jueves, 1 de julio de 2010

CARACOL DE LA MEMORIA


"Cabaret Caracol", de Emilio Goyanes, David Esteban y Gracia Morales. Compañía Laví e Bel. Madrid. Sala Cuarta Pared. Fecha de estreno: 7-7-2000

La memoria colectiva es la base de la comunicación teatral; sin comunicación no hay teatro; sin lenguaje no hay comunicación. Y hay que entender que el lenguaje es la combinación de unos códigos pautados, que no tienen por qué ser exclusivamente verbales. En el teatro del polaco Tadeusz Kantor, sus recuerdos infantiles, triturados por la escuela, por la horda castrense, y por los latigazos musicales de la religión católica, despertaban la memoria de todos los espectadores del mundo que vieron sus obras. Llamaba Kantor a su teatro, Teatro de la Muerte; y en realidad, era puro teatro de la memoria. Entender el teatro como
un puente entre la muerte y la vida, (aunque sólo sea escénica); o, como un puente entre la memoria y el olvido, es una de las tareas más nobles que pueden ejercerse desde un escenario.
La compañía granadina Laví e Bel, con su espectáculo "Cabaret Caracol", tiende ese puente con el auténtico Cabaret Caracol que existió en Madrid, por Cuatro Caminos, durante la II República; y que siguió en activo durante la guerra civil; que fue requisado por la CNT; que fue alcanzado por los bombardeos nocturnos, con un saldo de dos artistas muertos y tres espectadores; un cabaret con camareros brigadistas húngaros, bailarinas exóticas, y cantantes folkloricos con lunares y plumas.
La presencia de la música en vivo -con tres buenos musicos-, da una atmósfera de veracidad y de melancolía lúcida a la representación, que se impregna progresivamente de vida y aliento. La dirección de Emilio Goyanes es compleja, y se atreve con numeros difíciles, como el guiñol musical de Franco, Hitler y Mussolini, resueltos con brillantez y osadía. Aunque, a veces, el ritmo de la obra, renquea, termina navegando bien por los numerosos recursos escénicos que maneja: bailes, muy buenas voces en los cantables; buenas piernas; algunas sombras chinescas...; y, al alimón: el sexo, la alegría, la fraternidad, y una bacanal de muertos hedonistas, que viajan en el barco de la Utopía. Que se siga haciendo teatro y espectáculos durante y a pesar de los conflictos bélicos, ratifica su carácter de alimento cívico y moral del pueblo, desde el hedonismo. También por esto, resulta saludable este espectáculo: porque es bueno saberlo, y mejor recordarlo.
"Cabaret Caracol" es una producción muy digna en tanto a vestuario, ambientación, y sobre todo, por en el rigor físico, vocal y musical de sus esmerados intérpretes y músicos. Todo amante de la historia sentimental madrileña, depositada en uno de sus teatros menos conocidos: el cabaret popular y libertario; no debería perdérse este espectáculo. Está realizado con mucho amor por la memoria de aquel espíritu de resistencia cívica y urbana, frente al horror de cualquier guerra; de todas las guerras.

PENSANDO LA RISA


"Otras mujeres". Con Antonia San Juan. Textos de Enrique Gallego, Felix Sabroso, Antonia San Juan, y F.G.L. Dirección: Antonia San Juan. Producción: Luis M. Seguí. Iluminación: Paco Murillo. Vestuario: David Delfin. Madrid. Teatro Alfil.

Convertirse en un icono popular no es tarea fácil, ni que pueda improvisarse. Mucho menos procediendo de las tablas de un escenario; menos aún, de un cabaret nocturno, o de un café-teatro. La televisión suele ser la encargada de catapultar a estos cómicos genuinos; y aquí habría que recordar a Las Virtudes, Faemino y Cansado, a Pedro y Pablo (que fueron la base artística de Pedro Reyes y Pablo Carbonell); la misma Loles León... El cabaret exige a sus profesionales una gran personalidad, y mucha soltura ante el público; una prueba difícil que no es capaz de superar cualquier actriz o actor, por mucho arte dramático que haya estudiado.
Antonia San Juan tiene ese recorrido; la prueba del nueve del cabaret genera comunicadores genuinos: una suerte de histriones, a mitad de camino entre los actores y los humoristas. La San Juan ya tenía ganado a su publico nocturno, que la seguían por los distintos garitos, locales y restaurantes, por donde representaba muchas de estas mujeres, antes de Almodóvar. La San Juan no tiene una buena voz, no tiene ningún sentido del movimiento escénico, pero si tiene un estilo personalísimo. Una forma de relacionarse con el público, desde el estatismo y la ausencia de gestos faciales, que subraya la importancia del gesto físico seleccionado, que provoca la carcajada del público. Estos recursos suyos están bien estudiados y dosificados, y resultan efectivos.
Aunque, de entrada, tiene ganado al público. Todos la quieren: teatro lleno, gente joven, abuelas, matrimonios, todas las razas urbanas, se ponen de acuerdo en torno a su gracia. La enorme popularidad que le ha dado la película de Almodóvar, produce en el gran público un efecto fulminante: con ella no existe el aburrimiento. El instinto popular es superior al análisis de culquier crítico. Pero, hay que decir, que esos viejos textos de antaño (firmados en su mayoría por Felix Sabroso y Enrique Gallego) la lastran. Tienen poco juego para el escenario de un teatro. Son vacuos, superfluos, frívolos, hijos del petardeo nocturno del "Perdona bonita..." y terminan agotando al público. Todos los gags son textuales y se termina haciendo un esfuerzo intelectual considerable, para reírse, tras casi hora y media de "otras mujeres" (demasiadas).
Ese "algo" que tiene Antonia San Juan, está pidiendo empresas más ambiciosas y arriesgadas que ésta, donde pueda seguir creciendo ese raro don comunicativo, que sólo tienen algunos valiosos artistas, y que no debe desperdiciarse en la autocomplacencia, y una mala interpretación de la entrega incondicional del público.

HOMENAJE A ÁFRICA


"Wagadú. Cuentos y leyendas de Africa". Teatro de la Cucaña. Dirección, dramaturgia y espacio: José Ortega. Actores/musicos/bailarines: Mª josé Sarrate, Giovanny Holguín. Nagot Picón. Vestuario y atrezzo: Ana Llena. Iluminación: Jesús Domínguez. Compañía Laví e Bel. Madrid. Sala Triangulo.

Africa late en nuestra memoria desde siempre. Los cromos del chocolate nos acercaban a sus fieras y a sus gentes. En Africa se encierra una idea de infancia, que tiene que ver con la bondad. En el año 2000 cada vez oímos hablar más de África, porque está emigrando a Europa. En el dolor del exiliado se abrillanta nuestra doble mala conciencia: por un lado, la injusticia y la vergüenza de esta nueva "trata de esclavos"; y por otro, el ideal de la infancia traicionado, vejado y humillado por encarnar la belleza y la ingenuidad. Los africanos que han sido capaces de sobrevivir en el interior de las selvas, caen a muerte en nuestras ciudades, y en el fondo del mar o del océano.
Por todo esto es oportuno este montaje de "Wagadú", porque que el teatro español piense en Africa, y reflexione en voz alta sobre las bondades de la extrema naturaleza, y el dolor de la ingenuidad, es poner buen abono en el jardín de nuestra memoria cívica. El director Pepe Ortega realiza un espectáculo lleno de aciertos y felices hallazgos escénicos. "Wagadú" enhebra una serie de cuentos de Africa, en torno a la música y el baile; dos buenas vías para aproximarse a la buscada negritud del espectáculo. Ritmos, canciones y coreografías frenéticas, llenan de teatralidad el montaje, con música y danzas ejecutadas por sus tres brillantes intérpretes.
El discurso plástico de Wagadú es toda una lección del valor dramático que pueden alcanzar los objetos en una representación dramática. Ana Llena realiza un vestuario sobresaliente y unos artefactos metálicos, resueltos con enorme ingenio y gran belleza plástica, a base de tapaderas metálicas; peces, pájaros, totemes, escudos, máscaras, arcos de entrada..., todo refulge en esta minimalista escena de homenaje a Africa. Esta riqueza de atrezzo, le da un carácter escultórico a la representación, que acentúa su africanismo.
Sin embargo, hay algo en "Wagadú" que no termina de funcionar. Para ser un espectáculo tan brillante, produce cierta pesadez en la atención del público: ¿qué quiere contar?; ¿de qué se vale para hacerlo?; ¿cómo con tan ricos elementos se puede fraguar un espectáculo tan dinámico como lleno de tristeza? Falta luminosidad, falta sensualidad, falta desnudez, falta dar forma carnal al gran cuerpo deseado y sensual de Africa.
En cualquier caso, hay que destacar la valiosa profesionalidad de los integrantes de esta compañía, y la gran originalidad de su trabajo. Que ninguno de los tres intérpretes sea realmente africano, convierte a la representación en una suerte de hermoso homenaje al herido continente negro.

PELIGRO DE NAUFRAGIO


"La mujer sola", de Darío Fo. La Rueda Teatro. Dirección: Luis Bitria. Actriz: Violette Campo. Escenografía: Miguel A. Arrudi. Madrid. El Canto de la Cabra.

Darío Fo es un gamberro, es un payaso, es un bufón, es un ex-comunista, es un Premio Nóbel; pero ante todo, es un alegre cómico transgresor. El espíritu del teatro popular se ha encarnado en él, no como por milagro, sino por acumulación de mucho trabajo, lucha y resistencia. A pesar de su alegría, Fo y su esposa Franca Rame han sufrido mucho en estas últimas décadas, entregados de lleno a la escena y a su compromiso con el teatro, como una vía política de denuncia; llevando a rajatabla la máxima de Brecht: "el teatro que aburre, no es un buen teatro político". Aparte del gran ingenio literario que cultiva Fo en sus chispeantes diálogos, la gracia y la eficacia de sus representaciones radica en el uso mímico y bufonesco del cuerpo; en el guiño directo y vivaz al público; en la improvisación; en hablar mucho de sexo, porque es la primera forma de libertad. Los Fo-Rame saben mucho de cabaret, de revista, de televisión; también de teatro serio y mayúsculo; y de teatro rabioso, vivo y militante.
"La mujer sola" es un monólogo en línea feminista, lleno de guiños humanos que dotan al personaje de una enorme gracia y vitalidad. La mujer sola, está encerrada por su esposo, porque ha aprendido a amar en los brazos de otro: un joven locamente enamorado de ella. Junto a toda la ironía corrosiva de Fo, este destino secreto del texto, lo pone por encima de cualquier cargamento pesado ideológico.
Es una pena que esta oportuna elección de una obra de Darío Fo, se haya hecho con tan desacertado entendimiento de su puesta en escena. La compañía hispano-francesa La Rueda, parece que ha intentado "dignificar" el texto, conduciéndolo a una especie de ritual pedante y trascendente, más allá de la burla o la denuncia payasesca del teatro de Darío Fo. La actriz Violette Campo parece más interesada en representar Fedra o Electra, que una "ordinaria" antiheroína de Fo, que vive en un barrio. Su técnica interpretativa remite al segundo Stanislavsky, el que además de la memoria emocional de los actores, incorporaba "las acciones físicas". El montaje está repleto de objetos de desafortunada convocatoria, tan pretendidamente simbólicos como innecesarios. Pero, sirven como punto de apoyo para las inevitables acciones físicas de la protagonista, que no consigue "hablar" con el cuerpo.
Intentar construir un gran trasatlántico sólo con cañas y juncos; o fabricar una pequeña balsa sólo con troncos de hierro, puede resultar igual de temerario. Si no se reconocen, a priori, los materiales con los que se trabaja, se corre peligro de naufragio.

LA JAURÍA URBANA


"De noche, justo antes de los bosques", de Bernard-Marie Koltès. La Rueda Teatro. Dirección: Luis Merchán. Actor: Pedro Rebollo. Madrid. El Canto de la Cabra. Agosto 2000.

Las cloacas de la civilización occidental desembocan en un entorno urbano y nocturno, donde los seres vivos son sus principales víctimas, y en particular, los seres humanos. Los caprichos y privilegios de unos cuantos poderosos obligan a millones de ciudadanos -que viven en Occidente- a llevar unas vidas mutiladas en la soledad y el afecto. Ataques crónicos de soledad, hastío y violencia, contaminan la vida en este cambio de milenio. El desaparecido dramaturgo francés Bernard Marie Koltés es un lúcido y osado cronista de estos tiempos de desesperanza. En esta su primera obra "De noche, justo antes de los bosques", presta su voz descarnada y poética a los marginados, auténticos protagonistas morales de todas sus obras. Más tarde vendrían sus obras "Muelle oeste", "En la soledad de los campos de algodón" y la más conocida de todas ellas, "Combate de negro y de perros", donde pasa factura a Europa de sus deudas físicas y morales con el colonialismo ejercido en África.
Probablemente Koltés no hubiese tenido tanta trascendencia, sin la fe ciega y la entrega absoluta con que el gran director de escena francés Patrice Chereau asumió el montaje de las obras de este peculiar autor que pudiera haber permanecido como un dramaturgo marginal de pequeños teatritos de la periferia. Es una suerte para el teatro; es una suerte para el público.
La voz crítica y disonante del teatro de Koltés es un aullido de dolor sobre la injusticia y la crueldad de la sociedad contemporánea. Tantos siglos de lucha por mejorar la vida en sociedad de los hombres para desembocar en este fracaso.
La compañía aragonesa Ciudad Interior, dirigida por Luis Merchán, realiza un trabajo notable con este texto koltesiano muy bien traducido a nuestra lengua. La posición ideológica del montaje es radical en todo momento, más aún en el abrupto final de la representación, en el que el público queda abandonado, como acusado en cierto sentido de dar él también la espalda a estos mismos conflictos. Pedro Rebollo interpreta a un inmigrante magrebí en Francia, con una tonicidad y una energía sorprendentes. Ejerce un poder hipnótico sobre los espectadores, en el que le ayuda inestimablemente el bien entendido texto de Koltés. No es teatro político exactamente; hay mucha vida y hambre de amor en este texto que va más allá del existencialismo, y nada tiene que ver con el absurdo. Es un teatro de lucha por la vida y la esperanza, que el público debería respaldar con su presencia; asistir a esta representación amarga es una tarea que ennoblece.

ASTRACANES Y DIAMANTES


"Eva Perón". De Copi. Versión y dirección: Eduardo Recabarren. Escenografía: Marcelo Orueta. Reparto: José Martret. Pilar Rodríguez. Amanda Marugán. Marcelo Orueta. Rishi R. Daste
Madrid. Ensayo 100 Teatro. Agosto. 2000

El heterodoxo creador argentino Copi, regresa a los escenarios madrileños en pocos meses. Es una suerte para un autor difunto seguir despertando el interés de los supervivientes. Copi es un creador personal, con un mundo irreverente, lascivo y mitómano. Hay mucho en su mundo, de Nazario, de Ocaña, de Almodóvar en su época junto a Fabio Mcnamara, y de muchos otros que ejercieron de oficiantes de una fiesta nocturna, sin límites en el vicio y en el gozo. Lo que se entendía como una cultura "underground", generada en las ciudades, a golpes de transgresión, y fantasía . Las imágenes tienen un poder esencial en esta cultura hermanada con el cine y con el comic. Pero, Copi, se tomó además, la molestia de escribirlo. Su escritura es iconoclasta y visual. Tiene un gran olfato de la situación; y le gusta enfrentar a grandes caracteres femeninos, en escenas delirantes de gran teatralidad. También las canciones que incorpora en sus obras, le emparentan con el cabaret y el género ínfimo y popular.
Eva Perón es el gran mito femenino de la Argentina del S. XX. Copi cayó en la tentación de echar sus garras de astracán y diamantes, sobre este gran personaje popular que ha alimentado todos los géneros espectaculares, con la historia de su folletinesca vida: de chica del arroyo a primera dama.
Copi sitúa la acción de su obra, unas horas antes de la muerte de Evita, todo un hallazgo repleto de posibilidades dramáticas. Crea un personaje antagonista, la madre de Eva, (que podría ser muy eficaz si estuviera bien interpretado); y sitúa a Perón al fondo, como un niño bobo y mudo que juega a las bolas. Esta historia de ambición y dolor, queda en manos de las mujeres. El actor José Martret interpreta a Evita, con una eficaz composición física de cisne grotesco; pero le faltan registros para afrontar la complejidad dramática del personaje. Marcelo Orueta y Amanda Marugán realizan las interpretaciónes más ricas y eficaces de la obra.
A la puesta en escena le sobra seriedad. Intenta convertir en teatro psicológico, un texto que es chispa de cabaret y argumento de melodrama. Quizás esta misma ambigüedad estilísitica proceda del texto de Copi; sus obras, según avanzan, se hacen cada vez menos interesantes.
En cualquier caso, este nuevo acercamiento escénico a la inagotable figura de Eva Perón, es un espectáculo vistoso y entretenido, como para poder refugiarse en él, y aliviarse de una calurosa tarde de agosto. (Llévense abanico).

TIERNAS Y FURIOSAS


"Divorciadas, evangélicas y vegetarianas". De Gustavo Ott. Dirección: Profetas del Mueble Bar (Carmelo Alcántara. Fernando Navas. Juan Ramón Pérez). Reparto: Paloma Tabasco. Carmen Sánchez. Naya González. Vestuario: León Revuelta. Escenografía: Juan Vega. Música: Jose Antonio Ramos. Madrid. Teatro Alfil. 17-8-2000

Una mujer de aspecto burgués y tradicional se asoma al borde del andén de una parada de Metro. Otra mujer extravagante, vestida con colores y ademanes fieros, llega al mismo lugar. Ambas hembras -de extracción social diferente- hacen causa común en el dolor que les han causado sus relaciones con los hombres. La burguesa es divorciada y madre; la progresista es vegetariana y adicta a terapias alternativas. Cuando se trasladan a un cine de barrio, aparece la tercera protagonista, una acomodadora, viuda, y evangélica, amiga de la vegetariana. En el último acto, las tres se trasladan al campo, para asumir una terapia definitiva en los brazos alados de la madre Naturaleza.
Esta obra de Gustavo Ott, (de larguísimo y cacofónico título) repasa numerosos temas conflictivos de las mujeres maduras en la sociedad actual. El autor diferencia bien a sus tres personajes, y explora con gracia e ingenio los conflictos que surgen de este cóctel explosivo de mujeres. Si por una parte, los temas de la obra ya nos parecen haber sido tratados en numerosas obras precedentes, la continuidad de los personajes, y la mano de un único autor, (frente a los trillados montajes de obritas cortas reunidas de diferentes manos), permite a esta obra, un mayor desarrollo de los personajes, y una mayor riqueza unitaria de conjunto. Es una comedia psicotrópica, tierna y disparatada, que consigue arrancar las risas de un público entregado (numerosos amigos el día del estreno, y el teatro lleno hasta los topes). Ott se vale de "latiguillos" extraídos de canciones y refranes populares, hábilmente incrustados en su propio texto, que tienen una eficacia directa en la carcajada del público.
Los directores del montaje han querido subrayar todos los elementos escénicos hasta el paroxismo: en el colorista vestuario de León Revuelta, en la música, y hasta en las interpretaciones de las tres actrices. Esto da al espectáculo un carácter de TBO, o de cómic, que quizás atente contra la tierna y desencantada verdad de sus protagonistas. Se ha favorecido el trazo grueso, en lugar de la emoción fina e inteligente. Hay que destacar la interpretación de Naya González, con una efectiva vis cómica, construida en la voz, la gesticulación y el uso del cuerpo. Carmen Sánchez, y Paloma Tabasco, fueron también muy celebradas por los aplausos del público, el día del estreno.