jueves, 1 de julio de 2010

EL MOLUSCO QUE INVENTÓ LA CARACOLA


"Qfwfq. Una historia del universo". A partir de "Las cosmicómicas" de Italo Calvino. Teatro Meiridional. Adaptación: Julio Salvatierra Cuenca. Dirección: Alvaro Lavín. Reparto: Alvaro Lavín. Marisa Seresesky. Paloma Vidal. Oscar Sánchez Zafra. Música: O. S. Zafra. Vestuario: Ana Llena. Inspiración General: Miguel Seabra. Madrid. Sala Cuarta Pared.

¿Qué sucede cuando los moluscos se sienten atraídos por la luna? ¿Cómo se inventó el amor y el sexo, bajo el agua del océano? ¿Antes de ser individuos separados, cómo éramos? ¿Por que las potentes cadenas de las mareas, alejaron definitivamente la luna de la Tierra? ¿A causa de qué nacieron las conchas de los caracoles marinos? ¿Saben ustedes por qué su tío abuelo tiene cara de pez?... Todo este tipo de enigmáticas y poéticas preguntas alcanzan su dulce respuesta en el originalísimo espectáculo "Qfwfq. Una historia del Universo", basado en una serie de cuentos que publicó el magmático Italo Calvino en 1965. La riqueza científica y poética del autor italiano en estos relatos, está traducida al escenario con una sutilidad similar al trazo de un pincel de pelo de marta. Se nota que los integrantes de Teatro Meridional han realizado este espectáculo con amor, rigor y devoción. Su reto es alto; narrar una historia del universo, en algo más de una hora, utilizando a una familia de campesinos "profundos" como vehículo, es una tarea como mínimo arriesgada. Pero, el humor, la sencillez y la poesía con que desgranan estos estupendos cómicos su relato dramático, no puede menos que conmover a un público regozijado por la risa y el reconocimiento.
Alvaro Lavín, como director y como intérprete, consigue transmitir a las tablas una extraña pulsión, llena de sutilidades y matices. Este singular trabajo escénico demuestra cómo los matices precisos de un grupo de intérpretes puede producir convulsiones humorísticas entre el respetable. Con la desnudez del espacio, la ausencia de acción dramática, y prácticamente desde el estatismo, se consigue antes que nada, dejar a flote y al descubierto los enigmas de la palabra portentosa de Italo Calvino (excelentemente adaptado por Julio Salvatierra), en manos de los recursos intérpretativos de unos virtuosos actores. El espectáculo tiene elementos de la tradición bufonesca, del intérprete que contaba fabulosos episodios a una reunión de campesinos deslumbrados: cuento, un trago de vinillo y una copla. El regocijo de la inteligencia y la imaginación se encierra en este inspirado montaje que resucita el teatro fantástico; la sencillez, la poesía, y la devoción teatral de sus responsables, garantiza una experiencia inolvidable.

COMEDIA DE COFRADÍA


"Criminal" de Javier Daulte. Dirección: Guillermo Heras. Compañía Nuevo Repertorio. Reparto: Sara Torres. Eduardo Recabarren. Alberto Merchante. Jonás Merino Cuenca. Madrid. Sala Mirador.

Guillermo Heras ha demostrado desde hace años un enorme interés por las nuevas dramaturgias, y en particular por los nuevos autores; desde sus lejanos tiempos como director del desaparecido Centro de Nuevas Tendencias Escénicas, impulsó la producción y el estreno de nuevas obras de autores españoles. La culminación de su proyecto fue el impulso y la creación del Festival de Teatro de Alicante, donde todos los otoños se presentan los nuevos montajes de autores en lengua española. Tras haber dirigido en la presente temporada el texto de un autor madrileño, Juan Mayorga; en este nuevo estreno se decanta por otro autor en nuestra lengua, de nacionalidad argentina, Javier Daulte.
"Criminal" es una comedia ligera cuyo principal mérito radica en que estando situada la acción en el corazón de la consulta de dos psicoanalistas, no se emite ningún juicio espeso, ni pedante sobre un tema tan acendrado. Más bien Daulte exprime su ingenio para construir una comedieta de intriga contemporánea ambientada en tan singular y simbólico ambiente.
El texto viene precedido por su éxito en Argentina, un país con gran adicción por la práctica psicoanalítica, y en cierto modo es comprensible, "Criminal" es una "pieza de cofradía", o sea, que está llena de guiños para todos los que comparten la terminología del "analisis tumbado". La obra es una "comedietita" de suspense, escrita con gracia, y que es capaz de entretener y de levantar carcajadas del público más cómplice. El trabajo de Sara Torres es espléndido, preciso y de una atroz comicidad, que marca el tono dramático de la pieza; Recabarren con su buena técnica interpretativa construye un eficiente psicoanalista con dos personalidades contrapuestas. La dirección de Heras es la justa para que el texto se entienda, y la situación se comprenda. La producción es tan exigua, que raya lo inadmisible en un circuito supuestamente profesional.
Estos nuevos y bienvenidos autores argentinos corren el peligro de que una visión tan "realista" -como ácida- de los acontecimientos cotidianos, los sitúen a un paso de la comedia de situación televisiva, digna y eficiente. ¿No tendrá vigencia en la actual Argentina, la máxima del británico Gordon Craig, cuando afirmaba que la misión del teatro era hacer visible lo invisible?

ESPAÑA EN BLANCO Y NEGRO


"El verdugo", de Luis G. Berlanga y Rafael Azcona. Versión: Bernardo Sánchez. Dirección: Luis Olmos. Reparto: Juan Echanove. Luisa Martín. Alfred Luchetti. Vicente Díez. Pedro G. de las Heras. Fernando Ransanz... Escenografía: Gabriel Carrascal. Vestuario: Mª Luisa Engel. Iluminación: Juan G. Cornejo. Música: Yann Diez Doizy. Madrid. Teatro La Latina. 23-3-2000.

Ciertos libros y películas nos han dejado constancia de la dureza de la vida durante el franquismo, sobre todo entre las capas populares. Entre ellos, el cine de Berlanga y los humanísimos y corrosivos guiones de Azcona, ocupan un lugar eminente. La censura era una de las tenazas más fuertes que acechaban a los cómicos. El combate del ingenio y la represión que se produce entre "los cómicos" y las burocracias, propició una suerte de estilización humorística de la denuncia que les permitió, por una parte, pasar la censura, y por otra alcanzar un grado de equilibrio entre la denuncia y la sátira, que resultó enormemente tonificante para la perdurabilidad de su discurso crítico. Probablemente, en la actualidad, las obras de teatro escritas en contra del poder, en ese mismo periodo histórico, resulten mucho más recalcitrantes y desfasadas para los espectadores de hoy. El teatro directamente comprometido corrió el riesgo de caer en las aguas de la denuncia coyuntural, y le resto impacto fuera de aquellas coordenadas históricas.
"El verdugo" que representa la compañía Teatro de la Danza, con Juan Echanove en su papel protagonista, llega a los escenarios actuales con una frescura y un humor ácido, que nos devuelve la memoria histórica. A Berlanga y Azcona lo que más les interesaba eran los personajes. De ahí la enorme teatralidad de ese cine, de ahí la buena empatía de estos personajes de cine, con las tablas de un teatro. Luis Olmos ha realizado una dirección sobria y eficaz de este fresco grotesco en blanco y negro, y ha tenido el acierto de desnudar el espacio, con la brillante colaboración del escenógrafo Gabriel Carrascal, para que los que resalten sean los actores. Juan Echanove hace crecer con este personaje, sus dotes interpretativas y su capacidad de comunicación con el público. Se entrega de tal manera al personaje, que consigue que nadie añore a los actores de la película. "EL verdugo" parece escrito para él, o al menos ha sabido hacerlo suyo de tal forma, que no parece posible imaginarse un verdugo mejor que este hombrecillo anodino que trabaja en una funeraria, y termina heredando de su suegro el cargo de verdugo, cuando lo que él quería era haber sido mecánico en Alemania.
Los autores y el adaptador miran a los personajes con gran cariño, y lo que podía ser una historia patética, simbólica y helada, alcanza en esta comedia negra castiza, y muy madrileña, un calor humano y una vida que en ningún momento deja de interesar al público. Luisa Martín demuestra una sensibilidad escénica de una fibra valiosa; ella sola representa a la figura de la mujer en la obra, generosamente. Alfredo Luchetti entiende su viejo verdugo como un jubilado de bario que hasta ahora ha tenido que hacer cierto trabajitos, pero él es ante todo, un buen hombre. Vicente Díez, Pedro G. de las Heras y Fernando Ransanz, dan relieve a esos caracteres secundarios, que no dejan de poner su alma en el desarrollo de la historia. La obra fue muy aplaudida la noche de su estreno, y los intérpretes fueron reclamados por la insistencia del público.

UN PARCHÍS PARA CERVANTES


"Maravillas de Cervantes". Director: Joan Font. Versión: Andrés Amorós. Escenografía, vestuario y máscaras: Joan J. Guillén. Música: Josep Gol. Iluminación: Juan G. Cornejo. Fernando Ayuste. Reparto: Esteve Ferrer. Anna Briansó. Nacho de Diego. F. Sansegundo. Pilar Massa. J.L. Martínez. Goizalde Núñez... Madrid. C.N.T.C. Teatro de la Comedia. 30-3-2000

Que el teatro de la Comedia (sede de la compañía nacional de teatro clásico) acoja como director invitado, al director de Els Comediants, no es mala coincidencia. Que además se estrenen con Cervantes, parece un retruécano. ¿Qué teatro más cómico posible que los entremeses de Cervantes? Cervantes no es sólo la mayor gloria de la lengua castellana, gracias a su Quijote, sino que además es uno de los fundadores más gloriosos de nuestro teatro. La truhanesca y barroca vida del padre honorario de nuestra lengua, se parece bastante a las de los cómicos de aquéllos tiempos. El carácter lúdico y hedonista de Cervantes le enfrentó a numerosos conflictos con la Justicia, y en ocasiones se vio obligado a ausentarse de España, huyendo de ella.
Los entremeses reunidos para configurar este espectáculo denominado "Maravillas de Cervantes. Entremeses, magias, engaños, habladurías, elecciones, celos, hipocresías y otras fiestas.", da una idea de la claridad de intenciones de los responsables del montaje. La pieza viene a cubrir dos objetivos, no sólo la programación de un nuevo y original montaje de teatro clásico; sino, además convertirse en la tarjeta de presentación de la nueva etapa del CNTC, dirigido por Andrés Amorós. El segundo objetivo está cubierto con creces. El espíritu de fiesta que Font ha demostrado ser capaz de insuflar a los numerosos espectáculos de Els Comediants, vuelve a estar presente en este arrebatador espectáculo, juvenil, colorista y energético. El numeroso elenco, la bella escenografía, y los coloristas figurines geómétricos (muy inspirados en los del "Ballet Triádico" de Schlemmer), hacen pasar al público una velada agradable. Es una pena que este instinto brillante no se traslade a lo que debería ser el concierto musical del texto cervantino que anima esta fiesta. Las voces suenan parecidas; no hay relieve de los conflictos; los actores abusan de una frontalidad excesiva con el público, que termina decayendo. Si para el final se ha reservado "El retablo de las maravillas", (quizás, el más chispeante de todos los seleccionados), a esas alturas de representación, parece que las fuerzas y las ideas del montaje se han agotado.
No obstante, es de agradecer esta mezcla de alegría festiva mediterránea, con los entremeses cervantinos.

LA ÓPERA DEL PUEBLO


"Don Pasqualle, o la pícara enamorada", de Donizetti. Versión libre y dirección: Juan José Alonso Millán. Direccción musical: David Barón. Escenografía: Jacobo Marrazo. Reparto: Miguel Sola. Rafael Lledó. Diana Rosa Lopez. Santos Ariño. Enrique del Portal Sr. Ana Bosch. Raquel Moya. Músicos: David Barón. Elias Cepeda. Jose L. Alvarez. Jesús Herrero. Madrid. Teatro Príncipe. 5-4-2000

El teatro, desde su nacimiento, ha ido unido a la fiesta, a la música y al baile. El afán de diversión, para desahogarse del duro trabajo físico, hacía culminar las grandes cosechas y recolecciones con unas fiestas regocijantes en el gozo, dedicado a los dioses. Este instinto tan tonificante jamás ha desaparecido. La risa ha sido uno de los motores más poderosos del teatro a lo largo de la Historia. La propuesta de "ópera popular" que hace el incombustible hombre de teatro, Juan José Alonso Millán, es oportuna y necesaria. En el momento en que las artes escénicas en España están en un crecimiento imparable, lo más sensato es diversificar la oferta, para que siga aumentando el consumo de espectáculos. En la actualidad, las sociedades más avanzadas son las que dedican más tiempo al ocio. Que se doblara el número de teatros en Madrid, y en toda España, sería un sintoma innegable de que "el teatro va bien".
Poner la ópera al servicio del pueblo, en paralelo a las grandes y fastuosas fiestas cortesanas, es otro de los fenómenos que han existido desde que nació la ópera. Las operas bufas, que se hacían en tabernas y teatruchos nada distinguidos, ponía a la gran música al alcance de todos. Schikaneder, el socio amigo de Mozart que le estrenó "La Flauta mágica", sabía mucho de esto.
El "Don Pasqualle" de Alonso Millán es igual de oportuno. La heterodoxia y las gamberradas de la puesta en escena y un atrezzo totalmente anacrónico, dan pie a esa carcajada que hace gozar al público, en la ópera cómica. Una colorista escenografía pintada, como el cuarto de juegos de los niños; y un coro de lindas criadas con mayordomo, que desentrañan con gracia la acción ante el público, completan el plano bufonesco de la pieza.
Hay que destacar la valentía de los empresarios de "Don Pasqualle", para conservar a los músicos en escena. Algo que ya no suele ocurrir lamentablemente. La música en directo da un plano vivo a esta opera del pueblo, insustituible. Hay que destacar el trabajo cómico vocal de Miguel Sola, en Don Pasqualle. El resto de los cantantes despliegan toda su fuerza y toda su técnica belcantística, hasta excitar los aplausos del público.
Ya se sabe: con Alonso Millán, la diversión está garantizada; ahora, además, con ópera en vivo.

LA MUERTE VIAJA EN TREN


"¿Qué?, nada". De Federico del Barrio. Intérpretes y directores: Juan Úbeda. Elisa Gálvez. Iluminación: Angel Collado. Madrid. El Canto de la Cabra.

El Canto de la Cabra, es el nombre más largo de los teatros madrileños; sin embargo, su sede, es quizás la más pequeña de la Villa. En la sala el Canto de la cabra, en pleno corazón de Chueca, se respira una devoción especial por el teatro; como si todo fuera más pequeño, para tener ocasión de que sea más perfecto. En el espectáculo que representan actualmente, "Que, nada", de Federico del Barrio, se demuestra la misma tesis. Un trabajo de interpretación preciso y miniaturista; un texto sintético, con estimulante olor a naftalina poética; y una visión de los hechos, y de las relaciones humanas, como de pequeñas hormiguitas en el fondo de un valle. La mirada del autor se acerca hasta dos de ellas, de noche, en el interior de un vagón de ferrocarril donde también viaja la muerte.
Del Barrio, Úbeda y Gálvez (autor, directores e intérpretes), son colaboradores habituales. Recientemente afrontaron unidos la puesta en escena de "Días felices" de Samuel Beckett, un autor que es algo más que una brujula moral y estética para estos genuinos creadores teatrales. Beckett es un modelo y un punto de partida que ellos buscan mantener vivo en sus propios trabajos. Podría decirse que la pareja de viejecitos que en "¿Qué? Nada" viaja en tren nocturno, son los protagonistas de "Días felices" que, después de haber conseguido salir de la arena, tomaron un tren para huir de la muerte. La vejez, el amor, la innombrable y su silencio, son las ruedas sobre las que circula este trenecito eléctrico con sólo cuatro pasajeros: el viejo, la vieja, la muerte y el público.
La puesta en escena es sobria, intensa y armoniosa. El trabajo escénico respira una elegancia artística, poco frecuente -lamentablemente- en estas producciones alternativas, a veces, tan poco exigentes en ciertos temas. El teatro, o sea la representación de una obra, se sitúa tanto en la claridad con que se asume el texto y sus intenciones, como en los elementos escénicos que se convocan en el escenario para transmitir su materia insondable y secreta.
"¿Qué? Nada" es una pieza enormemente atmosférica, plagada de elocuentes bandas de silencio, en la que parece que no sobran las esperanzas. Cada vez que los cómicos se ponen en escena delante del público, se está reconvocando un rito cívico-atávico, en el que todos los participantes, anhelan un mundo mejor, más lúcido, poético y comprometido. Con trabajo como éste, la estricta cadena teatral, continúa avanzando.

ÁCIDO EN LAS VENAS


"La naranja mecánica". De Anthony Burgess. Dirección y traducción: Eduardo Fuentes. Cia. William Layton. Producción ejecutiva: Jose Carlos Plaza. Vestuario: Pedro Moreno. Iluminación: Francisco Leal. Espacio Sonoro: Mariano Díaz. Reparto: Pilar Bayona. Miguel Foronda. Luis Rallo. Israel Frías. Alberto Berzal. Pepe González. Carlos M. Abarca. Elisa M. Sierra. Javier Ruiz. J. L. Santar. Madrid. Teatro Nuevo Apolo. 18-4-2000

La violencia es el motor de la Historia. Desde que Caín mató a su hermano, los seres humanos han estado luchando entre sí, por intentar ser más poderosos, o por salvaguardar algunos ramalazos esenciales del bien y la bondad. La violencia, como el aire, se ha respirado desatada o soterrada en todos los momentos de la Historia. No es que hoy nos parezca el mundo más violento que nunca, es que, con tanto aparente progreso, la violencia debería ser más inadmisible que entonces; pero, lamentablemente sigue siendo el centro motor de nuestro mundo. Anthony Burgess escribió su obra más popular, "La naranja mecánica", a partir de una terrible experiencia personal con una pandilla urbana de violentos que violó a su esposa en Gibraltar. El terrible impacto de esta experiencia, sirvió al autor, para conjurar su trauma con una novela visionaría y ejemplar. Burgess podía haber intentado defenestrar la violencia convertida en consigna vital de grupos juveniles desorientados y malignos. Pero, tuvo los "arrestos", y la lucidez literaria de preguntarse por los auténticos responsables de esa violencia de pandilleros. Su dictamen fue tan implacable que, desde entonces, la novela ha estado prohibida en Inglaterra.
Que "La naranja mecánica" suba a un escenario, es una noticia que congratula al teatro. Una obra tan comprometida como ésta, con una reflexión social y moral tan implacable sobre el violento "Estado", la violenta "Justicia", los "violentos" Gobiernos, y sus "violentos" Funcionarios e Ideólogos, es puro Teatro Social.
Fuentes -como traductor- se ha encargado de "inventar" un "slang" español, (afortunadamente alejado del "añejo y obvio castizismo de Lavapiés), que si bien, en principio, apenas se entiende, tiene la musicalidad suficiente de terminos y entonaciones, como para que al rato de haber comenzado la representación, el público haya adaptado su oído a esta jerga teatresca, y lo comprenda todo.
El montaje de "La naranja mecánica", que puede verse en el teatro Nuevo Apolo, es un brillante trabajo escolar, sumergido en una bruma nocturna, oscura y canalla, en la que destaca la energía y la convicción global de la representación. Fuentes ha conseguido insuflar a sus jóvenes actores (muy bien apoyados por las artes interpretativas de Pilar Bayona y Miguel Foronda, que colaboran en el montaje), un brío y una energía escénica, que mantiene a flote el espectáculo, por encima de sus carencias interpretativas, y el desajuste de sus edades con las de muchos de sus personajes. Un energético trabajo vocal, un cierto dinamismo físico -e incluso coreográfico- son las principales bazas de la representación, que no aburre, ni cansa. Israel Frías interpreta -alternamente con Luis Rallo- (rémoras de escolaridad) el emblemático personaje de Ales, el psicópata-víctima, narrador de la historia. El joven Frías está muy bien apoyado por el resto del elenco.
También es de destacar que un texto como éste, se genere en una escuela de teatro. Debería ser de asistencia obligada para jovenes; resulta un tonificante alimento ideológico, para unas nuevas generaciones, que deberían mamar en esta obra, la exigencia implacable con la justicia, la moral, y la relativización de la verdad, que debe afrontar cualquier creador, o ciudadano, frente a unas sociedades tan complejas y egoístas, como las que vivimos, en la actualidad.