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lunes, 19 de julio de 2010

TODO ES MENTIRA


"Palabras encadenadas", de Jordi Galceran. Dirección y vestuario: Tamzin Townsend. Reparto: Àngels Gonyalons. Carlos Sobera. Escenografía: Jon Berrondo. Iluminación: Ignasi Morros. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 21-9-2000.

Una pieza con voluntad de teatro de suspense como "Palabras encadenadas", donde su autor Jordi Galcerán plantea un juego de verdades y mentiras aparentes, pone realmente difícil su tarea al crítico, que no quiera "reventar" las sorpresas que encierra el argumento de la obra. Valiéndose de una pantalla gigante de vídeo, se presenta al público la confesión de un psicópata tranquilo -interpretado por el popular Carlos Sobera- que relata con todo detalle uno de sus crímenes. Cuando se hace la luz en escena, ese mismo hombre está junto a una mujer atada y amordazada. Queda establecida así la situación dramática: víctima -verdugo; hombre violento-mujer secuestrada. Parece que la obra va a adentrarse por los derroteros de la lucha de sexos. En esta larga primera parte del espectáculo, la Gonyalons no abre la boca, sólamente el hombre vil y violento conduce la acción y pronuncia el texto. El monólogo termina haciéndose monótono y aburrido. Si por una parte, el actor compone un personaje de cierta agresividad, le faltan sorpresas, giros y matices a su interpretación como para enganchar y prender el interés del público.
Coincidiendo con que ella -la víctima- abre la boca y comienza a llevar la iniciativa, se remonta felizmente la tan esperada comedia. El giro que da el argumento permite que la obra empiece a volar, y a mostrarse divertida e ingeniosa. Esta atmósfera cómica, favorece además la sátira y la burla de ciertos estamentos sociales básicos, como la familia, el matrimonio, las temidas y feroces suegras .... Àngels Gonyalons con gran energía y mejor dicción, mete marcha a la representación. Por su parte, Sobera parece sentirse mucho más a gusto en este nuevo registro, como también sucede con el público. Terminan formando una buena pareja cómica. Interpretan la escena sexual más procaz -y, a la par, más vestida- del reciente teatro español. Los diferentes finales de la obra que se representan, harán debatirse al público en su propia elección.
La escenografía de Berrondo no presenta esta dualidad que encierra el texto. El espacio es realista y lúgubre, un cruce entre alcantarilla, zulo y sala de tortura, realizado sin ambigüedades formales ni concesiones irónicas. "Palabras encadenadas", artísticamente es un producto ambiguo. Podría ser un interesante conato de construcción de una "Nueva comedia negra española"; pero, demuestra una vocación irresistible por competir con el teatro policíaco anglosajón, (todo un canon en sí mismo), tan de moda en la cartelera madrileña en las últimas temporadas. Su definición pasa por una cuestión de metas y de rumbos.

domingo, 18 de julio de 2010

EL PODER TERAPÉUTICO DE LA CARCAJADA


"La cena de los idiotas". De Francis Veber. Adaptación y Dirección: Paco Mir. Reparto: Pepón Nieto. Luis Tosar. Fernando Huesca. Fermí Herrero. Maribel Lara. Montserrat Diez. Carlos Piñeiro. Escenografía: Joan Jorba. Iluminación: Roger Puiggener. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 8-2-2001.

El idiota es una figura atávica del teatro. Siempre ha habido un cómico al que le ha tocado el papel de tonto en las comedias, con el fin de garantizar la risa del público. El Macus de las farsas romanas primitivas representaba a este personaje; aunque había otro tonto especializado que lo pasaba peor que él, el Paniculus, que además de tonto, se llevaba todos los palos, golpes y patadas de la representación. La Comedia del Arte italiana -muchos siglos después- conservó este agradecido papel de tonto, que solía repartirse entre algunos criados y los mismos amos, siempre engañados y burlados por sus sirvientes más casquivanos. La risa indiscriminada del público ha sido la fuente de supervivencia, o el manantial de ingresos (según los casos y la fortuna) de estas hordas cómicas destinadas a alegrar la vida de sus semejantes.
"La cena de los idiotas" es un buen ejemplo de cómo esta tradición pervive por el simple hecho de que el público la demanda. La risa es una de las terapias posibles que el teatro puede ofrecer a los espectadores. Paco Mir lo sabe muy bien desde hace décadas. El avispado e ingenioso componente del grupo catalán "Tricicle" sabe mucho de las bondades de este género. Y, aunque, Francis Veber haya escrito un texto mucho menos previsible de lo imaginado, Paco Mir sabe conducir a sus intérpretes por las rutas del gesto y del ingenio para sacar el máximo partido cómico y satírico de la obra.
Pepón Nieto interpreta al aparente idiota de esta representación, quien termina dando auténticas lecciones de inteligencia y de moral a sus detractores. El público se siente identificado con los apuros de los personajes, y entra muy pronto en la complicidad que requieren los ingredientes del género. Las risas y la diversión de la comedia están garantizadas, aunque sólo sea por contagio del patio de butacas. Matrimonios a punto de la ruptura, altos ejecutivos con amantes, inspectores y contables de Hacienda, escritores, editores, ecologistas y macrobióticos... todos los tipos que se encierran en esta obra nos hablan de nuestro tiempo, de nuestro mundo, en un tono burlesco, que en el fondo encierra su "corazoncito". Quizás por todo esto sea por lo que el público respalda la función con su presencia masiva, incluso un martes por la tarde. Pero, sobre todo, porque la obra les garantiza justo aquello que iban buscando: el poder terapéutico de la carcajada.

sábado, 17 de julio de 2010

EL HIJO PRÓDIGO DEL TEATRO ESPAÑOL


"Aprobado en castidad". De Luis Peñafiel. Dirección: Narciso Ibáñez Serrador. Reparto: N. I. Serrador. Susana Canales. Andrés Resino. Mari Begoña. Yolanda Farr. Carlos Urrutia. Sandra Barneda. Nieves Aparicio. Escenografía: Carlos Abad. Vestuario: Carmen de la Casa. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 4-10-2001.

Narciso Ibáñez Serrador es un hombre de teatro que hace televisión. Perteneciente a una de las familias más insignes de cómicos de la escena hispana, hijo del inquietante primer actor Narciso Ibáñez Menta, y de la queridísima actriz Pepita Serrador. Chicho se crió en las tablas de un teatro, y además heredó el talento de sus antepasados, no sólo de la interpretación, sino de disfrutar la vida con perenne capacidad de ficción. El hombre que más ha aterrorizado y divertido a este país desde una pantalla de televisión, tiene una enorme inteligencia y un gran sentido del humor. Pero, el éxito de sus programas televisivos, se basa en gran parte en el sentido teatral que ellos mismos encierran. Ha heredado de los cómicos la cualidad de divertir y emocionar al público sorprendiéndolo en cada nueva ocasión. Desde los ingenuos decorados cambiantes del "1, 2, 3..."; a esas "Historias para no dormir", donde escarbaba en la parte más fantástica y excitable del alma humana: el terror, ha estado buceando en los territorios de la libérrima imaginación teatral.
Ibáñez Serrador ha tenido el gran sentido del humor y la generosidad de volver a subirse a las tablas de un teatro, tras 37 años de ausencia, dedicado a tareas mucho más gigantescas: tener en sus manos el entretenimiento de millones de telespectadores.
La obra de Luis Peñafiel "Aprobado en castidad" -que representa y dirige Ibáñez Serrador- es una comedia blanca de corte anglosajón; en la línea de Noel Coward, o del mismo Oscar Wilde: chispa, malicia e ingenio. El autor conoce a la perfección los mecanismos del género, hasta el punto de realizar una parodia sutil del mismo, con lo que duplica la comicidad de la obra y de las situaciones que en ella se plantean. "Aprobado en castidad" es un monstruito perfecto, controlado por la tiránica mente de un niño prodigio. En la causticidad del humor picaresco de la obra, se nota un toque más latino, más cercano, más jardielesco.
El estreno de esta obra es todo un acontecimiento para la antropología sentimental del teatro español, si este género existiera. Nadie debe perdérsela, es todo un acontecimiento extraordinario e insólito; como cuando los Reyes bailaban en los teatros vestidos de pastorcillos.
Ibáñez Serrador está excelentemente acompañado por un grupo de actrices y actores cómplices, además de una pareja escultural de señoritas. Susana Canales interpreta a la hermana del protagonista, y Andrés Resino a su aturdido marido, con un estilo interpretativo peculiar, como salido del "túnel del tiempo", rasgo que comparte toda la representación, y que le da un toque añejo, como de otros tiempos. En términos de diversión, la obra sigue siendo efectiva, exhala un humor extremadamente cómodo e inteligente.
En su estreno reunió y combinó a un espectro de invitados variopintos de gran popularidad. Seguirá sucediendo, todo lo que pone en marcha Chicho Ibáñez Serrador se convierte en acontecimiento. Y por último una pregunta: ¿por qué no invierte con regularidad, Señor Serrador, parte de su talento en el teatro (que tanto le ha dado), y que tan necesitado se encuentra de verdaderos y saludables talentos?

viernes, 16 de julio de 2010

RETABLO DEL AMOR CÓMICO


"Las alegres comadres de Windsor". De William Shakespeare. Versión y dirección: Gustavo Tambascio. Reparto: Francisco Maestre. Trinidad Iglesias. Francisco Vidal. Mamen García. Helena Dueñas. Juan Antonio Lumbreras. Guillermo Amaya. Emilio Gavira. J.R. Iglesias. Francisco Paredes. Jorge Merino... Escenografía: Juan P. Gaspar. Vestuario: Jesús Ruiz. Música: Alicia Lázaro. Luis Sala. Coreografía: Alex G. Roble. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 24-1-2002.

El dulce cisne de Avon alcanzó una gran fama y considerable fortuna en vida. No sólo el pueblo y la Corte se interesaban por sus obras, sino que hasta la misma reina Isabel le pidió que siguiera escribiendo obras donde apareciera el personaje de Falstaff, que la había hechizado en las dos partes de "Enrique IV". Comenta la tradición que Shakespeare escribió "Las alegres comadres de Windsor" en dos semanas de 1602 para satisfacer a la reina, mostrándole a Falstaff enamorado y romántico.
La escena italiana es uno de los grandes manantiales de los que bebe Shakespeare, no en vano la Italia renacentista era la portadora de los restos de la Comedia clásica. Este Windsor donde se desarrolla esta comedia intrigante es un trasunto de la Italia de Bocaccio, de la tradición ingeniosa de Ovidio, del ambiente pastoril trasladado a la trama urbana. El amor es una savia que recorre y anima la vida floreciendo en los enamorados. A través de Falstaff, el orondo, pendenciero, cobarde, arrogante borracho que se mueve por las tabernas y habita en posadas, rodeado de faldas y de faltriqueras, Shakespeare nos muestra una hedonista filosofía amorosa edificante, sin renunciar a la sátira más descarnada de algunos de sus rivales.
Los no del todo fingidos amores de las dos señoras casadas con las que coquetea Falstaff, son el eje de esta intriga ingeniosa y burlesca. Los conflictos amorosos de los jóvenes por la bella heredera Anne Page, guían la conducta de todos los amantes ansiosos de la obra, y de los correveidiles y celestinas que la pueblan. La pieza está construida casi como un canon de la comedia del arte italiana: criados, señores, amoríos, estafas, burlas, reyertas... : todo por el amor y la bolsa llena.
Tambascio ha dirigido un feliz espectáculo shakespereano, intentando ofrecer al espectador la sustanciosa médula del alto ingenio de Shakespeare, y hacerle pasar una tarde deliciosa, gracias al teatro clásico. Cuenta para ello con el apoyo de una bateria de actrices y actores brillante, perfectamente sintonizados con el espíritu de divertir y entretener al respetable, criticando las costumbres humanas, y sus reacciones ante las eternas infidelidades matrimoniales.
Paco Maestre vuelve a demostrar con este Falstaff su gran calibre interpretativo. Ha llegado a tal dominio de su arte, que hasta sus respiraciones son las del personaje. Su imponente presencia escénica, su perfecta dicción, su ternura, su humor, y su picardía, casan perfectamente con Falstaff, uno de los más grandes personajes que escribiera la más alta pluma británica. Trinidad Iglesias forma con él la pareja más vibrante que hoy actúa sobre las tablas madrileñas. Las escenas que tienen los dos excepcionales intérpretes son teatro en estado de gracia. La oronda actriz de potenets cualidades vocales, se convierte en una grulla ingrávida, que baila sutilmente sus movimientos alrededor del sol de Falstaff. Todo un recital de virtuosismo interpretativo.
Mamen García y Helena Dueñas dan vida a las alegres casadas, con una personalidad y un humor teatral sobresaliente. Francisco Vidal suma sus calidades de buen actor al trabajo de sus compañeros, dando vida a un cornudo burlado hasta la desesperación. Los jóvenes del elenco demuestran una frescura y un talento considerables.
"Las alegres comadres de Windsor" es una fiesta teatral por encima del tiempo, que el buen espectador de teatro no debería perderse.

LAS RAÍCES DE LA CARCAJADA


"Spingo". De y dirigido por: Yllana. Reparto: Antonio Pérez Agudo. Rubén Martín. Eva Cruellas. Marisol Rozo. Rolando San Martín. Rosa de Guindos. Vestuario: Teresa Rodrigo. Coreografía: Francesc Bravo. Carlos Chamorro. Música: Sergio G. de la Puente. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 19-2-2002.

La Compañía Yllana sigue demostrando con cada uno de sus espectáculos una forma de entender el teatro que tiene que ver más con el gesto y el movimiento que con la palabra. No son mimos, ni acróbatas ni bailarines; pero, a la par, son todo eso y más, en esta propuesta dinámica y humorística, que no pierde nunca de vista su objetivo teatral: divertir al público. El teatro de Yllana se sumerge en los mecanismos más ancestrales de la risa, que tienen que ver con la transgresión y la osadía de los más viejos cómicos, payasos o saltimbanquis funambulistas. Tanto el erotismo, como la violencia, o las onomatopeyas animalescas, se incluyen en su repertorio de golpes, bailes, tropezones, persecuciones y caídas. Algo así como la elaboración de un lenguaje escénico que activa la parte más infantil e inconsciente del público. La ausencia de la palabra realza el valor mímico o gestual de los intérpretes, situándolos en un alto registro humorístico.
“Spingo” comienza a los compases trepidantes de una música de discoteca con toda su batería de jóvenes y dinámicos intérpretes en movimiento. Las reacciones del auditorio no se hacen esperar, las risas estallan en la sala, como si nacieran de las raíces del patio de butacas. Antonio López Agudo -con un brillante despliegue de energía escénica- juega con el público como un director de orquesta de palmas, toses y otros sonidos.
La sátira está presente en este nuevo espectáculo de Yllana. Sin palabras se van poniendo en escena situaciones claramente reconocibles, que arrastran la carcajada del público sorprendido ante una expresión teatral tan genuina. Hay que destacar una escena con golpes de bandeja que se convierte en el mayor hallazgo del montaje, que a veces se vale de los espectadores para continuar su gesta de la risa. La sensualidad de la representación, potenciada a través de los encantadores cuerpos de sus jóvenes intérpretes, es otro de los motorcillos interiores que hacen avanzar felizmente esta hedonista representación. Pero, también la magia y el sueño desembocan en las tablas, gracias a las múltiples artes de Yllana. Una escena de cámara negra con unos muñequitos estilizados amándose en la sombra, despierta la parte más tierna y lírica del público.
La representación continúa como una fiesta de los sentidos, que centrifuga y acaba con todas las tensiones que pudiera traer previamente el público. Las ovaciones que reciben los de Yllana por parte del respetable, pone en evidencia la felicidad de este gozoso experimento de teatro gestual, que sana con la risa.

martes, 6 de julio de 2010

ELOGIO DEL MIEDO


"La mujer de negro". Basada en la novela de Susan Hill, adpatada al teatro por Stephen Mallatratt. Versión española: Anna Jimeno y J.V. M. Luciano. Dirección: Rafael Calatayud. Reparto: Emilio Gutiérrez Caba. Jorge de Juan. Voz en off: N. Ibáñez Serrador. Madrid. Teatro Infanta Isabel. Fecha de estreno:15-9-99.

La novela gótica o de terror es un invento del romanticismo que encontraba en estas historias terribles y truculentas un vehículo directo hacia los recovecos de la mente del lector. La excitación que produce el miedo, la angustia o el temor son estados emocionales que alejan de la vida cotidiana y, a la par, conjuran los miedos propios, pensando que el mal les sucede a otros. De ahí el éxito imparable que ha tenido este género desde hace más de dos siglos. El cine ha sabido sacarle partido a estos relatos más aún que los libros. Sin embargo, el teatro de terror, no ha llegado jamás a consolidarse (al menos en España). Que los actores estén vivos, deambulando por el teatro y no meramente reflejados en la pantalla, puede multiplicar los efectos terroríficos hasta el paroxismo, o por el contrario, caer en el más espantoso ridículo.
"La mujer de negro" es un intento notable de adaptar las posibilidades terroríficas de la novela gótica al teatro. Partiendo de una novela de Susan Hill, Stephen Mallatratt ha levantado un andamio teatral a su alrededor: la víctima indirecta de la novela quiere contar escénicamente el terrible episodio que le ha tocado en desgracia vivir. Acude a un director de teatro que le va a ayudar a realizar su laboriosa tarea. A partir de aquí los dos actores se enredan en un inteligente juego de simulacros y rompimientos que van a llevar al público por los pantanosos senderos que conducen a la casa misteriosa de la mujer de negro. De esta manera, "La mujer de negro" se convierte en un homenaje al género de terror y, a la par, en una reflexión desnuda sobre el mundo y el oficio del teatro. Gutiérrez Caba demuestra su gran técnica interpretativa transformándose con facilidad de la víctima compungida en cada uno de los personajillos de la historia. Por el contrario, Jorge de Juan, muestra -a su pesar- el enorme esfuerzo que realiza por llevar adelante su complejo y dinámico personaje. Todos los efectos terroríficos de género están bien dosificados por el director, Rafael Calatayud, y son efectivos. Tal vez, a mi parecer, lo que más daña la teatralidad del espectáculo es su origen narrativo, que no ha sabido traducirse a conflicto, acción y diálogo, los tres pilares sobre los que descansa el género teatral. El público más joven -educado en las reglas flexibles de la televisión- quizás pueda disfrutarlo aún con más fuerza.

jueves, 1 de julio de 2010

CRUZANDO EL CÍRCULO DE FUEGO


"Los vivos y los muertos". De Ignacio García May. Dirección: Eduardo Vasco. Escenografía: Jose Hernandez. Iluminación: M.A. Camacho. Reparto: Walter Widarte. José Tomé. Gines Gª Millán. Jesus Fuente. Enric Majó. Roberto Mori. Madrid. C.D.N. Teatro Infanta Isabel. 27-4-2000

Ignacio García May se incorporó a la profesión teatral en 1987, cuando recibió el premio Tirso de Molina por su obra teatral "Alesio, una comedia de tiempos pasados". Su primer estreno fue en el teatro María Guerrero, con gran éxito y reconocimiento.
¿Cómo escribe García May doce años después de aquel sonado éxito? Con su nueva obra, el autor madrileño pone en evidencia la gran altura de la escritura teatral española actual. "Los vivos y los muertos", no sólo se atreve a hablar de temas conflictivos de hoy en día, (como las terribles guerras del tercer mundo, y la suculenta tajada que sacan de ese dolor, las instituciones humanitarias, la cadena de intermediarios, los políticos, los comerciantes, los medios de comunicación ...) ; sino, que además lo hace con una calidad de escritura dramática, que emparenta al texto, con la gran tradición teatral europea, desde Cervantes, a Ibsen o Koltés.
Porque Gª May, con una gran intuición del diálogo, y de la situación dramática, sopesa en su escritura, tres elementos fundamentales para el teatro: el valor simbólico -y por tanto social- de sus personajes; su caladura humana, la memoria y el dolor de su experiencia; y para explicar lo inaprensible, usa la poesía: "pone a pintar a Dios, con su caja de acuarelas" sobre la escena.
El director Eduardo Vasco, ha tenido el acierto de dejarse llevar por el texto, como si el perro guiara al amo; aunque, en la puesta en escena se respiran ciertas tensiones y brusquedades. Lo que dicen, hacen y recuerdan los seis personajes, entre las ruinas de un templo vagamente asirio (muy bella la escenografía de José Hernández; quizás un poco claustrofóbica), se hace duro, violento, y revulsivo para el público; se trata de la misma violencia que usaba la tragedia griega para provocar la catarsis; la denuncia de las crueldades sociales, no es eficaz si es suave. La obra es un puñetazo moral, no sólo contra el mundo de los "mass-media", sino contra la hipocresía y la injusticia consentida de los "poderes globales" del mundo actual; ¿quién maneja -hoy- más poder que los grupos de comunicación?
Los actores respiran una bestialidad de "leona herida", casi de teatro de la crueldad. Walter Widarte danza extático la melopea de Griffins. José Tomé llega hasta el límite del nervio, en un personaje arriesgadísimo e inquietante. Gª Millán animaliza la ingenuidad de su brusco personaje. Roberto Mori, consigue el candor gusanesco del novato; y Enric Majó y Jesus Fuente, perfilan bien sus personajes. Interpretan en conjunto, un dodecafónico concierto dramático, infernal, y lleno de esperanzas. Los buenos amantes del teatro, no deberían perderse este genuino e inquietante espectáculo.

miércoles, 30 de junio de 2010

LAS MEJORES INTENCIONES

"Crimen y castigo". De Fedor Dostoievsky. Versión: Fernando Sansegundo y José Carlos Plaza. Dirección: J. C. Plaza. Reparto: Fernando Sansegundo. Ruth Gabriel. Asunción Sancho. Yäel Barnatán. Alberto Alonso... Teatro Infanta Isabel. Madrid. 1-12-1998.

¿De dónde nace la necesidad de trasladar una de las grandes novelas de la historia a las tablas de un escenario? Probablemente, del apasionamiento que despierta en un actor o director la lectura de esa misma obra y comienza a imaginar y presentir que aquel material literario, de tan humano es completamente dramático. Tratándose de una de las novelas de Fedor Dostoievsky, la complejidad y hondura psicológica de sus personajes hace más apetecible a un actor encarnar al héroe de la obra: Raskolnikov. Un individuo que se sueña a sí mismo como un Napoléon o un Mahoma, como uno de los extraordinarios hombres de la Historia que han ayudado a hacer avanzar el mundo llevando a cabo sus deseos. Mayor nobleza y heroicidad no se le pueden negar a las intenciones del pobre estudiante que es capaz de llegar a matar a una vieja prestamista, no para robarla y salir de la pobreza, sino para confirmar una teoría. Raskolnikov con sus conflictivas relaciones familiares, sus diálogos internos de culpabilidad alimentadas por un sentimiento de cristianismo ortodoxo más atormentado, no es si no el trasunto del mismo Dostoievsky. De ahí nace el dolor de Raskolnikov, de ahí su grandeza y sus turbias relaciones con su tiempo y con sus gentes.
Subir a escena este debate moral de gran altura es un gesto que ennoblece a los responsables de este espectáculo teatral; sus mejores intenciones quedan demostradas. Pero la gran ceremonia escénica que requiere la altura del debate no se alcanza por los propósitos sino por los resultados formales y emocionales que exhale la representación. El montaje de José Carlos Plaza cuenta el sueño de Raskolnikov, la pesadilla permanente del personaje al que conocemos casi siempre en la cama. La escenografía es un libro vertical, cuyas hojas pasan y crean los distintos cubiles de la obra. El ritmo es, a veces, vertiginoso y la música se usa de forma que cree distancia. Los tonos grises, las escenas en transparencias, desarrollan la idea del sueño de Raskolnikov. El montaje comienza a apuntar hacia unas claves que podríamos considerar deliberadamente expresionistas y que terminan conduciendo a la interpretación a un punto cada vez menos naturalista, menos psicológico, menos conflictivo y menos ruso; el crimen de la vieja es prácticamente un guiñol. Lo indefinido del planteamiento y la exigua corrección de las interpretaciones, hacen que el montaje en vez de ir acumulando fuerza, vaya sembrando cansancio en el público. La grandeza de la palabra de Dostoievsky no resuena en el escenario del Teatro Infanta Isabel durante esta representación. La versión desprende algo de resumen más que de clara relectura e interpretación de los hechos dramáticos convocados por Dostoievsky en el conflicto moral ante la injusticia y la pobreza del Petersburgo de 1866. Fernando San Segundo interpreta a Raskolnikov con un gran entusiasmo y convicción, pero no llega a transmitir la densidad conflictiva del personaje, su amargo egoísmo y su implacable y ciega lucha por la redefinición de las fronteras de la moral. Ruth Gabriel lleva a escena con fina discreción y belleza su personaje de Sonia, la prostituta que amó a Raskolnikov; y Alberto Alonso realiza la mejor composición de la representación con su alegre, enigmático y onírico personaje de Svidrigailov. El resto de la compañía -en algunos casos excesivamente jóvenes para sus personajes- colabora con empeño y entrega a la ejecución del sueño escénico de Fernando Sansegundo y Jose Carlos Plaza.

martes, 29 de junio de 2010

ARTE Y PROSTITUCIÓN


“La puta enamorada”. De Chema Cardeña. Dirección: Antonio Díaz Zamora. Reparto: Juan Carlos Garés. Ester Alabor. Chema Cardeña. Madrid. Teatro Infanta Isabel. Fecha de estreno: 5-5-99

Los Reales amores de la actriz madrileña María Calderón (conocida popularmente como La Calderona) con Felipe IV, (el más castizo de los reyes Austrias, frecuentador conspicuo de camerinos y celdas de conventos,) dan pie a la anécdota sobre la que se construye "La puta enamorada": el rey ha encargado a Velázquez el retrato de su amante. Que un texto teatral se sumerja en las aguas de la historia de España, es bueno para la "musculación" de la memoria de un pueblo. Chema Cardeña explora estos ámbitos usando como protagonistas a Velázquez y a unos cómicos, lo que agrabda -por poco usual- el interés de su punto de vista.
El antagonismo que se genera entre la actriz prostituida con el rey, y el ilustre pintor de cámara (rumoreado amante de la reina), da pie a desgranar una reflexión considerable y oportuna sobre la condición del artista; ese ser débil y contradictorio, por estar siempre expuesto al juicio ajeno; y que sólo vive para el trabajo, porque la obra es la única consumación del deseo que el artista puede conseguir en vida.
Todo este material es dramáticamente bueno, pero en una representación ininterrumpida de más de hora y media, se hace demasiado discursivo hasta pesar sobre la concentración del espectador. "La puta enamorada" es una propuesta inteligente e ingeniosa, pero está falta de la vitalidad que la teatralidad otorga a un espectáculo para hacerlo completamente vivo y que el público lo disfrute gozosamente.
El espacio escénico literalmente no existe, algo grave tratándose del estudio de Velázquez, el pintor de la luz y del espacio. Antonio Díaz Zamora sabe sacar interés a todo lo que se dice en el texto, y consigue que sus actores consigan un resultado notable en la interpretación de sus personajes; Ester Alabor demuestra una peculiar personalidad escénica.
La representación hubiese ganado con más juego y más humor, algo que ni el autor ni el director han propiciado en su trabajo. El momento más jocoso de la obra es cuando la Calderona clasifica a los hombres según las expresiones que usan mientras hacen el amor. Esta transgresión tan propia del promiscuo y "prostituido" mundo del arte, hubiera dado un hálito mayor a este buen espectáculo.

lunes, 28 de junio de 2010

MISTERIOS DE LA SUPERVIVENCIA

"Defensa de Sancho Panza”. De Fernando Fernán Gómez. Dirección: Fernando Bernués y Carlos Zabala. Reparto: José Manuel Cifuentes. Escenografía: Tomás Muñoz. Vestuario: Gabriela Salaberri. Música: Pascal Gaigne. Madrid. Teatro Infanta Isabel.

Fernando Fernán Gómez tiene una voz que viene de antiguo. En su polifacética labor teatral, como actor, director, o dramaturgo, resuena la autenticidad de los ciegos que recitaban sus romances para el pueblo, o de los rapsodas homéricos que transmitían su historia en voz alta, ante un ávido auditorio. Esta nítida voz del teatro de todos los tiempos sigue latiendo en algunos raros fenómenos del arte teatral, como Fernán Gómez. Detrás de su serenidad, sencillez y sentido común, late la sabiduría adquirida durante toda una vida dedicada al segundo oficio más viejo del mundo.
Estas profundas raíces del maestro madrileño no debilitan en absoluto la contemporaneidad radical de su discurso, por el contrario, lo amplifican. En su larga y fecunda carrera, Fernán Gómez ha interpretado al español medio como nadie.
El encuentro de Fernán Gómez con Cervantes y “El Quijote” viene de antaño. A la par que como un universo literario y espiritual, a Fernán Gómez le atrae con más fuerza el referente moral cervantino. Las razones de la gente corriente, son las que explora Cervantes a través del personaje de Sancho Panza; las mismas gentes sencillas que Fernán Gómez ha representado en tantas ocasiones.
La representación de “Defensa de Sancho Panza” se inicia con la voz grabada del autor leyendo el comienzo de “El Quijote”, con una tremenda sencillez y humildad, que permite que renazcan ante el auditorio las famosas frases cervantinas con nítido misterio.
La representación se torna juvenil y colorista cuando el actor José Manuel Cifuentes entra en escena para interpretar a Sancho Panza. Su simpatía y su disponibilidad a hacer de todo para convencer al respetable son bien recibidos por el público.
Hay que destacar la facilidad con que la vieja historia de Sancho y su Amo, narrada por la palabra sobria del autor, atrapa rápidamente el interés del público. Recorriendo de viva voz ciertos episodios famosos de la novela de Cervantes, la complicidad está servida.
Los directores de escena subrayan esta comunicación, poniendo al actor en contacto directo con el patio de butacas, al que baja para mezclarse con los espectadores.
La escenografía resulta un tanto sobria e intelectual, donde contrastan las balas de paja con un telón de grandes hojas impresas. El dinamismo cromático de la representación apunta hacia un sentido festivo y verbenero, a la hora de representar este juicio imaginario de Fernán Gómez sobre los misterios de la supervivencia.
El público aplaudió repetidamente durante y al final de la representación.

sábado, 26 de junio de 2010

LA PÓLVORA DE LA AMISTAD


"Art”. De Jasmina Reza. Dirección: Luis Romero. Reparto: Ricardo Darín. Óscar Martínez. Germán Palacios. Versión: F. Masllorens/F. G. del Pino. Música original: Gary Yershon. Recreación escenográfica: Mª Julia Bertotto. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 15-1-2003

La amistad es uno de los pilares más sólidos sobre los que se sostiene nuestra vida afectiva. Un buen amigo -o amiga- puede serlo para toda la vida; un amante, una novia o incluso una esposa puede que no pasen de ocupar un puesto interino en nuestra biografía íntima. De ahí proviene el éxito de “Art”, que desemboca en Madrid de nuevo, representado por un saludable trío de actores argentinos.
La obra de Jasmina Reza ha sido un auténtico fenómeno en la escena mundial. El éxito y la rareza de la pieza se ha extendido por todo el planeta como un reguero de pólvora amistosa. El amor y la pasión son temas habituales del drama, aunque el tema de la amistad como núcleo de una pieza teatral es poco frecuente. El conflicto necesario para que surja la chispa dramática proviene de que esa amistad está a punto de naufragar, de perderse en las procelosas olas de los malentendidos.
El tema artístico, o el debate que se supone pueda suscitar la obra sobre el arte contemporáneo es un mero pretexto, un artificio pirotécnico para que prenda el verdadero debate de la representación: ¿por qué necesitamos tanto a nuestros verdaderos amigos?; y la respuesta la ofrece tácitamente el público: porque hay amor, porque los queremos, porque necesitamos de su escucha, de su complicidad y paciencia para hacer más soportable el peso de los días, los hierros del trabajo y otras rencillas.
En pocas obras la sensibilidad y la inteligencia caminan tan de la mano unidas, como en los conflictos y discusiones de este trío de amigos, que fácilmente podrían representar a nuestra época, tan castigada, tan solitaria, tan ausentes los cariñitos.
Por otra parte, satisface ver un teatro repleto hasta los topes, con un auditorio que no sólo entiende de lo que le están hablando, sino que además agradece que alguien se haya tomado la molestia de ponerse a contárselo, para recordarle que no todo esta perdido, que si somos listos y hábiles, siempre tendremos al menos a nuestros amigos.
Ricardo Darín, Óscar Martínez y Germán Palacios son enormemente responsables de esta feliz comunión -que se produce en “Art”- entre escena y público. Si la obra -con tanta estilización- tiene algo de mecanismo automático y perfecto, estos grandes actores argentinos la llenan con su profunda humanidad. Su arte es una mezcla de precisión técnica con una vitalidad planificada y controlada desde la inteligencia.
El rutilante astro cinematográfico, Ricardo Darín, demuestra ser un actor de carne, hueso y sutil emoción sobre las tablas. Su tierna vulnerabilidad lo convierte en el personaje más complejo, flexible y encantador de la obra. El público alcanza una autentica empatía con su sincero arte interpretativo. Óscar Martínez despliega una personalidad escénica apabullante, convincente, y eficacísima para arrastrar las carcajadas más sonoras del respetable. Y Germán Palacios da un sereno y convincente contrapunto a este trío de fervorosos amigos.
El público -totalmente encandilado- interrumpió la obra con largas salvas de aplausos, y al final ovacionó emocionadamente a sus intérpretes.

lunes, 21 de junio de 2010

TERAPIA CONTRA LA HISTORIA


“Vía dolorosa” De David Hare. Interpretado por Joaquín Kremel. Versión: Nacho Artime. Dirección: J. Kremel/Juan Margallo. Iluminación: Rafael Echeverz (Teatrek). Madrid. Teatro Infanta Isabel.

Resulta tan poco frecuente tropezarse en la escena teatral con la realidad que nos circunda, que una obra como “Vía dolorosa” se convierte en una prueba palpable de la potencia terapéutica que puede llegar a alcanzar el lenguaje teatral.
“Vía Dolorosa” es el nombre de una de las calles más torturadas de Jerusalén, y bajo este título simbólico se esconde un diario de viaje convertido en monólogo teatral. El dramaturgo David Hare fue invitado por las autoridades de Israel a conocer la realidad del país, y –aunque se resitía inicialmente- aprovechó el estreno de una de sus obras, para viajar a Tel-Aviv. El relato que honestamente realiza el dramaturgo sobre los prósperos y ostentosos asentamientos judíos en Hebrón, de las miserables ciudades palestinas de Gaza, y del mismo terrible Jerusalén de sinagogas, mezquitas e iglesias, deviene profundamente humano, sensato y por qué no decirlo, altamente británico. El antisemitismo que se respira en todo el texto, no se vuelca a golpe de afirmaciones truculentas, sino exponiendo datos, mostrando personalidades, reacciones, costumbres, convicciones, y convocando flemáticamente la violencia sobre las tablas.
“Vía dolorosa” viene a demostrar una vez más el poder talismánico de las palabras. Cuántos paisajes bíblicos, cuántas miserias, cuantas extravagancias de los poderosos, cuántas sombras, y cuánta sangre pueden vislumbrarse en un escenario desnudo, sólo con las palabras pronunciadas por un actor de teatro.
El acierto de este montaje es tener a Joaquín Kremel de protagonista. El actor que tan acostumbrado tiene al público con sus registros cómicos, afronta con gravedad, serenidad y elegancia, el texto y la experiencia humana del hombre y el dramaturgo, confundidos en un solo personaje. Kremel realiza un excelente recital interpretativo, con tanta enjundia contemporánea, que su actuación va más allá del intérprete de un texto, para convertirse en intermediario de un pensamiento que ha vivido una experiencia y se toma el trabajo de escribirla, para transmitirnos el aroma y la temperatura moral de los conflictos que arrasan diariamente nuestros noticiarios.
El teatro se convierte así en una especie de ungüento que lubrica y alivia la herida cotidiana de nuestra civilización vulnerada. Hay algo reconfortante en la experiencia de escuchar las palabras de un testigo directo del conflicto, nos ayuda a procesarlo desde la escala humana. El público, sorprendido y deslumbrado por la originalidad de la propuesta, aplaudió largamente a su intérprete, y a lo que este tipo de teatro significa.

sábado, 19 de junio de 2010

EL TIOVIVO DEL AMOR


“La tienda de la esquina”. Según la novela original de Miklos Laszlo. Adaptación: E. Fallot y J.J. Zilbermann. Versión: J. J. Arteche. Reparto: María Adánez. Aitor Mazo. Francisco Vidal. Juanjo Cucalón. Helena Dueñas… Escenografía: Stéphanie Jarre. Dirección local: Lander Iglesias. Dirección original: Jean Jacques Zilbermann. Madrid. Teatro Infanta Isabel.



El amor siempre ha movido montañas. No hay nada más universal y más deseado por todos, que amar y ser correspondidos. En el amor -como un mar- desembocan todas las buenas emociones y los mayores placeres de la vida. Las comedias románticas tienen ese valor, siempre agradan al público porque siembra en sus vidas ternura y optimismo.
“La tienda de la esquina” es un buen ejemplo de ello. Con una trayectoria fulgurante que se inicia en la comedia original de Miklos Laszlo, continúa en la película de Lubitsch, hasta regresar con éxito al teatro de la mano de los franceses Evelyne Fallot y Jean Jacques Zilbermann, este agridulce bazar de las sorpresas aterriza en Madrid para deleitar a nuestro público.
La obra narra las peripecias de un grupo de empleados de una librería en el Budapest de entreguerras. Todas las miserias y anhelos que comparten los trabajadores del Señor Matutschek, sirven de telón de fondo a la historia de amor por carta que están viviendo dos empleados (el primer vendedor y la última dependienta) sin saber que sus idolatrados amados epistolares son ellos mismos. El enredo se complica cuando uno de los dos es despedido, aunque tendrá -como en todas las comedias románticas- un final feliz y venturoso.
Los sedimentos de tantos talentos distribuidos en la gestación de este proyecto producen un buen resultado de comedia navideña, amable, blanca y melancólica, que nos transmite muy bien los fantasmas y los ángeles de esa Europa central austrohúngara, justo antes de la tragedia de la segunda guerra mundial.
La puesta en escena se sustenta en una gran escenografía circular que nos muestra como en un Tiovivo de juguetería, la dulce jaula de libros donde viven estos pobres y sentimentales pajarillos de Budapest. El dinamismo que alcanza la representación gracias a este mecanismo escénico, la emparenta con el lenguaje cinematográfico.
María Adánez interpreta con su belleza y su fuerte personalidad escénica a la señorita Clara, mujer segura, moderna y casquivana, que enamora por carta a su odiado jefecillo. Aitor Mazo da vida a este prominente y hermético enamorado, que copia poemas de Victor Hugo en las cartas a su amada anónima. Francisco Vidal es el temido dueño de la tienda, que tiene problemas con las infidelidades de su esposa.
Todo el numeroso elenco está entregado a esta dulce propuesta teatral, que el público disfruta con sus risas y consagra con sus largos y cálidos aplausos. Asistir a la representación de estas buenas comedias de siempre, hace la vida más soportable.

Juan Antonio VIZCAÍNO