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domingo, 18 de julio de 2010

AGRAVIO AL SACRAMENTO DE LA PALABRA


"En la soledad de los campos de algodón". De Bernard Marié Koltès. Dirección: Michel López. Intérpretes: Carle Montoliu. Sandro Cordero. Vestuario: Sue Plummer. Círculo de Bellas Artes. Madrid, 10-2-2001.

En su breve vida de dramaturgo, Bernard Marie Koltès escribió un teatro radicalmente comprometido con el presente. El carácter moral de su obra emerge no sólo de su mirada crítica hacia Occidente, sino que florece, además, en el vivo aliento de su poesía dramática. Los personajes de Koltès escupen sus reflexiones con virulencia, pero es saliva poética, de la que brotan sensuales y venenosos perfumes de la palabra.
El auge de su obra se debe, en parte, a su prematura muerte -víctima del Sida a los 41 años-. Un autor tan lúcido, tan violento y tan hermoso, resulta mucho más soportable cuando ya está muerto; es menos molesto promocionarlo como una gloria gala y un autor cumbre del teatro europeo moderno.
Por otra parte, la docena de años que nos separan de su fallecimiento, el implacable "paso de la oca" que va marcando el curso de la Historia, no ha hecho más que poner en evidencia las razones de las advertencias que se encierran en el discurso político de todo su teatro. La mejor forma de transmitir al público el espíritu de su obra es poniéndose al servicio de la riqueza de matices de su texto, de infalible y exótica belleza.
¿Qué ocurriría si unos actores -supervisados por un director de escena- desgañitaran en torpes y molestísimos chillidos este látigo florido que resulta el texto koltesiano? Un auténtico desastre, por supuesto. Esto es exactamente lo que ocurre con el montaje de "En la soledad de los campos de algodón" que presenta L'Om-Imprebís en el teatro del Círculo de Bellas Artes. En los últimos años no se ha oído gritar tanto ni tan mal a unos actores, ante un público de paciencia sobresaliente para soportar que le chillen al oído durante una hora y media. La incapacidad de sus responsables para levantar un solo palmo de interés artístico sobre el valioso texto de Koltès no es sólo un agravio a la palabra teatral de un autor tan grande, tan breve y tan rico, sino una torpe y desafortunada excepción en el alto nivel artístico que vienen demostrando -en las últimas temporadas- numerosas y valiosas compañías valencianas. La dirección de Michel López sólo pone en evidencia su falta de "oído" para permitir que fluya la música de la palabra o -al menos- el argumento de esta obra nocturna, urbana, ambigua y misteriosa.

viernes, 16 de julio de 2010

ODISEA DE CALAMIDADES


"La mujer invisible". De Kay Adshead. Versión: Carla Matteini. Dirección: Santiago Sánchez. Intérprete: Rita Siriaka. Escenografía: Dino Ibáñez. Madrid. Teatro del Círculo de Bellas Artes. 20-2-2002.

Bertolt Brecht fundaba la eficacia del teatro político en su capacidad de entretener al público con los recursos escénicos y dramáticos, a la par que se le transmitía un discurso ideológico. La obra de Kay Adshead “La mujer invisible” pone el dedo en la llaga de la inhumana situación de los inmigrantes, de los refugiados políticos, de los exiliados, de toda esa terrible caterva fantasma que deambula por el primer mundo, intentando hacerse un hueco en la reverberante civilización occidental, aunque sea entre los cubos de su basura.
El aliento tan político como poético del texto de Adshead, que relata la historia de una poetisa y periodista negra africana que ha tenido que abandonar su país por represalias políticas, es de una gran actualidad, “una obra basada en demasiados hechos reales”, como advierte el subtítulo del espectáculo.
Las afirmaciones que la fugitiva ha vertido con sus palabras en la prensa de su país en favor de los derechos humanos, le ha hecho sufrir las bárbaras represalias de uno de esos batallones de castigo irracionales que generan las estructuras de Poder en defensa de sus intereses. Su marido fue asesinado en el ataque, y a su hermana pequeña le volaron la cabeza, antes de violar a la escritora libertaria, que para más desgracia quedó embarazada de la violación múltiple. Tras estos hechos luctuosos inició su éxodo hacia el primer mundo, donde los seres humanos son supuestamente respetados.
La odisea de dificultades que sufre la protagonista en su llegada a la civilización occidental, son el argumento de esta desgarradora pieza. El director Santiago Sánchez crea un ámbito desnudo y poético, donde la figura de la poetisa africana se agiganta, interpretada por la actriz brasileña Rita Siriaka. El ambiente sonoro, las calidades de voz trabajadas por la intérprete, (bajo la supervisión de Concha Doñaque), y la calidad de la traducción de Carla Matteini dan un estigma artístico a este proyecto escénico comprometido humana y políticamente.
Una hora y tres cuartos de monólogo femenino en el límite, es demasiado tiempo para no agotar los aciertos del montaje. Hubiera sido mucho más eficaz, artística e ideológicamente, si su representación hubiera durado la mitad de tiempo. El texto no termina de elevar su vuelo teatral, en tanto que le falta simbología y universalidad, por encima de la letra pequeña del inventario de múltiples y surtidas desgracias, que puede llegar a sufrir un ser humano en condiciones adversas.

miércoles, 30 de junio de 2010

MUJERES RODOREDA *


“Mujeres”. De Mercé Rodoreda. Adaptación y dirección: Mercedes Lezcano. Escenografía y vestuario: Toni Cortés. Reparto: Pepa Pedroche. Lola Mateo. Esther Ruiz. Esther Montoro. Madrid. Teatro del Círculo de Bellas Artes. 12-4-1999.

Nos comunicamos con nuestro semejantes mayoritariamente con palabras, expresamos nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras opiniones con palabras, y nos vamos entendiendo con los otros, gracias a ellos. La vida se pasa entre palabras. Mercé Rododera (unido siempre su nombre a "La plaza del diamante") es una escritora inteligente, sincera y de una sensibilidad inusual. Algunos ven en su obra un prototipo de la literatura llamada femenina. Al margen de etiquetas e instrucciones de uso, la palabra de Mercé Rodoreda emociona, exalta, evoca, y sorprende. Sus personajes miran con sus ojos y hablan con sus palabras, ¿cómo no va a ser interesante oírlos en un escenario? Es un auténtico placer escuchar el texto de estos monólogos, porque se siente la presencia de una gran voz que ennoblece nuestro idioma y nuestra condición humana.
Mercedes Lezcano ha tenido la habilidad como directora de buscar un objetivo único: servir la palabra de Rodoreda a través de unas buenas actrices que realizan ante el público un recital de emociones amargas, tiernas y hasta socarronas. Las historias transpiran vida, amor por los detalles, sensualidad y erotismo a veces. La originalidad y síntesis del texto llega a definir a un personaje de una pincelada: a él le gustaba echarle la ceniza del cigarro en el ombligo, después de haberle hecho el amor.
Si alguien duda que la narración sustituyendo a la acción en un escenario, pueda ser teatro, este espectáculo sobrio y sensible, con cuatro voces de mujeres populares de los años treinta en España, puede demostrarle lo contrario. Si la palabra está bien engarzada, la realidad bien observada, y permite que la emoción aflore sobre las tablas, nos encontramos ante el mejor teatro.
El espacio escénico que ha concebido Toni Cortés es una estilización de una casa española clase media de la década de los treinta, con una gran radio en el centro, que va hilvanando las cuatro historias de mujeres que se cuentan.
Destaca la interpretación de Lola Mateo en el personaje de una mujer madura que en vez de hijos, tenía dalias con su marido. También muestra fuerza y presencia escénica Esther Montoro, que realiza el monólogo más largo.
Iniciativas como éstas deberían ser más frecuentes, la voz sabia y sencilla de los maestros, aumenta el sentido cívico del teatro.

* Esta crítica fue publicada en El Cultural

sábado, 26 de junio de 2010

UNA ESPAÑA QUE NO EXISTE

"Aire y canto de Rafael Alberti”. Interpretado por Nuria Espert. Madrid. Círculo de Bellas Artes. 16-XI-2002.

Lo bueno del teatro español representado es que nos habla de nosotros mismos. La voz de los dramaturgos o los poetas dramáticos se dirige al centro de la idiosincrasia de un pueblo, de la misma forma que los anillos del tronco cortado hablan de la edad del árbol. Rafael Alberti no es sólo un poeta más de la alta Generación del 27, su biografía y su militancia le convirtieron en el poeta del exilio más esperado. El poeta que nunca fue a Granada con su amigo Lorca, era reclamado en las manifestaciones democráticas de finales del franquismo, bajo la consigna: “Ra-ra-rá- Alberti a Graná”. La mejor imagen que demostró que la pesadilla franquista había acabado era la foto de Alberti y Pasionaria presidiendo las Cortes Españolas. Alberti renunció pronto a su escaño comunista en el parlamento, para liarse la manta a la cabeza y partir hacia el contacto con el pueblo a través de unos recitales poéticos, en los que le acompañaba Nuria Espert. El reencuentro del poeta con el pueblo se realizaba a través de la poesía, no de la política.
Nuria Espert ha vuelto a remontar aquel recital sin Rafael Alberti, y sin la España de aquellos años que estrenaba junto con libertades, nuevas esperanzas.
Comenta Nuria Espert que los recitales variaban según el estado de ánimo de Alberti, pero se sucedieron a lo largo de tantos años (desde 1978, a los primeros noventa), que algunos poemas se convirtieron en repertorio estable del recital. Aunque, por encima de la acertada antología poética que se ha fijado para esta representación del recital, (que parte de Manrique para desembocar en Machado, Lorca, o el mismo Alberti), había un trasfondo irrevocable: el recital significaba el reencuentro del poeta popular, tras el exilio y la muerte del tirano, con el pueblo luchador e ilusionado en los tiempos venideros: o lo que es lo mismo, Alberti era un mito, y su recital poético tenía un efecto político añadido. La lectura de aquellos poemas se convertían en chispas que prendían en la euforia revolucionaria de un público comprometido. Hoy ya no está Rafael, no hay tal encuentro posible, pero, hoy sobre todo, el público ya no es el mismo, porque este país ya no se parece en nada a la España de aquellos tiempos.
La voz de la poesía es eterna, el teatro es un hecho concreto, que se desarrolla sólo en un breve fragmento de tiempo. Estos ingredientes contradictorios hacen que este recital de “Aire y canto de Rafael Alberti” sea tan hermoso como siempre, pues se sustenta en unos versos y canciones entonados a dos voces por Nuria Espert, con la solemnidad, exquisitez y artificialidad que ella sabe ponerle a todas sus comparecencias escénicas; pero que por otra parte, resulta bastante triste y desolador, la poca influencia catártica, ni la complicidad que pueda despertar este recital poético sobre el público español de nuestros días.

jueves, 24 de junio de 2010

LA TRAGEDIA DEL REGRESO *


“El olvido esta lleno de recuerdo”. De Jerónimo López Mozo. Dirección y espacio escénico: Antonio Malonda. Reparto: Francisco Merino. Chema Ruiz. Ainhoa Amestoy. Madrid. Teatro del Círculo de Bellas Artes.

La tragedia del exilio tiene en los actores a una de sus víctimas más significativas. Un actor sin su idioma y sin un público que lo comprenda es como un barco sin rumbo, o como una vida sin objetivo. Los actores y actrices españoles que se vieron obligados por diferentes factores, (desde los políticos, a los personales, o a los meramente artísticos) a abandonar su propio país, se encontraron ante la tesitura de enterrar su pasado, y a la par continuar su carrera en otros medios desconocidos para el público que le vio asomar por primera vez sobre las tablas.
Si dura les resultó la partida, cuando algunos de ellos regresaron a su país -dando por concluido el exilio- se encontraron con otra nueva tragedia: la de ser ignorados y desconocidos por el público de ese momento, y mucho peor aún, sufrieron el rechazo de gran parte de la profesión que recelaba ante ellos y sus supuestas gestas teatrales transoceánicas.
En “El olvido está lleno de memoria” se pretende homenajear a una de estas víctimas dobles del exilio, Edmundo Barbero, un actor de la compañía de Margarita Xirgú, que alcanzó una gran fama en sus comienzos durante la II República española. A su regreso, Barbero consigue que le incluyan en el reparto de una nueva versión de “La vida es sueño”. En esa situación le conocerá una joven periodista española que pretende hacerle una entrevista al malogrado divo escénico, y que poco a poco va descubriendo la trama de su vida, y de la tragedia que significa haber sido demasiado bueno fuera de nuestras fronteras.
El autor Jerónimo López Mozo realiza a partir de esta anécdota un homenaje a la profesión teatral, y en particular a la esfera de los intérpretes, intentando compensar el rigor documental de los hechos con los intereses de la dramaticidad, combinando la acción con jugosas reflexiones sobre lo que significa el arte de actuar.
Antonio Malonda ha dirigido a los intérpretes con claridad y fuerza maestra, para recrear las relaciones personales de Edmundo Barbero con sus compañeros y con la periodista fascinada pro la aureola de su arte y de su fama en Iberoamérica.
Francisco Merino vuelve a dar cuenta de sus habilidades interpretativas dando vida a Barbero en esta última etapa de su vida, que le conducirá a morir “con las botas puestas” en plena representación del calderoniano sueño.
Chema Ruiz y Ainhoa Amestoy interpretan a la periodista y al director del teatro con convicción y eficacia. Buenas facultades físicas y vocales demuestran ambos intérpretes. El público aplaudió este testimonio teatral cargado de memoria y agradecimiento con largos y cálidos aplausos.
* Crítica inédita

domingo, 20 de junio de 2010

LA ALEGRÍA DE LA MANCHA


“Quijote”. Versión de Juan Margallo y S. Sánchez sobre la obra de Cervantes. Dirección: Santiago Sánchez. Reparto: Vicente Cuesta. Sandro Cordero. Carles Montoliu. Amancay Gaztañaga. Sergio Gayol. Martina Bueno. Carlos Lorenzo. José Luis Luque… Escenografía: Dino Ibáñez. Vestuario: Sue Plumier. Música: Yayo Cáceres y Rodrigo Díaz. Madrid. Círculo de Bellas Artes.

“El Quijote” relata la vida y hazañas de un soñador, de un loco extravagante que se diferencia de sus vecinos en querer realizar sus más profundos sueños de grandeza. El protagonista es esperpento teatral del hidalgo y el romántico español, semilla del genio ibérico. Sancho Panza es la otra cara de España, la del saber popular y el arte de la supervivencia. Representante del sentido común popular que encierra el libro del refranero.
Miguel de Cervantes además de escritor era dramaturgo, el dibujo de las situaciones que viven sus personajes siempre es jugoso y significativo, ejemplarizante sin desdeñar el poder del azar y lo fantástico. Siendo la primera novela en lengua española, ha tentado recurrentemente al teatro. “El Quijote” es épica, pero a la par encierra un costumbrismo propio de la sabia comedia. La ausencia de una clara progresión dramática se compensa con la teatralidad de las diferentes hazañas relatadas.
Santiago Sánchez, Juan Margallo, Vicente Cuesta y Sandro Cordero aúnan todas sus fuerzas creativas, junto a un excelente y ejemplar elenco. El espectáculo respira una saludable unidad, que facilita la comunicación con el público. El mérito del Quijote de “L’Om imprebis” radica en el afán de contar y divertir de unos cómicos, que han decidido representar las más conocidas aventuras del Quijote, con claridad y destreza. La versión de Margallo y Sánchez es inspirada y juguetona y rebosa metateatralidad. El pulso narrativo logrado -alegre y jovial- rezuma vida teatral. La música en directo de Yayo Cáceres y Rodrigo Díaz caldea el mecano de tablas del animado retablo. Sus melodías transmiten un espíritu vivaz de cuento, más que una rigurosa reconstrucción del ambiente musical de la época.
Vicente Cuesta y Sandro Cordero encarnan a la mítica pareja, empeñando en el juego todas sus energías interpretativas. El Quijote locuelo y locuaz de Cuesta se trenza a la perfección con los polifacéticos y vívidos registros del Sancho de Cordero. En el amplio panorama de las ingeniosas soluciones escénicas del espectáculo destacan la quema de libros, la lucha contra los molinos, y sobre todo la de la cueva de Montesinos, (al que le presta su voz Fernando Fernán Gómez,) en un ambiente misterioso y onírico representado con marionetas y gigantes de feria.
El público aplaudió reiteradamente a los intérpretes, haciéndoles salir a saludar numerosas veces a escena, reconociendo el valor de la alegría global de la propuesta.