Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Albéniz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teatro Albéniz. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de julio de 2010

CHATARRA DE CUELLO BLANCO


"Top dogs (Perros de presa)"", de Urs Widmer. Versión: Philip Rogers. Dirección: Mario Gas. Reparto: Fernando Guillén. Mar Regueras. Juli Mira. Ricardo Moya. Sergi Calleja. Pep Sais. Vicente Genovés. Ángela Castilla. Escenografía: Jon Berrondo. Iluminación: Quico Gutiérrez. Vestuario: Patricia Hitos. Composición musical: Carles Santos. Madrid. Teatro Albéniz. 14-9-2000.

Los conflictos que genera un problema tan candente y actual como el paro, son el tema -más que propicio- de la obra "Top Dogs. (Perros de presa)". Estos perros dominantes que dan título a la obra, (¿era necesario mantener el título en inglés?) tienen la virtud teatral de haber ingresado en un espacio insólito: una aséptica y, a la par, sofisticada empresa de recolocación de altos ejecutivos en paro. Esta "oficina terapéutica" se convierte en un espacio irreal, como el de una pesadilla blanca, donde aflora la nostalgia y el dolor por el despacho y la oficina perdida; ese lugar donde tanta humanidad gasta media vida; y se pasa la otra media, intentando recuperarse de sus maléficos efectos.
Mario Gas realiza un soberbio trabajo de puesta en escena con este nuevo montaje, donde -lamentablemente- lo menos interesante es la obra compuesta por un largo y farragoso encadenado de monólogos que parecen no agotarse nunca. Si la obra es original a la hora de elegir un tema candente, (que puede llegar a todos los espectadores), y plantea su desarrollo en torno a coordenadas inteligentes; por el contrario, el malentendido de que el juego de rol o el psicodrama puedan ser en sí mismo teatro, se convierte en su punto débil, porque anula a los personajes. Sucede con este texto algo parecido a una novela construida acumulando una amplia recopilación de e-mails. El teatro destila y sintetiza; utiliza la poesía para sugerir lo que no se ve, o incluso lo que no existe; y destila una carga satírica, que procede de una posición ideológica del autor del texto y del equipo que se pone a representarlo. En esta obra -para ser una comedia- no hay ninguna consecuencia moral aplicable al estrato social de sus protagonistas.
Lo mejor de la primera parte (casi una hora), son las transiciones escénicas, donde Gas realiza unos soberbios ejercicios de estilo -ayudado por la espléndida iluminación de Quico Gutiérrez- con su coro de ocho intérpretes, moviéndolos en sugerentes coreografías mínimas y efectivas. La selección musical de Alex Polls es muy buena, tiene la virtud de aportar las sensaciones y emociones que no facilita el texto del autor suizo Urs Widmer. La ausencia de acción y de interrelación de los personajes, vulneran el hecho dramático, y puede terminar afectando al interés del público.
Mario Gas posee la notable cualidad de ser uno de los directores que mejor dirige a sus intérpretes. El amplio elenco de esta obra da buena cuenta de ello. Cada uno tiene su momento de protagonismo, su aria, su ocasión para demostrar lo vivo que se encuentra su arte sobre las tablas. Fernando Guillén realiza una gran interpretación, entregándose al trabajo de grupo como uno más, y brillando con luz propia en sus monólogos. Pep Sais aporta una vena humorística a la representación, muy aplaudida por el público. El resto de los intérpretes son impecables, dan toda una lección de profesionalidad. Ángela Castilla logra -en la segunda parte- unas vibraciones muy emotivas.
La representación fue muy aplaudida por el público del estreno, y los actores incansables, se entregaron con una gran generosidad de bises y sorpresas finales, al respetable, consiguiendo convertir el teatro en una fiesta.

domingo, 18 de julio de 2010

LOS PÁJAROS ANIDAN EN MI CEREBRO


"A little night music. (Música para una noche de verano)" Inspirado en la película de I. Bergman. Música y letras: Stephen Sondheim. Libreto: Hugh Wheeler. Dirección: Mario Gas. Dirección Musical: Manuel Gas. Reparto: Vicky Peña. Constantino Romero. Montserrat Carulla. Mireia Ros. Miranda Gas. Escenografía: Jon Berrondo. Vestuario: Antonio Belart.
Madrid. Festival de Otoño. Teatro Albéniz. Estreno: 31-10-2000.

Probablemente el compositor y letrista Stephen Sondheim, autor del musical "A little night music" (que versiona una película de Ingmar Bergman), tuvo presente la Sinfonía que Edward Grieg compuso a partir de "Peer Gynt" de Henrik Ibsen, una de las obras más emblemáticas de juventud del mayor dramaturgo noruego que ha alumbrado nunca ese moderno país. Utilizar como punto de partida, una película para construir un espectáculo musical es como mínimo original. Esta relación del cine y el teatro suele funcionar en sentido inverso. Pero Sondheim es un compositor atípico, sorprendente para el público, porque sus obras no se parecen a ningún otro musical, y tienen el mérito de contener algunos temas tan redondos, emotivos y brillantes que funcionan como grandes canciones de repertorio, autónomamente del espectáculo para el que fueron compuestas.
"A little night music" es igualmente un espectáculo genuino, tampoco se parece a las habituales muestras del género que suelen verse en nuestros escenarios teatrales. La ambientación de la obra en la Suecia de finales del S. XIX (o sea, entre los poderosos antepasados de Bergman, en su archiconocida casa de campo) parece que no es el entorno más previsible para un espectáculo musical renovador y de vanguardia del género. Pero, tampoco se conforma con ser un libreto de opereta galante y mundana, sino que desde el mismo argumento plantea conflictos propios del drama, intentando hacer una reflexión crítica sobre el entorno, las costumbres y las creencias religiosas, amenazadas por las perturbaciones del amor y la pasión. En esta misma línea el director Mario Gas ha elegido un elenco mixto de actores y cantantes. Las dualidades y los opuestos se dan la mano en este peculiar espectáculo, hasta configurar su personalidad ambivalente, mestiza, turbia y a la par brillante.
Las complicidades amistosas y familiares del elenco, constituido por Mario Gas, Vicky Peña, Montserrat Carulla, Constantino Romero, y la reciente incorporación de la bella y prometedora Miranda Gas, da a esta obra que abriga disparidades, un estilo de la casa, de gran calidad y solvencia artística. El director esta vez casi se ha escondido, y ha dejado a la música y a los intérpretes todo el protagonismo. No es "A little night music" una representación de grandes efectos escénicos, y espectacularidad desbordantes. Es un montaje de personalidad -en principio- casi autista, pero con una enorme coherencia, que va cautivando al público por su extraño carácter y su tenacidad, hasta devenir en
Criatura con encanto y rara belleza singular.
Vicky Peña y Constantino Romero hacen una pareja escénica con una química interpretativa tan sincera como innegable. Es una buena ocasión para verlos en escena juntos. La Carulla tiene en la actualidad una personalidad teatral única. Es una resistente que transmite los mejores registros de ese gran teatro español que va muriendo con sus intérpretes. Toda una escuela viva. Mireia Ros compone el personaje más agradecido por el público, con su singular causticidad cómica. Los jóvenes Ángel Llácer y Nuria Canals demuestran equilibrados talentos como intérpretes musicales y dramáticos. La escenografía es deliberadamente de género, y resuelve con lógica, eficacia y belleza, las exigencias de la obra. Antonio Belart ha diseñado un vestuario imaginativo, brillante e irónico. La excelente dirección musical de Manuel Gas y la orquesta de catorce músicos que la interpreta, es uno de los mayores valores de este singular, atractivo, y cosmopolita espectáculo.

LOS SUEÑOS DE CYRANO DE CANADÁ


"The dark side of the moon. (La cara oculta de la luna)". Concepción, puesta en escena e interpretación: Robert Lepage. Composición y registro de la música: Laurie Anderson. Asistencia en la Escenografía: Marie Claude Pelletier. Asistencia a la iluminación: Bernard White. Vestuario: Marie Chantalle Vaillancourt. Madrid. Festival de Otoño: Teatro Albéniz. 24-11-2000.

El ser humano se define por su capacidad de soñar y recordar. La luna ha acompañado estos sueños desde el comienzo. No es extraño que un creador total como Robert Lepage haya querido contarnos su sueño lunar. Detrás de esa presencia misteriosa se esconden numerosos anhelos, desde los puramente científicos, hasta los apasionadamente amorosos. Lepage entiende el teatro como una pasión personal. Es un artista prolífico, porque en cada nueva obra se explora a sí mismo, y conjura sus miedos. Tampoco debe sorprender que sea él mismo, el único intérprete de este montaje íntimo y espectacular; porque a través de ese afán científico del protagonista en los vuelos espaciales y en la aventura de los cosmonautas por alcanzar la luna, Lepage nos está contando su vida, sus recuerdos, sus traumas y sus deseos.
Lo que podría parecer a simple vista una mezcla de auto-terapia y poesía visual, es en realidad la manifestación de la más certera vanguardia que pueda detectarse en todo el planeta teatral. Porque Lepage no sólo hace montajes sorprendentes por su alto uso de la tecnología, sino porque en cada uno de sus espectáculos se contempla la renovación y el crecimiento del lenguaje teatral. La riqueza con que combina los elementos plásticos -como preposiciones, o signos de puntuación- de su sobresaliente discurso escénico, están realizando una auténtica revolución de los códigos y convenciones teatrales.
Robert Lepage se debate entre el científico y el poeta, y en "La cara oculta de la luna" demuestra que toda esta transgresión lingüística y conceptual, puede hacerse sin alejarse de lo verdaderamente humano y emotivo. Lepage muestra el dolor, la soledad, la desconfianza en uno mismo, la metafísica de la vida cotidiana, con una melancólica atmósfera de derrota y desasosiego, trufada de ironía y de humor. Por otra parte, el virtuosismo estético de sus montajes responde a la ilusión del mago, no a la de la vacua retórica tecnológica.
Siendo un espectáculo tan vanguardista, en él priman la naturaleza, el terror ante la muerte, la inocencia de los juguetes, las músicas primigenias, y hasta el “gag” de comedia negra. Además, Lepage demuestra ser un excelente actor, dando vida a los numerosos personajes de la obra, caracterizados en rasgos humanos esenciales. El público aplaudió con ganas en Lepage a un artista total, como lo fueron los grandes creadores del Renacimiento.

TRES PAYASOS TRIGONOMÉTRICOS


"Tricicle 20". Creación, dirección e interpretación: Joan Gracia, Carles Sans y Paco Mir. Escenografía y dirección técnica: Joan Jorba. Iluminación: Roger Puiggener. Vestuario: Marta Wazinger. Audiovisual: Marionna Omedes. Marta Tossas y Concha González. Asesoramiento de proyecciones: Jordi Palou y Carles Caballero. Madrid. Teatro Albéniz. 5-12-2000.

Desde hace veinte años, Tricicle hace teatro como se hace el amor: con todo el cuerpo. Su formación mímica, gestual y corporal, los entronca con los personajes más queridos por el público, los cómicos, porque con ellos se hace la vida mucho más alegre y llevadera. Ser matrona de las carcajadas de los espectadores, es la tarea que vienen realizando Joan Gracia, Carles Sans y Paco Mir, desde hace dos décadas, con el público español y el extranjero. La universalidad comunicativa del lenguaje del gesto les abre las puertas de todos los países, por encima de las lenguas.
Es un acierto de Tricicle regresar a la escena teatral, para celebrar su veinte aniversario, con una antología de sus piezas escénicas más conocidas, divertidas y celebradas, tras visitar exitosamente otras medios artísticos de comunicación que han multiplicado su fama. Afortunadamente, tras el paso por tantas pantallas, Tricicle conserva toda su frescura y su teatralidad, algo que no siempre sucede con los humoristas que se "bajan" a la televisión; difícilmente regresan a las tablas, terminan fagocitados por el medio televisivo.
Los tres payasos trigonométricos de Tricicle se expresan con todo el cuerpo. Conservan de mimos como Marceau, o Charlie Rivel, el encanto disparatado de su tierno y emotivo lenguaje para interpretar el mundo; desde los ojos del golfante Arlequín, a los del melancólico Pierrot, o el mezquino Polichinela. Pero, además, Mir, Gracia y Sans, son hijos de su tiempo, de las proyecciones de vídeo, del tenis, del aeropuerto, del móvil y el gimnasio, donde ponen en pie sus ingeniosas y astutas hazañas. En este montaje recopilativo, Tricicle interpreta numerosos personajes de hoy en día, vistos a través de la lupa del ridículo. Gracias a su interpretación corporal (toda una lección de movimiento escénico), Tricicle demuestra cómo puede comunicarse con el público, a través de lenguajes específicamente teatrales, o instintivos, al margen del sentido obligatorio de las palabras.
Tricicle debería preparar nuevos números, satirizar con su ingenioso arte del gesto, los conflictos directos del cambio de milenio, presentar un nuevo espectáculo; seguir inventando en teatro. Porque hace falta que se haga mucho más teatro gestual en España, y estos tres maestros triciclistas, son toda una escuela para nuevas generaciones de futuros creadores, intérpretes y público, a los que enseñar cómo el teatro es un arte de libertad para relacionarse con los semejantes, de la forma más festiva y regocijante que haya tenido nunca el teatro: a través de la saludable victoria de la risa.

EL LADO OSCURO DEL ESPEJO


"Las amistades peligrosas". De Christopher Hampton. Dirección: Ernesto Caballero. Reparto: Amparo Larrañaga. Toni Cantó. Maribel Verdú. Nicolás Belmonte. Inge Martín. Carmen Bernardos. Susana Hernández... Escenografía: Gerardo Trotti. Vestuario: Patricia Hitos. Iluminación: M. A. Camacho. Madrid. Teatro Albéniz. 16-2-2001.

El Siglo XVIII supone una encrucijada importante de la Historia de nuestra civilización. La Revolución Francesa de 1789 dio fin a ese mundo de pelucas y afeites de una sociedad aristocrática y decadente, que tan fotogénicas huellas ha dejado en pinturas, tapices y porcelanas. La importancia de la vida social y cortesana alcanzó uno de sus más ilustres cénit. Francia fue la gran protagonista de este esplendor racionalista y de su trágico final revolucionario. No es de extrañar, que Chordelos de Laclós se convirtiera en un cronista indiscutible de este crucial momento histórico.
Por un laberinto de cartas y espejos, se va desgranando la historia de estos personajes rabiosamente humanos. Madame de Merteuil (Amparo Larrañaga) maneja los hilos de las vidas de sus semejantes; a través de Valmont (Toni Cantó) y sus altas habilidades casanovescas. Madame de Tourvel (Maribel Verdú), es la mojigata elegida como víctima de sus perversos juegos.
El mérito y la permanente vigencia que guarda "Las amistades peligrosas", es que tiene el valor de adentrarse por el lado oscuro del espejo, donde palpitan con la misma intensidad, tanto los deseos más osados, como los miedos más palpables. Es un viaje por la carne viva de los personajes, doloroso, vertiginoso, y ejemplarizante.
Ernesto Caballero ha situado la acción en el interior de un oscuro laberinto de cristal, que propicia irrealidades, reflejos y transparencias. Gerardo Trotti ha creado un mecanismo escénico de vidrio, donde dialogan los diseños rococós con un atrezo de diseño absolutamente contemporáneo. El espacio escénico deviene frío, matemático, distante. Sólo las pasiones en vilo de los personajes, hierven de color sobre la escena. Patricia Hitos ha diseñado un rico vestuario de gran calidad cromática.
Amparo Larrañaga interpreta con fuerza teatral a una implacable dama vengativa, que termina convirtiéndose en víctima de sí misma. Toni Cantó está muy natural en el papel de Valmont; su interpretación se eleva cuando se torna vulnerable, vencido de amor. Maribel Verdú arrima grandes dosis de beatitud y encanto a su hermosa Madame de Tourvel, auténtica víctima ejemplar de esta truculenta y trágica intriga. Inge Martín y Felipe Benítez hacen palpitar a sus juveniles y apasionados personajes, arropados por un amplio reparto, que alcanza los quince intérpretes.

LECCIÓN DE EXPRESIONISMO IBÉRICO


"Misericordia". De Benito Pérez Galdós. Dirección: Jose Luis Alonso. Versión: Alfredo Mañas. Revisión de la puesta en escena: Manuel Canseco. Reparto: Mª Fernanda D'Ocón. Francisco Hernández. Julia Trujillo. Ramón Pons. José Segura... Escenografía y figurines: Manuel Mampaso. Madrid. Teatro Albéniz. 22-3-2001

JosÉ Luis Alonso Máñez, a pesar de su muerte hace 11 años, sigue siendo uno de los directores de escena españoles, más importantes del S. XX. Buena prueba de ello es la reposición -en la presente temporada- de tres de sus más celebres montajes: "El dúo de la Africana", "Los caciques"; y "Misericordia". JLA. amó el teatro desde niño, inducido por su inestimable tío José Luis Máñez. Además, era un hombre cultísimo que convirtió su vida en un teatro. Su cultura y su gran talento creador explican su gran curiosidad artística; así como su timidez y humildad, que tantos problemas le granjeó al final de su vida, cuando el vasallismo cortesano, fue sustituyendo al talento, en los salones políticos.
La reposición de una de sus obras no es sólo motivo de satisfacción como experiencia viva de gran teatro; sino que además, brinda una excelente ocasión para reconocer una visión moral y una categoría artística, que debería seguir siendo patrón de referencia para la profesión y el mismo público.
El montaje de "Misericordia" está elevado con el pulso de los mejores maestros europeos. Alonso viajó por Rusia, América, y París, donde se codeó con Cocteau, con Barrault, o con Ionesco. Conocía la obra de Brecht, y algo de estigma centroeuropeo se respira en el montaje de "Misericordia". Se trata del mismo expresionismo pasional e ibérico, que palpitaba en su memorable espectáculo "El alcalde de Zalamea" de Calderón, (todo un hito de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que debería seguir siendo además su mejor modelo). La vibración humana de los intérpretes; la desnudez esencial del espacio; la puesta en escena estilizada y vigorosa; y la rica dosificación de teatralidad, con coros y escenas de masas, convierte a "Misericordia" en uno de los más vanguardistas y radicales espectáculos que pueden verse en la actualidad.
Galdós fue acusado por la crítica de su tiempo de falta de dramaticidad, y exceso de narración y descripción, como correspondía a un autor de novelas naturalistas. En "Misericordia", Alonso completó con su mejor escritura escénica, (ayudado por la brillante versión de Alfredo Mañas), el drama que a la palabra de Galdós le faltaba.
Mª Fernanda D'Ocón vuelve a estar "inmensa" con el personaje de Benina, una mujer que haciendo el bien en este mundo, parecía -a juicio de la Iglesia- estar afrentando a Dios. Paco Hernández interpreta el mejor personaje de toda su carrera, con este moro/judío Almudena, que el actor eleva hasta registros de una ternura y una dureza conmovedoras. Julia Trujillo destaca en su composición de la "terrible" Señora, a la que sirve y cuida Benina.
Hay que agradecer a Manuel Canseco que haya realizado la revisión de la puesta en escena de José Luis Alonso, con tanta fe y devoción a su espíritu original, para hacerla renacer de nuevo sobre los escenarios españoles.

LA MALQUERIDA DE BROOKLYN


"Panorama desde el puente". De Arthur Miller. Dirección: Miguel Narros. Versión: Eduardo Mendoza. Escenografía y Vestuario: Andrea D'Odorico. Iluminación: Gómez Cornejo. Reparto: Helio Pedregal. Ana Marzoa. Chema Muñoz. Yael Barnatán. Israel Frías. Iván Hermés. Luis Rallo. Paco Ureña. Madrid. Teatro Albéniz. 5-4-2001.

La tragedia fue la primera forma dramática de nuestra civilización. Los conflictos básicos del hombre en sociedad, quedaron fijados en los textos de los grandes autores trágicos. A lo largo de la Historia no se ha hecho más que revisitar este inventario de pasiones y conflictos sociales, por cuyo cauce se vienen moviendo los hombres desde hace milenios. El dramaturgo norteamericano Arthur Miller encontró en ella una buena fórmula para canalizar su concepto del teatro social. La presencia del director alemán Erwin Piscator en Nueva York, (exiliado de su país a causa del nazismo y de la II Guerra Mundial), también ejerció una clara influencia sobre los jóvenes dramaturgos americanos del momento. Su Teatro Político, y la estela de la obra de Brecht pesaron sobre unas nuevas generaciones de autores comprometidos a luchar contra los desastres de su tiempo. Si el conflicto bélico mundial dejó grandes cicatrices en la memoria del pueblo norteamericano, la "Caza de brujas" puesta en marcha por el Senador McCarthy, provocó otra gran tragedia moral en el mundo del espectáculo. Miller escribe esta obra en 1955 al calor de las recientes llamas.
Que esta historia de pasiones trágicas esté insertada en los bajos fondos de la inmigración italiana en Nueva York, es una originalidad del autor, que le sirve para desplegar el fresco de los conflictos humanos, y a la par disponer de un telón de fondo social que le ayuda a expresar su visión de la sociedad. Medio siglo después, el texto de Miller resuena en la platea del teatro como una voz moral de lamentable actualidad, que cuestiona la transparencia de la Ley y la Justicia; el odio y la desconfianza ante los inmigrantes; y a la par, condena la delación como el menos honorable de los gestos humanos. Demasiados pájaros quiere matar el autor de un solo tiro, o lo que es lo mismo, con una sola obra. El conflicto principal que articula esta obra es el de un falso padrastro enamorado locamente (sin saberlo) de su sobrina, que ha criado en su casa, por una promesa. Su esposa asiste impotente a la humillación de verse desplazada del amor matrimonial. Miller no inventa nada, pone a funcionar el mismo esquema dramático de "Electra", o de "La malquerida de Benavente", pero como le parece poco tema para una sola pieza, le añade el trasfondo social.
Miguel Narros demuestra ser un director de escena excepcional; cualquier material dramático que cae en sus manos, se convierte en un espectáculo de gran teatro. Consigue plañir las mejores cuerdas interpretativas de sus intérpretes, y dota a la representación de una religiosidad ceremonial, construida sobre la emoción y la palabra. Ana Marzoa vuelve a mostrar (en este pequeño papel para el calibre de su talento,) su condición de gran dama de teatro. Su presencia en los escenarios debería ser mucho más frecuente. Helio Pedregal no cesa de crecer como actor en cada nuevo montaje; este estibador italiano que desencadena con su pasión irreprimible la tragedia milleriana, le permite vibrar en altos registros interpretativos, que fueron aplaudidos por el público. La joven Yael Barnatán interpreta con frescura a Caty, la heroína central que desencadena el amor más turbio de su tío-padrastro. El resto del reparto realiza una actuación brillante y ejemplar que el público premió con recurrentes aplausos. La noche del estreno, la calidad del espectáculo caldeaba el teatro con vítores y ovaciones al director y a los intérpretes.

sábado, 17 de julio de 2010

HAY QUE ACABAR CON TANTA MENTIRA


"Casa de muñecas", de Henrik Ibsen. Dirección: María Ruiz. Reparto: Ángeles Martín. Pedro Casablanc. Modesto Fernández. Lola Casamayor. Manuel Morón. Isabel Osca. Versión: Ronald Brouwer. Escenografía: Andrea D'Odorico. Vestuario: Helena Sanchis. Iluminación: José Solbes. Producción ejecutiva: Ana Jelín. Madrid. Teatro Albéniz. 21-9-2001.

Henrik Ibsen (1828-1906) pertenece a la cúpula de los grandes dramaturgos de la historia. La voz de Ibsen tiene siempre una profundidad moral propia de un gran corifeo de la historia. El joven Ibsen era pobre y huérfano, busco en la escritura dramática una vía de sustento, y trabajó como intendente en varios teatros noruegos. Su primer objetivo fue emular a Shakespeare, en su primera etapa de autor de obras medievales, escritas en verso, reconstruyendo la historia del origen de su patria nórdica, a través de sus mitos. Una civilización o una nacionalidad sustentan su identidad en una tradición escrita. La palabra es antes que el ser, para la ley de los pueblos.
Las tensiones políticas que Ibsen tuvo que sufrir en su propio país por su mirada de francotirador frente a la sociedad de su tiempo, le llevaron a autoexiliarse, viviendo y viajando por Europa. En Roma escribió la primera de sus grandes obras contemporáneas, "Brand", que habría de iniciar una nueva etapa en su producción, alejada de la tramoya de guardarropía de sus primeros dramas. La vida urbana será a partir de entonces el escenario natural de las obras de este sombrío y escéptico Ibsen, consciente, a la vez, del gran poder de su palabra y su mirada dramática.
"Casa de muñecas" (1879) pertenece a este periodo donde se ha cifrado la semilla de su método dramático: la búsqueda de la verdad con todas sus consecuencias. Establecido este rumbo, hay que señalar que en el teatro de Ibsen, lo importante no es sólo lo que se cuenta; sino, cómo se cuenta. La arquitectura dramática de la obra de Ibsen es equivalente a la de un templo; todo un canon sagrado.
El personaje de Nora, (que interpreta Ángeles Martín, con su encanto y frescura habituales) es la patrona de las feministas. La decisión de abandonar a su esposo y sus hijos, tras una profunda crisis familiar, la convierte en la heroína de la mujer emancipada. Hay que recordar que la obra se estrenó en 1879, y que en aquellos años fue toda una bomba en los cenáculos burgueses, que veían amenazada su estabilidad familiar y social, con esta obra de Ibsen.
María Ruiz consigue -como directora- transmitir todo el complejo entramado de Ibsen. Diferencia claramente las situaciones, cuida la interpretación de todos los personajes; el espacio escénico de D'Odorico es esencial y elegante, y el público sigue atento la red de palabras y anzuelos que el autor va poniendo en la sombría peripecia de "Casa de muñecas". No es muy comprensible el adelanto histórico de la ambientación de este montaje, que se sitúa en la década de los años 30 del S. XX. Cuánto más atrás, más contundente resulta el discurso liberador de la obra.
Aunque todo es correcto, y la protagonista demuestra su capacidad para dar verdad a su personaje, falta en todo el espectáculo, grandeza, precisión técnica, solemnidad. Las adversas condiciones sonoras del Teatro Albéniz han llevado a sus responsables a instalar la microfonía como una norma de la casa en los últimos tiempos. Distorsiona la comunicación teatral. La palabra, la prosodia y la emoción, se resienten con esta medida. Mucho más aún, en una obra de Ibsen.
La noche del estreno, el público premió con sus aplausos, el buen hacer de todo el equipo artístico, y especialmente a su protagonista femenina.

LA COMEDIA DE LAS EQUIVOCACIONES


"El inspector". De Nicolai Gogol. Dirección: Footsbarn Travelling Theatre. Reparto: Valère Bertrand. Julie Biereye-Meziat. François Lecoq. Rod Goodall. Paddy Hayter... Compositores: Maurice Horsthuis. Chandran Veyattummal. Música: Andrezj&Anna Brych. Máscaras y escenografía: Fredericka Hayter. Iluminación: David Murphy. Vestuario: Charmian Goodall. Madrid. Teatro Albéniz. 14-11-2001.

La "Footsbarn Travelling Company" es una genuina y festiva compañía británica. El "publico de festival" conoce su trayectoria, a mitad de camino entre los clowns y los actores, entre la carpa de circo y el escenario teatral. Lo que en otras compañías teatrales es un rumbo marcado por una línea dramatúrgica, en "Footsbarn..." es una manera de observar la vida desde el teatro. Le sucede lo que a "Els Comediants", o el viejo "Teatro Zíngaro" de Bartabás, son reductos de una forma comunal y colectiva de entender la representación teatral, justo como un modo de vida.
Su nuevo espectáculo "El inspector", basado en la obra del autor ruso Nikolai Gogol (1809-1852) escrita en 1836, es una continuación sesuda de su hasta ahora festiva y afortunada trayectoria. Los placeres a que tienen acostumbrados al público los integrantes de "Footsbarn...", están presentes en esta nueva entrega. Espíritu festivo, música en directo, trabajo mímico de los actores, elocuencia corporal en algunos afortunados personajes, (como el criado que actúa dando saltos) dan su sello a esta sensual y visual compañía británica.
Sin embargo, el empeño en desarrollar toda la carga dramática del autor ruso en su alegre puesta en escena, termina provocando cierta pesadumbre en el público. Gogol tuvo una crisis espiritual tras escribir esta obra que le condujo hasta el auto exilio, pues se le consideró un dinamitador profundo del orden social de la Rusia zarista. En el montaje de Foostsbarn, todo es demasiado jacarandoso para transmitir la profundidad dramática de los conflictos planteados: los sobornos y la corrupción política.
Bien es cierto que la forma de afrontar esta comedia de las equivocaciones es absolutamente clásica en la historia del teatro satírico. Puede sentirse en la representación el pulso más visceral del autor latino Plauto; o del mismo Shakespeare en sus comedias de enredos juveniles; o si apuramos el frasco, hasta en "Los caciques" de Carlos Arniches. Es la vieja historia podrida de siempre.
A pesar de ser ingleses, los miembros de "Footsbarn..." no son un prodigio de la dicción verbal, con lo que la obra de Gogol se les queda un poco grande. Lo suyo es el hallazgo festivo, la fiesta y la exaltación circense. Un drama de tintes tan oscuros como éste, se les escapa de las manos. El público celebró el precioso trabajo de máscaras de la compañía, con largos aplausos, e incluso realizaron algunos bises musicales para regocijo final del público.

TRAGEDIA CON LETRAS MAYÚSCULAS


"Medea". De Eurípides. Versión: Ramón Irigoyen. Dirección: Michael Cacoyannis. Reparto: Nuria Espert. Miguel Palenzuela. Manuel Navarro. Ana Frau. Rafael Ramos de Castro. Juanjo Artero. Francisco Guijar. Vestuario: Yannis Metxikoff. Iluminación: Juan G. Cornejo. Madrid. Teatro Albéniz. 21-XI-2001.

Nuria Espert está por encima del bien y del mal del teatro español. En su personalidad artística se reúne una forma de entender el teatro desde la grandeza de la más alta ceremonia cívica y artística. Su interpretación siempre araña la privilegiada esfera interpretativa, donde la sacerdotisa supera a la actriz. Su presencia escénica es tan poderosa, por su consciencia de la labor sagrada que realiza ante el sobrecogido auditorio.
Si nos elevamos por encima de melifluas inquinas y prejuicios teatrales de salón, debemos reconocer que Lorca, Arrabal y Nuria Espert son los únicos tres nombres del teatro español del S. XX que se conocen unánimemente en todo el mundo. Nuria Espert es un lujo del público y un orgullo del teatro español. Tener la ocasión de verla en un escenario interpretando "Medea" de Eurípides es todo un acontecimiento que nadie debería perderse.
Nada es azaroso en este calculado éxito de la calidad artística. Espert -con su esposo Armando Moreno- siempre fue su propia empresaria. Lo que le ha permitido seleccionar a sus directores, escenógrafos, y sobre todo a sus autores, mimando al máximo la categoría artística de toda su carrera. Valle-Inclán, Lorca, Genet, Arrabal ... ; los directores Víctor García, Jorge Lavelli, Mario Gas... al servicio del manjar de su interpretación, polémica, y a veces hasta vituperada, pero siempre sublime.
La personalidad de la Espert tiene más que ver con Medea que con Doña Rosita la Soltera. La altura del personaje trágico de Eurípides es tan elevada, por ser verdugo de la tragedia, a la par que hembra y pionera de la causa feminista. La tragedia griega era -entre otras muchas cosas- una profundización en el dolor humano. Las situaciones paroxísticas que Eurípides vierte sobre el auditorio con el sangrante instrumento de su palabra, resultan mucho más intensas, cuando las provoca una simple mortal y hembra, suplantando a un dios macho. La poesía y el escepticismo racionalista de Eurípides condujo a la tragedia a su punto más humano y vulnerable, para permanecer viva, por encima de siglos y milenios.
Todos estos elementos generan un caldo de cultivo excelente para el talento teatral de la Espert, quien consigue transmitir con vida cada una de las palabras de Eurípides. Su dicción y su intencionalidad son portentosas, aunque debería entregarse más al desarrollo del grito y el lamento paroxístico de la tragedia. El tempo y la intensidad de sus gestos y movimientos les confieren grandeza trágica, carne trascendente, furor de diva solitaria.
El director Michael Cacoyannis sirve una tragedia sobria, ritual e intensa. Le faltan teatralidad a los coros: canto y danza. En la tragedia ateniense, el coro era el verdadero agitador de la catarsis que había sembrado en el público la violenta palabra del poeta. El reparto está muy bien elegido, ajustando edades de actores y personajes con un buen nivel interpretativo.
Hay un valor cívico añadido en esta representación, el que se estén denunciando -desde un escenario- los sufrimientos y humillaciones que sufren las mujeres, ejemplifica una de las tareas más urgentes del gran teatro: hablar y reflexionar en público, sobre el dolor humano. La palabra de la tragedia conjura, cauteriza, y alivia las peores heridas de la sociedad.

LAS TINIEBLAS DEL DESEO


"Dulce pájaro de juventud". De Tennessee Williams. Versión: José Luis Miranda. Dirección: Alfonso Zurro. Reparto: Analía Gadé. Pep Munné. Francisco Piquer. Román Sánchez. Nathalie Poza. Luisa Fernanda Gaona... Escenografía: Alfonso Barajas. Figurines: León Revuelta. Madrid. Teatro Albéniz. 12-12-2001.

El enfrentamiento de pasiones al límite con que suele construir sus dramas el truculento y genial dramaturgo norteamericano Tennessee Williams, impactó desde su primer estreno. "El zoo de cristal" fue un rotundo éxito que lo situó en el candelero de autores consagrados. El joven autor demostraba una especial capacidad para remover oscuras pasiones en los rincones más secretos del público. Sus historias realatan pasiones animalescas encarnadas en seres humanos, hombres y mujeres de gran singularidad y potencia dramática, Stanley Kovalsky, Alejandra del Lago, Blanche Dubois... con nombres y apellidos propios. Los protagonistas de sus historias nacen con fuerza mítica y personalidad arrebatadora e inolvidable. Su calibre temperamental y artístico les llevó a saltar automáticamente a la pantalla de cine, y a ser encarnados con actores y actrices que se consagraron interpretándolos, como Marlon Brando, Paul Newman, Vivien Leight, o la mismísima Jessica Tandy. En España también ha sido un ejercicio de virtuosismo para muchos de nuestras mejores actrices y actores.
"Dulce pájaro de juventud" nació bastante después de que su autor se consagrase, se nota en su escritura y en el carácter de sus personajes, que están obligados a seguir la senda de sus mayores. Son en cierto modo, variaciones sobre un mismo chulo, o variaciones sobre una misma dama decadente. Los personajes de "Dulce pájaro de juventud" no nacen del sexo amoroso de su autor con el teatro, provienen de cierta rutina matrimonial con el éxito. que no nos muestra los más desgarrados rugidos del autor de "El zoo de cristal", o de "Un tranvía llamado deseo". Su impronta es tan fuerte, que el mismo autor parece imitarse a sí mismo; como una réplica de un verdadero original. La historia de Alexandra del Lago y Chance Wayne no termina de arrebatar al público. Es casi más telefilme que pieza dramática. Debe ser una deformación producida por las pantallas.
Analía Gadé se acerca al personaje de la actriz de fama que siente su decadencia física, y teme que le acompañe también el fracaso y la decadencia artística. Por edad y oficio coincide con el personaje, y se desgañita en sus borracheras, de la misma forma que da prestancia y autoridad a esta hermosa y frágil genial hembra.
Alfonso Zurro imprime a la representación un tono de convencionalidad y justeza, que ilustra asépticamente la caustica visión que realiza Williams de sus paisanos, los habitantes del "sur" de Estados Unidos. Sólo la hipocresía y la inmoralidad consentida de los poderosos alcaldes y gobernadores, son capaces de engendrar y amamantar estos conflictos trágicos y excesivos que pinta el autor sudista.
Pep Munné compone con minucia y matices su personaje de hermoso prostituto, a punto de marchitarse.
La buena interpretación de Francisco Piquer y el resto del elenco, ponen en pie un drama como los "de antes", emparentados con esas películas en tecnicolor que nos devuelven a menudo nuestras domésticas pantallas de televisión.

TELEVISIÓN DE CARNE Y HUESO


"Ubú President. O los últimos días de Pompeya.” Dirección, dramaturgia y espacio escénico: Albert Boadella. Reparto: Ramón Fonstseré. Jesús Agelet. Xavier Boada. Jordi Costa. Minnie Max. Rosa Nonell. Montse Puig. Jordi Rico. Dolors Tuneu. Pep Vila. Vestuario: Dolors Caminal. Fabiá Puigserver. Iluminación: Bernat Jansá. Madrid. Teatro Albéniz. 15-1-2002.

Los pérfidos colmillos de los comediantes siempre han molestado a los políticos. Algunos han intentado destruirlos con sus prohibiciones y desprecios, pero a pesar de todo, los cómicos han sobrevivido. La compañía catalana Els Joglars lleva tres décadas realizando espectáculos brillantes y satíricos, que han dado una gran relevancia a su artífice principal y cerebro: Albert Boadella.
En los ochenta, el Teatre Lliure de Barcelona invitó al director de Els Joglars a dirigir una versión de "Ubú rey" de Alfred Jarry, que tanto entusiasmó a los surrealistas, por su transgresión. Entonces, se llamó "Operació Ubú", y de aquel primer trabajo quedan en el presente espectáculo los hermosos figurines del prodigioso escenógrafo y director catalán -tristemente desaparecido- Fabía Puigserver. Lo demás es casi todo nuevo.
Boadella se ha centrado en lo que él considera los últimos días de Jordi Pujol en la Generalitat catalana, como si de un emperador se tratara, que está intentando evitar sus exequias políticas. El escritor Boadella se manifiesta excesivamente generoso con un personaje político de actualidad, convirtiéndolo en supuesto protagonista de una pieza teatral, cuya representación dura dos horas y media.
No dan para tanto los políticos en teatro. Son personajes transitorios, interinos. No están imbuidos de la naturaleza trágica y eterna del tirano, o del fantoche de la comedia.
Dedicando tanta atención a este tipo de personajes se produce un efecto inverso al que quizás se buscaba: se les ensalza más que se les ridiculiza. El público idóneo para este tipo de representaciones termina siendo la clase política, satisfecha y feliz de que sus "chascarrilos e intrigas" salgan en el teatro, la auténtica televisión de carne y hueso de nuestros días.
Boadella es el más grande creador de imágenes que posee el teatro español. Cuando se decide a verterlas sobre la escena roza unos niveles de magia y perfección, como de idealizados sueños. No puede alcanzar un nivel más alto el teatro. Pero, como autor no posee el mismo instinto que le permita detectar el valor de la situación, ni del diálogo, ni de la progresión dramática.
Para los incondicionales de Els Joglars, podrán encontrar en este "remake" de Boadella sobre sí mismo, todos sus fantasmas habituales: curas, obispos, siquiatras, políticos de la oposición, la Moreneta, La Caballé, el Barça... servidos a raudales.
El público del estreno aplaudió con fuerza, admiración y complicidad, a la compañía al completo. Boadella saludó con ellos.

viernes, 16 de julio de 2010

ALUCINACIONES LITERARIAS


"La increíble historia del Dr. Floit y Mr. Pla.” Dirección y dramaturgia: Albert Boadella. Reparto: Ramón Fontseré. Jesús Agelet. Xavier Boada. Jordi Costa. Minnie Marx. Montse Puig. Dolors Tuneu. Jordi Rico. Pep Vila. Espacio escénico: A. B. y Dino Ibáñez. Telones: Castells i Planas.
Madrid. Teatro Albéniz. 6-2-2002.

Albert Boadella es el mejor transcriptor escénico de la realidad catalana. Su insolencia y su mordacidad a la hora de tratar los sacrosantos temas del poder, la religión y la cultura, conducen hacia la comedia. El público se ve reflejado en la mirada sardónica de Boadella, que traslada sus opiniones acerca de la vida y de la historia catalana más reciente, a las tablas.
A lo largo de su dilatada carrera y paralela investigación sobre el factor catalán, le tocó en su momento el turno al escritor ampurdanés Josep Pla, una de las figuras más ricas y polémicas que ha tenido la cultura catalana en el S. XX. Boadella sabe sacarle partido humorístico a este “Séneca” agridulce de las tierras ampurdanesas, tan interesado en el paisaje como en el paisanaje que le rodeaba, hasta convertirlo en su obra, y a la vez en su modo de vida.
La visualidad y la lucidez de los textos de Pla ha dado pie a que sus libros, o su vida (algo muy parecido) sean trasladados a la escena y a la pantalla en ocasiones anteriores. (Memorable es el espectáculo que Josep María Flotats dedicó al escritor del Ampurdán con su montaje “Ara que els ametllers ja estan batuts”.)
Boadella se ha inventado un artificio irónico festivo para invocar la presencia del mundo de Pla sobre la escena. Un empresario, Ramón Marull, que alucina inhalando masaje facial del Dr. Floid, y cree convertirse en Josep Pla, uno de sus más acérrimos enemigos. La acción se desarrolla en un almacén de cajas de cartón, instalado en una nave industrial. Para organizar el sicodrama de la truculenta metamorfosis, asisten como parteras, el personaje de la esposa alemana de Marull, y los trabajadores que ha contratado, para que su esposo delegue la administración de la empresa en sus hijos.
En medio de toda esta historia de tebeo, se evocan tanto la figura del autor (una caricatura de un conocido autor catalán actual) del guión que se está representando; y por el otro extremo, como un mulo amarrado a una cuerda, está Josep Pla, del que tiran para sacarlo a escena, cuando le interesa al dramaturgo director.
Ramón Fontseré vuelve a demostrar en este montaje de Els Joglars su alta personalidad teatral, y sus dotes técnicas interpretativas. El público rió y aplaudió, a todos los integrantes de la compañía, especialmente a Fontseré y Boadella.

`PIRÁMIDE DE PIEDRAS PRECIOSAS



"Las criadas". De Jean Genet. Dirección, escenografía e iluminación: Mario Gas. Reparto: Aitana Sánchez Gijón. Enma Suárez. Maru Valdivieso. Escenografía y vestuario: Antonio Belart. Banda sonora: José A. Gutiérrez. Madrid. Teatro Albéniz. 8-3-2002.

Jean Genet nació y creció en el arroyo. Este poeta canalla de rara y enigmática belleza arrabalaria, recibió la protección de grandes artistas e intelectuales de su época, que demostraron un gran olfato no sólo para detectar el chulerío portuario que desprendía el interfecto, sino además para el talento poético y dramático, del que sería uno de los más grandes autores franceses del siglo XX. Genet no sólo fue un escritor, sino que convirtió su vida, su homosexualidad, y sus radicales compromisos políticos, en todo un manifiesto.
Tras la desidia pedante de tanto existencialista de cartón piedra, un animal del arroyo traía sangre fresca a las carnes del drama. Desde Rimbaud no había habido un poeta más terrible y fulgurante en el firmamento de las letras francesas. Jean Louis Barrault tuvo problemas con el mismo general De Gaulle, por estrenar sus obras en el Odeon, a pesar de que lo respaldara el mismísimo André Malraux, flamante Ministro de Cultura de aquellos años anteriores al mayo del 68.
El teatro de Genet es revolución en marcha; no sólo la del 68, sino la de cualquier movimiento transgresor, que pretenda desestabilizar el hipócrita sistema moral occidental. El verbo mazmorrero de Genet asesta sus golpes donde más duelen: la familia, la religión, el poder, la opresión, la ambición de la belleza, y por tanto la carrera acelerada hacia la muerte.
“Las criadas” (basada en un macabro episodio criminal, que conmocionó a toda Francia) vuelca sobre la escena el conflicto de la opresión vital entre amos y criados, como un portentoso símbolo de la injusticia social. El teatro de Genet es teatro de la palabra al servicio de la ceremonia. El escenario es sólo una bocina donde se sitúa el altar de una misa negra, celebrada para aplacar y detener los motores del dolor. El teatro del ceremonial desciende al fondo del pozo, y desde allí, nos narra -a ciegas- sus torturas y monstruosidades: el dramaturgo como reportero de guerra, en primera línea de batalla con la muerte.
Mario Gas ha entendido muy bien el ámbito moral y simbólico en el que se sitúa el discurso de Genet. El director hace descender a sus protagonistas hacia un lujoso y tortuoso salón de los espejos, donde todo es misterio y animalización. Las emociones salvajes galopan sobre la escena, montadas en el potro furioso de las palabras hermosísimas del poeta encarcelado.
Las fotogénicas actrices que protagonizan la obra se entregan con denuedo a su tarea de elevar la palabra sagrada del maestro Genet sobre las tablas. Aitana Sánchez Gijón interpreta a Solange, la hermana mayor, con gravedad y contenida belleza. Tiene un diseño de cambios de registros de voz, realmente elaborado. Emma Suárez interpreta a Claire, un animal acorralado en las profundidades del rencor, que se convertirá en víctima propiciatoria. Arrastra una rara belleza, cuando se pasea en silencio por la escena. Maru Valdivieso interpreta con elegancia y brillantez a la Señora, que cae sobre ellas como una implacable pirámide de piedras preciosas.

lunes, 5 de julio de 2010

LOS ALIMENTOS ARTÍSTICOS

"Los enamorados". De Carlo Goldoni. Dirección: Miguel Narros. Escenografía: Andrea D'Odorico. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Vestuario: Miguel Narros. Reparto: Emilio Laguna. Aurora Sánchez. Pedro Simón. María Alvarez. Blaki. V.M. Dogar... Madrid. Teatro Albéniz.

La obra del dramaturgo italiano Carlo Goldoni (Venecia 1707- París 1793) es considerada por algunos como revolucionaria, ya que transforma los caracteres-arquetipo de las mascaras de Comedia del Arte, en auténticas psicologías desarrolladas, individuales y complejas, como corresponde al prototipo social del sujeto burgués. Sin embargo, para otros (los más tradicionalistas) Goldoni es el ejecutor de la sentencia de muerte de la idolatrada Commedia Dell'Arte. Goldoni no fue profeta en su tierra, y tuvo que aceptar una oferta del Rey de Francia para escribir en París con destino a los cómicos italianos de la corte francesa; no consecharía grandes éxitos, murió exiliado y pobre.
El tándem teatral que forman desde hace décadas Miguel Narros y Andrea D'Odorico ha conseguido realizar con "Los enamorados" de Goldoni un excelente espectáculo. Pero la razón de este éxito, no sólo radica en los hallazgos del director (que son muchos), y el bello marco donde acota el escenógrafo la acción; ni siquiera, el calculadísimo trabajo de los actores; Narros consigue transmitir al público su gran confianza, tanto en el texto de Goldoni, como en la fuerza expresiva del lenguaje escénico del mejor teatro.
A lo largo de casi tres horas, se desgranan los tres actos de la obra con un mimo inusual ante cada asunto que sucede o se menciona en el texto. Las grandes dotes plásticas de Narros transforman la escena en una "pintura viva" de pasiones humanas; sus actores parecen los personajes animados de un cuadro. Pero, el mayor mérito de Narros, es que ha conseguido dotar al espectáculo de un sentido propio del tiempo, ajeno a nuestro ritmo vital de telefilme.
El director vuelca toda su sabiduría escénica en el montaje de la obra, y da una soberbia lección magistral de puesta en escena y movimiento, con el orquestado uso de siete sillas y diez actores. Su talento para la dirección de actores, se demuestra en este banquete en el que los intérpretes son los platos fuertes. La comicidad natural de Emilio Laguna enriquece el carácter de "fantoche" de su personaje de aristócrata venido a menos, con dos sobrinas por casar. La genuina actriz sevillana Aurora Sánchez consigue que su interpretación de "la novia" se convierta en una especie de "milagro interpretativo" que ratifica su gran personalidad escénica. Pedro Simón la acompaña impetuosamente en las vertiginosas peleas de estos enamorados casquivanos, que nos transportan al dulce aroma decadente del teatro de siempre y al de la Venecia eterna.

EL FUTURO DE NUESTRAS PALABRAS


"100 Poemas para cien años" (Poesía española del S. XX). Con poemas de: Antonio Machado, Gil de Biedma, Vicente Aleixandre, García Lorca, Luis Cernuda, José Hierro... Dirección: Mario Gas. Dirección musical: Manuel Gas. Reparto: Nuria Espert, Constantino Romero, Carmen Elías, Mercé Pons... Festival de Otoño. Madrid. Teatro Albéniz. Fecha de estreno: 25-10-99.

Que la poesía es un arma cargada de futuro, es una lección que nos dejó bien enseñada el poeta Blas de Otero. Por su parte, el director Mario Gas y todo el equipo que le ha acompañado en la elaboración del brillante espectáculo "100 poemas para 100 años", (que inauguró anoche oficialmente la presente edición del Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid), está de acuerdo con esta premisa de transcendencia y permanencia en el tiempo.
Quizás en principio pueda parecer que la poesía es un género poco adecuado para los escenarios, porque podría resultar excesivamente mental, y dramáticamente reiterativo; nada más contrario a la realidad, como demuestra el buen engranaje de este "titánico" espectáculo en el que se han reunido más de cuarenta intérpretes -entre actores y cantantes- de primerísima calidad y para dar voz a cuarenta poetas nacidos en España.
La poesía no admite trampas. En el poema todo lo que aparece debe tener una función, una utilidad, bien para el ritmo, para la imagen, o para la atmósfera emocional. La poesía es la forma más depurada del lenguaje literario, se diría que los poetas, más que escritores son "destiladores" del lenguaje. Las palabras pasan filtros y filtros para acercarse a su condición esencial.
Por todo esto, la poesía está directamente emparentada con el teatro. Todo lo que se dice en un escenario debe cumplir una función dentro de la trama general; palabras como convención, estilización, símbolo, rito... confluyen en ambas artes de la palabra y de la representación. El teatro y la poesía están perfectamente codificados para que los descifre el espectador; en este portentoso milagro de identificación, el autor de los versos termina siendo el público.
Mario Gas, director artístico del espectáculo, sabe todo esto, y posee un enorme "oficio" en la dirección escénica, no sólo de espectáculos teatrales, sino que además es un gran director de teatro musical. La solidez de su experiencia, y la confianza absoluta que demuestra en el material que maneja, es la base sobre la que se levanta la eficacia y el encanto de esta representación.
La selección de poetas españoles del S. XX es rigurosa y está repartida cronológicamente en las tres partes que conforman este espectáculo. Sólo falla en el criterio de incluir poetas nacidos en España pero que han escrito su obra en las otras lenguas del Estado español, porque de esta manera (por muy loable que sea el ejercicio de algo tan íntimo como la poesía, en lengua materna) el público pierde el referente de la comprensión del texto, y se deshace el hechizo. Cuenta para ello con los mejores intérpretes de la escena española actual. Esta insólita representación da pie a un hermoso fenómeno parateatral: en el escenario del teatro Albéniz se reúnen todas las generaciones del teatro español, para desgranar los mejores versos de sus poetas, y para demostrar al fin que todo lo que está escrito pertenece al futuro.
Actrices como Berta Riaza, Julieta Serrano, Nuria Espert, Nati Mistral, Marisa Paredes, Alicia Hermida, Pilar Bardém, Vicky Peña, Carmen Elías, o las más jóvenes Maruchi León, Blanca Portillo o María Pujalte; coinciden con compañeros como Agustín González (soberbio recitando a Machado), Fernando Guillén, Emilio G. Caba, José Mª Pou, Santiago Ramos, o los también más jóvenes, Carlos Hipólito, Alberto San Juan, Ricardo Moya o Nancho Novo, demostrando todos un gran talento y sensibilidad con las palabras, y con la potente comunicación de un idioma que puede llegar a emocionar a más de cuatrocientos millones de hablantes de todo el planeta.
Joan Manuel Serrat, Loquillo, o el joven y prodigioso cantaor flamenco Miguel Poveda, enredan sus canciones con las sabias palabras de los poetas, poniendo el suculento ingrediente musical a este singular, talentoso, y prodigioso espectáculo.

A RITMO DE MAGIA

"Colores". Idea, guión y dirección: Javier Mariscal. Colaboración musical: Jaume Sisa. Direción de escena: Pep Cruz. Vestuario y atrezzo: Joan Josep Guillén. Banda sonora: Sergi Porter. Colaboración musical: Pascal Comelade. Reparto: Olga Barrancos. Ana Criado. David Cuspinera. Sara García... Madrid. Festival de Otoño. Teatro Albéniz. Fecha de estreno: 30-10-99

El espectáculo teatral que Javier Mariscal ha creado, con la inestimable colaboración de Jaume Sisa, es sencillamente extraordinario. Y aquí debería concluir esta crítica, porque todo lo que se añada a continuación irá a favor de las razonamientos, pero vulnerará la delicada magia que Mariscal ha sabido insuflarle a su obra.
"Colores" pertenece a esa selecta tribu de montajes teatrales que tiene la capacidad incuestionable de transformar al público en niños, como si todo lo que surgiera en el escenario tuviera el poder visual y fantástico de un hechizo. El aplauso final del teatro era una lluvia incesante. Se aplaudía sin descanso, reclamando la presencia del "padre del milagro". Javier Mariscal debía haber venido a comparecer ante el público, asomarse al escenario, como a la ventana de un palacio de comic, y recibir el homenaje agradecido de sus súbditos.
Parece ser que esta obra ha suscitado previamente, ciertas polémicas entre los sectores más recalcitrantes del teatro, por diferentes motivos, poco razonables. Mariscal debe olvidarse de ellos; en teatro, sólo existe la fuerza del público. Si esta obra estuviera en repertorio continuo en un teatro, (no sólo en Madrid, sino en cualquier ciudad del mundo), sería patrimonio del público; no cesarían las riadas de gente, nadie querría privarse de asistir a contemplar este "Raro Fenómeno" escénico, con sus hijos, sus padres, o sus mejores amigos. Muchos volverían a verlo, como si fuera un sueño rebobinable. Sería imperdonable que no volviera a ser programado. Ha sido mucho el esfuerzo para lograr una criaturita teatral tan deliciosa e imprescindible como ésta, y hay que cuidarla ¡Empresarios audaces! No olviden esta propuesta. Es de oro, y hará felices a muchos espectadores. ¿qué más se puede pedir en teatro?
Mariscal ha escrito y dibujado un TBO para ser representado. Un robot -Dimitri- le ayuda a contar su colorista sueño, (Jaume Sisa le presta su voz y su alma, que sabe a Tío Aquiles, sobaquillo, y pan untado con chorizo). Sobre cicloramas audiovisuales, se dan cita las sombras chinescas, los títeres de ópera, y los bailarines. Colores, amores, boleros, romances... se van desgranando en escena, de la mano de este Midi-Gepetto que es mucho más que un autómata.
Que nadie piense que "Colores" es sólo un espectáculo infantil para sofisticados niños de diseño; a Kandinsky y a todo su coro de avispas de la Bauhaus, les habría encantado. También a los rusos constructivistas, con sus maquinarias y artefactos revolucionarios, siempre en movimiento; o a Rolf de Maré y a sus Ballets Suecos, que en el París de entreguerras, pintaban bailando sus sueños geométricos.
En nombre del público, señor Mariscal, quiero darle públicamente las gracias, y pedirle, en su nombre, que no se vaya del teatro, que vuelva siempre por esta casa. Su imaginación libre y fresca nos es tan necesaria.

LOS OFICIOS DEL AMOR


"La Celestina". De Fernando de Rojas. Dirección y escenografía: Joaquín Vida. Versión: Luis García Montero. Vestuario: Vittorio y Luchino. Reparto: Nati Mistral. Eva García. Israel Elejalde. Alberto Alonso. Lola Peno. Isabel Pintor. Enrique Menéndez... Madrid. Teatro Albéniz. Fecha de estreno: 1-12-99.

Con motivo del 500 aniversario de la publicación de "La Celestina" se realiza este nuevo montaje de una de las obras más universales de la literatura española, escrita por un cristiniano nuevo: Fernando de Rojas. "La Celestina" tiene el mérito de ser una de las primeras obras en que el castellano comienza a brillar con la fuerza de una poderosa nueva lengua literaria, además de ser un fiel reflejo de aquella España, donde a duras penas seguían conviviendo diferentes razas, aunque a todas se les hubiese obligado a abrazar el cristianismo.
Los turbulentos amores de dos jóvenes de buena familia azuzados por las intrigas de una vieja "trotaconventos", tenían en la España de finales del S. XV una intención moralizante, según nos cuenta en escena el propio Rojas, que ha sido incorporado como narrador en varios momentos de este montaje. Si al final los pecaminosos amantes eran castigados, todo era válido. Cuanto más se conocieran los detalles lujuriosos de su relación, más moralizador y ejemplificante resultaba el castigo infringido a los pecadores.
La gran Nati Mistral no ha querido privarse de interpretar este legendario personaje de Celestina, que se convierte en un bomboncito para actrices en el cénit de su arte dramático.
La Mistral ha sido desde sus comienzos, una de las actrices mejor dotadas para el teatro; su voz singular, su potente presencia escénica, y su "pathos" peculiar, la convierten en una de las primeras damas de la escena española. Su Celestina se vale de los encantos de la propia actriz: resulta simpática al público, y a la par se muestra implacable con sus enemigos. Hay un cierto "toque morisco" en su composición del personaje, y su voz vuela libre por la escena con su fuerza peculiar e indiscutible.
Joaquín Vida ha pretendido respetar al máximo (dentro de lo posible) el texto de Rojas, ayudándose de una nueva versión realizada por la mano atenta del poeta Luis García Montero. La dicción del elenco es cuidadosa con el texto. El vestuario de Vittorio y Luchino aporta belleza y dramaticidad a este montaje. Eva García interpreta una Melibea sensible y compleja, y Alberto Alonso compone con acierto el papel de Sempronio. Aunque la representación es larga, la atención y el mimo de la dirección y los intérpretes hacia su trabajo, permite al público gozar de nuevo con este gran texto de nuestra literatura dramática y con el arte de la Mistral.

jueves, 1 de julio de 2010

LOS JUEGOS MÁS PELIGROSOS


"¿Quién teme a Virginia Woolf?" De Edward Albee. Versión y dirección: Adolfo Marsillach. Producción: Juanjo Seoane. Reparto: Nuria Espert. A. Marsillach. Marta Fernández Muro. Pep Munné. Figurines y escenografía: Alfonso Barajas. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Madrid. Teatro Albéniz. Fecha de estreno: 12-2-2000.

Adolfo Marsillach y Nuria Espert son dos instituciones vivas dentro del panorama teatral español. Su dilatada trayectoria como actores, tanto en teatro, cine o televisión, los convierte en una pareja de figuras estelares de nuestra escena. El público agradece su nueva comparecencia en las tablas y acude a raudales a presenciar el acontecimiento. Representan una de las obras más significativas del teatro del S. XX: "¿Quién teme a Virginia Woolf?"(1962). Su autor, el norteamericano Edward Albee, hizo con esta obra toda una revolución de la función tradicional del lenguaje dramático. Tras haber escrito algunas obras cortas muy vinculadas al ideario del teatro del absurdo, Albee acertó con su primera pieza larga, en la que conjuga el teatro de corte realista imperante en la escena estadounidense en esos años, con sus viejos y queridos registros del teatro del absurdo.
Los protagonistas de la obra son una pareja de intelectuales universitarios alcoholizados que pasan una inolvidable noche de juegos con unos invitados anodinos del mismo entorno académico. Albee aprovecha el combate verbal etílico de sus protagonistas para hacer una radiografía despiadada de sus vidas, de su falta de rumbo y esperanzas. Todos los tacos que se sueltan en escena junto con la crueldad de los juegos que plantea el protagonista, sirven para pasar la realidad por la trituradora de hielo que refresca sus tórridos cócteles. Albee pegó -en los años sesenta- un mazazo tan grande a la falsa moral y a la hipocresía de ciertas clases acomodadas, dejando al desnudo el fracaso no sólo de sus vidas sino de todo el sistema. En el ambiente de una tormentosa melopea nocturna, Albee construye con claridad cada una de las trampas en las que irán cayendo los invitados, y los propios cazadores anfitriones. Marsillach, como director y versionador controla con claridad la estructura inaparente de la pieza. Bajo su control, cada una de las bombas dialécticas que se sueltan en escena, va funcionando como una maquinaria que produce una reacción en cadena. La obra inquieta a la vez que hace reír al público. Las interpretaciones están ajustadas casi con llave inglesa, para pasar del drama a la comedia patética, según se apriete el botón del texto mortífero correspondiente. La Espert y Marsillach despliegan todos sus recursos interpretativos adquiridos en su largo aprendizaje. Los más jóvenes Pep Munné y Marta Fernández Muro, los acompañan con su buen hacer. El público siguió atento la representación, y aplaudió insistentemente a los intérpretes.

miércoles, 30 de junio de 2010

FIESTA EN EL JARDÍN


"Las mujeres sabias". De Molière. Versión: Adolfo Marsillach. Producción: Juanjo Seoane. Dirección: Alfonso Zurro. Actores: Berta Riaza, Analía Gadé, Emilio Alonso, Cecilia Solaguren, Yolanda Diego, Román Sánchez, Camilo Rodríguez... Madrid. Teatro Albéniz. Estreno: 29-1- 1999.

Molière fue un hombre de teatro; además de dramaturgo, fue actor y empresario; trabajó para el Rey Luis XIV, y fue el inventor de un teatro divertido, ingenioso y sobre todo satírico. Las polémicas, los escándalos y las prohibiciones le persiguieron durante su rápida vida teatral; pero siempre contó con el apoyo de su amigo el Rey de Francia. Molière es el genio cómico por excelencia, su inteligencia y agudeza le llevaron a escarbar en las debilidades humanas y las pretensiones sociales de su tiempo. Molière pensaba que el teatro debía divertir enseñando, poniendo en evidencia la hipocresía y las injusticias de la sociedad con un tono tan jocoso como corrosivo. Fue, por otra parte un defensor de las injusticias que se cometían con las mujeres. O sea, la obra de Molière, lamentablemente sigue de plena actualidad.
"Las mujeres sabias" que acaba de estrenarse en Madrid, es una regocijante fiesta teatral plagada de gracia, ingenio y divertimento. La versión de Marsillach tiene el verbo fácil y fluido de la mano de un buen comediante; cumple con creces la frescura que Molière exigía para el teatro. Berta Riaza da una gracia original y fina a su personaje que -en su disparate y locura- enlaza estupendamente con el espíritu jocoso de la Comedia del Arte italiana, tronco de toda la obra cómica de Molière.
El director Alfonso Zurro conoce bien los mecanismos de la comedia italiana: ritmo, color, celos, enredos, música alegre, bailes..., y ha tenido además el acierto de convertir a Analía Gadé, con su potente presencia escénica, en el autentico Pantalone de la representación; su vigor y arrogancia interpretativa recuerda a ciertos personajes de Nieva o el mismo Genet. La escenografía, el colorista vestuario, y la dinámica iluminación -casi de tebeo- refuerzan la idea de jugosa fiesta teatral en la que el público disfruta como si estuviera en un jardín palaciego viendo actuar a un buen puñado de cómicos. Lástima que el director y el autor de la versión no hayan usado un poco más de mala uva, unos buenos dardos envenenados contra tantos pecados sociales de nuestro tiempo; hubiera sido más molieresco y habría ayudado a comprobar, de nuevo, el brillante filo que puede llegar a tener, el poderoso cuchillo de la comedia satírica.