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lunes, 19 de julio de 2010

LOS ROTULADORES DEL PRADO


"La vida es sueño" de Pedro Calderón de la Barca. Dirección y versión: Calixto Bieito. Reparto: Joaquín Notario. Nuria Gallardo. Carlos Álvarez. Boris Ruiz. Miquel Gelabert. Àngels Basas. Roger Coma. Cantaor: J.M. Cerro. Percusión: Juan Flores. Vestuario: Mercè Paloma. Iluminación: Xavier Clot. Escenografía: C. B./Carles Pujol. Madrid. CNTC. Teatro de la Comedia. 6-10-2000.

"La vida es sueño" de Pedro Calderón de la Barca es al teatro clásico español, lo que "Las Meninas" de Velázquez a la pintura del Siglo de Oro; o lo que "El Quijote" a la literatura hispana. Siendo hitos de la más alta creación artística, gozan de una popularidad tal, que ha permitido que, por ejemplo, algunos de los versos de Calderón sean conocidos de memoria incluso por los que ni siquiera sabían leerlos: "Ay, mísero de mí, ay infelice"; "Hipógrifo violento que corriste pareja con el viento"; "...que la vida es sueño, y los sueños, sueños son..." parecen haberse desprendido de la obra original hasta forma parte del acervo popular. El valor de los clásicos es éste: aglutinar en torno a unas obras concretas el espíritu y los valores artísticos y morales de una época, a la par que pudieran servir de espejo a otros tiempos, e incluso a otros países que no han tenido la suerte de poseer una gran tradición teatral como la nuestra. Calderón fue redescubierto para la "modernidad" por los románticos alemanes, con Goethe a la cabeza. La musicalidad de sus textos dramáticos, su exploración de las partes más oscuras y misteriosas del ser humano; la forma simbólica y filosófica con que son tratadas las relaciones políticas y sociales, convierten "La vida es sueño" en uno de los textos más representados del teatro mundial, como un vehículo de indagación en el sentido público de la sociedad actual.
La grosera, insolvente y bochornosa representación de "La vida es sueño" que la CNTC ofrece actualmente en el histórico Teatro de la Comedia, es un signo de lo que ciertos españoles son capaces de hacer con la más rica tradición teatral de Europa. Intentar escandalizar es lo que busca el que no puede llamar la atención con su talento. Si el Museo del Prado organizara una jornada de puertas abiertas repartiendo "sprays" y rotuladores para que todos pudieran pintar "grafittis" y bigotes sobre las obras de Goya y Velázquez, sería un escándalo, y por supuesto la noticia saltaría a la prensa; pero, no sería por ello, jamás un hecho artístico, sino una insensatez punible. ¿Por qué hay que aceptar que en teatro, sí pueden suceder estas cosas? Representar "La vida es sueño" en el Teatro Clásico Nacional como lo ha hecho Calixto Bieito, es un equivalente al disparate metafórico de los rotuladores del Prado. Intentar rivalizar con los más banales y degradantes concursos televisivos desde un teatro público, es una tarea aberrante que no sólo ofende la inteligencia del público, sino que vulnera además la dignidad del hecho dramático. Este montaje representa tal atraso y negación del sentido que debe tener el teatro, que hubiera sido mucho mejor no haberlo producido, ni representado, y mucho mejor aún, no haberlo visto.

domingo, 18 de julio de 2010

DON JUAN DE LAS TINIEBLAS


"Don Juan Tenorio". De José Zorrilla. Versión: Yolanda Pallín. Dirección: Eduardo Vasco. Música: César Frank. Escenografía: José Hernández. Vestuario: Rosa Gª Andújar. Iluminación: M.A. Camacho. Reparto: Ginés García Millán. Cristina Pons. Juan José Otegui. José Tomé. Juan Antonio Quintana. Walter Vidarte. Julia Trujillo. José Segura... Madrid. CNTC. Teatro de la Comedia. 14-11-2000.

Este nuevo Tenorio parece comenzar por el final de todos los demás. La sincera derrota del Don Juan viejo, otrora, bravucón, asesino y seductor, parece impregnar e invadir lentamente esta representación desde el comienzo. La luminosa brillantez de la hostería y de las callejas de Sevilla es aquí tiniebla y sombra, evanescencia, oscurantismo del deseo. El afán de sobriedad del director y del escenógrafo, en buscar la atmósfera de ensueño, de irrealidad, y sutileza de un mito tan vitalista; junto a la inquietante vulnerabilidad del mismo actor que interpreta a Don Juan, y la fragilidad excitante y enfermiza de Doña Inés, hacen que este montaje de "Don Juan Tenorio" resulte curioso y atípico. Es como si se hubiera germanizado el mito español, por arte y gracia de la inmersión que realiza el montaje en las claves del romanticismo, trasladando la acción de la obra a un imaginario siglo XIX, donde los personajes se baten a pistola en vez de con floretes.
Yolanda Pallín ha recortado el texto de Zorrilla -de alegre versificado octosílabo- hasta dejarlo en los huesos, lo que aún lo hace más moldeable para la etérea propuesta que se realiza en este espectáculo.
Hay que destacar la buena dicción de los intérpretes, y cómo consiguen mecer el verso en sus labios. Además, le añaden una emotividad interpretativa -completamente actual- que abrillanta el conflicto emotivo y psicológico de los personajes. La música de piano y violín del compositor francés César Frank fomenta esa atmósfera apasionada y romántica de los personajes. A esta sobria y posible visión de "Don Juan Tenorio", quizás le falte radicalidad artística para alcanzar las metas que se propone; y le sobran, audiovisuales, músicas de fondo, y arbitrariedades escénicas. Se trata de un equipo joven que realiza un buen espectáculo, con una posible lectura "nórdica" del Tenorio, pero que no termina de cuajar en su totalidad. José Hernández ha ajustado y estilizado tanto su propuesta plástica, que -a veces- resulta invisible. La tenebrista iluminación lo favorece. Nunca las riberas del Guadalquivir habían resultado más grises, más arrasadas, más melancólicas, más invernales, que en este montaje.
El plato más alimenticio de la representación son sus intérpretes. Ginés García Millán compone un Tenorio sensible, frágil, y hasta tierno en su arrogancia. Su emotiva vulnerabilidad moderniza y actualiza a Don Juan. Lo mismo podría decirse de la Doña Inés que interpreta Cristina Pons, su hermosura y su encanto nacen de su fragilidad. El director ha montado la escena del diván, con los intérpretes de pie. Es el momento más emotivo y brillante de la representación. Si este Don Juan melancólico es más capaz de besar a fondo a las criadas, que de asustar a los caballeros con sus armas; en la escena de amor en su quinta junto al Guadalquivir, se derretirse de pasión ante su amada como un héroe wertheriano. Doña Inés, como una crisálida blanca, pierde el combate de la razón y cae ante los pies de Don Juan como una perra sedienta. La desnudez y la intensidad de la escena, deberían haber marcado la pauta de todo el montaje.
Por su parte José Tomé humaniza a Don Luis Mejía; entre ambos antagonistas prima la amistad ante la rivalidad. Juan José Otegui compone un Comendador intenso y eficiente, y Juan Antonio Quintana da luz a su interpretación del escultor. Walter Vidarte y Julia Trujillo redondean este bonito concierto de cómicos.

EL ALCALDE DE NINGUNA PARTE


"El alcalde de Zalamea". De Pedro Calderón de la Barca. Dirección: Sergi Belbel. Reparto: Roberto Quintana. Pepe Viyuela. Jordi Dauder. Oscar Rabadán. Clara Segura. Fermín Casado. Carmen del Valle. José Luis Santos. Camilo Rodríguez. Paul Berrondo... Escenografía: José Manuel Castinheira. Música: Óscar Roig. Vestuario: Mercé Paloma. Iluminación: Quico Gutiérrez. Madrid. CNTC. Teatro de la Comedia. 30-12-2000

"El alcalde de Zalamea" es una de las obras laicas más importantes de Pedro Calderón de la Barca, quien como dramaturgo del Rey Felipe IV se explayó en el teatro religioso como Autos Sacramentales para las fiestas de Corpus Christi, tan celebradas en la poderosa España contrarreformista. Quizás sea por esta habilidad suprema del gran poeta teológico de la literatura universal, por lo que Calderón es capaz de verter en sus obras históricas grandes temas abstractos, sin perder su gran sentido de la teatralidad. Pedro Crespo tiene el privilegio de ser uno de esos grandes personajes teatrales que ha sido capaz de trascender con su propio nombre, al título de la obra donde se narra su hazaña y se configura su carácter ejemplarizante. "El alcalde de Zalamea" fue traducido en vida de su autor a diferentes lenguas, sobre todo al francés que lo llevó a sus lomos por toda Europa. La fascinación de los románticos por la misteriosa y perfecta obra calderoniana es de sobra conocida, quizás lo sea menos que fuera el poeta Shelley quien lo volviera a verter a la lengua inglesa. En líneas generales, puede considerarse a Calderón el autor dramático español que más ha influido en el teatro extranjero. En tiempos de la revolución rusa, (de este siglo que hoy termina), "El alcalde de Zalamea" y "Fuenteovejuna" pudieron verse con frecuencia en los recién nacidos escenarios soviéticos. Hasta el mismo Jerzy Grotovsky encontró en Calderón uno de sus mejores aliados para transmitirle su visión del teatro al resto del mundo, a través del testimonio privilegiado de un puñado de espectadores.
Quizás por toda esta aureola universal calderoniana, sorprenda aún más el tratamiento rutinario que se le da en la villa madrileña -donde naciera el insigne Don Pedro- y en particular en la Compañía Nacional de Teatro clásico, a su teatro.
El montaje de "El alcalde de Zalamea" que dirige Sergi Belbel, no puede menos que calificarse de correcto, rayando la insuficiencia. No deviene indignante, pero resulta frágil -escénica y dramáticamente- y pobre artísticamente. Afortunadamente, el texto de Calderón suena bien en algunos momentos inspirados, de algunos de sus intérpretes. Por otro lado, resulta entretenido en la primera parte. El director parece más interesado en aclarar el argumento, que en iniciar un profundo concierto con la música del verso calderoniano. No es Belbel un hombre que destaque por su amor y su trabajo en el teatro clásico español, como no lo es ninguno de los directores catalanes actuales. Este trabajo escénico parece más el cumplimiento de un encargo -tan embarazoso como apetecible-, que un espectáculo que muestre en si mismo una visión del mundo, a través de esta obra, y no de otra cualquiera.
Entre el elenco destaca Roberto Quintana que da vida a un animoso y decidido Pedro Crespo, pero que no alcanza los solemnes registros trágicos que la obra demanda. La bella Carmen del Valle interpreta a Isabel, la mancillada hija del alcalde, pero es incapaz de asumir interpretativamente el valioso monólogo que pronuncia su personaje tras ser violada, de tanto emocionarse, no emociona nada al respetable. Tampoco el Capitán malvado está bien resuelto por Óscar Rabadán. Más se acerca Pepe Viyuela a la humanidad de Rebolledo; y Jordi Dauder a su Don Lope, cuya amistad con Crespo vemos crecer paulatina y convincentemente.
Este nuevo montaje de "La vida es sueño" resulta tan inofensivo como prescindible. No pasará precisamente a los anales del teatro clásico.

sábado, 17 de julio de 2010

RITOS DE AMOR Y MUERTE


"Don Juan Tenorio". De José Zorrilla. Versión y Dirección: Alfonso Zurro. Reparto: Héctor Colomé. Luis Varela. Mª José Goyanes. Amparo Soler Leal. Charo Soriano. Cesáreo Estébanez. Teófilo Calle. Victoria Rodríguez. Teresa Cortés... Músicos: Ramón Benavent. Pedro Lominchar. Escenografía: Alfonso Barajas. Vestuario: Ana Garay. Iluminación: Juan G. cornejo. Madrid. CDN. Teatro de la Comedia. 20-XI-2001.

El éxito de "Don Juan Tenorio" del poeta José de Zorrilla entre el público español es innegable. Sus parlamentos son escuchados con devoción por un auditorio embelesado, que aguanta la respiración ante la presencia prodigiosa de sus versos pronunciados en escena. El éxito de Don Juan no se debe solo a su carácter de seductor temerario y pendenciero, si no a su ambigüedad y su profundo misterio. ¿Culpable o víctima?, ¿ángel o demonio?, ¿mujeriego o misógino? ... El carácter fantástico de la obra satisface las expectativas más negras de un público tan barroco como el español, enamorado siempre de la carne y de la muerte.
El gran acierto de este nuevo montaje del Tenorio, (con el que inicia su nueva temporada itinerante el Centro Dramático Nacional) es que básicamente se han dedicado a representar el "Don Juan Tenorio" de Zorrilla, tal cual, a palo seco, sin giros, o seudomodernizaciones, que amenazan a tantos espectáculos españoles actuales.
Parece como si la edad media elevada del elenco hubiera aportado sensatez a una posible puesta en escena "temeraria" de un joven director. Todo lo que hace referencia a ese supuesto geriátrico, donde unos viejos jubilados ensayan un "Don Juan Tenorio", queda tan al fondo, que no perturba el flujo natural del "impromptus" zorrillesco, tan intuitivo y certero dramáticamente.
Zorrilla escribía poemas como si jugara una partida de cartas, con inspirado oficio y una gran seguridad en sí mismo. Zorrilla era un vividor que había encontrado en la literatura una vía directa de acceso a la lujosa vida de la aristocracia. A pesar de sus trapisondas, la fortuna -como a su Tenorio- siempre le acompañaba.
Amparo Soler Leal se mete al público en el bolsillo con su interpretación de Brígida. Su intuición teatral le da una singular verdad sobre las tablas. Héctor Colomé demuestra buenas dotes -y mejor voz- para encarnar a este maduro Don Juan de gran intensidad dramática. Mª José Goyanes da un encanto atemporal a su Doña Inés. Cesáreo Estébanez engancha muy bien su personaje de Ciutti, contrapunto de humanidad y de humor. Luis Varela encarna a Don Luis, y Charo Soriano y Victoria Rodríguez a la Abadesa, y a Doña Ana de Pantoja.
La estética que manejan Zurro y Barajas es sensual, rotunda y sugerente. Es todo un hallazgo la incorporación de músicos en escena porque al son vivo de sus marchas y pasodobles acentúan la atmósfera española del mito universal de Don Juan.

LA INGRAVIDEZ DEL AMOR


"La dama boba". De Lope de Vega. CNTC. Dirección: Helena Pimenta. Versión: Juan Mayorga. Reparto: Jose Luis Santos. Fernando Aguado. Jose Luis Gago. Jordi Dauder. Sergio de Frutos. Isabel Ordaz. Eva Trancón. Maruchi León. José Segura. Pilar Gómez. José Luis Patiño. Fernando Sendino. Gabriel Garbisu. Jorge Basanta. Escenografía: José Tomé. Susana de Uña. Vestuario: Rosa Gª Andujar. Asesor de verso: Vicente Fuentes. Teatro de la Comedia. 17-1-2002.

Lope de Vega desplazó a Miguel de Cervantes en el gusto del público teatral. Las comedias de Lope arrasaron en los corrales por su alto ingenio de lenguaje, y por ser espejo de la vida cotidiana madrileña, y sobre todo por su carácter amoroso. Pocos poetas han vivido y transcrito en palabras, con tanto gozo, el amor. Los sonetos amorosos de Lope, (a veces inscritos en el interior de sus piezas teatrales), son uno de los más elevados testimonios literarios sobre el sentimiento favorito de los seres humanos: el amor.
En "La dama boba", una de sus más deliciosas comedias, se vale de un originalísimo enfoque del sentimiento amoroso. Finea es medio salvaje, algo retrasada, y amada de un galán pobre, interesado más en su dote que en sus ausentes encantos. La lección de Lope es demostrar cómo el dios amor puede conseguir transformar a las criaturas -por muy bobas que sean- en los seres más hermosos de la creación.
Helena Pimenta demuestra un pulso firme como directora. Con larga experiencia en la dirección escénica de comedias de Shakespeare, se enfrenta a Lope con oficio, insolencia y alegría. Traslada la acción a la década de los treinta del pasado siglo, y consigue interesar al público en el argumento de la obra, a través de una puesta en escena sobria y elegante, y un brillante vestuario de Rosa Gª Andújar. La cuidada dicción del verso Lopesco, alentada por la animosa supervisión de Vicente Fuentes, es el motor que arrastra al público.
Gabriel Garbisu destaca como el galán advenedizo, con una limpia, somera y cuidada interpretación. Maruchi León, en el papel de Finea, vuelve a demostrar sus calidades para la escena, dando un enfoque asilvestrado a su personaje de boba, y de criatura ingrávida cuando se enamora. Isabel Ordaz da a Nise -la hermana- una peculiar presencia escénica, cuajada de dulzura y belleza.
José Luis Santos compone un indiano grave y -a la par- humorístico. También destacan las habituales dotes cómicas de Eva Trancón en el rol de Celia, la criada de Nise.
El público del estreno aplaudió cálidamente a todo el equipo artístico, tras la dinámica y colorista representación.

jueves, 1 de julio de 2010

UN PARCHÍS PARA CERVANTES


"Maravillas de Cervantes". Director: Joan Font. Versión: Andrés Amorós. Escenografía, vestuario y máscaras: Joan J. Guillén. Música: Josep Gol. Iluminación: Juan G. Cornejo. Fernando Ayuste. Reparto: Esteve Ferrer. Anna Briansó. Nacho de Diego. F. Sansegundo. Pilar Massa. J.L. Martínez. Goizalde Núñez... Madrid. C.N.T.C. Teatro de la Comedia. 30-3-2000

Que el teatro de la Comedia (sede de la compañía nacional de teatro clásico) acoja como director invitado, al director de Els Comediants, no es mala coincidencia. Que además se estrenen con Cervantes, parece un retruécano. ¿Qué teatro más cómico posible que los entremeses de Cervantes? Cervantes no es sólo la mayor gloria de la lengua castellana, gracias a su Quijote, sino que además es uno de los fundadores más gloriosos de nuestro teatro. La truhanesca y barroca vida del padre honorario de nuestra lengua, se parece bastante a las de los cómicos de aquéllos tiempos. El carácter lúdico y hedonista de Cervantes le enfrentó a numerosos conflictos con la Justicia, y en ocasiones se vio obligado a ausentarse de España, huyendo de ella.
Los entremeses reunidos para configurar este espectáculo denominado "Maravillas de Cervantes. Entremeses, magias, engaños, habladurías, elecciones, celos, hipocresías y otras fiestas.", da una idea de la claridad de intenciones de los responsables del montaje. La pieza viene a cubrir dos objetivos, no sólo la programación de un nuevo y original montaje de teatro clásico; sino, además convertirse en la tarjeta de presentación de la nueva etapa del CNTC, dirigido por Andrés Amorós. El segundo objetivo está cubierto con creces. El espíritu de fiesta que Font ha demostrado ser capaz de insuflar a los numerosos espectáculos de Els Comediants, vuelve a estar presente en este arrebatador espectáculo, juvenil, colorista y energético. El numeroso elenco, la bella escenografía, y los coloristas figurines geómétricos (muy inspirados en los del "Ballet Triádico" de Schlemmer), hacen pasar al público una velada agradable. Es una pena que este instinto brillante no se traslade a lo que debería ser el concierto musical del texto cervantino que anima esta fiesta. Las voces suenan parecidas; no hay relieve de los conflictos; los actores abusan de una frontalidad excesiva con el público, que termina decayendo. Si para el final se ha reservado "El retablo de las maravillas", (quizás, el más chispeante de todos los seleccionados), a esas alturas de representación, parece que las fuerzas y las ideas del montaje se han agotado.
No obstante, es de agradecer esta mezcla de alegría festiva mediterránea, con los entremeses cervantinos.

sábado, 26 de junio de 2010

EL PADRE DE DON JUAN TENORIO

"El burlador de Sevilla”. De Tirso de Molina. Dirección y vestuario: Miguel Narros. Versión: José Hierro. Música: José Nieto. Escenografía: Andrea D’Odorico. Reparto: Carlos Hipólito. Juan José Otegui. Fernando Sansegundo. Israel Elejalde. Javier Mora. Víctor M. Dogar. Manuela Paso. Sonia Jávaga. Elisa Matilla. Alba Alonso… Madrid. CNTC. Teatro Pavón. 28-2-2003

Tirso de Molina (1584-1648) era un fraile que escribía teatro. Su intensa participación en la vida literaria le llevó a sufrir amenaza de excomunión, lo que le apartó de la escritura dramática. Fray Gabriel Téllez escribió teatro religioso y teológico, y también teatro profano. “El burlador de Sevilla y convidado de piedra” (1633) es no sólo su obra más conocida e influyente, sino en la que reúne sus dos visiones dramáticas.
El padre literario de Don Juan Tenorio no sólo puso en pie “el vendaval erótico” del personaje, sino que además formuló un dogma católico contrarreformista en su obra. Don Juan no es sólo condenado en la obra de Tirso por su burla a las mujeres, sino por el desprecio a las normas sociales, y sobre todo por su ignorancia del poder de Dios. Porque, a pesar de que las furiosas hembras burladas por Don Juan -dibujadas con mano maestra por Tirso- intervengan en el castigo del burlador, es Dios –ofendido- quien le arrebata la vida.
Abrillantada por la pluma del poeta José Hierro, la obra de Tirso nos llega de la mano de Miguel Narros, como un impresionante paquebote fantasma, navegando en un escenario de teatro. La complejidad y la categoría artística de los elementos implicados en este espectáculo, lo convierten en un hito y un modelo de cómo honrar y beneficiarnos plenamente de nuestro teatro clásico. Tanto la exquisita puesta en escena, como el conceptual artilugio escenográfico, así como la rica y afinada interpretación, y sobre todo la excelente partitura sonora y musical de José Nieto, logran que este “El burlador de Sevilla” llegue en estado de gracia hasta el público, (poco acostumbrado a estas refinadísimas mieles estéticas,) con inusitada contundencia teatral. El prodigioso equilibrio que Narros ha conseguido combinando magistralmente los ricos materiales que entraña la obra de Tirso, convierten a “El burlador de Sevilla” en un sobresaliente espectáculo de Teatro Total.
Carlos Hipólito interpreta con profunda sensibilidad las arrogancias de Don Juan, lo que enriquece al mito del macho por antonomasia. Su actuación es de una elegancia y un encanto como de otros tiempos; es, a su manera, el Leslie Howard de nuestra escena. Juan José Otegui vuelve a demostrar su imbatible personalidad teatral, como el padre atribulado de Don Juan. La rica galería de hermosas hembras burladas y airadas están interpretadas por Manuela Paso, Sonia Jávaga, Elisa Matilla y Alba Alonso, aprovechando la rica complejidad de matices y los hermosos parlamentos con que Tirso de Molina dibujó a sus heroicas y resistentes mujeres. Fernando Sansegundo realiza una personal y abufonada interpretación del catalinón, criado y cómplice de fechorías de Don Juan.
La noche del estreno, el público ovacionó insistentemente a todos los integrantes de la compañía, y especialmente a Miguel Narros, personaje clave y sabio maestro de este burlador de Sevilla, y de todo nuestro mejor teatro.

EN UN BURDEL DE LA MANCHA


"Abre el ojo”. De Francisco de Rojas Zorrilla. Dirección: Francisco Plaza. Versión: Emilio del Valle. Reparto: Cristóbal Suárez. Amparo Marín. Chema de Miguel. Jorge Muñoz. Ángeles Martín. Carolina Solas. Rosa Herrera. José Pedro Carrión. Escenografía e iluminación: Francisco Leal. Vestuario: Pedro Moreno. Madrid. Teatro Pavón.
25-4-2003.

El dramaturgo y poeta toledano Francisco de Rojas Zorrilla (1607-1648) es una de las figuras menos reconocidas de nuestro teatro clásico. Su prematura muerte fue en parte responsable, de que este autor que gravitó entre la tragedia (“Del Rey abajo, ninguno”) y la comedia (“Entre bobos anda el juego”), no fuera elevado a la gloria de los grandes dramaturgos clásicos. Aunque haya dejado una considerable obra, el Rojas Zorrilla de la madurez hubiera podido ser mucho más grande.
La originalidad es una de las características que más incondicionalmente se le reconocen, tanto en los temas, como en su habilidad para dibujar sicológicamente a los personajes, no sólo con admirable humor y socarronería, sino con recursos metateatrales tan osados como barrocos. Por otra parte, sus ideas erasmistas le llevaban a tener una visión muy moderna -y poco contrarreformista- del mundo, y en particular a la concepción de sus personajes femeninos, que se comportan con la misma resolución pública y moral que los hombres. En Francia se le valoró más que en su patria.
El milagro de la mirada personalísima de Rojas Zorrilla es el de devolvernos una imagen insólita de España –y en particular de Madrid- como si nos la contara un extranjero, un Carlo Goldoni, por ejemplo, que vivió en Venecia, cien años más tarde que Rojas. La comedia de figurón que inventa Rojas Zorrilla en España se sirve tanto del trazo grueso del humor satírico, como de la honda pincelada poética de los sentimientos más nobles.
Francisco Plaza, en la dirección y Emilio del Valle en la versión, son responsables de esta clarividencia con la que se respira el mundo de Rojas Zorrilla, a través de su obra “Abre el ojo”. Pocas veces puede disfrutarse de la interpretación del verso clásico con más verdad y sentido que en este montaje.
El excelente reparto garantiza la solidez del espectáculo. Ángeles Martín es Doña Clara, una cortesana, tan bella, como casquivana e ingeniosa. La joven y bella actriz vuelve a derramar en escena, talento y encanto. Cristóbal Suárez interpreta -con naturalidad y liviana elegancia- a Don Cristóbal, el lumpen-Tenorio de esta pieza. José Pedro Carrión -como el corregidor de Almagro- despliega un rico registro interpretativo de figurón ridículo. Chema de Miguel da vida y piruetas al gracioso Cartilla.
El acertado vestuario de Pedro Moreno es una de las claves de la magia teatral de esta pieza. La recreación del vestuario de nuestro teatro clásico, que realiza, resulta tan deliciosa, como digna de antología.
El público aplaudió complacido al brillante elenco, que acababa de demostrar -con mucho arte- lo rico y fecundo que pueden llegar a ser nuestro clásico.

jueves, 24 de junio de 2010

TANTO ESFUERZO PARA NADA


“Romeo y Julieta”. Versión libre de Antonio Onetti sobre la obra de W. Shakespeare. Dirección: Emilio Hernández. Versión: Antonio Onetti. Música y canciones: Tomatito. Reparto: Celia Vioque. Antonio Navarro. Juan Luis Corrientes. Inmaculada Pérez. Mercedes Hoyos. Antonio Salazar. Paco Morales… Vestuario: Mercé Paloma. Madrid. Teatro Pavón.

La representación de las obras de teatro clásico plantea un dilema moral en términos artísticos. ¿Por qué se siguen representando estas piezas, escritas hace centurias o incluso milenios?, ¿por un prurito cívico, similar al que cumple una obligación engorrosa con los antepasados?; o, ¿porque se cree, que estas obras pueden ser una llave mágica, que nos abra la vida y la mente de otras épocas, y ese viaje artístico -por encima del tiempo- enriquezca nuestra visión del presente?
Los partidarios de esta segunda opción son más heróicos -teatralmente hablando- al aceptar el reto y la humildad que conlleva, ponerse a escuchar los susurros y aromas que destila un lejano texto dramático, y entregarse a ser su médium y su fiel intérprete.
Entre los espectáculos que afrontan los clásicos como una cantera inagotable, (libre, además, de derechos de autor) frente a la actual “ausencia” de dramaturgos, puede contarse este “RomeoXJulieta”, que presenta Emilio Hernández, desde el Centro Andaluz de Teatro, con versión libérrima de Antonio Onetti.
Intentar “actualizar” una obra de Shakespeare, desposeyendo al lenguaje del bardo inglés de todo su enigma y grandeza poética, en beneficio exclusivo de la acción, es como “modernizar” un soneto, mutilándole diez versos para que no canse su “extrema” longitud al lector contemporáneo. Existió en tiempos una revistilla llamada “Reader Digest”, que se caracterizaba por presentar versiones refundidas y abreviadas de distintas piezas literarias. Se vendía bien, pero a nadie se le ocurrió introducirla en ningún debate literario, porque se trataba de un mero producto comercial, en el que el material artístico era una simple mercancía cualquiera.
El esfuerzo para nada que se respira en la versión de “RomeoXJulieta” de Hernández/Onetti es totalmente gratuito y no aporta nada a la representación actual de Shakespeare. Incluso los esquilmados alumnos de literatura de los institutos de la LOGSE tienen derecho a escuchar la palabra de Shakespeare, si van a ver “Romeo y Julieta”. No es un buen planteamiento llenar la obra de desfasados punkis de los ochenta, de flamencos, raperos, y música grabada de Tomatito; usando diálogos de parada de autobús, y ocurrencias de borrachos tabernarios, para que el público -joven o maduro- pueda hoy seguir disfrutando con Shakespeare. Si ha pasado a la Historia, y sus obras siguen reviviendo en escena, se debe a cómo las escribió, y a cómo fijó en la forma precisa de sus versos y sus prodigiosas imágenes poéticas, la eterna condición mudable del ser humano: su miseria y su grandeza.

lunes, 21 de junio de 2010

ALEGRE JUGUETE CLÁSICO


“La celosa de sí misma”. De Tirso de Molina. Dirección: Luis Olmos. Reparto: Joaquín Notario. Pepa Pedroche. Vicente Díez. José Luis Patiño. Fernando Cayo. Goizalde Núñez. Cipriano Lodosa. Carmen Belloch… Versión: Bernardo Sánchez. Música: Yann Díez. Escenografía: Gabriel Carrascal. Vestuario: Mª Luisa Engel. Madrid. C.N.T.C. Teatro Pavón.

Es un acierto de la CNTC dedicar un ciclo a Tirso de Molina, un autor dramático no demasiado representado, ni conocido en profundidad por el gran público. Su teatro está más considerado fuera de nuestras fronteras que en su misma patria; en Inglaterra le consideran el dramaturgo español más cercano a Shakespeare.
“La celosa de sí misma” es una comedia poco conocida, donde Tirso vuelve a demostrar su conocimiento del alma femenina y los ardides que ellas están dispuestas a tejer, con tal de salirse con la suya, en este caso, la de pillar al marido más deseado. Las protagonistas de la pieza son ricas, y disputan como fieras. Aunque la batalla más difícil de librar, es si se tienen de rivales a sí mismas. La costumbre barroca de las escondidas y las tapadas permite este enredo, pues el caballero se enamora de su ideal de mujer, cuando se tropieza con una linda tapada, que no deja de ser otra que su misma prometida, a la que desprecia en favor del amor de la primera.
La comedia resulta libertina y divertida, y no deja de resultar atrevido que un clérigo -como Fray Gabriel Téllez- ubicara en el interior de una iglesia todas las escenas amorosas de la obra.
Luis Olmos ha impreso en la comedia de Tirso un aire juvenil y alegre, trufado de musiquitas y danzas que enlazan la escenas a modo de transiciones bailadas. El vestuario de M. L. Engels es tan colorista como osado. La banda sonora original de Yann Díez, (interpretada -en algunos breves fragmentos- en directo,) viene a completar esta atmósfera de cuento que tiene toda la escena.
Pepa Pedroche aporta su rica y personal voz a la celosa de sí misma, que interpreta con digna entereza y profesionalidad escénica. Goizalde Núñez demuestra unas altas dotes comicas, en el personaje de la vecina rival en amores. Joaquín Notario interpreta al varón deseado por las féminas, con ricos registros interpretativos. Vicente Díez da vida a su criado, volviendo a demostrar que es uno de los actores con más personalidad y mejor hacer de nuestra escena. El pizpireto y vibrante Cipriano Lodosa da vida al primo rico y fracasado en amores, con una chispa escénica de gran eficacia cómica y dramática. El buen decir del verso es una característica de esta compañía. José Luis Patiño y Fernando Cayo componen una cómica pareja de buenos “entendedores”, que benefician el ritmo cómico de la pieza.
El público aplaudió la noche del estreno esta animada y dinámica puesta en escena, y el buen hacer de sus intérpretes y toda la compañía.

sábado, 19 de junio de 2010

GALAXIAS DE CASTILLA


“El caballero de Olmedo”. De Lope de Vega. Versión: Daniel Pérez. Dirección: José Pascual. Reparto: Israel Elejalde. Beatriz Argüello. Chema Muñoz. Ester Bellver. Carlos Domingo. Chema Ruiz. Margarita Ventura… Escenografía: Ana Garay. Vestuario: Rosa Gª Andujar. Música: Luis Delgado. Madrid. Teatro Pavón.

La princesa Leia-Inés vive en Medina; el amor que la corteja, Don Alonso Skywalker, es de Olmedo. El malvado Don Rodrigo Dar Waiden, enamorado de la princesa vallisoletana, hará todo lo posible para intentar impedir este fresco amor, convenciendo a su padre Don Pedro Obi Wan Kenobi para que se la entregue en matrimonio. R2-D2, en esta función se llama Tello. Así podría contarse el esquema argumental de la representación de “El caballero de Olmedo” de Lope de Vega, que ha dirigido José Pascual para la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
El director convierte el teatro Pavón en una especie de galaxia castellana, habitada por personajes de leyenda en palacios siderales, que desgranan en clave cinematográfica, la trágica historia de este malhadado Caballero de Olmedo.
Por muy insensato que pueda parecer en principio esta propuesta, hay que reconocerle coherencia y rigor a tan osada puesta en escena. Lope escribió esta hermosísima parábola de la fortuna y la envidia humana, a partir de un romance popular que circulaba de boca en boca desde la Edad Media. Al cruento y luctuoso suceso histórico, Lope le dio altura dramática con sus hermosos versos. La obra comienza con “Amor, no te llame amor el que no te corresponde…” una cumbre lírica de nuestra poesía dramática.
El público eminentemente juvenil que abarrotaba la sala del Clásico pareció pasárselo muy bien con la representación, porque a pesar de la distancia que genera el verso, en esta versión prima la acción sobre la palabra, y sobre los mismos personajes. En cierto modo, Pascual ha devuelto a la historia toda su carga épica original, anterior a la gestación misma del romance, saltando por encima del toro dramático de Lope, utilizando la pértiga de sus propios versos.
Que el juvenil reparto de la CNTC no se ajuste a los arquetipos previsibles de los personajes, también beneficia a esta lectura de ciencia-ficción legendaria con que quiere investirse el montaje. Las buenas dotes interpretativas de Israel Elejalde en el Caballero y de Beatriz Argüello en Doña Inés, aportan frescura y credibilidad a los personajes, sin que nos detengamos en ellos. Chema Muñoz interpreta al criado Tello con más entereza que humor; y finalmente fue muy aplaudido por el público.
La hermosa música atmosférica de Luis Delgado, junto con el geométrico decorado de paneles de Ana Garay, y los figurines barroco-futuristas de Rosa Gª Andujar, se suman a la perfección a esta lectura tan posible como galáctica de una de las obras más poderosas y sugestivas de nuestra dramaturgia nacional. Se trata de un experimento escénico, al que los ortodoxos tendrían que acercarse sin ningún prejuicio.