lunes, 19 de julio de 2010

CHATARRA DE CUELLO BLANCO


"Top dogs (Perros de presa)"", de Urs Widmer. Versión: Philip Rogers. Dirección: Mario Gas. Reparto: Fernando Guillén. Mar Regueras. Juli Mira. Ricardo Moya. Sergi Calleja. Pep Sais. Vicente Genovés. Ángela Castilla. Escenografía: Jon Berrondo. Iluminación: Quico Gutiérrez. Vestuario: Patricia Hitos. Composición musical: Carles Santos. Madrid. Teatro Albéniz. 14-9-2000.

Los conflictos que genera un problema tan candente y actual como el paro, son el tema -más que propicio- de la obra "Top Dogs. (Perros de presa)". Estos perros dominantes que dan título a la obra, (¿era necesario mantener el título en inglés?) tienen la virtud teatral de haber ingresado en un espacio insólito: una aséptica y, a la par, sofisticada empresa de recolocación de altos ejecutivos en paro. Esta "oficina terapéutica" se convierte en un espacio irreal, como el de una pesadilla blanca, donde aflora la nostalgia y el dolor por el despacho y la oficina perdida; ese lugar donde tanta humanidad gasta media vida; y se pasa la otra media, intentando recuperarse de sus maléficos efectos.
Mario Gas realiza un soberbio trabajo de puesta en escena con este nuevo montaje, donde -lamentablemente- lo menos interesante es la obra compuesta por un largo y farragoso encadenado de monólogos que parecen no agotarse nunca. Si la obra es original a la hora de elegir un tema candente, (que puede llegar a todos los espectadores), y plantea su desarrollo en torno a coordenadas inteligentes; por el contrario, el malentendido de que el juego de rol o el psicodrama puedan ser en sí mismo teatro, se convierte en su punto débil, porque anula a los personajes. Sucede con este texto algo parecido a una novela construida acumulando una amplia recopilación de e-mails. El teatro destila y sintetiza; utiliza la poesía para sugerir lo que no se ve, o incluso lo que no existe; y destila una carga satírica, que procede de una posición ideológica del autor del texto y del equipo que se pone a representarlo. En esta obra -para ser una comedia- no hay ninguna consecuencia moral aplicable al estrato social de sus protagonistas.
Lo mejor de la primera parte (casi una hora), son las transiciones escénicas, donde Gas realiza unos soberbios ejercicios de estilo -ayudado por la espléndida iluminación de Quico Gutiérrez- con su coro de ocho intérpretes, moviéndolos en sugerentes coreografías mínimas y efectivas. La selección musical de Alex Polls es muy buena, tiene la virtud de aportar las sensaciones y emociones que no facilita el texto del autor suizo Urs Widmer. La ausencia de acción y de interrelación de los personajes, vulneran el hecho dramático, y puede terminar afectando al interés del público.
Mario Gas posee la notable cualidad de ser uno de los directores que mejor dirige a sus intérpretes. El amplio elenco de esta obra da buena cuenta de ello. Cada uno tiene su momento de protagonismo, su aria, su ocasión para demostrar lo vivo que se encuentra su arte sobre las tablas. Fernando Guillén realiza una gran interpretación, entregándose al trabajo de grupo como uno más, y brillando con luz propia en sus monólogos. Pep Sais aporta una vena humorística a la representación, muy aplaudida por el público. El resto de los intérpretes son impecables, dan toda una lección de profesionalidad. Ángela Castilla logra -en la segunda parte- unas vibraciones muy emotivas.
La representación fue muy aplaudida por el público del estreno, y los actores incansables, se entregaron con una gran generosidad de bises y sorpresas finales, al respetable, consiguiendo convertir el teatro en una fiesta.

LA ABUELA DEL PÚBLICO


"Diez negritos", de Agatha Christie. Adaptación y Dirección: Ricard Reguant. Reparto: Amparo Climent. Tony Valento. Lia Uyá. Paco Cecilio. Mónica Aragón. Mª José del Valle. Pablo Calvo. Mark Sanjuán. Alfonso Arteche. Beatriz Barón. Madrid. Teatro Muñoz Seca. 14-9-2000.

La gran escritora británica Agatha Christie, ha sido una de las mujeres más importantes del S. XX. Su vida viajera junto a su esposo, le dieron una mirada cosmopolita, que enriquecía aún más su inteligencia y su talento narrativo. Más que como escritora, hay que considerarla como una gran "comunicadora", con los lectores de todas las lenguas y los tiempos venideros. Las historias de Agatha Christie hechizan al público, como a los niños los cuentos de la abuela junto al calor de la chimenea. Están tan pensados en beneficio del lector o del espectador, que se forma una especie de calorcillo vivo, mientras la abuela Christie, los sigue hechizando con sus redes de palabras.
El público de la noche del viernes, estaba clavado en la butaca, como hipnótico, y vivía más que el auténtico suspense, la inteligencia con que la autora se lo ofrecía y lo desplegaba ante ellos. No importa nada que la puesta en escena de "Diez negritos" sea a la vieja usanza; por el contrario, le da más encanto. Es casi como si se asistiera a ver una representación de la compañía que Woody Allen reunió en su genial "Balas sobre Broadway". Está la vampiresa, el viejo policía, el joven galán, el médico asesino, el chico ingenuo, la vieja recalcitrante, la extravagante periodista de moda, el mayordomo y su esposa, y hasta la chica del gangster.
Toda una estrambótica galería de personajes, de los que se conocen en un viaje en tren. La combinación de temperamentos que logra la autora en esta obra, consigue un cóctel perfecto y delicioso.
Este montaje de "Diez negritos" tiene un encanto añadido, y es el gozo de contemplar en estado puro, algunos estilos interpretativos, tajantes y sorprendentes. Amparo Climent interpreta a la Señora Mackenzie, demostrando poseer unos excelentes registros de primera actriz, desplegando un poderío físico y magnético sobre el escenario, raras veces visto en nuestra escena. La plenitud de su belleza y su talento interpretativo, (muy en la onda tórrida de Kathleen Turner) son muy necesarios para la revitalización de nuestro teatro. Los directores y productores deberían ver "Diez negritos" para comprobarlo. Tony Valento es un actor de una verdad tan rotunda y personal, que podría encarnar en sí mismo, toda una forma de interpretación de teatro popular, que se sumerge en la noche de los tiempos. Su vejete cascarrabias, el Señor Blore, resulta entrañable. Lia Uyá compone a una señora Brent muy adusta, enérgica y eficaz. Paco Cecilio interpreta al Doctor Armstrong, con su fuerza y convicción habituales. El resto del elenco -interpretado por jóvenes intérpretes- pone en marcha el reloj de perfecto mecanismo, que la abuela Agatha Christie, enciende cada vez que se levanta el telón del teatro, donde se representa "Diez negritos".

PASIÓN POR LOS MECANISMOS

"Los engranajes" de Raúl Hernández Garrido. Dirección: Francisco Vidal. Cía. El Grito. Reparto: Marta Aledo. Esther Ortega. Noelia Tejerina. Txema Piñeiro. Luis Rayo... Madrid. Teatro Pradillo. 17-9-2000.

El autor Raúl Hernández Garrido parece haber dinamitado su obra una vez escrita; y luego, haberla recompuesto con los pedazos restantes hasta lograr "Los engranajes". Eso sí, aplicando un método de reconstrucción de los hechos, en base a escenas retrospectivas que se representan durante el juicio a un matrimonio que ha cometido un crimen, y a la mañana siguiente se ha zampado el cuerpo del delito. Acerca de cuál es realmente el foco, el tema, el núcleo, la cabeza rectora de esta pieza, el autor no ha dejado suficientes datos para que el público lo reconozca; o, quizás haya dejado demasiados.
El título de "Los engranajes" da una idea de la importancia que se da en esta obra a los mecanismos de percepción del hecho escénico y dramático; o, a los mismos mecanismos sociales que activan las causas de estos grandes conflictos que denuncian diariamente los informativos: los crímenes entre esposos, familiares, amigos, adolescentes... La obra tiene una clara intención social, y reúne en escena a casi todas las fuerzas vivas sociales (iglesia, justicia, policía, medios de comunicación...) para implicarlos en este asesinato que no termina muy bien de comprenderse por qué se ha cometido.
Francisco Vidal consigue levantar, con un joven elenco de estudiantes del Laboratorio William Layton, una puesta en escena dinámica, a veces rotunda, y con una gran energía de sus intérpretes. El montaje, si bien presenta una cierta originalidad temática y estructural, adolece de teatralidad. En beneficio de la exploración psicológica de estos personajes producidos por una sociedad patológica, se ha descuidado el lenguaje simbólico y poético. La representación sería más rica y exuberante, si hiciese un mayor uso de los lenguajes plásticos que propicia y requiere un escenario teatral. En busca de una desnudez oscura, y una crudeza urbana -cómplice de los hechos que se narran- se debilita la fuerza ceremonial de la representación.
El joven equipo de intérpretes de la compañía El Grito ofrece lo mejor que tiene para interesar al público. A la actriz que interpretaba el sábado a Nina, la protagonista, (la manía de los dobles repartos), aunque, eficiente, le faltan recursos para sostener sobre su personaje, el palo mayor de todos estos engranajes. Txema Piñeiro que interpreta al esposo, busca a fondo el máximo de humanidad para hacer entender a su personaje criminal; y Luis Rayo demuestra una gran energía y una buena presencia escénica, aunque le falte relajación para redondear su trabajo. Noelia Tejerina, interpretando a la madre, demuestra dosis de humor y un físico peculiar.
¿Teatro político?; ¿teatro judicial?; ¿teatro policiaco?; ¿teatro de suspense? ... En cualquier caso, "Los engranajes" es un espectáculo original, ambicioso e interpretado con una convicción doctrinal que estimula la curiosidad del público.

LA DESTRUCCIÓN O EL AMOR


"OBS". Dirección: Pep Gatell. La Fura dels Baus: Hansel Cereza. Miki Espuma. Pep Gatell. Jürgen Müller. Alex Ollé. Carlos Padrissa. Pera Tantiñá. Creación musical: Miki Espuma/R. Merdzo. Espacio sonoro: Marc Sardá. Escenografía: Lluís Monteagudo. Vídeo: Jordi Cansinos. Madrid. Parque de la Bombilla. 20-9-2000.

Desde que se presentara por primera vez en Madrid en 1983, la Fura del Baus ha conseguido instalarse y mantenerse en un nivel de producción y de distribución de los más prósperas del país. En los inquietos años ochenta, pusieron en práctica una fórmula de ritual urbano que se convirtió en acontecimiento artístico gracias al apoyo del público y los medios de comunicación. Sus espectáculos han sido siempre enormemente fotogénicos (más que realmente transgresores), lo que les ha ayudado a ser vendidos y exportados con facilidad. Al no ser el texto uno de sus apoyos esenciales han podido viajar y sorprender a medio mundo con sus propuestas de gran impacto visual. La Fura dels Baus tiene el arte y el hechizo de fascinar a su público con su mercancía emocional. Es todo un mérito.
"OBS", su nuevo espectáculo es más de lo mismo: carreras, vísceras, salpicones de ketchup, sintetizadores, torres de alta tecnología sobre ruedas, y pantallas emitiendo vídeos.
Al público parece fascinarle, aunque también se nota a veces en la carpa el cansancio del respetable, puesto en pie más de una hora, al final de la jornada. Al no tener estructura, ni argumento, OBS termina cansando. Daría igual que se acabara media hora antes.
A pesar de todo esto, en la obra se consiguen algunas imágenes poderosas. La lucha de dos guerreros urbanos -en traje de chaqueta- contra una especie de molinos gigantes de tramoya, colgando de sus aspas los abrigos militares de dos ejércitos, son realmente impresionantes; lo mejor del espectáculo.
Como suele suceder cada vez que el teatro quiere hacer una parodia o una sátira del mundo de la televisión, la escena se banaliza de tal modo, que casi pierde su digno nombre dramático. En "OBS", sucede lo mismo. Las imágenes de La Fura son efectivas cuando se sostienen en la muerte, en el sexo, en la violencia, en la destrucción, o (¿por qué no?) en el amor. Un concurso televisivo es al teatro ceremonial, como el salami, al cerdo vivo.
Es una pena que haya desaparecido la música en directo en estas representaciones, eran un punto fuerte a la hora de acentuar el ritual. Las actuales atmosferas "midi-sonoras", son sólo una rémora conceptual del ritmo. Los vídeos que se proyectan son atractivos como los son los de un pub en noche de sábado. No tienen la buena factura videográfica y la creatividad de otras ocasiones, por muchas gafitas y algunos efectos 3D que se produzcan.
El público se lo pasa estupendamente, excitándose con lo imprevisto y con los empujones. Para la mayoría, no se trata sólo de ver una obra, sino de participar en un acontecimiento. Sentirse actor y víctima al mismo tiempo en un ritual urbano, que sólo La Fura dels Baus sabe ofrecerles.

TODO ES MENTIRA


"Palabras encadenadas", de Jordi Galceran. Dirección y vestuario: Tamzin Townsend. Reparto: Àngels Gonyalons. Carlos Sobera. Escenografía: Jon Berrondo. Iluminación: Ignasi Morros. Madrid. Teatro Infanta Isabel. 21-9-2000.

Una pieza con voluntad de teatro de suspense como "Palabras encadenadas", donde su autor Jordi Galcerán plantea un juego de verdades y mentiras aparentes, pone realmente difícil su tarea al crítico, que no quiera "reventar" las sorpresas que encierra el argumento de la obra. Valiéndose de una pantalla gigante de vídeo, se presenta al público la confesión de un psicópata tranquilo -interpretado por el popular Carlos Sobera- que relata con todo detalle uno de sus crímenes. Cuando se hace la luz en escena, ese mismo hombre está junto a una mujer atada y amordazada. Queda establecida así la situación dramática: víctima -verdugo; hombre violento-mujer secuestrada. Parece que la obra va a adentrarse por los derroteros de la lucha de sexos. En esta larga primera parte del espectáculo, la Gonyalons no abre la boca, sólamente el hombre vil y violento conduce la acción y pronuncia el texto. El monólogo termina haciéndose monótono y aburrido. Si por una parte, el actor compone un personaje de cierta agresividad, le faltan sorpresas, giros y matices a su interpretación como para enganchar y prender el interés del público.
Coincidiendo con que ella -la víctima- abre la boca y comienza a llevar la iniciativa, se remonta felizmente la tan esperada comedia. El giro que da el argumento permite que la obra empiece a volar, y a mostrarse divertida e ingeniosa. Esta atmósfera cómica, favorece además la sátira y la burla de ciertos estamentos sociales básicos, como la familia, el matrimonio, las temidas y feroces suegras .... Àngels Gonyalons con gran energía y mejor dicción, mete marcha a la representación. Por su parte, Sobera parece sentirse mucho más a gusto en este nuevo registro, como también sucede con el público. Terminan formando una buena pareja cómica. Interpretan la escena sexual más procaz -y, a la par, más vestida- del reciente teatro español. Los diferentes finales de la obra que se representan, harán debatirse al público en su propia elección.
La escenografía de Berrondo no presenta esta dualidad que encierra el texto. El espacio es realista y lúgubre, un cruce entre alcantarilla, zulo y sala de tortura, realizado sin ambigüedades formales ni concesiones irónicas. "Palabras encadenadas", artísticamente es un producto ambiguo. Podría ser un interesante conato de construcción de una "Nueva comedia negra española"; pero, demuestra una vocación irresistible por competir con el teatro policíaco anglosajón, (todo un canon en sí mismo), tan de moda en la cartelera madrileña en las últimas temporadas. Su definición pasa por una cuestión de metas y de rumbos.

LA RISA ES LIBERTAD


"Sopa de mijo para cenar". De Darío Fo. Versión libre de Fermín Cabal. Dirección: José Antonio Ortega. Reparto: Gerardo Malla. Gloria Muñoz. Francisco Maestre. Carlos Viaga. Marta Bódalo. Félix Gontan. Escenografía y vestuario: Ramón. B. Ivars. Iluminación: Felipe Gallego. Música: Miguel Malla. Madrid. Teatro Arlequín. 19-9-2000.

La incitación a la insumisión, la protesta y el inconformismo es una de las tareas básicas del teatro social. Brecht decía que la condición indispensable del teatro era entretener y divertir al público, para que la función didáctica pudiera hacerse efectiva gozosamente. Uno de sus más brillantes herederos, Darío Fo, sigue llevando esta propuesta hasta sus últimas consecuencias, tanto en la denuncia y la sátira pública, como en el saludable ejercicio de divertir al público. Además, Fo aporta la rica tradición corporal, y el ritmo trepidante de la "Comedia del Arte" italiana.
"Sopa de mijo para cenar" (una obra que ha levantado la polémica entre su autor italiano y su versionador español) se estrenó con éxito en la cartelera madrileña, hace más de 20 años. Es un dato importante.
¿Qué ha pasado realmente en España, en estos 25 años de democracia, para que el público del 2000 siga identificándose de una forma tan manifiesta como la risa, frente a temas tan candentes como: la invitación a la insumisión, el cierre de empresas, los despidos masivos, los trapicheos sindicales, el paro, las estrecheces económicas de los obreros, la corrupción de los patrones, o la resistencia activa frente a la policía?
La obra tiene una mordacidad profunda y comprometida, pero sobre todo, tiene la teatralidad que le otorgan su ritmo frenético, los efectos de argumento, los chistes políticos, la disparatada peripecia... Es casi una historia payasesca, con la mala uva del cabaret político. Muchas de las aportaciones del versionador enganchan directa y eficazmente con la realidad actual española.
El director entiende muy bien el juego, y la puesta en escena está llena de guiños eficaces y teatrales. Pero, es mérito esencial de sus intérpretes, que la obra termine arrancando la carcajada final del público. Gerardo Malla y Gloria Muñoz se crecen interpretativamente, en este montaje. Dan humanidad y delirio a sus personajes. La Muñoz despliega unas cualidades para la comedia muy eficaces a la hora de levantar la risa del patio. Paco Maestre, interpretando al inspector de policía (entre otros personajillos), se lleva de calle al público. Es uno de los mejores actores del teatro español; su presencia escénica, la más rotunda y singular. Su instinto para ajustarse al cronómetro que exige la más fina comedia, lo convierten en una suerte de domador de las risas del público. Marta Bódalo y Carlos Viaga completan con gracia y eficacia el reparto de esta saludable obra, que arranca del público carcajadas liberadoras.

CASITA DE MUÑECAS


"La costilla de Adán" de Carmen Rico Godoy. Versión: Paco Sanguino y Rafael González. Dirección. Ernesto Caballero. NOBA Producciones. Reparto: Marisa Nolla. Cristina de Inza. Rosa Lasierra. Nuria Herreros. Escenografía: Pepe Melero. Iluminación: Javier Anós. Madrid. Teatro Bellas Artes. 20-9-2000.

Carmen Rico Godoy ha tenido la habilidad como periodista y narradora, de convertir una preocupación social en todo un género. Sus libros y artículos dan buena cuenta de su objetivo: dotar de una fe de vida impresa a una inquietud feminista, humorística y sin concesiones al mundo masculino. Coincidiendo con lo que las encuestas proclaman: "la mayoría de los consumidores de libros en España son mujeres", la relación de Rico Godoy con el público, ha sido, vibrante, directa y oportuna. El cine ha intentado rebautizar este éxito en las pantallas; y ahora, el teatro se suma a la misma tarea.
En "La costilla de Adán" el hombre es directamente un maniquí sin voz, pero del que no cesa de hablarse durante toda la representación. Los versionadores teatrales -Paco Sanguino y Rafael González- han seleccionado distintos grupos de mujeres que exponen su punto de vista y sus quejas sobre los hombres: novias el día de su boda, mujeres separadas y solitarias, esposas sufridoras, adolescentes con expectativas, niñas, travestis y "drag-queens". Si por una parte, este caleidoscopio de féminas enriquece las numerosas perspectivas desde las que puede tratarse el "problema masculino"; por otra, termina corriendo el peligro de repetirse.
El director Ernesto Caballero ha inventado un curioso artefacto escénico para esta representación, que propicia la aparición recurrente de la teatralidad sobre la escena. Las cuatro actrices -a veces como un coro, como dos dúos, o como cuatro personajes- deambulan por el interior de un espacio que es un cruce entre casita de muñecas, y caja de música con espejos y una bailarina en el centro. Es una lectura irónica del hogar matrimonial; un recurso satírico realizado desde el espacio; iluminado con una rica artificialidad que acentúa el carácter expresionista de este recital de humor y denuncia, que realizan cuatro actrices con la palabra de una sola autora.
"La costilla de Adán" resulta así un singular espectáculo -insólito para los escenarios madrileños- que europeíza nuestra escena. Más que de una obra teatral al uso, se trata de una especie de cabaret dramático, donde la representación tiene tanta importancia como el texto. La facilidad con la que el director maneja los signos escénicos, permite al público leer dos obras en una sola: la de las palabras, y la de los movimientos. El humor y la gracia de las intérpretes, (excelente su transformación en travestis), hace que los espectadores disfruten de esta obra, como una reivindicación de los derechos femeninos, realizada con un humor agudo, estimulante y original.