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sábado, 17 de julio de 2010

LA GEOMETRÍA DEL CERDO


"El cerdo", basado en "Estrategia para dos jamones" de Raymond Cousse. Intérprete: Francisco Maestre. Dirección: José Antonio Ortega. Ayte. Dirección: Paco Obregón. Traducción: Xabi Puerta. Iluminación: Felipe Ramos. Espacio escénico: Nicolás Osuna/Ana del Castillo. Madrid. Teatro Alfil. 2-9-2001.

El cerdo es un animal estrechamente vinculado con la historia doméstica del hombre. De la misma forma que las gallinas, los puercos han sido una especie de supermercado andante dentro del propio hogar, para todos los pueblos. La matanza ha garantizado alimento de reserva para todo el año. Pero, si del cerdo siempre se ha dicho que se aprovecha todo, aún quedaba por sacar rendimiento de su ideología, hasta que el autor francés Raymond Cousse se decidió a escribir esta monólogo porcino, donde se defenestran todas las expectativas de los espectadores acerca de una obra con un cochino como protagonista. Su obra "Estrategia para dos jamones" sirve de base a este "El cerdo" que interpreta con su maestría interpretativa habitual el gran actor Francisco Maestre.
La obra de Cousse ha sido traducida a más de doce lenguas diferentes y se ha representado en más de 20 países y en cincuenta montajes diferentes; el texto lo merece. La inteligencia poética del autor francés hace que trascienda la mera metáfora social y política del puerco con corbata, para adentrarse en terrenos más revolucionarios aún, a través de la aproximación al hipotético pensamiento animal. Este cerdo que nos habla de su cochinera, de su alimentación, de su relación siempre conflictiva con el porquero, es además un animal con recuerdos. Su memoria de lechón aflora en escena con toda la fuerza verbal de una experiencia sentida y convicta. La memoria es la que nos hace seres superiores en inteligencia, saber quiénes somos, de dónde venimos, y a qué final nos encaminamos. La sutilidad del texto y de su estructura dramática permite que esta pieza vaya mucho más lejos en su poder transgresor, que el de la mera simbología social del cerdo.
Si el texto de Raymond Cousse es una joya del discurso y del lenguaje dramático, (ajustadamente traducido por Xabi Puerta), la interpretación de Paco Maestre la iguala en categoría artística. En numerosas ocasiones este actor ha demostrado su gran contundencia escénica; pero a través de este personaje de cerdo pone en evidencia la gran verdad que transmite su poderosa presencia escénica. Maestre convence tanto con el cuerpo, como con la voz, como con sus significativos silencios. Su dominio interpretativo convierte la representación en una especie de recital o concierto para una voz y dos jamones, que rompe interiormente los más previsibles esquemas del público.
La dirección de José Antonio Ortega y Paco Obregón es sobria y eficaz, con una selección musical y unas pequeñas coreografías de transición de escenas, absolutamente deliciosas. El público aplaude a rabiar a Paco Maestre, y le hace salir a saludar reiteradamente, dedicándole una colección de "¡Bravos!", que el actor realmente merece.

LA TELARAÑA DE UN CRIMEN


"Madame Raquin", de Emile Zola. Dirección: Gerardo Malla. Reparto: Julia Gutiérrez Caba. Manuel Tejada. Paula Sebastián. Juan Antonio Quintana. Adaptación: Michel Voysey. Versión libre de Manuel Collado. Escenografía: Joaquín Roy. Figurines: Javier Artiñano. Iluminación: Josep Solbes. Madrid. Teatro Muñoz Seca. 6-9-2001.

Emile Zola es el padre del Naturalismo literario francés. Sus novelas representaban una vuelta de tuerca más allá del mero realismo. Zola apostaba por un arte científico y pedagógico. Las enfermedades del comportamiento humano eran el objeto de su estudio. Nunca valoramos más, para qué nos sirve una mano, que cuando ésta se encuentra enferma e inútil. Ese es el método naturalista: acercarse a los focos más infecciosos de la sociedad, para obtener una radiografía certera de la sociedad completa. El éxito de sus novelas le llevó a realizar adaptaciones para la escena, como sucedió con "Therese Raquin", que ahora llega a la escena madrileña bajo el título "Madame Raquin".
Los personajes de esta obra viven sumergidos en el interior de una historia truculenta. Una joven y bella viuda habita con su suegra, que a la vez es su madre adoptiva. En la casa y en la tienda les ayuda el mejor amigo del muerto, y por las tardes las visita un comisario de policía jubilado, íntimo amigo de la vieja. Con este combinado de personajes columpiando sus vidas sobre la tela de araña de un crimen, Zola construye un relato intenso, de fuertes caracteres y trama sutil e inteligente. No sucede nada como estaba previsto. Toda la obra responde a la norma de que es mucho más terrorífica la bomba que no llega a explotar bajo la mesa, que la misma detonación inmediata.
Gerardo Malla ha dirigido la obra dentro de las claves del género policiaco. La intriga y el suspense están presentes sobre el escenario. La precisión de la interpretación y los significativos silencios que la impregnan, ayudan a que la representación avance sobre pilares de misterio. La buena ambientación de Joaquín Roy y el hermoso vestuario de Javier Artiñano, ponen el resto.
Julia Gutiérrez Caba demuestra con el personaje de Madame Raquín -una vez más- sus altas dotes interpretativas. La aparente naturalidad de sus movimientos y sus delicadas inflexiones de voz, logran convencer al público de su gran verdad escénica. Paula Sebastián da vida a Teresa, el auténtico personaje central de la obra, en torno al que pivotan los vivos y los muertos. Sebastián pone todo su vigor, su hermosura y su dureza, en esta mujer difícil, resentida y compleja. Manuel Tejada interpreta al gañán de la obra, que acabará formando parte de esta familia que terminará destruyéndole como a un pelele. Tejada tiene una presencia escénica templada como su voz, y da una gran entidad a este contradictorio temperamento de Laurent. Finalmente, Juan Antonio Quintana borda el personaje del ex comisario de policía, dándole una ternura y una inteligencia parapetada, que fue aplaudida por el público el día del estreno. Su amor paciente hacia Madame Raquin, le convierten en el personaje más bondadoso y a la par más peligroso de la representación; y el actor sabe muy bien conjugar esta tensión.
Los intérpretes fueron aplaudidos reiteradamente por el público, y casi todo el teatro terminó de pie vitoreando el arte del elenco.

LABERINTO PARA TRES MUJERES


"Cierra bien la puerta", de Ignacio Amestoy. Dirección: Francisco Vidal. Reparto: Beatriz Carvajal. Ainhoa Amestoy. Elisenda Ribas. Escenografía y Vestuario: Ana Garay. Iluminación: Rafael Echeverz. Sonido: Álvaro Gómez. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 8-9-2001.

El teatro de los autores vivos tiene la ventaja de ser un espejo directo de nuestro tiempo. El espectador se ve reflejado en los personajes y sus conflictos por la cercanía, por la actualidad, por la coincidencia, por ese ejercicio de cálculos que aproxima las palabras del autor a la experiencia del público. Ignacio Amestoy estrena puntualmente sus nuevas obras, y en ellas nos ofrece trozos de realidad, fragmentos de vida contemporánea. En esta ocasión, con "Cierra bien la puerta" realiza una aproximación al perfil de la mujer triunfadora del cambio de siglo. Mujeres heroicas y emprendedoras que no estuvieron dispuestas a aceptar el papel que para ellas prepararon mimosamente sus progenitores. Rosa Martínez de Madariaga es una periodista puntera, de las más influyentes del país, pero ella, rompiendo con la noble tradición de sus apellidos, se hace llamar Rosa Martínez y punto, sin más.
El enfrentamiento generacional es otro de los temas que se tratan en "Cierra bien la puerta". Si Rosa Martínez ha hecho en su vida lo que ha querido, (renunciando a los postulados ideológicos de sus mayores, para tomar otra senda más libertaria que habría de conducirle a la maternidad en soltería,) parece que su hija no tiene la misma libertad que ella para decidir su destino. Amparada en una madre que lo puede todo, la joven se siente enjaulada en la prisión de oro donde su madre la ha encerrado. El poder de la madre la ha convertido en una figurilla particular dentro de su laberinto, pero la hija, una vez que ha conseguido un trabajo (gracias a las influencias maternas) decide volar del hogar dorado.
Amestoy pasa revista a toda una crisis de valores de la mítica generación del sesenta y ocho, y a las claudicaciones que han tenido que realizar para poder disfrutar de la sustanciosa herencia recibida de los reaccionarios abuelos; y el estrés y el miedo que les produce su actual vertiginoso ejercicio del poder.
El mundo periodístico es el eje de esta obra que avanza a vuelta de rotativa. El funcionamiento interno de los periódicos, los rigores de la noticia, las exclusivas escandalosas, la rivalidad con la competencia ..., se tratan en la obra con un conocimiento de causa de primera mano. Pero, la madre y la hija no sólo compiten por la libertad y el éxito, sino que como en los grandes melodramas comparten al mismo hombre, un combate peligroso del que saldrá vencedora una sola. Un perro llamado Borges, un perro llamado París, un carrito con cascabeles en la plaza de oriente que retrotrae a la infancia de Rosa Martínez de Madariaga, en aquella España negra. Así es el viaje de las protagonistas. Madre e hija son encarnadas respectivamente por la popular actriz Beatriz Carvajal, que vuelca en su interpretación todo su buen hacer cómico y dramático, y por la joven y dinámica Ainhoa Amestoy que insufla vida al personaje de la hija. Elisenda Ribas completa este tríptico de damas en la sombra, componiendo un entrañable personaje de Tata, que lo ve y lo sabe todo. Francisco Vidal consigue con su dirección mantener vivos tanto los conflictos de la obra, como la atención del público.

LAS SECUELAS DE UNA PESADILLA

"Si un día me olvidaras", de Raúl Hernández Garrido. Dirección: Carlos Rodríguez. Reparto: Vicent Gavara. Paca Lorite. Carlos Ibarra. Escenografía y vestuario: Alicia E. Blas y Sebastián Vogler. Iluminación: Antonio López Dávila. Espacio Sonoro: Eduardo Vasco. Madrid. Sala Cuarta Pared. 9-9-2001.

La guerra es una atroz realidad cotidiana para muchos pueblos. Los países que no sufren directamente un conflicto bélico, comparten con los otros esta enfermedad moral. Una vez que se alcanza la paz, comienzan las secuelas, las mutaciones, los desaparecidos, las familias rotas o separadas... La guerra es la mayor y más lucrativa enfermedad producida por los hombres; que destroce la vida de numerosas personas, resulta un factor secundario para los que organizan el gran negocio de la reconstrucción nacional.
América del sur es una despensa inagotable para la América rica del norte. En todos sus conflictos están presentes los intereses económicos de los forasteros, que impiden el desarrollo normal de unos países ricos, sobre todo en materias primas. Tras el golpe de Estado de Pinochet en 1973 contra el régimen democrático que, en ese momento, encabezaba Salvador Allende, se agazapaban los intereses de las multinacionales norteamericanas. La tortura fue una de las prácticas habituales de la dictadura militar chilena. Muchos de los torturados murieron, y algunos de sus hijos pasaron a ser adoptados por las mismas familias de los torturadores.
En torno a estas desoladoras coordenadas Raúl Hernández Garrido construye su obra "Si un día me olvidaras" que acaba de estrenarse en Madrid. Que el teatro levante su copa por la paz y la verdad, o ponga a funcionar la ametralladora dulce de sus palabras contra la violencia, la agresión y la tiranía, son gestos loables y bienvenidos, que elevan la autoridad moral de un arte que siempre ha sobrevivido por su capacidad de criticar los desastres de la sociedad. Pero, además de las buenas intenciones sociales, el teatro debe ser una obra de arte en cada una de sus representaciones. La calidad artística de un montaje es la garantía de su eficacia ideológica. La presencia de la primera regla no puede avalar la ausencia de la segunda.
Carlos Rodríguez ha dirigido con una sobriedad excesiva un texto dramático farragoso y críptico. La claridad de la situación dramática, y sobre todo, la progresión del conflicto, (más que como única vía para contar una historia,) sirven para mantener interesado al público. Ambos factores están ausentes en "Si un día me olvidaras". El hecho de repetir arbitraria o musicalmente las frases más significativas del texto, no garantiza ningún logro vanguardístico. Que la estructura evidente de un texto no sirva más que para repetir lo ya dicho y visto, va en contra del interés del público. Que los intérpretes trabajen en un único registro interpretativo termina resultando pobre y aburrido. No puede haber nada peor para un teatro comprometido, pues se puede pensar erróneamente, que estos temas sólo sirven para producir espectáculos tan difíciles de digerir como "Si un día me olvidaras".

EL AMOR A LA COMEDIA


"La tentación vive arriba", de George Axelrod. Dirección: Verónica Forqué. Adaptación: Pablo Motos. Laura Llopis. Arturo González. Reparto: Antonio Molero. Toni Acosta. Eva Isanta. Ferrán Botifoll. Paloma Gómez. Álvaro Roig. Canciones: Juan Manuel Cifuentes. Escenografía: Carlos Abad. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Vestuario: Helena Sanchís. Madrid. Teatro Real Cinema. 11-9-2001

La comedia es el género más deseado por el público. El teatro sigue siendo bálsamo de las vidas urbanitas, y el agotamiento y la desidia ciudadana se alivia con las obras de teatro que hacen reír y permiten pasar un buen rato. En las últimas temporadas se han estrenado numerosas versiones teatrales de películas famosas; es una forma de garantizar por una parte la promoción del espectáculo, y en otro sentido la garantía de un buen texto literario. Generalmente esas realizaciones cinematográficas proceden, a su vez, de grandes éxitos teatrales.
Verónica Forqué ha dirigido una obra que coincide con una de las películas más famosas de un mito erótico como Marilyn Monroe, sin el menor complejo y con la mayor frescura. Ella y el equipo de adaptadores (miembros del exitoso Club de la Comedia) han rastreado lo que de comedia hay en la historia, olvidándose de lo que se vio en pantalla. Este montaje tiene una personalidad escénica dulce y peculiar. Todo lo que ocurre en escena se hace con amor por el teatro.
Tanto la interpretación como el desarrollo del espectáculo puede decirse que responden a dos premisas: inteligencia y humor. Todo está tratado con liviandad, sin histrionismos farsescos; por el contrario, la frescura aflora en cada momento de esta dulce representación. Antonio Molero y Toni Acosta se encargan de llevar a buen puerto la liviandad de este encuentro entre un "Rodríguez" veraniego y su vecina de arriba, una joven modelo que pasa una temporada en la buhardilla de unos amigos. El mundo del deseo en estado puro gravita en la peripecia cómica de los protagonistas, pero, a la par están rodeados por unos personajes arquetípicos que se encargan de poner los pies en la sociedad en la que vivimos: la esposa, su posible amante, la secretaria, y sobre todo un médico sicoanalista que está en proceso de publicación de un libro sobre la autoestima. El cóctel de personajes sirve para dar un toque satírico contra unas costumbres sociales que a apenas han cambiado desde que se escribió la obra hace ya medio siglo.
Por su parte, la directora se vale de una serie de recursos de gran eficacia teatral, que permiten representar en escena cosas que no han sucedido, pero que el público llega a ver. Tanto Antonio Molero como la bella Toni Acosta realizan interpretaciones muy medidas y eficaces, celebradas por el público. Y entre los demás personajes episódicos destaca el personaje del doctor, interpretado con una vivacidad y una eficacia propia de los viejos cómicos, y que fue muy celebrada por el público. Todo el elenco junto a su directora, recibieron los continuados aplausos del público la noche del estreno oficial.

TODO VA A SALIR BIEN


"Como cerdos", de Luis García Araus. Dirección: Emilio del Valle. Reparto: Jorge Muñoz. Carola Manzanares. Nacho Vera. Chete Guzmán. Música y Vídeo: Jorge Muñoz. Iluminación: Miguel Ángel Prieto. Madrid. Sala Cuarta Pared. 12-9-2001.

El teatro joven suele estar asociado a las tendencias más vanguardistas y revolucionarias. Muchas compañías alternativas se parten la cara por destrozar los lenguajes escénicos y dramáticos, sin molestarse si quiera en reordenar las piezas. Otras, se olvidan del discurso en su perorata plañidera de lamentos esteticistas y seudopoéticos; como si la razón de ser del teatro fuera la mera expresión de unos artistas rebeldes, y no la deseable comunicación con el público. Pero por fortuna, hay jóvenes autores y directores, que sin olvidar las exigencias de la dramaticidad, hacen un teatro nuevo, crítico y refrescante. Suyo debería ser el futuro de las tablas, y no de tanto narcisista como circula por ahí, con grandes aspavientos de modernidad ignorante apadrinada por el birlibirloque de los políticos.
En esta urgente clasificación del teatro nuevo, "Como cerdos" de Luis García Araus pertenece al grupo más valioso de todos ellos. La pieza es antes que nada una comedia, toda una originalidad en los circuitos juveniles, que no suelen frecuentar este difícil arte de "criticar divirtiendo". Otra de las singularidades de "Como cerdos" es su radical apuesta como texto dramático, construido con un material aparentemente de desecho, pero enraizado en las reglas más puras del género clásico: hay unidad de lugar, el tiempo es relativamente reducido, y la acción se restringe a una sola: "buscarse la vida" en la picaresca de estos tiempos.
Una serie de amigos en paro deciden "okupar" un local y montar un restaurante hipereconómico para dar de comer a los pobres, y ganarse de paso el sustento. Las bofetadas que pega el espectáculo a la sociedad son certeras y profundas, pero se desprenden de un argumento cómico y delirante, que podría emparentarse con ciertas farsas de Darío Fo, o algunos brillantes momentos de la vanguardia dadaísta. La estética basura que rodea a estos jóvenes desposeídos, y a la vez cargados de deseos de salir adelante, vibra con una profundidad humanística, que tiene además la virtud de estar asumido y defendido al cien por cien por todo su equipo artístico, como un valioso manifiesto. "Como cerdos" es una fotocopia sucia del retrato que una nueva generación hace del tiempo que le ha tocado vivir.
Emilio del Valle demuestra como director, que cuando se quiere hacer buen teatro bastan cuatro sillas rodantes de oficina -conseguidas en algún contenedor- para realizar una rica partitura escénica. Los intérpretes están como fundidos con sus personajes en un payasesco estado de gracia, que produce efectos benéficos sobre el regocijo del público. Cuando un puñado de cómicos quieren contar algo con todas sus fuerzas, y se afanan en conseguirlo con agudeza y clarividencia, (dejando de lado los lamentos trascendentalistas,) se están poniendo bases sólidas para un futuro del teatro, esperanzador y saludable.

EL MEJOR PATRIMONIO DEL TEATRO ESPAÑOL


"Doce hombres sin piedad", de Reginald Rose. Dirección: Ángel García Moreno . Reparto: Juan José Otegui. Alberto Delgado. Fernando Delgado. Juan Gea. Alfredo Alba. Enrique Simón. Manuel Zarzo. José Pedro Carrión. Pablo Sanz. José María Escuer. Conrado San Martín. Tony Isbert. Paco Paredes. Escenografía: Luis Ramírez. Iluminación: Freddy Gerlache. Vestuario: José Miguel Ligero. Madrid. Teatro Fígaro. 14-9-2001.

"Doce hombres sin piedad" es una obra calada en la memoria del público español, gracias a su representación televisiva en los históricos "Estudios 1". No es una obra más, sino un raro crisol donde se aglutina una forma de ver la vida, desde América, desde Nueva York, en los años cincuenta, como paradójico mirador del mundo. La atmósfera moral de los personajes fluctúa por el mismo universo dramático de Arthur Miller, e incluso Tennessee Williams. Pero "Doce hombres sin piedad" es un cóctel irrepetible con sabor a esos tristísimos cuadros de Edward Hopper, donde se retrata la parte más sórdida y solitaria de las aisladas criaturas de las ciudades.
El estreno de esta obra, que fue escrita en 1954 por Reginald Rose para televisión, es un doble acontecimiento de la memoria teatral, sabemos que la protagonizaron impecables actores como Henry Fonda, Jack Lemmon, o Henry Fonda; y entre nosotros, recordamos a José María Rodero y José Bódalo. En la versión actual se produce un extraño milagro que casi podríamos considerar de interés antropológico para el teatro español: en la escena del Fígaro se reúnen cuatro generaciones de actores españoles. Es todo un acontecimiento teatral difícil de repetirse.
Ángel García Moreno ha manejado con maestría su batuta de director, desde la selección del reparto hasta la minuciosa interpretación de todo el reparto.
El texto de Reginald Rose -eficazmente versionado por Nacho Artime- dibuja un retrato coral con un corifeo (interpretado con prosopopeya por José Pedro Carrión), y un antagonista principal, al que da vida magistralmente Fernando Delgado. El actor demuestra una categoría y una sensibilidad artística profunda. Pocas veces se ve en escena a un actor con tanta capacidad de conmover al público como esta antológica interpretación de Fernando Delgado, digna de todos los premios venideros. Pablo Sanz, José María Escuer y Conrado San Martín interpretan a unos ancianos enfrentados, con tal experiencia escénica de las tablas a sus espaldas, que todos los jóvenes actores y estudiantes deberían ir a aprender de esta lección magistral de historia de la interpretación teatral española.
Manolo Zarzo es el bufón de este jurado, y le da profundidad y frescura a su dinámico personaje. Otegui demuestra su sabiduría y templanza escénica habituales; y la batería de actores más jóvenes como Tony Isbert, Juan Gea, Enrique Simón, Alberto Delgado o Alfredo Alba, ofrecen, de nuevo, su calidad interpretativa.
Si la obra es una intensa reflexión sobre la liviandad moral de los humanos en su aproximación a la justicia y a los actos trascendentales de sus vidas, es a la vez un curioso artefacto dramático. Encerrar a doce hombres sin piedad en una misma sala, es todo un experimento científico para detectar una radiografía certera del alma contemporánea. Pero, por encima del valor de su discurso, (este montaje del que ningún amante del teatro debía privarse), viene a demostrar que sus actores son el mejor patrimonio del teatro español.

¿Y QUÉ, SI YO SOY ASÍ?


"La jaula de las locas". Libreto: Harvey Fierstein. Música y letras: Jerry Herman. Versión: Nacho Artime. Dirección artística: Luis Ramírez. Dirección musical: César Belda. Reparto: Andrés Pajares. Joaquín Kremel. Jacob Dicenta. Natalia Delgado. Eva Diago. Ricardo Capinán. Luis Amando. Margarita Marbán. Estrella Blanco. Tomás Sáez. Julia Torres. José Ramón Henche. Eduardo López Pons. José Morales. Laura González. Luisa Torres. Coreografía: Luka Yexi. Escenografía: Luis Ramírez/Erik Ukfers. Iluminación: Freddy Gerlache. Vestuario: Luisa Rada. Daniello. Gonzalo Fernández. Madrid. Teatro Nuevo Apolo. 18-9-2001.

La homosexualidad no es un tema recurrente en la historia del teatro. Hay que rastrearla en algunas obras ambiguas, o en algunas pocas piezas; pero, pocas veces en el género musical. Este género es costoso, (por su abundante parafernalia de músicos, bailarines y cambios de vestuario y decorado,) como para asumir riesgos de "arte y ensayo" con temáticas tan poco convencionales. "La jaula de las locas" es -en este sentido- un musical atípico que se abrió paso por sí solo (a pesar de la extravagancia sexual de sus protagonistas) hasta triunfar en las pantallas cinematográficas de Europa, y de los mismísimos Estados Unidos, que hicieron su propia versión cinematográfica.
La Riviera francesa es conocida en todo el planeta por su exquisitez y su "savoir vivre". Un escenario cosmopolita de recreo y placer, por todos conocido. Allí pueden suceder historias tan rocambolescas como esta internacionalmente exitosa "La jaula de las locas". El enfrentamiento de una pareja homosexual (que regenta el cabaret que da nombre a esta obra,) con una de las familias más conservadoras de la zona, es la base de este conflicto inteligentemente trazado por su autor, y que ha tenido la habilidad de mezclar una situación descarnada e hipócrita de rechazo homofóbico, con una entretenida y brillante peripecia, propia de las mejores comedias cinematográficas: hay que preparar un milagro para engañar al adversario.
En torno a esta conocida trama, Luis Ramírez ha elevado uno de esos espectáculos que sólo él se atreve a poner en escena. Su espectacular escenario giratorio, produce impacto en el público, que se queda embobado ante este despliegue estético de técnica moderna. También eso es teatro. El "Ramírez ex machina" tiene su éxito garantizado en un público mayoritariamente admirado ante el ingente despliegue de medios escénicos. El vestuario, la iluminación, la escenografía, las gigantescas coreografías, producen una agradable excitación en el público.
Si además de todo esto, se encuentran a la cabeza del espectáculo dos artistas tan queridos por el público como Andrés Pajares y Joaquín Kremel, el reclamo se torna ya irresistible. La genuina personalidad de Pajares atrae al público como un fenómeno. Todo lo que le sucede a su personaje es para el público importante. Mucho más si el actor interpreta un personaje con tantísima pluma como éste. Pajares tiene reválida en personajes femeninos, y aunque no cante demasiado en sus números musicales, nunca defrauda al público, que lo arropa con sus cálidos aplausos. Debería ponerse taconazos y plataformones para redondear su personaje de Zsa-Zsa.
Kremel destila con elegancia y picardía el encanto de Georges, un homosexual atractivo y maduro, que en sus tiempos mozos tuvo el desliz de tener un hijo, base de este enredo. Jacob Dicenta canta espléndidamente, y eleva su personaje por encima de la media. La criada brasileña, interpretada por Ricardo Canipán, tiene gracia, cuerpo y personalidad, aunque le falle la impostación. Julia Torres demuestra una elegancia y exquisitez escénica poco habitual. La pareja cómica formada por Tomás Sáez y Eva Diago acierta en la diana de la odiosa vulgaridad, y Natalia Delgado aporta su belleza y talento musical a este festivo y alegre espectáculo. El público agradeció con ininterumpidos aplausos, el esfuerzo y la entrega de toda la compañía. Habían pasado con ellos, un rato inolvidable.

EL REY DE LA BARAJA FEMENINA


"Esmoquin". De Santiago Moncada. Dirección: Arturo Fernández. Intérpretes: Arturo Fernández. Amparo Climent. Fabio León. Maribel Rivera. Eva Serrano y Sofía Mazagatos. Escenografía: Eduardo De Llano. Madrid. Teatro Reina Victoria. 18-9-2001.

El arte de la seducción es toda una ciencia para Arturo Fernández, el más impertérrito galán de nuestra escena. El actor tiene una reputación de conquistador, que encanta a su público, sobre todo al femenino. Pero, además, Arturo Fernández es un actor que sabe como nadie hacer reír y emocionar al público. El público cae rendido ante sus encantos escénicos. Las calaveradas amatorias que realiza en esta nueva obra, son todo un record para un galán de setenta años: nada menos que con cuatro damas anda en romances. Con este póker de damas, el personaje que interpreta Arturo Fernández se siente halagado, pero a la vez, cansado de tanta guerra; los años y los achaques no pasan en balde.
El autor Santiago Moncada le ha hecho un traje a la medida al actor con este "Esmoquin". Siendo una obra que retrata -con cierta ironía y mucho cariño- a un empedernido conquistador extraconyugal, es al mismo tiempo un "mea culpa" acerca de todos los engaños, mentiras y acosos que sufren los protagonistas. "Esmoquin" satiriza el comportamiento de una clase social en dos tiempos, esto es, tanto los mayores como las jóvenes no tienen un concepto muy leal del enamoramiento. Los viejos seductores anhelan un romance temporal sin pretensiones duraderas, pero no pueden olvidar el romanticismo y la galanura del cortejo. Las chicas jóvenes son más directas: se sienten atraídas por el macho maduro irresistible, pero a la vez, no conceden más de una semana de vida a su relación.
Moncada ha escrito unos largos parlamentos para el lucimiento del primer actor, que parece sentirse en escena como pez en el agua. El público agradece con sus carcajadas el permanente chapoteo interpretativo de Arturo Fernández, que -con una energía admirable- se pasa más de dos horas en escena sin salir un solo instante. Su personaje está obsesionado por tres cosas: por las mujeres, por construir rascacielos, y por su ropa. En base a estos factores se desarrolla la peripecia cómica de este "Esmoquin". Arturo Fernández sabe sacar gran partido de su gesticulación, del trabajo mímico, de los cambios de ritmo de su personaje, con esa desenvoltura escénica que le caracteriza. Se lo pasa bien sobre las tablas, teniendo cara a cara a su querido público.
Una pléyade de bellezas femeninas le rodea: Amparo Climent interpreta a su "airada esposa" con fuerza dramática y elegancia. Maribel Rivera da vida a la esposa de su mejor amigo, con la que también planifica sabrosos líos de faldas. La belleza juvenil de Eva Serrano acosa al protagonista, haciéndole proposiciones apetecibles justo antes de su casamiento. Y Sofía Mazagatos interpreta a la última amante del protagonista, que en París ha sido capaz de solucionarle el trauma de "los gatillazos" propios de un septuagenario asustado ante sus pasiones.
Fabio León da vida al amigo de toda la vida, con el que mantiene una relación tan duradera, que les llevará incluso a bailar un último tango en escena. Con el teatro a rebosar, Arturo Fernández y todo el elenco artístico recibieron la noche del estreno, las cariñosas ovaciones del distinguido público.

EL DIABLO PASEA POR EL SUBURBIO


"Hermanos de sangre". Música, letras y texto: Willy Russell. Dirección artística y Escenografía: Luis Ramírez. Dirección musical: César Belda. Versión: Nacho Artime. Reparto: Marta Ribera. Roger Pera. David Zarzo. Guillermo Antón. Nines Hernández. Beatriz Luengo. Carlos Álvarez... Arreglos: Marcos Cruz/C. Belda. Coreografía: Luka Yexi. Iluminación: Freddy Gerlache. Vestuario: Luisa Rada. Madrid. Teatro Lara. 20-9-2001.

El nacimiento de dos hermanos gemelos es una casualidad genética, un capricho del destino. Desde que nacen, los dos hermanos entablan una primera rivalidad: ¿quién le lleva al otro unos minutos más de existencia? Los hermanos gemelos siempre han llevado unido a su excepcional nacimiento, un halo de tragedia.
Los gemelos de "Hermanos de sangre" tienen escrito en la sangre un destino adverso: nacen de una madre de ínfima condición social, que acaba de ser abandonada por su esposo, dejándole a su cargo, además, otra pareja previa de hijos. La vida es dura en el suburbio para todos, pero especialmente para los niños. La madre pobre de esta historia se ve forzada a ceder a uno de sus hijos a una señora rica y estéril, para la que trabaja como doncella. El destino de esos dos muchachos se libró en el momento que la oculta madre adoptiva eligió al azar a uno de ellos.
La historia que encierra "Hermanos de sangre" es pura carne de melodrama, sólo faltaba que llegase Willy Russell y le pusiera además la música, con unos pasajes tan bellos. Luis Ramírez ha recuperado para la escena española, este oscuro musical que lleva décadas triunfando en Londres, y que ha sido -además- multipremiado con los "Tony" americanos y los "Olivier" británicos.
El espectáculo resulta una especie de ópera de los mendigos contemporánea, (con permanentes y vistosos cambios de decorados) que narra las dificultades para salir delante de una mujer pobre, con tres bocas para llenar a diario. Las circunstancias y la sombra de la justicia le obligan a entregar a uno de sus hijos recién nacidos, aunque se le desgarre su corazón de madre.
Ramírez ha elaborado un cóctel sugerente de intérpretes para este musical de los pobres. La excelente Marta Ribera encabeza el reparto, volviendo a deleitar al público con su calidad musical, y su personal temperamento dramático. Sus interpretaciones en "Grease" y en "Jekyll & Hyde" resultan inolvidables.
Roger Pera vuelve a jugar sus buenas dotes interpretativas, dando vida al gemelo pobre, a los siete años. El actor realiza un trabajo delicioso que permite que el niño se exprese creíblemente a través de su cuerpo. David Zarzo tiene buenas cualidades como cantante y actor. Da vida al gemelo rico, que se verá fuertemente atraído por la amistad de este niño pobre que tanto le fascina y con el que llegará a firmar un pacto de sangre. Guillermo Antón ejerce de misterioso narrador cantante, con una sombra diabólica a las espaldas. Beatriz Luengo compone una "niña sucia" muy divertida, que casa muy bien con el personaje infantil de Pera. Nines Hernández interpreta eficientemente a la estirada y atormentada madre impostada.
La representación alcanza las tres horas. La orquesta está situada -en esta ocasión- en el precioso vestíbulo del Teatro Lara. Con tanta abundancia, el público quedó realmente satisfecho, como manifestaron sus repetidos aplausos, la noche del estreno.

ENTRE AMIGAS ANDA EL JUEGO


"Ellas. La extraña pareja" De Neil Simon. Dirección: Eusebio Lázaro. Versión: Diana Laffond. Reparto: Fiorella Faltoyano. Cristina Higueras. Helga Liné. María Álvarez. Lina Mira. José Vicente Moirón. Pablo Scola. Espacio escénico: Eusebio Lazaro. Productor ejecutivo: Jesús Cimarro. Madrid. Teatro Arlequín. 20-9-2001.

Neil Simon es un gran autor de comedia. Lleva décadas arrasando en Broadway, y la insaciable y exigente maquinaria de Hollywood se ha interesado por muchas de sus obras. El éxito de "La extraña pareja" llevó a protagonizar a Jack Lemmon y Walter Matthau la versión cinematográfica. Profundizar en las relaciones de amigos -sobre todo, cuando conviven- es una forma de hablar de amor. La intimidad es el mayor tributo del ser humano; de ahí, la fuerza del hogar en nuestra vida. Es el escenario de nuestras peripecias más íntimas, las extremadamente placenteras y libidinosas, y las más sinceras, desnudas, y dolorosas.
En "La extraña pareja", Neil Simon se cuela como un diablo cojuelo en la casa de Olivia, donde ha recibido cobijo su amiga Flori, que acaba de ser abandonada por su marido. Dos personalidades opuestas y complementarias se reúnen en esa improvisada convivencia amistosa. Las lealtades, los roces, las diferencias de estilos de vida y de caracteres, permiten que la obra conduzca a situaciones chispeantes y jugosas en el plano dramático. La obra está muy bien imaginada, y la versión de Diana Laffond es fresca y directa. "Ellas, la extraña pareja" está sucediendo en Madrid, lo que aún acerca más la historia al público.
Eusebio Lázaro ha dirigido a las actrices con naturalidad y frescura, sin olvidar la rigurosa composición de tipos que exige el género. Fiorella Faltoyano interpreta a una tontita, maniática de la limpieza, con gran encanto y personalidad escénica; tiene el difícil "tempo" de la comedia, sin perder la ingenuidad de su personaje. Cristina Higueras interpreta a la amiga quisquillosa, independiente, "hombreriega", y juerguista; una ejecutiva agresiva, ablandada por los llantos de los hombres. Combinan bien los temperamentos escénicos de las protagonistas, que además, lucen muy bellas en escena.
Lázaro ha creado un espacio escénico de paredes traslúcidas que permiten registros ilusorios de teatralidad que enriquecen escénicamente el espectáculo. El resto del reparto está ajustadísimo y cumplen eficazmente su función en la progresión del inteligente argumento de la trama. Helga Liné vuelve a demostrar sus singulares dotes cómicas. Su belleza, elegancia y sofisticación, en contraste con la aguda ingenuidad de su carácter, la convierten en un personaje y una actriz de comedia delicioso e indispensable.
En "Ellas. La extraña pareja" todo parece estar en su punto, como una cena fresca, servida por bellas mujeres, que entretiene y divierte al público sabrosamente.

HAY QUE ACABAR CON TANTA MENTIRA


"Casa de muñecas", de Henrik Ibsen. Dirección: María Ruiz. Reparto: Ángeles Martín. Pedro Casablanc. Modesto Fernández. Lola Casamayor. Manuel Morón. Isabel Osca. Versión: Ronald Brouwer. Escenografía: Andrea D'Odorico. Vestuario: Helena Sanchis. Iluminación: José Solbes. Producción ejecutiva: Ana Jelín. Madrid. Teatro Albéniz. 21-9-2001.

Henrik Ibsen (1828-1906) pertenece a la cúpula de los grandes dramaturgos de la historia. La voz de Ibsen tiene siempre una profundidad moral propia de un gran corifeo de la historia. El joven Ibsen era pobre y huérfano, busco en la escritura dramática una vía de sustento, y trabajó como intendente en varios teatros noruegos. Su primer objetivo fue emular a Shakespeare, en su primera etapa de autor de obras medievales, escritas en verso, reconstruyendo la historia del origen de su patria nórdica, a través de sus mitos. Una civilización o una nacionalidad sustentan su identidad en una tradición escrita. La palabra es antes que el ser, para la ley de los pueblos.
Las tensiones políticas que Ibsen tuvo que sufrir en su propio país por su mirada de francotirador frente a la sociedad de su tiempo, le llevaron a autoexiliarse, viviendo y viajando por Europa. En Roma escribió la primera de sus grandes obras contemporáneas, "Brand", que habría de iniciar una nueva etapa en su producción, alejada de la tramoya de guardarropía de sus primeros dramas. La vida urbana será a partir de entonces el escenario natural de las obras de este sombrío y escéptico Ibsen, consciente, a la vez, del gran poder de su palabra y su mirada dramática.
"Casa de muñecas" (1879) pertenece a este periodo donde se ha cifrado la semilla de su método dramático: la búsqueda de la verdad con todas sus consecuencias. Establecido este rumbo, hay que señalar que en el teatro de Ibsen, lo importante no es sólo lo que se cuenta; sino, cómo se cuenta. La arquitectura dramática de la obra de Ibsen es equivalente a la de un templo; todo un canon sagrado.
El personaje de Nora, (que interpreta Ángeles Martín, con su encanto y frescura habituales) es la patrona de las feministas. La decisión de abandonar a su esposo y sus hijos, tras una profunda crisis familiar, la convierte en la heroína de la mujer emancipada. Hay que recordar que la obra se estrenó en 1879, y que en aquellos años fue toda una bomba en los cenáculos burgueses, que veían amenazada su estabilidad familiar y social, con esta obra de Ibsen.
María Ruiz consigue -como directora- transmitir todo el complejo entramado de Ibsen. Diferencia claramente las situaciones, cuida la interpretación de todos los personajes; el espacio escénico de D'Odorico es esencial y elegante, y el público sigue atento la red de palabras y anzuelos que el autor va poniendo en la sombría peripecia de "Casa de muñecas". No es muy comprensible el adelanto histórico de la ambientación de este montaje, que se sitúa en la década de los años 30 del S. XX. Cuánto más atrás, más contundente resulta el discurso liberador de la obra.
Aunque todo es correcto, y la protagonista demuestra su capacidad para dar verdad a su personaje, falta en todo el espectáculo, grandeza, precisión técnica, solemnidad. Las adversas condiciones sonoras del Teatro Albéniz han llevado a sus responsables a instalar la microfonía como una norma de la casa en los últimos tiempos. Distorsiona la comunicación teatral. La palabra, la prosodia y la emoción, se resienten con esta medida. Mucho más aún, en una obra de Ibsen.
La noche del estreno, el público premió con sus aplausos, el buen hacer de todo el equipo artístico, y especialmente a su protagonista femenina.

UN FUTURO LLENO DE ESPERANZAS


"Historia de un caballo". Espectáculo musical de Mark Rozovsky y Yuri Riashentsev, basado en un cuento de León Tolstoi. Versión: Enrique Llovet. Dirección: Salvador Collado. Reparto: Carlos Hipólito. Francisco Valladares. Pilar Barrera. Gonzalo Benavides. Antonio Canal. Fidel Almansa. Ángel Amorós. Javier Collado. Adaptación musical: José Nieto. Iluminación: Quico Gutiérrez. Escenografía: Ana Garay. Vestuario: Montse Amenós. Coreografía: Teresa Nieto. Mimografía: José Piris. Madrid. Teatro La Latina. 25-9-2001.

Leon Tolstoi (1828-1910) es una de las figuras cumbres de la literatura rusa. No sólo es conocido el padre de "Ana Karenina" por sus novelas, sino que además fue un hombre vinculado al teatro desde sus orígenes. La influencia de Turgeniev se deja sentir en sus primeras comedias. Son obras ambientadas en el campo, donde los señores de la Rusia zarista tenían sus residencias veraniegas. Con el paso de los años, Tolstoi se va volviendo más crítico con las falsedades de su tiempo, hasta el punto de que Lenin diría más tarde, que sus obras están llenas de un poder maravilloso contra la mentira y la hipocresía social. El teatro del Arte de Stanislavsky llevó a escena algunas de sus piezas teatrales.
"Historia de un caballo" no es inicialmente un texto teatral, sino un cuento de Tolstoi donde se vierten muchas de sus inquietudes como dramaturgo. El rechazo que sufre el caballo protagonista por ser distinto a los otros equinos de la cuadra es toda una metáfora social. Patizanco es un caballo pío, con numerosas manchas en su pelaje claro, toda una metáfora social: el revolucionario, el artista, el idealista... acosado por la grave tensión de la normalidad. La noche que Patizanco es mandado sacrificar por su vejez y extravagancia, los otros caballos están de acuerdo: no se puede ser tan raro como él. Desde este estado de rechazo, el protagonista relata al público los avatares de su vida, partiendo de su nacimiento.
Carlos Hipólito da vida a Patizanco, el caballo pío, y compone una de las interpretaciones más bellas que puedan contemplarse actualmente en nuestros escenarios. Afronta un doble trabajo: el de narrador, completamente humanizado por sus recuerdos y sus emociones, en contacto directo con el público, y el de caballo. La metamorfosis corporal y vocal, que se produce en el actor es dulce y suave, sutil y emocionante. El trabajo de equipo es sobresaliente. El espectáculo está mimado hasta el último detalle. Desde el brillante coro mixto de caballos, a la elevada orquesta, que interpreta una partitura musical tan emotiva como los coros rusos, (adaptada con brío por José Nieto), o a la cuidada interpretación del resto de los intérpretes. Francisco Valladares se mueve en la comedia con autoridad propia, si además es musical, completa sus posibilidades escénicas, hasta meterse en el bolsillo la simpatía del público.
Lo bonito de este espectáculo es su originalidad en la escena actual. No se parece a ninguno de los grandes espectáculos musicales de nuestra cartelera. El aire constructivista (entre barco y fábrica) de la escenografía, el decorado y el telón de boca, transmite a la representación, cierto optimismo entusiasta de aquellos jóvenes revolucionarios soviéticos que cambiaron el mundo y la estética por un tiempo. La emoción que encierra la música rusa, y la sensualidad y el erotismo de este hermoso coro de caballos, convierten este musical en una pieza indispensable para todo tipo de público que crea en el trabajo bien hecho, y defendido con alma por sus intérpretes. La compañía, -e Hipolito en particular- fueron ovacionados por el público entre bravos entusiastas. Los artistas regalaron algunos bises.

SUEÑOS DE UN FABULADOR


"Palabras en penumbra" de Gonzalo Suárez. Adaptación teatral y dirección: Carles Alberola. Reparto: Carles Sanjaime. Nina. Xus Estruch. Salomó Sanjuán. María Almudéver. Rafa Miragall. Espacio escénico: Del Busto y Monterde. Iluminación: Carles Alfaro. Música: Perico Sambeat. Vestuario: Rocío Cabedo. Madrid. Teatro de La Abadía. 26-9-2001.

Los sueños suelen ser la cantera de donde extraen su materia prima los escritores; a veces, más aún que de la misma vida. La individualización del mundo que se produce en la actividad de soñar, es ya un proceso similar al de la ficción que utiliza el escritor. Gonzalo Suárez posee una rara personalidad creativa, polifacética, misteriosa, y vanguardista. Su interés por explorar las difusas fronteras de la realidad, del mito, y la ficción, le otorgan el grado de "maestro complejo", que hace juegos de prestidigitación conceptual, tanto en sus libros como en sus películas.
"Palabras en penumbra" es un espectáculo que ha hilvanado la dramaturgia de Carles Alberola, trasladando tres relatos narrativos de Gonzalo Suárez hasta el escenario. No es la primera vez que la narrativa alimenta la escena, con algunos resultados de muy alta estima teatral. Aunque el experimento -como todo trasvase- entraña sus riesgos.
Alberola es actor y se maneja muy bien con la comedia, con una socarronería tan retostada como eficiente. Como director de "Palabras en penumbra", se siente muy cómodo con el humor que le brinda el autor desde sus textos. Este espíritu burlón deviene uno de los factores más estimables del montaje, porque le quita hierro a la pedantería que pueden llevar implícita esos grandes temas tomados en serio y a la tremenda: la identidad, el tiempo, la percepción, la emoción, la visión, la memoria.
La obra transita por dos terrenos que podríamos acotar como, propios de comedia cinematográfica de Woody Allen: (el autor-escritor es además el protagonista: cuenta lo que le pasa). Y por otro lado, una especie de empeño en elevarse a unas cotas más discursivas y simbólicas, más propias del teatro de Samuel Beckett. Si a esto añadimos que se compone de tres historias yuxtapuestas, la complejidad inicial, puede que comience a ser un poco farragosa en cuanto al verdadero objetivo del espectáculo.
La estética de la representación da la pátina de globalidad. "Palabras en penumbra" tiene empaque visual, efectivo y contundente. La iluminación de Carles Alfaro, y el elegante espacio escénico de Del Busto y Monterde, dan una personalidad visual al espectáculo, que le falta dramáticamente. La progresión dramática se inventó para tener "enganchado" al público, durante más de una hora seguida. Y no es que aquí se aburra, porque el humor siempre es un buen salvavidas para el respetable. Aunque, finalmente, haya más materia gris que sustancia teatral en este vistoso espectáculo.
Por fortuna, los actores y actrices están vivos en este deslizante mosaico dramático-onírico-ficticio. Carles Sanjaime da vida al protagonista escritor, con una naturalidad apabullante. Xus Estruch interpreta a la vecina rubia y puretona de la escalera, con humor y candor de alto voltaje. El resto de los intérpretes aportan talento y belleza a esta representación de un sueño, que tuvo un escritor, que estaba escribiendo, cuando pensaba que estaba viviendo.

EL HOMBRE DE LOS DIEZ MIL CORAZONES


"Dom Juan. O el festín de piedra". De J. B. P. Molière. Dirección: Jean Pierre Miquel. Reparto: Joaquín Notario. Francisco Rojas Cristóbal Suárez. Natalia Menéndez. Pepa Pedroche. José Luis Massó. Marta Belenguer. Jesús Prieto. Arturo Querejeta. Ángel Gª Suárez. Enric Majó... Escenografía: Pancho Quilici. Vestuario: Javier Artiñano. Iluminación: J. P. Miquel/Carlos Torrijos. Madrid. CNTC. Teatro de la Comedia. 1-10-2001.

Molière (1622-1673) fue un dramaturgo que se atrevía a decir las verdades al público. La libertad con que ejercía la comedia le convertía en portavoz de lo que todos pensaban y sabían, pero nadie se atrevía a pronunciar en voz alta. Molière pagó con su corta vida y sus numerosos problemas y escándalos tamaña osadía. Aunque eso sí, su talento le granjeó la misma protección real, lo cual, en tiempos del absolutismo de Luis XIV, era poco menos que decir que contaba con prebendas ilimitadas. Pocos autores han estado tan unidos a los cómicos como Molière, siendo uno más de ellos, hasta el mismo instante de su muerte, acontecida en escena.
A pesar de su empecinamiento en triunfar en el género trágico, encontró en la comedia, una forma de "educar y criticar deleitando", tan eficaz que ya nunca habría de abandonarle. Al igual que Shakespeare, no dudaba en tomar temas o argumentos de la comedia clásica, italiana o incluso española para sus obras. De esta forma, llega hasta él el mito de Don Juan Tenorio, escrito por primera vez por Tirso de Molina. Molière lo hace suyo de tal forma, que logra una pieza extraña y misteriosa, de incalculable belleza. No es "Dom Juan" una comedia, hasta los criados filosofan, y en cierto modo rinde honor a su personal deuda trágica, aprovechando para volver a decir en voz alta la verdad y la duda de los hombres, acerca de un asunto tan maniqueo, como el del bien y el mal, el amor y la muerte, la mentira y la verdad.
Jean Pierre Miquel ha realizado una puesta en escena memorable para los anales del Teatro de la Comedia, y ofrece un ejemplo viviente del rumbo que debe guiar cualquier espectáculo ofrecido desde un teatro público, en pos de la preservación y el redescubrimiento de las maravillas que siguen encerrando en su interior, la obra de los clásicos. Con trabajos como éstos se hace una ofrenda digna a la memoria de un pueblo, que es otra de las sagradas misiones del teatro. El público se siente tratado como un rey, en este verdadero espectáculo.
El director ha dotado a la puesta en escena de una magia turbadora, como un sueño extraño, dulce y telúrico, gracias a una inspirada iluminación y a unos decorados originales, así como a un vestuario tan aristocrático, como vampiresco. Los terrenos por los que deviene el "Dom Juan" molieresco son de filosofía, de amor, y contra la hipocresía social. Están escritos con juvenil arrogancia e ironía, y a la vez con la pesadumbre de un hombre maduro. La obra comienza haciendo una apología del tabaco (provocadora hasta en estos tiempos), y concluye expresando la pena del criado ante la muerte de Don Juan, exclamando, "¡Mi paga!".
Miquel ofrece una interesante doble lectura al público español de un clásico patrio como el Tenorio. Crea con el actor Cristóbal Montoro un Don Juan andrógino y narciso, de inquietante personalidad y presencia; como un cisne perdido en la noche. Aunque el actor adolece de suficiente prosodia, se presta bien al juego del director; todo gira en torno a él. El auténtico protagonista de la obra es Sganarelle, el criado filósofo, interpretado con fuerza por Joaquín Notario. Natalia Menéndez interpreta con elegancia a la despechada Doña Elvira, abandonada por su esposo, Don Juan Tenorio. Todo el reparto es cómplice de un misterioso y artístico silencio que envuelve a esta hermosa representación. El público aplaudió intensamente el brillante trabajo de toda la compañía. En los tiempos que corren, el espectáculo deviene un regalo, un obsequio para los buenos amantes del teatro.

EPOPEYA DE TEBEO


"Cous-Cous & churros". Autor: Alfredo Sanzol con la colaboración de J.A. Lumbreras. Dirección y espacio escénico: Alfredo Sanzol. Reparto: Juan Antonio Lumbreras. Vicente Colomar. Natalia Hernández. Eva Trancón. Paco Déniz. Lucía Quintana. Producción: Teresa de Paz. Vestuario: Silvia Nanclares. Madrid. Sala Cuarta Pared. 2-10-2001.

Producciones del Callao se reveló en el festival La Alternativa de hace dos años, como una vibrante compañía teatral arrasadora. El talento de sus componentes aplicado a una obra de Steven Berkoff, "Como los griegos", dio un feliz espectáculo con ingenio, humor, corrosión, basuras, galletas y dibujos animados. La irreverente y compleja mirada de Berkoff hacia Edipo se complementaba muy bien con la de estos vívidos comediantes.
La rabiosa actualidad de esta compañía que entiende el teatro como un juego ejercido con libertad y socarronería, les ha llevado a acercarse al tema de la inmigración magrebí en España, desarrollada en torno a una ficticia invasión árabe de España. En "Cuous-cous y churros" se eleva una ingeniosa pirueta de argumento ocurrente, para dar hilo y continuidad a esta epopeya de tebeo.
El director cuenta con seis interpretes de gran calidad para afrontar esta numerosa galaxia de presidentas del gobierno enganchadas a la red y al exhibicionismo cíber; dueñas de gimnasio enganchadas al morito joven y sus encantos; diputadas catalanas enganchadas al manoseo de los etarras; y comandantes de marina moviendo con sus espías más eficientes, la operación secreta en torno a la repulsión de la segunda invasión árabe de España.
Es todo un método para tratar la actualidad desde el humor más corrosivo. Criticar haciendo reír al respetable es enormemente saludable. Hay numerosísimos golpes humorísticos en la obra de gran efusión e impacto. Un gamberreo irreverente y estimable.
Quizás el problema de este cus-cus frito en aceite de churros, es que precisamente el personaje medular del magrebí sea el más inconsistente de toda la obra. El sumo respeto con que lo tratan todos, lo convierten en un pusilánime. Los temas de rabiosa actualidad son un cuchillo de doble filo para los misteriosos vericuetos del teatro. No siempre se corta por donde uno desea.
Por muy televisiva o de "cómic" que se declare la filosofía de un montaje, no se pueden olvidar las reglas de dramaticidad. Se nota la ausencia de la figura del autor en este montaje. El "genio" del director no siempre puede con todo. El ritmo no sólo se alcanza por la velocidad, sino, por cómo esté construido el texto, y cómo progresen todos los ingredientes reunidos en la trama, y por cómo reaccionen ante ellos los personajes.
"Cous-cous y churros" reúne grandes aciertos escénicos, y un gran trabajo de interpretación, que el público reconoció con entusiastas aplausos la noche del estreno.

LA ALCAHUETA DE LA POESÍA


"La Dorotea". De Lope de Vega. Dirección y figurines: Joaquín Vida. Reparto: Nati Mistral. Mar Bordallo. Manuel Gallardo. José María Barbero. Jaime Linares. Mª Jesús Hoyos. Alicia Agut. Alberto Alonso. Carmen Serrano. Jaime Tijeras. Escenografía: Juan Vida. Versión: Luis Gª Montero. Música: José L. Gualda/Nicolás Medina. Iluminación: Carlos Moreno. Madrid. Teatro Bellas Artes. 3-10-2001.

Lope de Vega es el padre del teatro español, como Molière en Francia, o Shakespeare en Inglaterra. No sólo supo dramatizar excepcionales episodios de la historia española y mundial, sino que supo llevar al escenario la pulsión social y moral de su tiempo. El S. XVII español tiene con él una doble deuda: es su más intenso cronista, y además, el responsable del crecimiento de la nobleza de la lengua española, como palabra literaria nacida para ser pronunciada en público en un teatro. Donde más fielmente se refleja el alma de un país en un tiempo concreto, es en el teatro que fue capaz de producir.
"La Dorotea" no es una obra teatral, es "Acción en prosa", como la definió su autor, aunque otros no duden en considerarla la mejor novela de Lope. En ella narra sus propios avatares juveniles en los desencuentros amorosos con Elena Osorio, hija de cómicos, y cuyo padre se oponía a sus relaciones amorosas. El asunto se enredó tanto, que Lope fue procesado y exiliado de Madrid. La idealización de los amantes separados transita por la obra con el mismo aliento de la más tierna poesía amorosa de Lope. La obra tiene la virtud además, de incorporar al personaje de Gerarda, una alcahueta genuina, medio bruja, borracha y avarienta, en la línea de Celestina y Trotaconventos.
Nati Mistral da vida a este singular personaje que mueve los hilos del destino de los amantes separados: Fernando y Dorotea. La gran personalidad escénica de Nati Mistral, sus talentos como actriz, cantante y rapsoda, acercan al público el personaje de Gerarda, que desfila con aristocracia por encima de todos. El público premió con numerosos aplausos la hondura de su arte escénico. La joven y bella Mar Bordallo interpreta con acierto y encanto a Dorotea, la dama que separan de su amado, para casarla con un rico indiano. Tiene calidad interpretativa y muy buena dicción. Manuel Gallardo da vida al indiano y María Jesús Hoyos interpreta a Marfisa, otra enamorada del galán, que con poco brío interpreta Jaime Linares.
La estética del espectáculo es tenebrista, en oscuros tonos marrones extraídos de la artesanía oriental de la taracea. El vestuario es un desafortunado injerto de clasicismo y prendas actuales. Declara el director que pretende hacer Lope de Vega "a lo kabuki" (¡¡¡!!!), y parece ser que lo cifra en este carácter de semiensayo semirepresentación en que está sumida la obra, para mayor confusión del público.
Si a esto se suma que el versionista -Luis García Montero- ha decidido interrumpir la obra en la mitad de la segunda parte, elevando una hoguera para quemar el vestuario teatral, argumentando que ¿para qué terminar la obra?, si esos viejos conflictos de honor ya están desfasados; y que el mismo Lope de Vega tampoco se esforzó mucho en terminar de escribirla, pues podrán hacerse una idea de lo que al público le espera, si asiste con la intención de ver "La Dorotea" de Lope de Vega.

LA REINA DEL TEATRO MUSICAL


"Hello, Dolly". Basado en la obra de Thorton Wilder. Libreto: Michael Stewart. Música y canciones: Jerry Herman. Coreografía: John O'Brien. Dirección escénica y escenografía: José Carlos Plaza. Dir. Musical: Xavi Navarro. Reparto: Concha Velasco. Pep Cruz. Sonia Terol. Juan Carlos Martín. Roberto Saiz. Luz Nicolás. Javier Arroyo. Arabia Martín. Osky Pimentel. John O'Brien. Figurines: Rosa Gª Andujar. Iluminación: Francisco Leal. Madrid. Teatro Calderón. 4-10-2001.

El incremento de la producción de grandes espectáculos musicales en Madrid, está dando sus primeros frutos: una rica y contrastada oferta, creciente en calidad artística y producción escénica. Como por una suerte de favorable milagro, cada nuevo musical que se estrena, es mejor que el anterior. A este ritmo, podrá considerarse pronto a Madrid, como una de las grandes capitales del género.
"Hello Dolly" es un clásico del teatro, del cine y de la comedia musical, que llega a nuestros escenarios con gran riqueza escénica. "La casamentera" del gran dramaturgo norteamericano Thorton Wilder (autor de "Nuestra ciudad") da pie a este rico y alegre musical de Stewart y Herman, en la línea de las más alegres operetas europeas de finales del S. XIX.
La construcción dramática inicial beneficia enormemente a la calidad final del espectáculo musical. No son los libretos el fuerte de este género, sino, más bien, un leve pretexto para armar un gran mecanismo espectacular. En "Hello Dolly" la historia de una alegre viuda que -cual Celestina, o Trotaconventos- va visitando hogares poderosos, para auspiciar matrimonios convenientes, nos sirve para conocer a toda una galería de personajes urbanos de Nueva York, con sus ansias y sus deseos perdidos en la brújula opresora del Nueva York de hace más de cien años.
Concha Velasco es un tesoro vivo de la escena española. No hay otra actriz tan completa como ella, que pueda pivotar con tanto arte, gracia, y simpatía, todos los géneros escénicos. Su formación inicial en la Revista se trasluce en su gran dominio sobre la escena. Es capaz de arrastrar al público a un registro emocional vibrante, al tiempo que se lanza a bailar, a la cabeza del cuerpo de baile, cantando al tiempo, con su voz entonada y melodiosa.
José Carlos Plaza se ha puesto al servicio del engranaje de la obra y la complicada maquinaria escénica y humana de "Hello Dolly!", que reúne a cincuenta artistas sobre la escena, (18 bailarines, 16 cantantes y 17 actores) junto a la gran Dolly Gallager interpretada brillantemente por la Velasco. Pep Cruz tiene buenas dotes cómicas y canoras para el género. Juan Carlos Martín es otro imprescindible del género, que actúa, canta y baila con gracia y personalidad. Sonia Terol ofrece una frágil belleza de gran temple musical.
Los números musicales transpiran sorpresa, colorido y espectacularidad. La coreografía de John O'Brien es deslumbrante y generosa como un banquete nupcial. Los figurines de Rosa Gª Andújar son de una gran plasticidad y belleza, y el dinámico y colosal decorado que han ingeniado Plaza y Francisco Leal sirve grandes dosis de belleza a esta alegre representación festiva.
El público queda encantado con este espectáculo donde se les da mucho más de lo que esperaban. Hay que felicitarse, además, de que una iniciativa privada cuente con una producción tan ejemplar. El público aplaudió todos los números musicales de la obra a rabiar, y al final brindó a toda la compañía, y en particular a la gran Concha Velasco, una ovación memorable.

EL HIJO PRÓDIGO DEL TEATRO ESPAÑOL


"Aprobado en castidad". De Luis Peñafiel. Dirección: Narciso Ibáñez Serrador. Reparto: N. I. Serrador. Susana Canales. Andrés Resino. Mari Begoña. Yolanda Farr. Carlos Urrutia. Sandra Barneda. Nieves Aparicio. Escenografía: Carlos Abad. Vestuario: Carmen de la Casa. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 4-10-2001.

Narciso Ibáñez Serrador es un hombre de teatro que hace televisión. Perteneciente a una de las familias más insignes de cómicos de la escena hispana, hijo del inquietante primer actor Narciso Ibáñez Menta, y de la queridísima actriz Pepita Serrador. Chicho se crió en las tablas de un teatro, y además heredó el talento de sus antepasados, no sólo de la interpretación, sino de disfrutar la vida con perenne capacidad de ficción. El hombre que más ha aterrorizado y divertido a este país desde una pantalla de televisión, tiene una enorme inteligencia y un gran sentido del humor. Pero, el éxito de sus programas televisivos, se basa en gran parte en el sentido teatral que ellos mismos encierran. Ha heredado de los cómicos la cualidad de divertir y emocionar al público sorprendiéndolo en cada nueva ocasión. Desde los ingenuos decorados cambiantes del "1, 2, 3..."; a esas "Historias para no dormir", donde escarbaba en la parte más fantástica y excitable del alma humana: el terror, ha estado buceando en los territorios de la libérrima imaginación teatral.
Ibáñez Serrador ha tenido el gran sentido del humor y la generosidad de volver a subirse a las tablas de un teatro, tras 37 años de ausencia, dedicado a tareas mucho más gigantescas: tener en sus manos el entretenimiento de millones de telespectadores.
La obra de Luis Peñafiel "Aprobado en castidad" -que representa y dirige Ibáñez Serrador- es una comedia blanca de corte anglosajón; en la línea de Noel Coward, o del mismo Oscar Wilde: chispa, malicia e ingenio. El autor conoce a la perfección los mecanismos del género, hasta el punto de realizar una parodia sutil del mismo, con lo que duplica la comicidad de la obra y de las situaciones que en ella se plantean. "Aprobado en castidad" es un monstruito perfecto, controlado por la tiránica mente de un niño prodigio. En la causticidad del humor picaresco de la obra, se nota un toque más latino, más cercano, más jardielesco.
El estreno de esta obra es todo un acontecimiento para la antropología sentimental del teatro español, si este género existiera. Nadie debe perdérsela, es todo un acontecimiento extraordinario e insólito; como cuando los Reyes bailaban en los teatros vestidos de pastorcillos.
Ibáñez Serrador está excelentemente acompañado por un grupo de actrices y actores cómplices, además de una pareja escultural de señoritas. Susana Canales interpreta a la hermana del protagonista, y Andrés Resino a su aturdido marido, con un estilo interpretativo peculiar, como salido del "túnel del tiempo", rasgo que comparte toda la representación, y que le da un toque añejo, como de otros tiempos. En términos de diversión, la obra sigue siendo efectiva, exhala un humor extremadamente cómodo e inteligente.
En su estreno reunió y combinó a un espectro de invitados variopintos de gran popularidad. Seguirá sucediendo, todo lo que pone en marcha Chicho Ibáñez Serrador se convierte en acontecimiento. Y por último una pregunta: ¿por qué no invierte con regularidad, Señor Serrador, parte de su talento en el teatro (que tanto le ha dado), y que tan necesitado se encuentra de verdaderos y saludables talentos?

EL SUEÑO DE UNA MADRUGADA EN VELA


"Una noche de primavera sin sueño". De Enrique Jardiel Poncela. Dirección: Gerardo Malla. Reparto: Pedro Osinaga. Julia Trujillo. Blanca Marsillach. Juan Lomardero. Adela Armengol. Pedro Javier. Vanesa Arévalo. David Fernández. Escenografía: Gil Parrondo. Iluminación: Josep Solbes. Vestuario: Berta Leone. Madrid. Centro Cultural de la Villa. 10-10-2001.

El próximo lunes 15 de Octubre Jardiel Poncela hubiese cumplido cien años. EL mejor regalo que puede hacérsele a un autor después de su muerte es que su teatro siga representándose, que sus personajes sigan hablando por él desde un escenario. Jardiel fue un revolucionario de la renovación de la risa. Ese "asqueroso teatro de hoy y de siempre" como llamaba Jardiel al teatro cómico, sufrió en sus manos una de las cirugías más renovadoras que se le han dado en los últimos tiempos. La prueba es que no hay grandes propuestas de renovación de la comedia en el teatro español posterior a Jardiel.
Esto no quiere decir que el autor madrileño se olvidase de las exigencias del público y de la maquinaria teatral para la que escribía, su teatro tiene una libertad osada, que entra y sale del mundo de los sueños, pero al final de la obra siempre hay ua explicación lógica, como si un detective de policía se hubiese colado en la trama, y se empeñase en explicar -a los postres- que todo lo sucedido tiene -aunque no lo parezca- su lógica interna. Jardiel estaba en contra del teatro naturalista, del humor de astracán y de los senderos trillados del popular sainete castizo. Jardiel buscaba un teatro nuevo, un teatro del sueño, por eso tantas de sus obras se desarrollan en plena madrugada.
"Una noche de primavera sin sueño" es la primera obra de Jardiel estrenada en 1927. A partir de aquí, puede considerarse inaugurado su teatro. Las señas de identidad de su alta producción humorística, están configuradas. Galanes y damiselas de la buena sociedad protagonizan sus obras en medio de algún enredo, que impide que los amantes lleven su amor a buen puerto. Criadas que lo saben todo y que desgranan su mala uva directa sobre las extravagancias de sus señores. Personajes de curiosos hombres adultos seductores de varias generaciones de féminas. Maridos que no entienden cómo se les va de las manos el amor de sus esposas y lo ponen a prueba... Todo un artefacto dramático personalísimo que sigue funcionando para divertir al público.
A Pedro Osinaga le sienta de maravilla el humor de Jardiel Poncela, esos personajes con un disparatado encanto verbal y de comportamiento, están hechos a su medida de gran cómico. Se mueve con desenvoltura en la noche de la razón jardielesca. Su gestualidad y sus muecas son precisas bombas que disparan la carcajada del público. Julia Trujillo comparte este sentido humorístico sobre la escena, su Adelaida tiene un gran encanto cómico y poético. Blanca Marsillach interpreta a la esposa envuelta en este lío de pantalones, con belleza y naturalidad. Adela Armengol da vida a la siniestra y lúcida Berta, una señora que prefiere servir a que la sirvan. Juan Lombardero interpreta con fuerza y convicción a Mariano, el esposo de la dama; y los jóvenes Vanesa Arévalo y David Fernández interpretan con desenvoltura a la jovencita pareja de amantes.
Gerardo Malla ha dirigido la obra con un gran sentido jardielesco, dotando de un buen ritmo cómico a esta pieza que encierra tantas sorpresas. El público premió el arte vivo del teatro de Jardiel Poncela, la noche del estreno, con insistentes aplausos a los intérpretes y al director de la obra.