más que de clara relectura e interpretación de los hechos dramáticos convocados por Dostoievsky en el conflicto moral ante la injusticia y la pobreza del Petersburgo de 1866. Fernando San Segundo interpreta a Raskolnikov con un gran entusiasmo y convicción, pero no llega a transmitir la densidad conflictiva del personaje, su amargo egoísmo y su implacable y ciega lucha por la redefinición de las fronteras de la moral. Ruth Gabriel lleva a escena con fina discreción y belleza su personaje de Sonia, la prostituta que amó a Raskolnikov; y Alberto Alonso realiza la mejor composición de la representación con su alegre, enigmático y onírico personaje de Svidrigailov. El resto de la compañía -en algunos casos excesivamente jóvenes para sus personajes- colabora con empeño y entrega a la ejecución del sueño escénico de Fernando Sansegundo y Jose Carlos Plaza.

CABARET CON BOTIJO


"Los hermanos Pirracas en Nemequitepá". De Rafael Ponce. Compañía Esteve y Ponce. Dirección Esteve y Ponce. Actores: Gerardo Esteve y Rafael Ponce. Sala Cuarta Pared. Madrid. Fecha estreno: 3-XII-98.

La compañía Esteve y Ponce de Valencia no se parecen a nadie salvo a sí mismos. Su teatro que resulta fresco y novedoso tiene sin embargo un aroma a cierto teatro de siempre en el que ha brillado sobretodo el ingenio de los cómicos. Desde las compañías de mimos griegos que iban por los pueblos representando sus historias para el pueblo llano funciona en teatro popular un axioma que consiste en considerar como lo más teatral, aquello que más excita al público, sin ahorrarse imitaciones de sonidos de animales, escatológicos o cantos obscenos que despertaban la risa del espectador y satisfaccían su afán satírico. Los llamados géneros menores del teatro han tenido la peculiar virtud de mantenerse siempre vivos en base a su comunicación directa con el pueblo llano. Hay que agradecer a estos originales cómicos valencianos que sigan luchando por mantener vivo este espíritu tan regocijante del teatro que a muchos espectadores les devuelve su fe en el teatro.
Esteve y Ponce presentan en Madrid su nuevo y peculiar espectáculo, tras sus éxitos anteriores como La conquista despacio (1990), La vida está en inglés (1992), Los pájaros fontaneros (1994) o Los hombres del tiempo (1997). Los títulos son claramente significativos de la sana ironía y la corrosiva burla que despliegan en sus montajes. El hecho de ser sólo dos actores en escena -unidos por una química inusual- los relaciona con los diálogos no siempre lógicos de los payasos de circo, o con la picaresca del Ñaque en pleno siglo de oro español, o con ciertas experiencias de cabarets vanguardistas de comienzo de siglo. No sé si a ellos les gusta el mundo de ese fenómeno aislado de la literatura española llamado Ramón Gómez de la Serna, pero estoy casi seguro de que a Ramón les gustaría Esteve y Ponce. Hay un grado de ridiculización cariñosa de lo cotidiano que resulta devastador en un escenario. Nada más teatral, nada más negro, nada más ácido que la aparente ternura de estos dos personajes encerrando en su juego de muñecas rusas con forma de ataúd, sus recuerdos familiares y fraternales.

TROPICANA LORCA


"El público". Versión de la obra de Federico Gª Lorca. Director: Carlos Díaz.
Reparto: Hector. E. Suárez. Yeyé Báez. Carlos Miguel Caballero. Mª Elena Diardes...Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 5-12-1998.

En Cuba, desde finales de los años veinte se tributaba culto a Federico García Lorca; tras su visita a la isla en 1930, este instinto lorqui-cubano se convirtió en veneración, y después de fulminarse tan inútilmente su vida en Granada en 1936, el lorquismo de la isla se desató hasta la pasión, el delirio y a ratos la beatería de toda adoración. La compañía cubana El Público, dirigida por Carlos Díaz, representa en Madrid su visión del mundo lorquiano titulada El Público. Y aclaro lo del título porque el espectador que acuda con la intención de asistir a una representación de la obra del mismo título de Lorca, puede quedar desconcertado. La compañía cubana nos muestra un gran espectáculo, iconoclasta hasta el delirio, lleno de sensualidad caribeña. Carlos Díaz se vale de El Público de Lorca, para organizar una revista musical caleidoscópica y formalista. Toda la gaurdarropía más exquisita de un teatro desfila por este espectáculo, donde lo importante son las imágenes que imprimen en escena los ricos trajes y los desnudos efébicos. En España, este tipo de espectáculos se conoció hace más de veinte años de la mano de compañías como la de Lindsay Kemp, o sus epígonos gaditanos, Teatro Carrusel; esto es: desfile (que no ceremonia) de trajes riquísimos entre humo carbónico y efebos desnudos al son de un aria de ópera a todo volumen. Sin embargo, hay que reconocer que los cubanos han llevado estos planteamientos mucho más lejos que sus antecesores. El espectáculo de Carlos Díaz transita por los momentos más kitsh del teatro de Federico García Lorca sin privarse de nada. Doña Rosita, la madre de Bodas de sangre, la niña de la madeja roja, el novio, Leonardo y hasta Bernarda Alba acuden con sus respectivos textos, como personajes invitados a esta representación llamada El Público.
Probablemente, Lorca y sus amigos no se habrían perdido la frutal actuación de esta compañía caribeña, en la que disfrutarían con regodeo, y hasta alguno habría repetido. Pero, no creo que hubiesen encontrado ningún atisbo del suculento debate teórico sobre el teatro y el amor homosexual que Lorca plasmó en su pieza dramática "El Público".

LA GRANDEZA DEL INVITADO


“Cipe dice a Brecht”. Monólogos, canciones y poemas de Bertolt Brecht. Traducción, adaptación, dirección e interpretación: Cipe Lincovsky. Piano: Nicolás Guershverg. Iluminación: Ariel del Mastro. Centro Cultural de la Villa. Madrid. Festival de Teatro iberoamericano. 8-12-1998.

Asistir al recital dramático musical en torno a Bertolt Brecht que Cipe Lincovsky ejecuta en su espectáculo "Cipe dice a Brecht", es constatar la supervivencia de la raza de las primeras actrices. Ser capaz de llenar un escenario vacío con la pequeña talla de esta enorme actriz argentina no es sólo una cuestión de talento, es una cuestión de control de los propios medios expresivos y de un profundo convencimiento de su potencia escénica. En un momento dado de la representación, Cipe dice uno de los poemas que Brecht escribió -durante su largo exilio- dedicado a su esposa la actriz alemana Helene Weigel, en el que el autor alemán destaca que la Weigel no buscaba desplegar su grandeza interpretativa en escena, sino intentar transmitir al público la grandeza de los seres que representa. Cipe Lincovsky, (que trabajó en el Berliner Ensemble y que -según ella misma cuenta al público- llegó a ser íntima amiga de la Weigel,) intenta en este concierto escénico seguir las apreciaciones de Brecht sobre el mérito interpretativo de su esposa, y más que desatar su furia de primera actriz busca ponerse en función de la grandeza de su invitado: Bertolt Brecht; pero no lo consigue: la Lincovsky destella con luz propia en escena.
Acompañada por un solo músico desgrana con precisa técnica vocal las canciones de Brecht, pero la actriz Cipe puede más que la cantante Lincovsky. Vestida con una sobria túnica negra, deambula por el escenario vacío, se arrodilla, se sienta en el suelo, anda descalza y consigue que cualquier cosa hecha por ella bajo la luz de los focos se convierta en trascendente, eso es estirpe de primera actriz y por mucho conocimiento que se posea de la técnica de Brecht, demostrado en múltiples montajes escénicos, siempre aflora la singularidad de lo que está aconteciendo en escena en ese justo momento: eso es gran teatro.
Cipe Lincovsky además de actriz es mujer y por tanto ciudadana con opiniones sociales y políticas. Hay una empatía natural entre el discurso político y humano de Brecht y el de esta gran diva de la escena. Tanto, que Cipe Lincovsky, en el momento más climático y desatado de su interpretación -y entre una humareda de humo rojo- añade un verso propio al desgarrado poema de Brecht: "... Este Pinochet de mierda" que produce en el público el efecto de un cañonazo lanzado contra el centro de las conciencias, y que se transforma en un rotundo aplauso del patio de butacas. Esta fuerza tan sólo la tiene el teatro. Tras los aplausos, los bravos y los ramos de rosas rojas, Cipe hizo tres bises de poemas e interpretó una nueva canción, todos de Brecht. Se notaba que ella y el público seguían con hambre de escenario tras el final de la entusiasta representación de la diva argentina.

MUSICAL AMARGO PARA EL 98


“Santiago (de Cuba) y cierra España”. De y dirigido por Ernesto Caballero. Música original: Fernando González. Reparto: Carmen Machi, Alberto Jiménez, Rosa Savoini, Lucía Quintana, Natalia Hernández... Movimiento: Helena Ferrari. Madrid. Teatro de la Abadía. 11-12-1998.

El que en ciertos escenarios españoles comiencen a investigarse la traslación a escena de una serie de géneros dramáticos tan poco cultivados en nuestro país como el teatro documento o el teatro de reflexión (que no agitación) política, es un síntoma de buena salud. En Santiago (de Cuba) y cierra España, Ernesto Caballero, buen conocedor del teatro barroco español, ha decidido hablarnos "del 98" (un encargo del Teatro de la Abadía) a través de unas alegorías humanas: la criada Amaltea y el soldado Aureliano, cuyas peripecias y desgracias cotidianas (a este lado y al otro del océano) sirven para conducir el transcurso de los hechos históricos, recreados libremente por el autor. Santiago... es un espectáculo de gran complejidad y ambición escénica que parte de la estructura del musical para desembocar en algo más hondo y más amargo, como la misma reflexión que se hace de España, aunque sin renunciar al final a su sueño.
El autor ha decidido situar la acción al pie del palo mayor del buque del Contralmirante Cervera (el segundo buque insignia que sube este año a escena), y utiliza todo tipo de recursos escénicos para desarrollar su reflexión dramática: cine mudo, cabaret, cupletistas sicalípticas, títeres borbónicos, niños adivinos, un fantástico personaje de Alma de España, prostitutas, bohemios y diferentes pajarracos políticos de aquel 98 y del de cien años después. De esta amalgama de personajes nocturnos y madrileños (a los que se suma algún catalán), se desprenden resonancias inevitables a Valle Inclán, pero también se siente a Francisco Nieva latir tras ciertos aromas líricos y castizos de esta obra tan española. Pero hay que contemplar que el espectáculo se articula también desde perspectivas brechtianas en tanto al tratamiento de los personajes, sus monólogos narrativos, al uso de las canciones y la música en directo, los datos históricos suministrados, y el claro compromiso político que rezuma hasta el último aliento el montaje. La precisión del trabajo interpretativo (físico y vocal) de esta compañía de jóvenes actrices y actores -que ejecutan múltiples estilos- es poco frecuente en nuestra escena. Hay mucha belleza teatral inédita (no siempre fácil) en este novedoso espectáculo que el espectador curioso de buen teatro debería experimentar.

GANAS DE INVENTAR


“Alicia”. Basado en "Alicia a través del espejo" de Lewis Carrol. Túrmix Teatro Urgente. Dirección: Paulo Alexandre. Actores y manipuladores: Ruth Sancho, Ángel Savín, Concha Párraga, Pedro Jiménez. Teatro Pradillo. Madrid. 16-XII-98.

El terreno de la fantasía en el que se mueve el personaje de Alicia en las dos obras de Lewis Carrol, "Alicia en el país de las maravillas" y "Alicia a través del espejo" ha sido una tentación permanente para el teatro, pues el valor de la convención escénica permite representar en un escenario todos los mundos, los posibles y los imposibles. Turmix Teatro Urgente han caído en la misma tentación. Su bagaje de actores y manipuladores de títeres, junto con un notable trabajo corporal, les permiten representar en escena personajes irreales: un mantón, un huevo, un muro semáforo... y lo hacen con unas enormes ganas de inventar nuevas formas teatrales. Su versión de "Alicia" está llena de hallazgos escénicos donde los actores, los muñecos y los objetos cobran una nueva vida animados por el hálito de profundo amor al teatro que se respira en el escenario.
El mundo de Alicia siempre ha sido un territorio donde ha resultado difícil marcar las fronteras entre el terreno de los niños y el de los adultos. La propuesta de Túrmix Teatro Urgente sigue sin resolver este asunto, no se reconoce muy bien quién es el público destinatario de su trabajo, si los niños o sus padres. En cualquier caso, asistir a este despliegue de imaginación escénica es una buena manera de estimular la fantasía propia de todos los espectadores que acudan a la representación.

ROMPECABEZAS DE VALLE-INCLÁN


"Las galas del difunto", "La cabeza del Bautista", "Ligazón", "El embrujado" de Ramón María del Valle-Inclán. Dirección: Xosé Martíns, Helena Pimenta, Manuel Guede, Eduardo Alonso. Actores: Antonio Durán, Maxo Borjas, Ernesto Chao, Mónica García, Alfonso Agra, Elena Atienza, entre otros. Madrid. Teatro María Guerrero. Estreno: 17-12-1998

"Valle Inclán 98" es un multi-espectáculo desmontable integrado por cuatro obras de Valle que la noche del estreno se representó completo, y que posteriormente se representará, además, en programas dobles alternos. Si "Las galas del difunto" (que abre la representación) es un puro ejemplo de esperpento, y "La cabeza del bautista" y "Ligazón" gravitan (aunque a cierta distancia) en torno al mismo planteamiento dramático, no ocurre lo mismo con "El embrujado" una pieza más arcaica, más interesada en apuntar el carácter mágico y heroico de sus personajes rurales, pero mucho menos corrosiva que los posteriores esperpentos.
Dos de los retos más importantes del teatro español son: cómo se dice el verso clásico español, y cómo se hace y dice a Valle. La resolución escénica e interpretativa del esperpento es dificultosa porque Valle no sólo hace una propuesta dramática, sino que formula toda una estética y una visión del mundo (como Wagner o Goya) que termina convirtiéndose en un canon determinante.

"Las galas del difunto" tuvo un amago de pateo y silbidos tras su representación; la gratuidad insolvente del montaje, más interesado en dibujar varias estampas escénicas de bella factura, que de desentrañar la propuesta dramática de Valle, lo merecía.

"La cabeza del Bautista" con su sencillez y su claridad escénica permitió sentir, por primera vez en la noche, la enorme teatralidad del autor. Un violento trabajo físico de los actores daba un hálito vertiginoso y cruel a ciertos momentos climáticos de la truculenta obrita en la que no faltan efectivos toques de humor y lirismo.

"Ligazón" marea a los espectadores. El afán de incorporar proyecciones gigantes de vídeo a los escenarios teatrales, o música atmosférica -como en cine-, resulta completamente innecesaria en "Ligazón" y despista al espectador del eje primordial de este teatro: los personajes, encarnados físicamente por los actores en el escenario.

"El embrujado" más que completar el espectáculo, inicia otro distinto, en el que se llega a transmitir cierta densidad teatral al patio de butacas, sobre todo en la contenida y misteriosa escena junto al lecho del río, donde el texto de Valle-Inclán es desentrañado con precisión y emoción por los actores. Sin embargo, no se le llega a sacar partido a los interesantes coros de la obra.

CUCHILLOS SIN FILO


“Los carniceros”. De Antonio Morcillo López. Dirección: Dennis Rafter. Escenografía: Jose Luis Raymond. Iluminación: Miguel Ángel Camacho. Reparto: Miguel Morella, Luis Callejo Martínez, Susanne Ditlevsen. Paco del Olmo… Sala Fernando de Rojas. Círculo de Bellas Artes. Madrid. 20-12-1998.

"Los Carniceros" ganó el Premio Marqués de Bradomín 1997 para nuevos autores dramáticos y esa es la razón por la que se ha estrenado esta temporada, el premio lleva implícito el bautizo en las tablas del nuevo autor galardonado. Este texto está escrito contra todas las guerras, una sana intención que pone en evidencia el buen enfoque que su autor quiere dar a su teatro, pero a su obra le falta teatralidad por todos los poros de las palabras. El teatro se caracteriza por la acción, la situación y los personajes; además del diálogo, en las propuestas que se basan en la palabra, como la que comentamos.
Dentro de un espacio metafórico, un hospital de exterminio hecho jirones, los personajes comienzan cada escena con un largo monólogo en el que se expresan todas sus ideas, y todo lo que se supone que han hecho hasta llegar a escena: la acción se dice. Esta debilidad narrativa del montaje intenta ser subsanada por el director Denis Rafter, que intenta diferenciar claramente los personajes con un buen trabajo de dirección de actores, limitado siempre por las barreras del texto. En su feroz intento de arramblar con todos los responsables de la guerra, el autor crea un mecanismo truculento para intentar salvar su falta de dramaticidad: los médicos del hospital donde acuden los heridos de guerra, en realidad, son carniceros. Toda la confusión que genera el autor novel en su propuesta textual, intenta ser clarificada -en todo momento- por la puesta en escena de un director tan experimentado como Rafter.

ENTRETENIMIENTO PURO


“Políticamente incorrecto”. De Ray Cooney . Dirección: Paco Mir. Reparto: Manuel Carlos Lillo, Montse Puga, Ramón Vall, Assun Planas, Carles Heredia, Jaume Mallofré, Imma Ochoa y Blanca Pàmpols. Teatro Nuevo Apolo. Madrid. 21-12-1998.

Uno de los objetivos de cierto tipo de teatro de todas las épocas ha sido el de entretener a los espectadores. Los límites de la idea del entretenimiento lo establecen la mentalidad del espectador a quien va dirigido el espectáculo, ha habido entretenimientos satíricos, corrosivos, escatológicos, sexuales... o discretos, a la par que elegantes, como es el caso de "Políticamente incorrecto". Ray Cooney es un autor de vodeviles muy conocido en la escena madrileña sobre todo a través de los montajes de Pedro Osinaga, o de primeros actores cómicos madrileños que encuentran en estas obras una posibilidad sin riesgos de un papel a su medida. El enredo inacabable, puertas que se abren y cierran, y que esconden amantes o en el caso peor, cadáveres... El vodevil es un mecanismo de relojería perfecto, el actor, el texto, los objetos, todo va apareciendo en escena de forma natural para engarzarse en un ritmo y una confusión cada vez más desenfrenado y delirante.
El vodevil llegó a ser a finales del siglo pasado el género favorito del teatro burgués: entretenía sin agredir seriamente ningún ápice de la moral establecida. Y aunque generalmente trataba de crear un enredo escénico a partir de las infidelidades habituales de cualquier tipo de prócer, éstos podían acudir tranquilamente al teatro con sus beatíficas esposas: nada de lo que sucedía en escena pasaba de ser una broma educada. Por ejemplo: en el vodevil pocas veces aparece un dormitorio y una cama, todo gira en torno a la infidelidad, pero jamás se tiene el mal gusto de mostrarla descarnadamente ante los ojos del público.
Paco Mir ha realizado un buen trabajo de estilo con esta obra. No se trata de usar el vodevil para realizar cualquier tipo experimento escénico, al contrario se es fiel a las reglas del género originario, pero estos cómicos catalanes lo hacen estupendamente. La acción está adaptada al Hotel Palace de Madrid, frente al Congreso de los Diputados; los protagonistas son los un ministro de derechas y una diputada socialista entregados a devaneos extramatrimoniales. Hacer reír al público es una de las tareas más complejas del teatro, los artífices de "Políticamente incorrecto" lo logran con creces. Hay un comportamiento corporal de los actores en clave de amuñecamiento, o con una exageración medidísima, que provoca las más felices carcajadas y aplausos del público, que interrumpe permanentemente la representación. Si desean entretenimiento puro y una interpretación impecable, no lo duden, éste es su espectáculo.

EL MAL DE LA VIOLENCIA


“Cachorros de negro mirar”. De Paloma Pedrero. Dirección: Aitana Galán. Actores: Txemi Parra, Dani Martín, Natalia Garrido. Sala Cuarta Pared . Madrid. Estreno: 7 de enero de 1999.

El drama es un invento del teatro burgués. No da alas a las licencias fantásticas de la teatralidad: todo debe ser como en la vida misma. Su intención es ser realista, creible, que el espectador pueda comprender e identificar fácilmente lo que está viendo y oyendo en escena. El drama es ante todo un teatro de palabra que viene funcionando estupendamente desde hace tres siglos, como instrumento y continente teatral. El teatro naturalista decimonónico, de naturaleza tan revolucionaria, se valió del drama para expresarse dramáticamente, con la particularidad de que cambiaba los contenidos de tan eficaz recipiente. Las enfermedades sociales podían mostrarse a la perfección, valiéndose del drama y del funcionamiento psicológico e individual de los personajes. Esta fórmula resultó tan efectiva que sigue usándose en la actualidad.
"Cachorros de negro mirar" de Paloma Pedrero, se inserta en estas coordenadas, en esta tradición que han cultivado desde Buero, a Alfonso Sastre, Alonso de Santos o Fermín Cabal. Paloma Pedrero sube a escena un problema que está en la calle: el de la amenazante y gratuita violencia de esas tribus urbanas juveniles tan cercanas a ciertas sectas semicanstrenses, y a esas violentas bandas de extrema derecha, consentidas con cierta aquiescencia por los sectores más recalcitrantes del Poder. Pero, Pedrero no quiere adentrarse en las responsabilidades que puedan tener en este fenómeno instituciones como la familia, o la misma policía (que nunca llega cuando se la necesita); ella quiere conocer a sus personajes, explorar sus motivos, sus sentimientos, sus dudas, sus contradicciones, incluso sus irracionales razones. En esta obra se reflexiona críticamente sobre cierto sector de la juventud de hoy, perdida entre valores absolutos, tratados demagógicamente; y encolerizada con grupos sociales débiles y vulnerables como los emigrantes, las prostitutas o los homosexuales, tres de los blancos favoritos de la violencia de estos peligrosos y consentidos cachorros.

EL PATIO DE SHAKESPEARE


“Las obras completas de William Shakespeare. (Abreviadas)”. Autores: Long, Singer y Winfield. Versión española: M.A. Conejero-Dionis y Jenaro Talens. Dirección artística: John Patrick Walker. Reparto: Javier Gurruchaga, Josu Ormaetxe, Fernando Albizu. Teatro Lara. Madrid. Estreno: 7-1-1999.

El amor de los británicos por su teatro es algo tan evidente como la calidad de sus actores prestigiados en el mundo entero. La veneración por su primer dramaturgo, William Shakespeare también es de sobra conocida; y su afición por los grandes musicales, digamos que puede constituir otra de las genuinas señas de identidad de los ingleses. De la combinación de estas constantes teatrales ha surgido este ingenioso e inteligente espectáculo "Las obras completas de William Shakespeare (abreviadas)" que ahora presentan en Madrid tres brillantes actores españoles: Javier Gurruchaga, Josu Ormaetxe y Fernando Albizu.
La obra parte de la ocurrente idea de representar todas las obras que escribió el bardo de Strafford en un solo espectáculo de duración convencional, primer guiño irónico con todas las dramaturgias y versiones actualizadas que se realizan del mundo dramático de Shakespeare. Frente a la seriedad trascendente con que se afrontan estos montajes, los autores de "Las obras completas..." Long, Singer y Winfield, han decidido organizar una fiesta shakespereana, divertida, transgresora e irreverente, valiéndose del formato de un pequeño musical contemporáneo.
Javier Gurruchaga ha tenido el olfato de descubrir que éste era un espectáculo hecho a su medida. Las dotes histriónicas naturales del cantante-actor resultan de la máxima utilidad para conseguir este ambiente de "corrala en fiestas" que se busca conseguir con la representación. Y la figura del animador-presentador-conductor es esencial para un montaje que intenta llevar a cabo una misión oculta y secreta: convertir al público en protagonista de la representación, homenajeando así los orígenes del teatro isabelino que se representaba en patios de posadas con un público eminentemente popular. La dirección artística de Jon Patrick Walker es deliciosa, imaginativa e inagotable, obligando a estos tres excelentes cómicos españoles a desplegar una energía sorprendente que llena no sólo el escenario, sino además todo el patio de butacas.

LOS MUÑECOS DEL BARÓN

"Las aventuras del barón", un espectáculo familiar de títeres de La Tartana Teatro, basado en la obra "Las aventuras del Barón de Münchhausen" de C. A. Bürger. Dirección: Juan Muñoz. Manipuladores: Concha Párraga, Pedro Jiménez, Raúl Fernández Teatro Pradillo. Madrid. 9-1-1999.

Las aventuras del Barón de Münchhausen forman parte del repertorio familiar, sobre todo gracias a sus versiones cinematográficas. Los extravagantes vuelos y viajes del fantástico Barón que recorre el mundo abrazado a una bala, sobrevolando Europa, Asia Menor, África o la misma luna, han quedado indisolublemente ligadas a la memoria de miles de espectadores. A esta fascinación han sucumbido también los miembros de La Tartana Teatro que presentan en el teatro Pradillo (única sala estable madrileña dedicada al mundo del títere y la marioneta, desde hace más de una década) "Las aventuras del Barón".
La Tartana tiene una larga experiencia en el mundo del títere y en la investigación de nuevos lenguajes escénicos que combinan el muñeco con el actor de carne y hueso. Una de sus peculiaridades es el trabajo con unos muñecos de un metro y medio de alto, manipulados según las técnicas tradicionales del Bunraku, el teatro japonés de muñecos. La combinación de estos enormes muñecos -casi de tamaño humano natural- con el de los pequeños títeres tradicionales, consigue que el espectáculo esté dotado de momentos de una gran belleza plástica, emotiva y mágica. Los manipuladores consiguen que los muñecos transmitan acción y sentimiento. Pero como sucede en el mundo de la ópera, los grandes cantantes no tienen siempre similares dotes interpretativas. Al texto de "Las aventuras...", los diálogos y monólogos, a la interpretación, incluso a la misma versión, les falta dramaticidad para alcanzar la meta que se ha propuesto el espectáculo. La carencia de textos escritos directamente para muñecos, acentúa este problema. ¿No habrán pensado nunca los dramaturgos españoles actuales, escribir para muñecos? Sería bueno, es una tradición milenaria que ha ennoblecido a numerosos pueblos.

SIN TAPUJOS


“Dedos. (Vodevil negro)”. De Borja Ortiz de Gondra. Noviembre Compañía de Teatro. Dirección: Eduardo Vasco. Reparto: José Luis Santos. Lola Casamayor. Montse Díez. Vicente Colomar. Madrid. Teatro Olimpia. Centro Dramático Nacional. 13-1-1999.

El escenario de un teatro tiene la capacidad de magnificar cualquier tema de actualidad, por la dimensión trascendente que le otorgan los espectadores que acuden a la representación y, por supuesto, por el acierto que le hayan dado los cómicos a su trabajo. Es más, el teatro siempre está obligado a hablar de y sobre su tiempo, por mucho que se esté representando una obra escrita hace más de mil años. El teatro como arqueología no tiene ni tendrá jamás sentido.
"Dedos (Vodevil negro)" de Borja Ortiz De Gondra (que obtuvo el premio Marqués de Bradomín 1995 por esta obra), es la carta de presentación de una nueva hornada teatral española -la que ahora ronda los 30 años- y que están decididos a hacer un teatro que hable de los temas de ahora mismo. El paro, el SIDA, la homosexualidad, el lesbianismo, las drogas, el sexo, el dolor, el suicidio, los contratos-basura, la muerte, el amor, acuden a la cita que les da el autor, pero de una forma completamente original y novedosa, sin tapujos, irónica, con mucho humor negro, y sin renunciar a la poesía, la mística o la truculencia más gore.
En la actualidad, coexisten en el teatro español, generaciones con una gran formación libresca; las siguientes le deben al cine lo mejor de sus sueños; ésta que se presenta con "Dedos" son hijos de los bloques de anuncios de televisión.
El director, Eduardo Vasco, dota al espectáculo de un ritmo inicial vertiginoso, fresco y vivo, ayudado por la fuerza interpretativa de Lola Casamayor y Vicente Colomar. Hay momentos felices de teatro en la primera parte del espectáculo; la coincidencia de sarcasmo, lirismo, sexo y filosofía de vida, crea un delicioso batido teatral. Pero, no se mantiene durante todo el espectáculo, que comienza a tornarse irregular según avanza, al ir reduciéndose la acción a un solo tema: el enfrentamiento generacional para conseguir trabajo. Cuando lo irreal desaparece de la escena, la obra pierde teatralidad. Este "Vodevil Negro" admite y requiere un público afín de edad, pues se habla con una divertida irreverencia de los problemas, angustias y deseos que ellos mismos están viviendo. Tal vez pueda revelarles a algunos que no hayan ido o no tengan costumbre de ir al teatro, el regocijante y saludable consuelo que puede producir sentirse identificado con lo que sucede en un escenario.

LAS MUJERES DE CARLOS


“Las mujeres de Jack”. De Neil Simon. Versión de Juan José Arteche. Dirección: Carlos Larrañaga. Actores: Carlos Larrañaga, Pilar Velázquez, Marisa Lahoz, Maribel del Prado, Alicia Martínez, Marta Gutiérrez, Marisa Pino. Madrid. Teatro Príncipe Gran Vía. Estreno: 14 de Enero de 1999

Neil Simon, (nacido el 4 de Julio de 1927 en el Bronx neoyorkino) es uno de los autores más prolíficos y exitosos que ha tenido Broadway en este siglo que se acaba. Ganador del Premio Pulitzer y del Tony (el Oscar del teatro norteamericano) en varias ocasiones, Simon ha dado muy buenos ratos de entretenimiento y sonrisa a espectadores de todo el mundo. Obras suyas como "Descalzos por el parque", "La extraña pareja" o "Perdidos en Yonkers", acreditan la trayectoria del eficiente autor teatral neoyorkino. En sus montajes teatrales se han reunido actores de la talla de Robert Redford, George C. Scott, Anthony Perkins, Peter Falk, Dana Andrews, Elizabeth Ashley etc. De esta forma, Neil Simon es el autor ideal para una serie de grandes -y sobre todo populares- actores que regresan al teatro para confirmar "la mayoría de edad" (como lo denomina el propio Larrañaga) de sus cualidades interpretativas. Larrañaga no sólo pertenece a una de las más destacadas estirpes del teatro español, sino que además es ese tipo de actor que encarna en si mismo "el teatro de siempre". Cuando él sube a un escenario, el público no acude a ver la obra de un autor o a conocer una historia peculiar que no olvidarán jamás, el público de Larrañaga va a verlo a él en persona, cosa que sólo les está permitida si pagan el precio de una butaca del teatro donde él actúa.
"Las mujeres de Jack" es una obra de Simon basada en su propia experiencia con las mujeres de su vida: en este mismo sentido el actor español también se ha visto profundamente identificado con el personaje de Simon. La obra apunta más al drama que a la comedia, y eso es algo que sorprende al espectador de este tipo de teatro, que va dispuesto a reírse a carcajadas y no encuentra fácilmente ni el motivo, ni el momento. Larrañaga permanece todo el tiempo en escena durante la representación, dando entrada y salida a las mujeres de su imaginación, y desarrollando largos monólogos dirigidos al público.

Que el protagonista sea un escritor que está escribiendo una obra, y falto de inspiración recurra al diálogo imaginario con las mujeres de su vida, genera un mecanismo escénico de pura convención, que da a entender al público, que casi todo lo que sucede en escena, está pasando en la mente de Jack, pero no todo. Esta dificultad dramática aleja la obra de la comedia que quiere ser. Pero el oficio y simpatía de Larrañaga allanan en todo momento estos posibles vericuetos. Una corte de bellas señoritas, ataviadas con un elegante vestuario de plena actualidad,

le acompaña en esta tarea, entre las que destacan artísticamente Marta Gutiérrez, como la esposa muerta, y Marisa Pino como la psiquiatra. El papel de Maggie, la esposa actual de la que Jack está en trance de separación, está interpretado por Pilar Velázquez, una actriz que ha estado ausente de pantallas y escenarios durante muchos años y eso termina notándose en detrimento de sus cualidades interpretativas.

UNA NADA DELICIOSA


“Vacantes”. De Lluïsa Cunillé. La Companya Hongaresa de Teatre. Dirección: Paco Zarzoso. Actores: Paco Zarzoso, Lola López. Sala Cuarta Pared. Madrid. 15-1-1999.

Una de las cosas más difíciles en teatro es conseguir que el público se ría, y más aún que se ría cuando estaba previsto que lo hiciera. Las risas a destiempo crean una de las situaciones más incómodas o patéticas que puedan sufrir los actores durante una representación. La risa suele provocarse, por lo general, por la acumulación de elementos escénicos o dramáticos: mucha actividad, mucha confusión, muchas entradas y salidas, ritmo trepidante, situaciones equívocas con los objetos, o unos actores y actrices desplegando todos sus recursos histriónicos para conquistar con su esfuerzo la carcajada de los espectadores.
En "Vacantes" el público se ríe mucho, pero curiosamente lo hacen a partir del mutismo y la inmovilidad de los actores. Cuanto más se despliegan sus carcajadas es cuando menos acción y jaleo hay en escena, podríamos decir que el tratamiento del silencio en esta obra es el gran hallazgo de la representación. Paco Zarzoso demuestra tener un gran conocimiento -o intuición- de los mecanismos más sutiles que condicionan la actuación y la puesta en escena. Viendo el trabajo del actor se comprende mejor el del director. Como actor y director Zarzoso demuestra conseguir expresar el máximo con el mínimo, su interpretación está absolutamente controlada en todos los matices; con el primer monólogo que interpreta ("Vacantes") introduce al público en un registro exquisito, íntimo y agradable. Hay una enorme verdad en esta nada por la que transita el espectáculo.
Pero, aclaremos que no se trata de un teatro abstracto o metafísico, sino por el contrario de un teatro enormemente cotidiano, pero que se recrea en el lado más anónimo y poético, no sólo de las cosas, sino de las situaciones humanas más triviales de la vida contemporánea cuando dos personajes, un hombre y una mujer (interpretada por el buen hacer de Lola López)- se relacionan. Los textos de Lluisa Cunillé aportan esta calma, esta exploración del vacío, de las frases que dicen poco, y de las situaciones que apenas avanzan. Parece como si se buscara la expresión de lo inexpresivo, de lo repetido diariamente sin ningún afán de trascendencia. Pero, de esta especie de vulgaridad cotidiana, surge una magia inusual que no te cuenta nada, pero que da un sentido completo a la asistencia del espectador a esta curiosa y sorprendente representación.

LAS MUJERES FUERTES


“La hermana pequeña”. De Carmen Martín Gaite. Dirección: Ángel García Moreno. Reparto: Ana Marzoa. Ana Labordeta. Carmen de la Maza. Helga Liné. Andrés Resino. Pedro Alonso. David Zarzo. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 19-1-1999.

El precio de la independencia y la libertad ha sido siempre el de la soledad, una tarifa alta que algunas mujeres han estado dispuestas u obligadas a aceptar. El estreno de “La hermana pequeña”, que tuvo lugar anoche en Madrid, fue un homenaje a su autora, la escritora Carmen Martin Gaite, y también al recuerdo de la actriz Lali Soldevilla, para quien fue escrita esta obra hace muchos años; pero, ante todo, este montaje fue un homenaje a las actrices y a las mujeres.
El teatro y la representación palpitan como telón de fondo de estos personajes. Laura, la protagonista de la obra (interpretada con su talento dramático habitual por Ana Marzoa), es una actriz de teatro que vive en una pensión galdosiana en compañía de sus ideales, a los que se ha negado a renunciar, y de unos pocos amigos fieles; pero, en lo profundo, su corazón late en soledad bajo tanta independencia. La hermana pequeña de Laura, la madre de su mejor amigo, la amiga de la madre…, todas son mujeres solas aunque puedan tener un hombre a su lado.
Carmen Martín Gaite, como buena escritora, ha tenido en alguna ocasión la tentación de poner a dialogar a sus personajes, por el puro placer de oír sus palabras, en voces humanas dichas en un escenario. No siempre resulta fácil cambiar del registro de la narración a la acción que requiere el teatro, y la primera parte de la obra adolece de ese lastre: los personajes relatan demasiado. Pero no ocurre así en el segundo acto.
El excelente trabajo de varias generaciones de actrices reunidas en un espectáculo, hace subir la temperatura dramática de la representación. Entre ellas hay que destacar la sensible ductilidad de Ana Labordeta y el inigualable estilo dramático de otros tiempos que despliega en escena Carmen de la Maza (actúa con los hombros, con las caderas, con la frente, con las manos, con la nuca…).
Una representación que se convierte en el exquisito recital de un ramillete de grandes actrices. Ángel García Moreno las dirige muy bien, y los caballeros (Andrés Resino, Pedro Alonso y el joven David Zarzo) las acompañan.

SIN LORCA


“Ombra”. Un espectáculo de La Fura del Baus sobre F. G. Lorca. Dirección escénica y artística: Hansel Cereza-David Marín. Actores: Isabel Rocatti. Abraham Hurtado. Oscar Rabadán. Juan Navarro. Bailaor: Javier Latorre. Cantante: Danna Leese Routh. Madrid. Teatro de Madrid. Estreno: 20-1-99.

Federico García Lorca era un hombre de gran reputación artística e intelectual que además gozaba de una enorme popularidad y fama. La Fura del Baus es un conjunto teatral que pudo quedarse en grupo de teatro pero que sin embargo terminó convirtiéndose en una factoría de espectáculos muy considerados por el público más joven, y los políticos con afán de barniz vanguardista. Desde hace más de quince años sus personales montajes han tenido la insólita virtud de despertar interés. No es de extrañar que este atractivo cóctel Lorca-Fura, haya provocado curiosidad en amplios sectores.
Sin embargo, los elementos de este combinado no se terminan de mezclar en ningún momento de la representación de "Ombra". La Fura consigue unas atmósferas sugerentes y unas imágenes impactantes -como suele ser habitual en sus trabajos- pero cuando se topa con los textos de Lorca, descubre en ellos su mortal talón de Aquiles: La Fura demuestra desconocer las sutiles y esenciales leyes que rigen el uso del texto en escena. La palabra dicha en un escenario magnifica al autor (el dramaturgo siempre ha sido el Sol de los escritores); y magnifica el sentido del idioma: una forma de expresión y comunicación entre los ciudadanos que se reúnen en un teatro, para escuchar la palabra de uno de sus grandes hombres o mujeres.
A "Ombra" le sobran todas las escenas donde se dicen los diversos textos de Lorca seleccionados para la ocasión. Ni se entienden, ni transmiten nada de la vehemente belleza que hay en toda la escritura lorquiana. Si los actores los dijeran en chino o en cualquier idioma incomprensible para el público, sería más coherente con la propuesta del espectáculo. Esto genera una tremenda decepción en -al menos- gran parte del público, que se ve privado de recibir la ofertada palabra de Lorca, y tiene que conformarse con las chocolatinas visuales que vienen entre texto y texto. En "Ombra" está La Fura, pero falta Lorca. Ni siquiera la sugerente iconografía del espectáculo, ni su bella banda sonora, tienen claras señas de identidad lorquianas, podrían ser intercambiables con decenas de espectáculos de teatro-danza o videos musicales. Precisamente, el video de un toro corriendo por Nueva York quizás sea el mayor hallazgo lorquiano del espectáculo.
El amplio público que suele tener La Fura quedará satisfecho con esta nueva entrega de la factoría del Baus, aunque tendrá que estar dispuesto a soportar el pan duro en que se han convertido los textos de Lorca en este montaje.

SERÍA PREFERIBLE QUE NO...


"Preferiría que no". De Antonia Brancati. Nueva Comedia S.L. Dirección: Gerardo Malla. Actrices: Julia Gutiérrez Caba, Cristina Higueras. Madrid. Teatro Muñoz Seca. 21-1-1999.

En la obra "Preferiría que no", la autora italiana Antonia Brancati construye un drama familiar a través de los diálogos de una madre y una hija que no se han visto en veinte años. Sus confesiones, acusaciones y reproches (sin ahorrarse dos intentos de asesinato en escena) sirven para hilvanar un gran repertorio de temas de actualidad: la alta política, el poder de la prensa, la infidelidad conyugal, la locura y la cordura, la lealtad y la traición... un completo cónclave de actualidades que se presupone puede interesar al público de hoy. Representar autores extranjeros es algo que, a priori, puede resultar muy saludable y evitar asi una posible endogamia teatral. Sin embargo, vistos los resultado de este espectáculo creo que sería preferible que los productores leyesen antes las obras que escriben los autores de su propio país, porque a lo mejor encontraban textos igual de interesantes (o más), que están pidiendo a gritos ser subidos a escena, y de paso se ahorraban la traducción.
También sería preferible que mujeres con iniciativa empresarial y capaces de mover los duros engranajes del teatro, como demuestra serlo Cristina Higueras, fuesen capaces también de reconocer sus limitaciones dramáticas y no se expusieran a evidenciar sus carencias interpretativas en personajes de gran envergadura como la hija de esta obra. También sería preferible que Adolfo Domínguez no volviera a vestir a ninguna actriz para salir a escena, por si acaso. Sería preferible, además, que directores como Gerardo Malla no se empeñasen en evidenciar su puesta en escena con tantísmos, como innecesarios, movimientos y acciones físicas de las actrices, que sólo terminan perturbando la comprensión del texto. Y también sería preferible que actrices tan grandes como Julia Gutierrez Caba tuviesen ofertas laborales más interesantes y no se viesen obligadas a aceptar trabajos como éste, porque en definitiva su nombre y su prestigio se convierte en reclamo de un público que queda defraudado con esta representación, demasiado intelectual para sus expectativas. También sería preferible que insonorizaran el teatro donde se representa esta obra, porque es un poco duro para actrices y público intentar aceptar la convención de que la acción se desarrolla en una casa perdida entre las montañas, mientras en la sala se oye la Macumba de la discoteca de al lado. Y finalmente, sería preferible que no se hiciesen espectáculos tan "mortales" como éste, porque en definitiva son los responsables de que los espectadores pierdan definitivamente su fe en el teatro.

EL BUEN TEATRO DE SIEMPRE


"Los árboles mueren de pie". De Alejandro Casona. Producción: Juanjo Seoane. Dirección: Gerardo Malla. Actores: Amparo Rivelles. Víctor Valverde. Amparo Pamplona. Francisco Piquer. Tomás Sáez, Carlos Manuel Díaz... Madrid. Teatro Alcázar. Estreno: 22-1-1999.

Antes que nada, hay que agradecer al productor Juanjo Seoane su amor y su fe en el teatro, pues una producción de las características de "Los árboles mueren de pie", (procedente del teatro privado que no institucional), es poco habitual en las fórmulas actuales de inversión teatral, donde el riesgo y la inversión económica en espectáculos suele ser cada vez más cicatera. Los diez actores que forman el elenco de este montaje ayudan con lo mejor de su oficio a que el público disfrute de una buena sesión de teatro, de las de siempre. Uno de los secretos del éxito teatral es tener en cuenta al público al que uno pretende dirigirse, y en este sentido el objetivo está ampliamente cumplido.
Alejandro Casona escribió un teatro para ser oído o leído, más que representado. Hay que subrayar la importancia que tiene la palabra en las obras del autor asturiano. Su verbo y su reflexión hechizan al público que se queda como hipnotizado, o concentrado en el discurso que desgranan con gran sencillez y profesionalidad los actores. Los bellos parlamentos que escribió Casona en sus obras, interesan, y hacen pensar al público, pero sobre todo le hacen sentir. El teatro de Casona ha sido minusvalorado por algún sector de la crítica, precisamente por su gran emotividad. Pero hay que reconocer que consigue transmitir diáfanamente al público lo que los personajes piensan o sienten.
Hay que destacar la bella escenografía de Alfonso Barajas que da un tono impecable a la representación. Escenarios como los suyos, se ven ya pocos en el teatro actual. Asistir a esta representación es como entrar en un reciente túnel del tiempo y conocer directamente el teatro como se ha hecho siempre. Y ello se debe ante todo al buen hacer de las actrices y actores. Gerardo Malla ha sabido dotar a la función como de una gran confianza en sí misma que se transmite fácilmente al público.
Amparo Pamplona da emoción interior a su personaje y Víctor Valverde demuestra su peso específico de galán maduro; sus voces son personales, sugerentes y emotivas. Finalmente, hay que añadir que "Los árboles mueren de pie" ofrece la oportunidad y el privilegio de ver en escena a Amparo Rivelles, una dama eterna de la escena española, que despliega su sapiencia y elegancia interpretativa sobre las tablas, incluso cuando la enfermedad le arrebata sus fuerzas. En la segunda función del último domingo, la Rivelles estaba en escena, disminuida de facultades; y aunque una ambulancia la esperaba a la puerta del teatro para llevarla a ingresar en cualquier momento, ella pidió que le dejaran terminar la obra aunque estaba casi desfallecida. Una ola permanente de aplausos la apoyaba en su ardua tarea hasta que cayó finalmente el telón. Esas cosas sólo pueden suceder y vivirse en un teatro: el buen teatro de siempre; y con una raza de actrices que entienden su profesión como lo hacen un cura, un torero, o un payaso: ni la muerte puede detenerlos.

JUEGO DE APARIENCIAS


"Trampa mortal". De Ira Levin. Versión y dirección: Ángel Fernández Montesinos. Actores: Francisco Valladares, María Kosty, Marisol Ayuso, Arsenio León, Emiliano Redondo. Madrid. Teatro Reina Victoria. 26-1-1999.

Paco Valladares es uno de los actores más queridos de la escena española. Aunque de vez en cuando la televisión recupera algunas de sus múltiples cualidades humanas y artísticas, es en los escenarios teatrales donde el público disfruta más de su carisma. Tras un tiempo de alejamiento de las tablas, Valladares acaba de regresar a un teatro madrileño para interpretar al protagonista de "Trampa mortal", una comedia policiaca de Ira Levin que había estrenado él mismo en el Teatro Fígaro en 1981, dirigida entonces y ahora por Ángel Fernández Montesinos.
Ira Levin (autor así mismo de "Rosemary's baby" más conocida entre nosotros como "La semilla del diablo") se muestra capaz de combinar en escena todos los elementos necesarios, por muy truculentos que resulten, para conseguir un impacto inolvidable en los espectadores. En "Trampa mortal" vuelve a explorar las partes más oscuras del alma humana para dar chispa y suspense a la curiosidad insaciable del público de teatro policiaco. La representación de "Trampa mortal" engancha al público, que permanece clavado al escenario, al menos durante la primera parte de la representación, la más brillante de escritura, intriga y suspense.
La figura del autor maduro que ya ha obtenido los principales éxitos de su carrera y se encuentra en dique seco para escribir una nueva pieza genial, es un personaje en cierto sentido recurrente en numerosas obras literarias. Pero Levin consigue que el alambicado argumento de "Trampa mortal" sorprenda al espectador que se siente satisfecho de que lo hayan engañado con tanto arte e inteligencia. "Trampa mortal" tiene no obstante una deuda argumental con otra pieza maestra del género de suspense, "La huella" de P. Shaffer. Juego de apariencias, personajes que no son lo que parecen, situaciones ambiguas de tan explícitas que resultan..., constituyen la carne dramática sobre la que se construye esta representación.
Fernández Montesinos conoce bien las reglas del género y no se despista en que la obra sea tan enigmática como divertida; los actores le siguen en su empeño. Valladares utiliza su amplísimo registro de primer actor y oscila entre lo cómico y lo dramático con sutil maestría. Maria Kosty le secunda con eficacia y elegancia en el papel de la esposa. Marisol Ayuso compone un estrafalario personaje de "alemana visionaria" que en clave cómica hace las delicias del público. Y el joven actor Arsenio León aporta su buena planta y su buen hacer a las exigencias de su personaje. Emiliano Redondo completa con su profesionalidad este acertado elenco para hacer pasar al público una entretenida tarde de teatro.